Chale: Twitter está fuera de control

Quien pasa tiempo en Twitter sabe que Twitter es un lugar problemático.

Todas las redes tienen lados positivos y negativos y Twitter, como las demás, tiene sus ventajas. Sin embargo, es bien sabido que esta red es conocida por ser particularmente tóxica.

En algunos rincones, que a veces son demasiado grandes como para considerarse rincones, ocupados principalmente por ciertas personas a las que les gusta jactarse de que “no le tienen miedo a la cancelación”, el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia y otras actitudes desagradables son el pan de cada día. Encontrarse en el camino de ese tipo de gente puede ser muy cansado y dañino.

Pero hoy no quiero hablar de esa gente.

Hoy quiero hablar del otro lado de la balanza. Hay una tendencia de ciertas personas y grupos de sobre-reaccionar a lo que sea que alguien esté diciendo, independientemente de si amerita una reacción o no. Esto puede ser por algo que se le quiere atribuir a la persona que está tuiteando, como aquella vez que la YouTuber, Lindsay Ellis, tuiteó que Raya y el último dragón era básicamente Avatar: La leyenda de Aang, y Twitter decidió que eso solo podía significar que Ellis era racista.

Su tuit se refería específicamente al tipo de historia donde el personaje protagonista vive en un lugar donde había armonía hasta que una nación atacó a otra y, para restaurar el balance, necesita viajar de nación en nación, haciendo aliados que se unen a su lucha y al final forma una amistad con el personaje que inició como su antagonista. Pero no, el tuit fue interpretado como racista porque ambas historias se inspiraron en Asia y eso solo puede significar racismo. Lo que inició como un malentendido sobre una película de Disney terminó convirtiéndose en hilos de listas de errores y transgresiones cometidos por Ellis durante los 10 años que lleva en las redes sociales y en YouTube. Todo esto, ella lo explica mejor en su video, Mask Off, así que yo no me voy a detener ahí.

Lo interesante de este fenómeno, es que el comentario que desata el escándalo no necesita insinuar nada malo para ser sobre-interpretado. Basta un poco de imaginación para que sea tomado por gente que solo está esperando el momento para poder insultar a la persona en cuestión. Generalmente, las agresiones que surgen a partir de esto, son justificadas con algún pretexto ligado a la moralidad de la autora del tuit, aunque no haya hecho nada cuestionable. Como ese día que la autora, Roxane Gay, tuiteó que le gustaba el aeropuerto de Tokio porque estaba limpio y alguien se tomó la molestia de escribirle con sarcasmo: “Me pregunto quién lo mantiene limpio” y “Me pregunto cuánto les pagan. Me pregunto cómo viven. Buen viaje”.

Como si ella, autora y profesora universitaria estadounidense, tuviera influencia alguna en los derechos laborales de la clase trabajadora en Japón.

Esto tiende a sucederle tan seguido que un tiempo después, Gay terminó tuiteando lo siguiente:

He perdido toda la paciencia con el modo de discurso cibernético donde si alguien dice “amo los chícharos” alguien más le dice “o sea odias las zanahorias y crees que deberían ser erradicadas”.

En Twitter algunas personas lo llaman “villano del día”. Alguien tuitea algo por más insignificante que sea y otras personas reaccionan como si hubiese sido el insulto del siglo. Por supuesto hay excepciones, por supuesto algunas cosas ameritan respuestas intensas. Cuando alguien es ofensivo o violento, lo mínimo es que la respuesta sea rápida y que el tuit sea reportado. Sin embargo, con otros comentarios, bastaría un breve intercambio de ideas, un simple “yo no estoy de acuerdo”. Comunicación medida y moderada, comunicación que invite a la reflexión y abra los ojos a otras perspectivas.

Pero Twitter no es una plataforma que facilite la comunicación medida y moderada que invite a la reflexión. En Twitter, lo de hoy es ser hostiles de la nada, respaldándonos en la acusación de que la persona ha obrado de manera supuestamente inmoral, sin reconocer el hecho de que, en realidad, la persona no nos agrada y de pasada ganar unos cuantos “likes” por haber demostrado nuestra superioridad moral. Y las oportunidades para este extraño comportamiento que solo existe en la red (porque imagínense saltar a insultar a todas las personas que se nos atraviesan en la calle por cualquier cosa) se dan todos los días.

El 30 de agosto de 2021, un tuit particularmente corto bastó para desatar un escándalo en Twitter mexicano. El drama seguía sonando dos días después y las listas de “errores” o de “acciones incongruentes” estaba a todo lo que daba. Y todo empezó con una sola palabra: Chale.

El 29 de agosto, Omar García, diputado federal y sobreviviente de la masacre de Iguala, tuiteó para celebrar su toma de protesta en la LXV Legislatura, donde él participará por primera vez. La respetada lingüista, autora y activista mixe, Yásnaya Aguilar respondió con un “Chale”.

Terrible, lo sé. Chale.

Su comentario fue para expresar su tristeza porque Omar García había luchado antes fuera de la organización partidista y, en las palabras de Yásnaya, había sido una de las personas que más les había inspirado en la lucha. Yásnaya cerró su aclaración con un “cambió de opinión y se irá a inspirar otro lado y está bien.”

