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5 razones para leer Comunidades Imaginadas

“¿Quién habría pensado que la tormenta sopla con más furia cuanto más atrás deja al Paraíso?”

1. Porque está escrito de manera elocuente y amena

Es una publicación científica, por lo que es más difícil de leer que una novela (a menos que esa novela esté escrita por James Joyce, en cuyo caso esto se lee como panfleto), pero Anderson tiene un estilo de escribir muy balanceado. Como todos los científicos, toca varios temas que usualmente son secos y difíciles de digerir, pero el libro nunca se siente pesado. Nunca tuve un momento en el cual dije, ¡no tengo la más remota idea de lo que he leído en las últimas tres páginas!

Además, Anderson tiene una forma muy particular de integrar imágenes al texto, enriqueciéndolo y dándole algo de color. En una reseña para New Republic, Jeet Heer dijo que Anderson es “tan versado en las novelas y la poesía como en la erudición.” Aunque Heer se refiere los conocimientos de Anderson yo creo que estos influyen en su propia forma de escribir:

“Mediante esa lengua, encontrada en el regazo de la madre y abandonada solo en la tumba, los pasados se respetan, las camaraderías se imaginan y los futuros se sueñan.”

2. Porque toda su teoría está basada en una sola idea: todo es imaginado

“Así pues, con un espíritu antropológico propongo la definición siguiente de la nación: una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana.”

La nación no es algo que podemos ver o tocar físicamente, el nacionalismo no es una ideología concreta que se nos enseña desde pequeños, la nacionalidad no es una característica física de nuestro cuerpo.

Según Anderson, una nación es una comunidad imaginada porque aunque no podemos conocer a todos los miembros, de alguna forma sabemos que están ahí, compartiendo la nación con nosotros. La imaginamos como limitada porque tenemos una idea clara de lo que son sus fronteras y sabemos que más allá de ellas, hay otras naciones con sus propios habitantes y con sus propias fronteras. La imaginamos como soberana porque el mismo concepto de nación surgió cuando la humanidad decidió que la legitimidad de los reinos no era divina. La imaginamos como comunidad porque a pesar de los problemas que tiene, a pesar de las desventajas y tragedias que se viven cada día, todos tenemos un sentido de pertenencia y camaradería.

Partiendo de esta idea, podemos decir que todo lo que define a una nación o una sociedad, las decisiones que tomamos, cómo tratamos a la gente que vive dentro y fuera de nuestra nación, cómo vemos a aquellos que son diferentes a nosotros, cómo respondemos a la intervención de una en otra, todo depende de cómo las imaginamos.

3. Porque la historia no está diluida

El libro habla detalladamente de imperialismo y colonialismo, de racismo y prejuicios y trata de encontrar las razones por las cuales estos conceptos son lo que son hoy en día, pero nunca trata de diluirlas ni de ocultar sus consecuencias.

Yo sé que a estas alturas del partido, no deberíamos dar “honestidad” como una razón para leer un trabajo serio, académico y supuestamente imparcial. Sin embargo, el mundo académico (al igual que el resto del mundo) tiene una larga historia de omitir información y de presentarla desde ángulos que favorecen al académico y lo presentan como evolucionado o moralmente superior.

Anderson no olvida mencionar que los centros administrativos europeos en el sureste asiático decidieron “simplificar” la administración de las colonias, eliminando así lenguas, culturas e identidades completas de pueblos que vivían ahí desde mucho antes de la ocupación europea y que continuaron después de la misma:

“Estas ‘identidades’ [fueron] imaginadas por el espíritu (confusamente) clasificador del Estado colonial, […] Además, podemos notar la pasión de los empadronadores por lo bien elaborado y lo claro. De ahí su intolerancia ante las identificaciones múltiples, políticamente ‘travestidas’, borrosas o cambiantes. De ahí la tenebrosa subcategoría, bajo cada grupo racial, de ‘Otros’ que, no obstante, no deben, en absoluto, confundirse con otros ’Otros.’”

Al hablar de la lucha de Simón Bolívar para liberar a Sudamérica de la opresión española, Anderson tampoco ignora el hecho de que uno de sus motivos para iniciar el movimiento independentista estaba basado en su miedo a tener negros en el poder:

“Uno de los factores decisivos que impulsaron inicialmente el movimiento para la independencia de Madrid, en casos tan importantes como los de Venezuela, México y Perú, era el temor a las movilizaciones políticas de la ‘clase baja’, como los levantamientos de los indios o los esclavos negros. […] El propio Libertador Bolívar opinó en alguna ocasión que una rebelión negra era ‘mil veces peor que una invasión española.’”

