Mercados navideños: Goslar

Goslar es una bella ciudad histórica en Baja Sajonia que se encuentra a los pies de las montañas del Harz. Es uno de los lugares que más me gustan en Alemania, no sólo por ser bonito y pequeño, sino porque ahí pasé muchos fines de semana cuando tenía 16 años.

Este mercado navideño es conocido por ser uno de los más bonitos de Alemania. Cada año, gente de todo el estado aparta un fin de semana para ir a verlo y disfrutar de las luces, los árboles, la comida y el Glühwein.

Tiene una sección de “bosque”, que es básicamente un anillo de pinos adornados con luces que rodea una zona con piso de viruta de madera y algunas mesas donde la gente va a tomarse algo “en el bosque”.
Intenté tomarle una foto a la parte de adentro, pero salió demasiado oscura.

Esta vez decidí tomarle fotos al interior de los puestos, ya que todos sabemos cómo se ven por fuera y es divertido ver qué otras cosas venden.

Los candelabros de madera con figuras del nacimiento son muy populares en Alemania. La gente tiende a ponerlas en las ventanas y yo puedo ver las diferentes formas y tamaños cuando paso por ahí.

Algunos puestos venden objetos que no tienen nada que ver con Navidad, como autos pequeños, duendes, hadas y otras figuras. Algunos objetos son juguetes, otros son simplemente decorativos.

El puesto de herramientas de chocolate también es divertido. Las herramientas se ven como llaves, martillos y clavos oxidados, pero están hechos de chocolate.

Hay las típicas velas decorativas y aromáticas de todos tamaños, formas y colores.

Hay galletas de jengibre en forma de corazón, frutas cubiertas con chocolate, almendras y nueces caramelizadas, algodones de azúcar y bastones de caramelo.

También hay esferas pintadas a mano, hechas de cristal, madera o metal.

La “especialidad de Hungría” era un Kürtőskalács (“pastel con chimenea”), un pastel húngaro hecho con harina, levadura y agua.

Es una cinta de masa enrollada alrededor de un cilindro de madera que se cocina o a fuego abierto o en un horno abierto especial.

La masa queda dorada y crujiente por fuera, pero suave y esponjosa por dentro. Al final se espolvorea con azúcar y se le añade algún otro ingrediente, como chispas de colores, chocolate en polvo, canela o nueces, entre otros.

Se llama pastel de chimenea por su forma y por el vapor que sale por en medio una vez que está listo.

Ya sea por los recuerdos, los cafés, los bellos edificios antiguos o las guirnaldas tan particulares, ir a Goslar siempre es un gusto.