Emily Wilson, La Odisea y el Poder de la Traducción

“Tell me about a complicated man.
Muse, tell me how he wandered and was lost
when he had wrecked the holy town of Troy,
and where he went, and who he met, the pain
he suffered in the storms at sea, and how
he worked to save his life and bring his men
back home. He failed to keep them safe;
poor fools, they ate the Sun God’s cattle, and the
god kept them from home. Now goddess, child of Zeus,
tell the old story for our modern times.
Find the beginning.”

La Odisea, atribuida al poeta Homero, nunca había sido traducida al inglés por una mujer. ¿Sabían eso?

No es que sea malo que las otras traducciones hayan sido hechas por hombres. De ninguna manera. Son las traducciones que nos han ayudado a contar la historia una y otra vez, que nos han llevado con Odiseo desde la isla de Calipso hasta los brazos de su fiel esposa, Penélope. Las que han inspirado a miles de lectores y escritores durante siglos. En Ulysses, considerada la novela más importante en inglés del siglo XX, James Joyce nos presenta a Leopold Bloom en su viaje por Dublín que, en un día, refleja el de Odiseo.

Pero La Odisea nunca había sido traducida al inglés por una mujer.

¿Y qué diferencia hace? ¿Qué acaso no da lo mismo si la traduce un hombre o una mujer? Después de todo, lo único que hace una traducción es presentarnos el texto en un idioma que podemos entender.

Pero la traducción es mucho más que solo repetir un texto en otro idioma. Se requieren conocimientos no solo lingüísticos sino culturales, se requiere que la traductora o el traductor entienda a lo que el original se refiere y pueda presentar un equivalente. Para traducir un texto, se requiere la habilidad de adaptarlo para que otros grupos lo entiendan y conecten con él, pero sin que pierda su esencia, ni aquello que lo hace ser. La persona que traduce debe tomar decisiones con respecto a todo, vocabulario, gramática, registro etc.

Entonces, ¿qué hace a esta traducción especial? ¿Por qué deberíamos ponerle atención?

Bueno, querido lector, querida lectora, porque La Odisea, traducida por Emily Wilson, es quizás una de las mejores traducciones para nuestros tiempos. Cada una de las decisiones que Wilson tomó tiene un propósito específico. El lenguaje que utiliza, así como las palabras que escoge distinguen esta traducción de las anteriores y el resultado es un texto limpio, bello y que realmente respeta el lenguaje del original.

A diferencia de traductores anteriores a ella, quienes tomaron un poema épico y lo re-escribieron con palabras grandes y oraciones majestuosas, Emily Wilson decidió preservar la simpleza del original. Homero no habla con palabras rimbombantes, no tiene un lenguaje particularmente complejo, es más bien repetitivo. Wilson aprovechó estas repeticiones para explorar las posibles distintas interpretaciones del griego original de acuerdo a la situación en la que se encuentra Odiseo. Un último elemento del lenguaje homérico es que a veces pareciera que el único conector que conoce es “y”. Querido lector, querida lectora, si está leyendo a Homero, olvídese de las otras conjunciones.

Otras traducciones reproducen el poema como si fuera prosa. Esto se entiende perfectamente porque el ritmo y la métrica de la poesía en la antigua Grecia eran totalmente distintas al ritmo y la métrica de la poesía moderna, pero Emily Wilson, en lugar de contar el poema como prosa, decidió adaptar el poema para nuestros tiempos modernos, con la métrica de un poema moderno.

El griego está en hexámetro dactílico, la métrica clásica griega:
da DUM DUM / da DUM DUM / da da / da da / da DUM DUM / da da

El inglés de Wilson está en pentámetro yámbico, la métrica tradicional en inglés, la métrica de Shakespeare, de Milton y de Keats:
da DUM da DUM da DUM da DUM da DUM

Con este cambio, Emily Wilson no solo mantiene la sensación de que estamos oyendo poesía, sino que logra hacerlo en el mismo número de líneas que tiene el original. Otras traducciones son más largas.


Pero la persona que traduce no es una computadora, es un ser humano lleno de ideas, pensamientos y perspectivas informadas por la cultura en la que vive. Esas ideas influyen en su traducción, aunque la persona no quiera. La traductora o el traductor debe estar consciente de sus sesgos y debe hacer un esfuerzo constante por no dejarse influir por sus ideas al traducir un texto. Sin embargo, esto ha resultado difícil de lograr, especialmente con textos antiguos como el de Homero.

Odiseo y las Sirenas – mosaico en el Museo del Bardo en Túnez

Un ejemplo se encuentra en la cita al principio de este post.