4. Porque podemos examinar algunos de los objetos que han definido nuestra idea de una cultura compartida

Para Anderson, lo que hoy en día conocemos como nacionalismo nació en la Europa occidental del siglo XVIII. Una de las causas es lo que Anderson llama Capitalismo impreso. El argumento es básicamente que la imprenta y distribución de periódicos y libros en diferentes idiomas en lugar de Latín provocó que la gente comenzara a identificarse con ellos. En otras palabras, la gente que comenzó a leer libros y periódicos en alemán en algún punto entendió que ese idioma era algo que todos ellos compartían, de repente ya no era solo un lenguaje, era su lenguaje. Lo mismo sucedió con aquellos que comenzaron a leer en francés y en inglés.

Nuestro sentido de identidad, no solo como individuos sino como parte de una comunidad y una cultura también está ligado al uso de objetos e instituciones comunes. Anderson habla sobre todo del papel que jugaron cosas como los mapas y los museos en nuestro entendimiento de quiénes somos, de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. Estos temas son particularmente importantes en los medios de entretenimiento. Las historias de Moana, de Disney, y Coco, de Pixar están basadas en ellos:

5. Porque sigue siendo tan importante como en los 80s (si no es que más)

Anderson escribió Comunidades Imaginadas en 1983. En 1991 relanzaron el libro con revisiones y capítulos adicionales. La siguiente edición revisada y actualizada fue publicada en el 2006.

Si algo nos dice la situación política y social en la que nos encontramos hoy en día es que el tema del nacionalismo sigue vivo y las grandes decisiones políticas que hemos visto en los últimos años están basadas, entre otras cosas, en la forma en la que imaginamos nuestras naciones y quiénes deben o no deben ser parte de ellas.

En Estados Unidos, la campaña y presidencia de Donald Trump están basadas en ideales nacionalistas: estos somos nosotros, esta es nuestra nación, esta es la gente que pertenece, este es nuestro lenguaje y estas son nuestras fronteras.

En las elecciones presidenciales mexicanas de este julio, uno de los candidatos más fuertes es el populista de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, y mucha de su popularidad se debe al sentido nacionalista que ha surgido en México gracias a la situación al norte de la frontera.

La crisis humanitaria de los Rohingya en Myanmar está basada en la etnicidad y la religión de los Rohingyas, quienes son musulmanes. Han vivido en Myanmar, que es budista, durante siglos, pero están siendo perseguidos gracias a que son vistos como “inmigrantes ilegales” de Bangladesh. Esta situación aparentemente paradójica se debe a que Birmania (Myanmar), India y Bangladesh alguna vez fueron una colonia británica. Los británicos consideraban que los musulmanes eran más confiables que los hindús y los budistas, por lo que los favorecieron dándoles trabajos relativamente bien pagados en puestos administrativos.

Es interesante que el nacionalismo en realidad no ha cambiado mucho desde que empezó. Sí, cada país lo ve de forma diferente y no todos lo ven como 100% bueno o 100% malo. Ha sido en su nombre que gente ha sufrido rechazo y discriminación, que han habido guerras, que pueblos enteros han sido asesinados y que las fronteras se han cerrado. Pero también ha sido por el nacionalismo que pueblos se han levantado en contra de sus opresores, que las colonias se convirtieron en naciones independientes y soberanas, libres de escoger a sus líderes y libres de celebrar su cultura, su identidad y su historia. Una cosa es clara: el nacionalismo siempre tiene que ver con la definición del yo. Identifico quién soy yo separándome de lo otro, lo diferente a mí, creando así diferencias entre grupos de personas.

Así que como sea que lo quieran ver, sea cual sea nuestro sentimiento hacia él, el nacionalismo es algo presente y muy arraigado en nuestra cultura, y todos deberíamos al menos informarnos más sobre lo que realmente es, de dónde salió y a dónde podría llevarnos.

  Mi edición:  Paperback, publicado por Verso en el 2016.
Mi edición: Paperback, publicado por Verso en el 2016.

Un especial agradecimiento a René Muschter por sus excelentes aportaciones, sus pensamientos, sus comentarios y su apoyo.

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