Escribiendo con propósito: Los días de Birmania (La marca)

Myanmar (Birmania) es un país ubicado en el Sureste Asiático que comparte fronteras con China, Tailandia, Laos, India y Bangladés. Tiene más de 135 grupos étnicos y se hablan más de cien idiomas diferentes. Birmania se independizó de Gran Bretaña en 1948 y de 1962 al 2011 fue una dictadura militar. Su nombre ha sido Myanmar desde 1989.

Myanmar o Birmania se volvió parte de las colonias británicas en 1862. Durante este periodo muchos indios fueron enviados a Birmania (que en ese entonces se llamaba India Británica junto con lo que hoy son India y Bangladés) para trabajar en puestos administrativos. Eran considerados superiores a los birmanos, quienes (como en prácticamente todas las demás colonias) eran víctimas de fuertes abusos físicos y psicológicos.

La Marca (Los días de Birmania), por George Orwell

La Marca o Los Días de Birmania es un libro escrito por George Orwell, quien trabajó como oficial imperial en Birmania (Myanmar) de 1922 a 1925. Es una obra ficticia, pero está claramente basada en las experiencias de Orwell.

El libro comienza con U Po Kyin, un magistrado birmano, planeando destruir la reputación del doctor indio, Dr. Veraswami, quien aspira a ser miembro  del Club Europeo para garantizar siempre tener prestigio. U Po Kyin no ha logrado su objetivo gracias a la amistad que el Dr. Veraswami tiene con John Flory, un comerciante inglés. Flory es banco y es miembro del Club Europeo, pero la marca en su cara, su pequeña personalidad y su actitud hacia la cultura birmana lo distinguen y separan de sus compatriotas. Al decir “su actitud hacia la cultura birmana” me refiero a que no es tan racista como los demás. Flory está muy consciente de lo que los británicos están haciendo en Birmania y critica al imperio constantemente.

“Nosotros, los anglo-hindúes, seríamos casi aceptables si admitiésemos honradamente que somos ladrones y nos dedicásemos a robar sin tapujo.”

Pero su opinión de la cultura inglesa no impide que sea parte y se beneficie de ella. Después de todo, es un comerciante europeo en Birmania. Es miembro del Club Europeo, ha golpeado a sus sirvientes birmanos ocasionalmente, tiene una amante birmana a quien considera inferior a –o tal vez no tan valiosa como- las mujeres europeas y a quien maltrata constantemente. Es todo un imperialista. Sin embargo, Flory vive infeliz, aislado y borracho.

Su vida cambia cuando Elizabeth Lackersteen, una joven bella y soltera, llega a Birmania. Flory ve en Elizabeth la solución a todos sus problemas: es una mujer blanca con quien compartir su… amor por Birmania, con quien dejar de estar solo. Por otro lado, Elizabeth ve a Flory como su única oportunidad para no ser una solterona sin dinero.

 Mi edición: Paperback, publicado en el 2009 por Modern Classics.
Mi edición: Paperback, publicado en el 2009 por Modern Classics.

Cuando hablamos de las actitudes políticas y sociales del pasado, especialmente cuando hablamos de cultura popular, es común escuchar frases como “no es racista porque la gente de esa época no tenía un concepto de racismo” o “antes eso no estaba mal visto”. Constantemente escuchamos cómo se justifican bromas, chistes, descripciones y representaciones racistas de minorías y otros grupos étnicos porque la gente no sabía que eso estaba mal. Todavía, de cuando en cuando, salen películas modernas en las que la presentación de asuntos de raza, género o cualquier cosa similar es… cuestionable. La justificación siempre es la misma: “así era antes. La gente no sabía que era malo ser racista y violento porque no tenían un concepto de racismo.”

Es cuando escucho eso que pienso en George Orwell. Pienso en El camino a Wigan Pier y en La Marca (Los días de Birmania). Es al escuchar eso que pienso que… tal vez sí sabían. Tal vez siempre sabemos, en el fondo, que lo que estamos haciendo está mal. Aun cuando no estamos de acuerdo con lo que está pasando, el no decir nada y el aceptar que “así son las cosas” nos hacen cómplices del sistema. Y si de verdad al principio no sabemos, es posible abrir los ojos, igual que Orwell. Orwell escribió La marca en respuesta a todo lo que hizo durante sus días de Birmania. Comenzó a escribir el libro alrededor de 1929, pero no lo pudo publicar sino hasta 1934 y solamente en Estados Unidos. La razón principal por la tardanza fue que las editoriales temían represalias por parte del imperio. Los personajes eran demasiado parecidos a los miembros del Imperio Británico y las situaciones eran demasiado reales. Solo una casa editorial aceptó publicarlo en 1935, luego de haberlo obligado a cambiar algunos nombres y de haber investigado y comprobado que ningún personaje estuviera basado en una persona real en Birmania.

Orwell no solo sabía que todo el arte es político, también creía firmemente que la literatura debía ser utilizada para ese propósito.

“Propósito político. Empleo la palabra ‘político’ en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí una actitud política.”

George Orwell, Por qué escribo

Fue a través de sus ensayos y sus libros que Orwell escribió a favor de la clase trabajadora, que defendió la cultura popular (es decir, todo lo que no es fino o de clase alta), que criticó la actitud imperialista de sus contemporáneos, y que se opuso al totalitarismo y al fascismo. Sus libros más populares, Rebelión en la granja y 1984, son claros ejemplos del verdadero propósito con el que escribía.

Ningún cambio grande se da de la noche a la mañana. A veces el sistema es muy rígido, muy grande o muy familiar como para cambiar rápidamente. A veces no estamos en las mejores posiciones para cambiarlo. El hecho de que vivimos dentro del sistema nos hace reproducirlos de una forma u otra. Pero eso no significa que no podemos hacer nada al respecto. Podemos usar nuestras palabras, nuestra voz y nuestro arte. Después de todo, es algo que hacemos todos los días. Lo único que necesitamos es propósito.

 “Durante cinco años fui parte de un sistema de opresión que me dejó con una mala consciencia. Recordando innumerables caras – caras de prisioneros en el puerto, de hombres condenados esperando en celdas, de subordinados a quienes había intimidado y campesinos a quienes había despreciado, de sirvientes a quienes había golpeado en momentos de ira (casi todos hacen estas cosas en el Este, al menos ocasionalmente: los orientales pueden ser muy provocadores) me atormentaban sin piedad. Era yo consciente de la inmensa culpa que necesitaba expiar. Supongo que suena exagerado, pero si usted hace un trabajo que verdaderamente desaprueba durante cinco años, probablemente sentirá lo mismo. … Sentí que necesitaba escapar, no solamente del imperialismo, sino también de toda forma de dominio que tiene un hombre sobre otro.”

George Orwell, El camino a Wigan Pier, traducción mía.

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