Pero Twitter ese día decidiría que no, no estaba bien.

Dos días más tarde y seguían lloviendo comentarios que iban desde un reproche por una supuesta falta de respeto a la decisión del diputado, hasta comentarios racistas y ofensivos. Por supuesto no faltaron los tuitstoriadores y tuitarqueólogos que se dieron a la tarea de excavar entre los más de 139 mil tuits que ha publicado Yásnaya, tratando de encontrar algún comentario que “demostrara” su imaginada hipocresía.

Como éste, criticándola por criticar al Estado cuando se atrevió a estudiar en escuelas públicas y becada.

Como todos los que la acusaban de hipócrita por haber contribuido con textos para el periódico, El País (donde contribuye regularmente), la revista, Letras Libres (donde publicó una pieza en 2013) y otros medios de comunicación privados, así como el haber colaborado con el actor, Gael García Bernal, para hacer un documental sobre ambientalismo.

Ese tipo de crítica surge todo el tiempo y yo me pregunto, ¿desde dónde podría entonces hablar alguien que critica los sistemas en los que está obligada a participar? Es la misma crítica necia de “se queja del capitalismo, pero tiene celular”, pero ve películas, pero compra en el súper, pero existe. La realidad es que el objetivo de este tipo de comentarios no es apuntar a la supuesta incongruencia, sino silenciar a la persona. En este tipo de comentario, lo mejor es no perder el tiempo, ya que, además de ser tontos, son expresados de mala fe y no porque hay una preocupación moral auténtica.

Lo que más me llamó la atención del supuesto escándalo, ahora llamado “Chalegate” por quienes apoyan a Yásnaya (siguiendo la tradición de llamar a todos los escándalos -gate a partir de Watergate), fue que surgió de un comentario de lo más inocuo. Chale. La respuesta de algunos individuos que se consideran progresistas o liberales (grupos diferentes), aunque inesperada, no me sorprendió. Después de todo, así es Twitter.

Algo que tiene la izquierda en línea (o la Verdadera Izquierda™ edición online), es que siempre está muy preocupada por eso de la ilusión de la moral. Una determinada cosa, acción o aseveración no necesita ser moral, necesita parecer moral. Necesita dar la imagen o la ilusión de solidaridad o de apoyo, para ser aceptable. Y lo contrario también es verdad. Un comentario inocuo, una expresión reservada de desaprobación, de frustración o de tristeza, son suficiente prueba de que la persona no es quien dice ser. El cúmulo de su trabajo no tiene tanto peso como lo que acaba de publicar. Ese “chale” de Yásnaya es suficiente prueba de su hipocresía y su incongruencia, porque está dispuesta a criticar a sus iguales cuando embarcan en un camino diferente al suyo, pero bien que trabaja para el enemigo, para la ultraderecha.

¿Para cuál ultraderecha? No sabemos, porque en realidad nunca ha trabajado para nadie de ultraderecha y lleva toda su vida luchando por una causa justa, pero ese no es el punto. El punto es que para la Verdadera Izquierda™ edición online, es suficiente que Yásnaya no se presente o se comporte exactamente como otras personas esperan que lo haga. Algo similar sucedió el mes pasado con el streamer de Twitch y comentarista político socialista, Hasan Piker.

Lo más absurdo de este tipo de “escándalos” es que, del otro lado, la verdadera ultraderecha anda todos los días en Twitter publicando comentarios violentos y discriminatorios, y tratando de legislar sobre los cuerpos de la gente, y las izquierdas online están más ocupadas vigilándose, controlándose y discutiendo entre ellas. El PAN está aliándose con Vox, pero el verdadero problema es que Yásnaya dijo chale y a veces escribe para El País.


Cada que esto sucede, yo me pregunto por qué. ¿Qué es lo que lleva a la gente a reaccionar de esa forma y a hacer escándalos de conflictos absurdos?

Yo estoy de acuerdo con Lindsay Ellis en su aseveración durante una entrevista con The Financial Diet de que la gente ya no sabe disentir sin sentir la necesidad de justificarse en algún asunto de justicia social o moralidad. Ellis, hablando de su reciente mala experiencia en la red, comentó que la gente ha “perdido la habilidad de decir ‘esto no es para mí’” y yo creo que tiene razón. Entre los miles de tuits que le llovieron, había una cantidad alarmente de gente diciendo que ya solo esperaba a que otra persona de YouTube tuiteara algo inoportuno para que “fuera su turno”. Creo que en temas de justicia social, las redes han sido una espada de dos filos, por un lado es más sencillo hacerse escuchar y hablar contra los sistemas de opresión. Por otro lado, se ha creado un ambiente hostil donde todas las personas necesitan estar cuidando mantener esa imagen perfecta de moralidad, y yo creo que es precisamente por la presión de mantener la imagen que la gente tiende a atacar a otros usuarios: necesitan demostrar, no solo que son personas morales, sino que son moralmente superiores.