En el griego original, la línea va así:
All’ oud’ hos hetairous erruasato” – “but even so he did not protect his companions” – “pero aun así él no protegió a sus compañeros”

En la traducción de George Chapman, publicada en 1616, es así:
“But so their fates he could not overcome” – “Pero él no pudo sobreponerse a sus destinos”

En la traducción de Robert Fagles, publicada en 1996, es así:
“He could not save them from disaster” – “él no pudo salvarlos del desastre”

La traducción de Wilson, publicada en el 2017, va así:
“He failed to keep them safe” – “él no los mantuvo a salvo”

No quiero interpretar de más las traducciones de Chapman y Fagles, no sé qué estaban pensando cuando escribieron el texto, pero es interesante que la línea original claramente expresa que no hizo algo, mientras que las de Chapman y Fagles dan a entender que lo intentó, pero no pudo. “To fail to do something” no se traduce al español como “fallar al hacer algo”, se traduce como “no hacer algo”.

De Chapman sabemos que, al traducir las obras de Homero, les agregó detalles, descripciones e interpretaciones morales y filosóficas. Otros traductores modernos se saltan las adiciones, pero utilizan un lenguaje que deja ver sus propios prejuicios, ideas y percepciones, en ocasiones eliminando epítetos para describir a ciertos personajes (específicamente Penélope) o usando palabras peyorativas que en el original eran términos neutros.

Orestes perseguido por las Furias

Cuando Telémaco, el hijo de Odiseo, está en Esparta con Menelao y su esposa, Helena, y Helena dice: “como este se asemeja al hijo del magnánimo Ulises, a Telémaco, a quien dejara recién nacido en su casa cuando los aqueos fuisteis por mí, cara de perra, a empeñar rudos combates con los troyanos” (traducción de Luis Segalá y Estalella).

El griego contiene una palabra extraña, kunopis, que literalmente significa cara de perro, aparentemente una expresión no muy común, pero que definitivamente no tiene las mismas connotaciones que la palabra “perra” tiene actualmente, especialmente en inglés. La palabra kunopis, es utilizada por Eurípides para describir a las Erinias o Euménides (Furias, en la tradición romana), personificaciones femeninas de la venganza que perseguían criminales.

En su traducción, Fagles (1996) escribe lo siguiente: “shameless whore that I was” – “desvergonzada zorra/puta que fui”. En su traducción del 2014, Stephen Mitchell dice; “bitch that I was” – “perra que fui”.

Emily Wilson la traduce de la siguiente manera: “They made my face the cause that hounded them” – “Hicieron de mi cara la causa de su persecución”. “Hound” – sabueso o perro de caza. “To hound” – acosar, perseguir.

Odiseo asesina a los pretendientes.

El último y más claro ejemplo se encuentra cerca del final del poema, cuando Odiseo regresa a casa y su hijo Telémaco se encarga de ejecutar a las esclavas que se acostaron con los pretendientes de su madre, Penélope, la esposa de Odiseo, reina de Ítaca. Los pretendientes de Penélope son descritos en el poema como hombres de alto rango, de pésimos modales, abusivos, que estaban planeando asesinar a Telémaco y que llevaban tres años presionando a Penélope para que se casara con alguno de ellos. Estos hombres se acuestan con las esclavas de casa de Penélope y cuando Odiseo regresa, asesina a los pretendientes y manda ejecutar a las esclavas.

En la escena de la ejecución, Fagles (1996) se refiere a ellas como “sluts” – “putas” y “the suitors’ whores” – “las zorras de los pretendientes”. Stanley Lombardo, en su traducción del 2012, también se refiere a ellas como “the suitors’ sluts”.

Un cambio interesante se encuentra en la traducción de Richmond Lattimore, publicada en el 2007: la palabra que utiliza es “creatures” – “criaturas”. En su caso no son zorras, pero tampoco son personas.

Sin embargo, en el griego original no se encuentra ningún término despectivo para describir a estas mujeres. Wilson respeta el original describiéndolas como las mujeres que “se acostaron con los pretendientes” (“lay beside the suitors”). En su nota al principio del libro, Wilson habla de su decisión consciente de evitar términos e implicaciones sexistas modernos y solamente dejar aquellas que se encuentran en el texto original.

Nada de esto ha sido para decir que los hombres traductores son malos y misóginos y hacen estas cosas a propósito. (Excepto Chapman. Chapman se puede ir del salón y que se lleve sus adiciones consigo). Un hombre puede ser tan neutral como una mujer al traducir un texto. Una mujer puede ser tan sesgada como un hombre al traducir un texto. Sin embargo, es interesante ver que, en los siglos de traducciones al inglés hechas por hombres, el uso del lenguaje había sido similar. Desde Chapman en 1616, Fagles en 1996, hasta Mitchell en el 2014.

La traducción de Emily Wilson es un trabajo excelente; respeta el original, pero lo adapta perfectamente al lenguaje moderno sin cambiar el mensaje, sin darle significados que no tenía, sin ocultar pasajes porque no cuadran con nuestras ideas actuales y sin juicios morales anacrónicos. Es un lenguaje simple, pero bello, fácil de seguir, pero sin perder su esencia épica.

Es la vieja historia para nuestros tiempos modernos.

Now goddess, child of Zeus,
tell the old story for our modern times.
Find the beginning.

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