Reseña: Al Faro

“Era amor, pensaba ella, fingiendo que colocaba el lienzo, destilado y quintaesenciado; un amor que nunca intentaba asir el objeto amado; es igual al que los matemáticos profesan hacia sus símbolos, o los poetas a sus frases, se había concebido para extenderse por el mundo, y para convertirse en propiedad de toda la humanidad.”

Al faro es una novela escrita en 1927 por Virginia Woolf que, a pesar de ser ficción, está basada en su propia infancia. Al igual que sus otras novelas, Al faro no tiene mucha trama o historia. Lo que tiene son pensamientos y reflexiones que tratan temas como la pérdida, la subjetividad, la percepción y la vida misma.

El mejor resumen del libro lo da John Green en su video de Crash Course: “La familia Ramsay y sus amigos pasan un día en su casa de vacaciones. Hablan de ir al faro pero no lo hacen. Diez años pasan y van al faro y se acaba el libro.”

Con Virginia, la trama no es lo más importante.

La novela está dividida en tres partes: La ventana, Pasa el tiempo El faro. Woolf describe la estructura como “dos bloques unidos por un corredor”, lo cual también explica por qué Pasa el tiempo es la sección más corta y totalmente distinta al resto del libro. En esta sección todo lo narrado es desde la perspectiva de la casa.

Pasa el tiempo muestra una casa vacía durante la Primera Guerra Mundial, pero la guerra está descrita como una tormenta. La casa nos cuenta qué ha pasado, qué cosas han cambiado y quiénes han muerto. Es interesante que las muertes de los personajes nos son dadas brevemente en paréntesis.

La mayor parte de la novela está escrita en forma de pensamientos y reflexiones, casi sin diálogo alguno. La prosa es relativamente complicada, especialmente para quienes no están acostumbrados a leer este tipo de libro. Yo no había leído un texto parecido en un par de años y me tardé un poco más de lo normal en leerlo. Utiliza sobre todo la focalización interna, es decir, que todo nos es narrado desde la perspectiva de los personajes. Sin embargo, la perspectiva cambia de personaje a personaje, a veces incluso en medio de una oración y sin previo aviso. Virginia también utiliza mucho el monólogo interior o el flujo de la consciencia.

El flujo de la consciencia es característico del movimiento modernista y es probablemente una de mis técnicas literarias favoritas. Consiste en registrar los pensamientos y las ideas conforme van sucediendo en la mente, lo cual significa que no lleva ningún orden particular ni ninguna pausa. Esto es porque nuestra mente simplemente no funciona así. Pensamos en una cosa, luego vemos algo que nos recuerda a otra y sin darnos cuenta estamos pensando en algo que sucedió alguna vez que tuvo que ver con el objeto que estamos observando, que nada tiene que ver con nuestro pensamiento original. El ser humano no piensa ordenadamente en su vida cotidiana, no abrimos y cerramos secciones de pensamiento con introducción y conclusión. Simplemente pensamos. Otros ejemplos de esta técnica se encuentran en La señora Dalloway, también de Virginia Woolf, y en Ulysses, de James Joyce. Yo leí ambos libros en el 2015, cuando este blog era un poco diferente.

 Mi edición: tapa blanda, publicado en el 2002 por Wordsworth Classics.
Mi edición: tapa blanda, publicado en el 2002 por Wordsworth Classics.

Disfruté este libro. No tanto como disfruté La señora Dalloway, pero me gustó. Eso sí, no es para todos, pues en realidad no sucede nada. Pero para Virginia no se trata de eso. Para ella, la literatura no necesita trama y aventura. Más bien, necesita cuestionar y reflexionar sobre la vida, necesita un propósito más profundo. ¿Cuál es el significado de la vida?¿Cómo nos afectan los cambios? ¿Qué hace a un artista? ¿Por qué y para qué hacemos arte? De eso es Al faro, es de sentimientos y emociones, de nuestra percepción e interpretación, de las cosas por las que luchamos y de lo que realmente significa ser humanos.

“¿Qué sentido tiene la vida? Eso era todo: una sencilla pregunta; que con los años tendía a hacerse más acuciante. Nunca se había producido la gran revelación. La gran revelación quizá no llegaría nunca. En su lugar había pequeños milagros cotidianos, iluminaciones, cerillas que de repente iluminaban la oscuridad; y aquí había una.”