Algo interesante que leí el otro día en un estudio publicado en el American Political Science Review, The Psychology of Online Political Hostility: A Comprehensive, Cross-National Test of the Mismatch Hypothesis, escrito por Alexander Bor y Michael Bang Petersen. Según Bor y Petersen, el discurso político en las redes es percibido como más hostil, no porque haya más personas hostiles, sino porque los ataques en línea son más visibles. La gente que realmente está dispuesta a entablar una conversación y a intercambiar ideas no se alborota en la redes lo suficiente como para buscar el historial de errores de las personas, ni se pone a insultar a diestra y a siniestra. Bor y Petersen concluyen que la gente que busca alcanzar un cierto estatus a través de la hostilidad es más visible en las redes. Y esto es porque Twitter está funcionando de manera correcta, ya que lo que pega en Twitter son los likes y los clics, y la gente aprovecha estas situaciones para generar reacciones y recibir likes. Cada reacción y cada like hace al tuit más visible, lo muestra a más personas y le da más alcance, en otras palabras, genera “engagement”, interacciones con la página o la marca y que hacen que a la persona usuaria regrese una y otra vez. Es decir, este tipo de ataques en masa y de interacciones hostiles representan un beneficio para las empresas.

Todo esto provoca que, las empresas no tengan incentivos para fomentar un ambiente armonioso y seguro para quienes usan sus plataformas (hablando de todo: acoso, desinformación, pornografía infantil, etc.) y que la responsabilidad de desarrollar estrategias de manejo y respuesta en las redes muchas veces recaen en quienes las usan.

Y quienes las usan muchas veces están más preocupadas por un chale o por el historial de errores de aquellas personas que podrían ser sus aliadas que por lo que realmente está pasando fuera de la pantalla.

Chale.

Julio Cortázar sobre el lenguaje

“Traté de que el libro reflejara esa visión que yo mismo me hacía y me hago de las posibilidades que existen en el ser humano y que, en las condiciones en que el ser humano vive en nuestro tiempo, dentro de los sistemas que lo parcelan, lo condicionan y lo dividen, no puede desarrollar, no puede cumplir, sino en una muy pequeña medida. Ataqué también el lenguaje. Los lectores del libro lo saben muy bien, porque —y pienso que ustedes deben haberlo advertido muchas veces— en el plano del lenguaje sucede algo muy grave en el campo ideológico. No solo en la lucha prerrevolucionaria que se lleva a cabo en tantos terrenos, sino incluso en los casos donde las revoluciones han sido ya conseguidas, el lenguaje se queda atrás, el lenguaje no está a la altura de una revolución, el lenguaje es adocenado. Seguimos escuchando discursos con la misma retórica y las mismas fórmulas que son precisamente las del sistema que queremos destruir; seguimos escuchando frases donde un cierto adjetivo se pega fatalmente a un cierto sustantivo, sin que la persona que lo emplea haya reflexionado jamás que, al idioma, hay que renovarlo de la misma manera que hay que renovar la política y hay que cambiar la economía, porque el idioma es nuestro vehículo interno de pensamiento, y si pensamos con las palabras, sabemos muy bien también que las palabras contribuyen al pensamiento. Un idioma esclerosado, un idioma lleno de prejuicios, tabúes y viejas fórmulas, está trabando nuestra posibilidad de avance hacia ese esquema del hombre futuro por el cual luchamos.

Julio Cortázar, “El lenguaje no está a la altura de una revolución, el lenguaje es adocenado”. CUADERNOS DE LITERATURA VOL. XX No. 39 • ENERO-JUNIO 2016 • PÁGS. 428-446

Accesible en línea en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cualit/article/view/15130

De cómo hablamos cuando hablamos de Afganistán: tu discurso también es imperio

Estos últimos días he estado pensando, no solo en lo que está pasando en Afganistán, sino en cómo hablamos cuando hablamos de lo que está pasando en Afganistán.

Pienso en cómo, a quienes hemos crecido en el occidente, llenos de propaganda imperialista, nos es muy fácil caer en discursos que reflejan y reproducen el imperio que ha llevado a Afganistán a la situación en la que está. Han sido 20 años de guerra, de destrucción y de saqueos por parte de los poderes occidentales más todos los años anteriores a la invasión en el 2001. Han sido décadas de saqueo y destrucción, de violencia y de muerte. Para quienes vivimos lejos, han sido décadas de propaganda.

Estados Unidos invadió Afganistán, un estado, con el pretexto de querer derrotar a Al-Qaeda, un actor no-estatal. Que Afganistán fuera un país lleno de recursos naturales, con un terreno montañoso rico en minerales, no era la razón por la cual estaban invadiendo ese país cuya posición, por cierto, es estratégica en el continente asiático. El punto era derrotar al terrorismo. Seis años después de haber entrado, George W. Bush dijo un 15 de febrero:

Our goal in Afghanistan is to help the people of that country to defeat the terrorists and establish a stable, moderate, and democratic state that respects the rights of its citizens, governs its territory effectively, and is a reliable ally in this war against extremists and terrorists.

“Nuestra meta en Afganistán es ayudar a las personas de aquel país a derrotar a los terroristas y establecer un estado estable, moderado y democrático que respete los derechos de su ciudadanía, que gobierne su territorio de manera efectiva y que sea un aliado confiable en esta guerra contra extremistas y terroristas.”

traducción mía

Según Bush, la meta no era solo derrotar al terrorismo, sino ayudar a la gente afgana a establecer un estado estable, moderado y democrático. La meta era hacer un aliado confiable del país que tenían ocupado desde el 2001. Un aliado confiable en la lucha contra el terrorismo, por supuesto. Nadie dijo nada del acceso a los recursos afganos, nadie dijo nada del enriquecimiento de los contratistas militares (Pacific Standard). Esa no era la meta, la meta era crear un estado democrático y un aliado confiable.

Para el 2010, cuando estaba más que claro que seguir en esa guerra era inútil, descubrieron que en Afganistán había depósitos minerales que valían más o menos 1 trillón de dólares (Climate Diplomacy, The New York Times), que en español es un billón de dólares. (Recordando que en español “one billion” son mil millones y “one trillion” es un billón). Barack Obama, quien había prometido retirar las tropas en el 2014, decidió que se quedarían. No por los recursos, no. Se quedarían por el progreso que estaba teniendo el proyecto de reconstrucción del estado, porque las tropas afganas todavía no eran lo suficientemente fuertes para luchar solas. (Washington Post)

Todos han sido pretextos, por supuesto. Las guerras se luchan para hacer imperio. Si Estados Unidos estuvo 20 años en Afganistán, fue para hacer imperio. Tan es así que para Joe Biden fue muy fácil contradecir a sus predecesores el lunes en su discurso ante las cámaras:

Our mission in Afghanistan was never supposed to have been nation building.  It was never supposed to be creating a unified, centralized democracy.

“No se debe suponer que nuestra misión en Afganistán debió haber sido para la construcción de la nación. No fue para crear una democracia unificada y centralizada.”

traducción mía

El caos, la violencia y la desesperación causadas por la pésima planeación y ejecución de la salida de Estados Unidos han capturado la atención del mundo entero. En las redes, casi todas las personas hemos visto textos, imágenes y videos tanto de lo que está pasando como opiniones sobre lo que está pasando. En especial, he visto el enfoque que muchas personas le dan a lo mucho que van a sufrir las mujeres bajo el régimen talibán. Y es que sí es un régimen profundamente violento que subyuga a la mujer y la reduce a un papel de sumisión, la priva de su libertad y la tiene por objeto. Sí.

Y, sin embargo, muchos de ellos, si no es que la mayoría, tienen algo en común que los hace… problemáticos, por decir lo menos. A los ojos que no están poniendo atención, a los ojos que están acostumbrados a ver a través de la lente de propaganda imperialista, pueden parecer posts inocentes, preocupados, incluso solidarios. Pero basta con fijarse un poco más, con observarlos más detenidamente y una se dará cuenta de que ese algo que tienen en común, es el imperio mismo.

Es muy fácil para las mujeres en el occidente, especialmente las que se identifican como feministas, hablar de lo mucho que sufren “las pobrecitas mujeres afganas” y comentar sobre la poca libertad que tendrán ahora con los talibanes, como si hubieran sido libres bajo la ocupación bélica estadounidense. Es muy fácil querer exportar las ideas occidentales de lo que son cosas como “feminismo”, “liberación”, es muy fácil hablar de lo “terrible” que es su cultura y su religión para ellas. Es muy fácil hacer imperio.

El imperio no solo es la ocupación y la propaganda.

Ese feminismo que quiere pasar por encima de la cultura, la fe y la forma de vida de las mujeres afganas en favor de su supuesta liberación, también es imperio.

El hablar de todos los hombres afganos como violentos y poco civilizados, eso también es imperio.

El aseverar que “el islam es particularmente machista”, eso también es imperio.

El insinuar o decir abiertamente que Estados Unidos y los otros países que han pasado décadas saqueando el continente, violentando a sus habitantes y subyugándolos en actos coloniales deberían haberse quedado o deberían regresar, eso también es imperio.

Esos posts listando todo lo que ya no van a poder hacer las mujeres o aquellos presentando distintos “grados” de velos islámicos como si fueran grados de opresión, victimizando a las mujeres y presentándolas como indefensas, esos también son imperio.

Las mujeres afganas no son un objeto para el servicio del talibán. Tampoco son un objeto para darle lástima a las mujeres occidentales o para que se den palmaditas en la espalda, pensando en “lo bien que nos va” y “lo mucho que hay que enseñarles”. Eso también es imperio.

Tweet condescendiente

El imperialismo necesita producir propaganda constantemente para justificar su presencia y quienes vivimos dentro o en la periferia del imperio llevamos décadas consumiéndola. Todos esos programas de televisión, todas esas películas de Hollywood donde solo hay personas de Asia Occidental y Asia del Sur haciendo el papel de terroristas, de hombres violentos, de mujeres sumisas, todo es parte de la máquina de propaganda que nos ha creado una imagen de la región que no necesariamente refleja la realidad. Ha pintado a los Estados Unidos como los liberadores que traerían democracia y paz a la región, cuando la Agencia Central de Inteligencia (CIA, Central Intelligence Agency) estaba financiando operaciones en las que escuadrones asesinaban deliberadamente a hombres, a mujeres, a niños y niñas (Reuters, The Intercept, Human Rights Watch), cuando los mismos soldados eran quienes violentaban a las mujeres. Los grupos conocidos en la región como “Death Squads” o escuadrones de muerte fueron la causa de terror en Afganistán, especialmente entre el 2018 y el 2019, durante la administración de Donald Trump. Pero esa noticia reportada por Human Rights Watch no fue tan sonada. Después de todo, los perpetradores eran “los buenos”.

El punto de este post no es decir que entonces no hablemos del tema. Yo creo firmemente que, cuando hay injusticia, debemos alzar la voz. Lo que estoy diciendo es que necesitamos ser conscientes del tipo de discurso que estamos reproduciendo, necesitamos ser conscientes de cómo hablamos del tema, porque es muy fácil hablar con el mismo discurso del imperio. A quienes no vivimos ahí, ni conocemos la situación, nos toca principalmente escuchar las voces afganas y ampliarlas. La lucha de las personas en Afganistán es antiimperialista, anticolonialista.

Si vamos a ampliar voces, que sean las voces afganas y no las nuestras. Antes de hablar de la lucha por la liberación de la mujer afgana, necesitamos primero escuchar la lucha de las mujeres afganas y dejar de querer imponer nuestras ideas. Al compartir posts, que sean posts hechos por quienes están directamente involucradas en el tema. Al hablar del tema, nuestro discurso tiene que ser antiimperialista.


Aquí dejo algunas cuentas y artículos de personas y grupos afganos/asiáticos para seguir y para leer. Conforme vaya encontrando más la iré actualizando:

Afghanistan Matters Carrd: https://afghanistanmatters.carrd.co/

En Instagram:

Afghans Empowered: https://www.instagram.com/afghansempowered/

Burqas and Beer: https://www.instagram.com/p/CSprXAzBMAg/

Everyday Afghanistan: https://www.instagram.com/everydayafg/

Omar Haidari: https://www.instagram.com/omar.haidari/

Stop the Hazara Genocide: https://www.instagram.com/stopthehazaragenocide/

The Afghans: https://www.instagram.com/theafghan/

En Twitter:

Afghans For a Better Tomorrow: https://twitter.com/AfghansTomorrow

Bushra Ebadi: https://twitter.com/Bushra_Ebadi/status/1426668485153890304

Munazza Ebtikar: https://twitter.com/mebtikar

Artículos en otras plataformas:

Femonationalism: White saviour feminism in Afghanistan, Media Diversified: https://mediadiversified.org/2019/03/21/femonationalism-white-saviour-feminism-in-afghanistan/?fbclid=IwAR0T0v9m-ZT37Zdu4YHl7BFOvZbEMOw8m9QiYMV7tJKLvwm-PzXghlFda3o

Libros:

Feminismos Islámicos, compilación Ramón Grosfoguel: https://albaciudad.org/wp-content/uploads/2016/10/feminismos_islamicos.pdf

I have one (1) issue with Loki

Loki is a 2021 Disney+ series starring the ever charming Tom Hiddleston as our favorite trickster and god of mischief, Loki Laufeyson. The series consists of six episodes and, as of writing this, five have aired and, although I can say that I’m liking the series overall, there is one issue that I have with it that won’t let me fully enjoy it.

*Spoilers for Loki and pretty much the entire MCU ahead.*

Because it’s never fun to start with the bad, let me list the things I like about it:

The characters are fun

Owen Wilson is very charming as Mobius and I’m invested in his character. Sophia Di Martino plays a wonderful Sylvie. I want to see more of her because she’s great. And I always, always love seeing Gugu Mbatha-Raw. Put her in every movie all the time, give her all the roles. I have loved her for years and I will love her forever. My favorite one, however, is Richard E. Grant as Classic Loki. I love him and I wish we’d had more time with his character.

The story is weird

It could be weirder, to be honest, but it’s weird enough to set it apart from other Marvel properties, and it has just enough wibbly wobbly timey wimey stuff to keep me coming back.

The music is amazing

Composed by Natalie Holt, the music score for Loki has been one of the highlights of the series. I love listening to the opening sequence, and how it compliments the series. I especially appreciated that Holt incorporated a theremin in some scenes and I thought that Classic Loki theme that incorporated Wagner’s Ride of the Valkyries was fantastic.

Tom Hiddleston

Yeah, he’s been playing this character for so long that he can probably do it in his sleep now. His portrayal of Loki is fun, emotional and has a depth to it that always has me feeling all the feels.

In short. I am liking this show. Maybe not as much as WandaVision, but I am liking it.

And yet.

There is this one aspect that keeps nagging at the back of my head, and it’s that Loki is not behaving like the Loki he should be.

The series starts just after Loki from the Avengers (2012) takes the Tesseract and escapes and is taken in by the Time Variance Authority (TVA). He is captured and he’s led to a room where Mobius, a TVA Analyst, is determined to understand him and even “break him” a little in order to recruit him.

It is there that Loki (2012) sees his life on a screen: how he returns to Asgard as a prisoner and inadvertently sends a monster to kill his mother, how he and Thor avenge her and fight side by side against the Dark Elves, how he sacrifices himself for his brother, only to come back and betray his trust… again (Thor: The Dark World (2013)).

Loki also sees how Thor finds out and takes him to Earth to look for Odin. He watches Odin, their father, tell them both that he loves them, he hears his father call him son. He watches how he and Thor bicker and fight and betray each other, and finally learn to trust each other again, but only after Loki decides to do the honorable thing and return to Asgard to save his people (Thor: Ragnarok (2017)).

Lastly, Loki sees himself falling back into his old ways and being unable to resist the Tesseract, which leads Thanos’ ship to theirs. But this time, he is brave enough to make one last stand, his final sacrifice to save his brother, and he dies (Avengers: Infinity War (2018)).

The last thing that Loki (2012) sees on that screen is his brother crying over his dead body. And so, Loki (2012), after crying and lamenting how his life turns out, decides to cooperate with the TVA. But he has an ulterior motive: he wants to overthrow the Time-Keepers to… rule?

I’m not sure. He’s not sure, either, which seems to be a theme of the series: Loki doesn’t really know anymore what he wants or why he wants it.

Despite having betrayed Mobius, he does form a bond with him, but it is only when he meets Sylvie and hears her story that he truly lets his previous plans go and joins her cause. After a rough start, they learn to work together, to listen to each other, and become allies. Loki (2012) is so distressed when he thinks Sylvie is dead that even Mobius calls him out on it and says that Loki is falling for her. Even though Loki (2012) has little patience for Mobius’ mocking and games and torture, he is willing to show him the truth, fight with him, and call him a friend. When Mobius is pruned by the TVA, Loki (2012) is visibly upset. Once he sees him again in the Void, he embraces him and works with him.

You’ll notice that I have been writing “Loki (2012)” all the time, and that is because this show is expecting me to believe that this enormous transformation, this huge change in Loki’s perspective and attitude, is just from watching the movies and talking to this woman for a couple of hours. And I don’t buy it.

I understand that from a story-perspective, we need Loki to be where he was at the end of Ragnarok (2017)/the start of Infinity War (2018), because he’s a much richer, well-rounded character with complex emotions. He’s risen and fallen and risen and fallen, and he’s learned his lessons and has finally chosen to do the right thing. He’s not good, but he’s not bad either. He’s still flawed and can’t resist the power of the Tesseract, and that’s what kills him. If he hadn’t taken the Tesseract from the Asgardian vault, if he had let Surtur destroy it with the rest of the planet, Thanos wouldn’t have found him and killed the Asgardians and him. In his last moments, Loki (2018) chooses to fight and to deliver a hopeful message to his brother. Loki (2018) is amazing.

But that Loki is not the Loki we get at the beginning of this series. The one we have is the one who just invaded earth with the Chitauri army, the one who killed 80 people in two days. This Loki is the one who was compared to Hitler in that one cheesy scene where the old German man stands up to him in Munich. This is the Loki that we get at the beginning of the series, and the series expects me to accept that the same transformation that took him years of pain and loss can happen in a matter of hours, just because he watched the movies. And I can’t.

Whenever I see this Loki running around helping Sylvie or trying to save Mobius and having this big emotional journey where he’s basically always willing to take a hit for the team, I can’t help but think that this is the same Loki that stabbed Phil Coulson and took someone’s eye out at the opera the week before.

It doesn’t help that, in Episode 5, while talking to the other Lokis, he even mentions the short time that has passed since he left New York. I just don’t buy his transformation.

And that’s my big issue with Loki and the main reason why I cannot completely relax and enjoy the series. I do bump into other little issues here and there with some plot points and character motivations, but I don’t really mind those. They don’t bother me nearly as much as the fact that 2021 Loki is behaving like a 2018 Loki and seems to have made the same emotional journey (I’d argue that it’s an even bigger one) just because he watched the movies.

Having said all of that, I have been enjoying the series so far and I’m looking forward to seeing the final episode.

Before you go!

If you love all things Loki, head over to FilmBlog 1305, where my friend Kim is doing a weekly recap and commentary of each episode. Reading her recaps has become part of my weekly Loki experience, so head over there and check out her blog.

On the death of Prince Philip and how we don’t like to talk about the dead

It’s been two days since Prince Philip died and I’ve been observing how the media portrays him and his legacy, and I have thoughts concerning how we have this idea that we have to be respectful of the dead (especially if they were symbols) and so we can’t really talk about all the dark shit they did because we’re being “disrespectful”.

It’s like, because we have to be respectful, we put people in even higher pedestals after they die and create this idealized image of them, all the while glossing over and minimizing all the damaging things that they did and said. Since this is just a short entry, I just want to touch on two of them.

His “gaffes”

Something I’ve heard mainstream media do is say that Philip was appreciated in his country for his humorous –if sometimes insensitive– comments. And while I don’t doubt that, there should have been more emphasis on the fact that they were very racist and sexist.

You know, like saying during a visit to China that “If you stay here much longer you’ll all be slitty-eyed.” Or that “If it has four legs and is not a chair, has wings and is not an aeroplane, or swims and is not a submarine, the Cantonese will eat it.”

Like asking a student who returned from Papua New Guinea if he “managed not to get eaten, then?” Or asking Australian Aborigines if they “still throw spears at each other?” — That one is from 2002, by the way.

Saying that they were “insensitive” and “politically incorrect” simply isn’t enough because they aren’t just offensive. They are damaging. I mean, we all know how the “quip” about Cantonese (and Chinese) people eating whatever has been brought up again and again during the ongoing pandemic, and used as a justification to be racist and violent towards Asian people.

Sure, we can stand there and say he was a “man of his time” but, to be honest, I’ve never been on board with that argument because there are enough texts and testimonies from people from “that time” mentioning how dehumanizing those attitudes were. The China comments? They were a scandal back then.

Simply put, many of his famous “gaffes” were damaging. And while some articles have discussed them in more detail, (like this CNN article or this abc article or this Guardian article), the coverage has been rather soft, in my opinion. There’s always someone saying that he was “a Victorian man in the 21st century” (which is really just a very overt racist) or that his gaffes were “disarmingly funny”.

His almost-feminism (yes, apparently it’s a thing)

Then there’s the white feminist approach. The Guardian published this opinion piece on how Philip “defined a different kind of masculine ideal” by “allowing” the Queen to have the spotlight.

You know, the Queen of England.

Every time I read that, I get so uncomfortable with that assertion because he literally had no other choice. She’s the Queen. In that royalist mindset that so many people love, no person can be above her. How many times have we seen that, if a member of the royal family doesn’t fall in line, they get kicked out?

But these commentaries and opinion pieces are making it seem like he was some kind of “almost feminist” because he didn’t take the spotlight from the head of state. Why? Why are some people desperate to label everyone who is not violent towards his wife a feminist?

Screenshot from The Guardian

Philip was not any kind of masculine ideal in his relationship with his wife because, more than just a person, his wife is an institution and he married into that institution. He had to stick to the rules. In fact, he was so far away from said masculine ideal that there are enough comments and situations where it is clear how he viewed women.

Like, when he was comparing participation in blood sports to selling slaughtered meat, he said that he didn’t think “[killing animals] for money makes it any more moral. I don’t think a prostitute is more moral than a wife, but they are doing the same thing.”

Or saying that, “[when] a man opens the car door for his wife, it’s either a new car or a new wife.”

So, while the columnist who wrote that Guardian piece thinks that “It’s a stretch to call him a feminist icon”, I think that we should not even put him close to the discussion of feminism, except as an example of how to spot a sexist.

I do agree that it is sad for Elizabeth that her companion of 70+ years died and it is sad for the royal family that they lost a father and a grandfather, and I suppose it is sad for all the monarchists and royalists running around England who lost… a prince, I guess. But let’s stop falling into that trap of making people seem better than they were once they die because that is not good for anyone.

Let’s stop that thing that we do, where we “don’t want to speak ill of the dead” and so end up pretending like they were always good and nice, when they really weren’t. I know it’s somewhat against the idea of royalty, because their mere existence implies that some people believe themselves (or others) to be inherently better and more deserving than other people. But let’s just stop. Let’s be frank and open when we talk about the dead, instead.

De mommy bloggers a marketers

Pinterest es una de esas redes que visitaba todo el tiempo hace algunos años. Actualmente solo me meto cuando necesito alguna receta o códigos de algún diseño de Animal Crossing, pero antes entraba diario para todo: entretenimiento, moda, recetas; incluso entraba para hacer pines de mis posts de blog. En algún momento decidí que Pinterest no era para mí. Al menos no para el tipo de contenido que subo a mi página. Así que volví casi todos mis tableros privados, desvinculé Pinterest de mis otras cuentas y borré los pines de mi blog.

En YouTube, influencers jóvenes hacen la pregunta “¿todavía hay quien escribe en blogs?”, pero cuando entro a Pinterest, veo que sigue siendo una plataforma para bloggers. Está lleno de pines y recomendaciones. Y entonces bajo la mirada para ver el URL en el pin y muy seguido incluye la palabra “mom” o alguna variante.

Mommy on Purpose, Twins Mommy, Mama Instincts, Moms Make Cents, Redefining Mom, las posibilidades son infinitas.

Los “mommyblogs” han sido parte del paisaje cultural cibernético desde principios del 2000, aunque el término no surgió sino hasta una década después. Actualmente, se calcula que hay más de 150 millones de blogs y basta darse una vuelta rápida por YouTube para descubrir que el fenómeno es también extremadamente popular ahí.

Whats Up Moms, I Mom So Hard, Sunkissed Mama, Life as a Mommy, etc.

¿Mommyblog?

El término mommyblog es solo para mujeres que producen contenido sobre la familia, las actividades del hogar y otras actividades relacionadas con “homemaking”, lo cual ya dice bastante de los blogs más populares: en general pertenecen a mujeres estadounidenses blancas de clase media. Pero no todos los blogs con publicaciones sobre la familia son mommyblogs. Los blogs de estilo de vida pueden incluir elementos de los mommyblogs, especialmente cuando la persona escribiendo es madre, pero si la maternidad no es el enfoque del blog en general, no se considera un mommyblog.

La política detrás de los mommyblogs también es interesante. Especialmente en espacios conservadores, la maternidad es algo reservado para la esfera privada, es la tarea y el objetivo principal de la mujer. Es ahí donde se encuentran tantos sub-grupos de mommyblogs: los mormones, los bautistas sureños, etc. Son blogs administrados por mujeres pertenecientes a grupos conservadores que, al lograr monetizarlos, tienen la oportunidad de armar su propio negocio sin salirse del rol que deben de cumplir. En muchos de estos casos, los mommyblogs son la respuesta ideal a las ganas y/o la necesidad de tener un trabajo sin salirse de los estrictos roles de género. Para algunas mujeres, el simple acto de traer la maternidad de la esfera privada a la pública es un acto de empoderamiento, en las palabras que la blogger Alice Bradley pronunció en un a conferencia para bloggers en el 2005, “Mommy blogging es un acto radical” (Lopez 2009: 730). En un mundo donde la maternidad es considerada la meta ideal y la obligación de las mujeres, escribir en un blog público sobre las dificultades de ser mamá, lo tedioso de las actividades diarias y compartir experiencias de salud mental, especialmente relacionada con el parto, es efectivamente un acto político. Además, no ha sido sino hasta los últimos años que como sociedad hemos comenzado a hablar más abiertamente de la importancia de la salud mental.

El término mommy blogger no solo tiene connotaciones positivas. Hay gente que lo utiliza para hacer un comentario indirecto sobre la calidad o la importancia del contenido del blog, para menospreciar o despreciar a la persona escribiendo. Esos comentarios siempre tienen su tinte de sexismo. Sin embargo, “mommy blogger” también es considerado problemático por muchas mujeres, ya que refuerza el rol hegemónico de las mujeres que las obliga a tratar de ejercer un papel idealizado (Chen 2013). Las empuja a constantemente tratar de parecer “mamis perfectas” en el mundo del internet. Hablar de la domesticidad de la casa, de cuidar a los hijos y hacer manualidades y eventos para toda la familia, y formar una comunidad alrededor de eso puede ser de mucho beneficio para el grupo de mujeres en cuestión (en su mayoría blancas, heterosexuales y de clase media), pero puede ser limitante.

En el 2016, Josi Denise, creadora del blog, American Mama, escribió un post anunciando que iba a cerrar su blog porque estaba harta del mundo de las mommybloggers y dijo que “como el 90%” de lo que escribía como mommyblogger era falso y presentaba una imagen de una vida falsa:

“Because, like 90% of the fake nonsense I used to share on the internet as a mommy blogger writing about my fake life and oh-so-happy marriage, they are pure b——t.”

Ese post ya no está en su página, pero aquí hay una noticia comentando otros de los puntos que Denise compartió. Como que sentía que necesitaba fingir que todo era perfecto y feliz, como que pasaba más tiempo hablando de su familia que disfrutándola. Al momento de escribir este post, su Instagram no tiene publicaciones, su Twitter tiene 13 tuits y el más reciente es una respuesta a alguien diciéndole que odia Facebook. Basta decir que está cansada de las redes.


Hace unos días, volví a entrar a Pinterest. Estaba buscando una receta que guardé hace años y que he perdido y vuelto a guardar tantas veces que ya debería sabérmela de memoria. Pero no me la sé, así que entré a Pinterest y ahí, en la página principal, entre todos los pines de Animal Crossing, estaban aquellos que siempre veo, pero que casi siempre ignoro:

  • Cómo llegué a ganar $2000 USD al mes en un año blogueando
  • 97 ideas para blogposts
  • Cómo hice $210000 USD blogueando en mi primer año
  • 7 tips para bloguear más seguido
  • Cómo crear un blog en menos de 10 minutos

Son posts que todas las personas que tenemos un blog ya conocemos. Yo empecé a bloguear esporádicamente hace unos diez años. En mis diez años de tener este hobby, he leído posts y comprado libros sobre cómo hacer un blog exitoso, he descargado “printables” para planear publicaciones, he pasado por al menos cuatro plataformas diferentes y he seguido y dejado de seguir consejos populares sobre qué bloguear. A estas alturas del partido, cuando veo posts así, los ignoro totalmente. Pero ese día, buscando esa receta, antes de cambiar de página, mis ojos miraron el URL de algunos de esos pines. Ya no los recuerdo, pero noté que mayoría de los pines que cargaron ese día incluían la palabra “mommy” o “mom” en la dirección.

Según páginas de analítica como Hootsuite, SproutSocial y Pinterest Business, el 60% de los usuarios de Pinterest son mujeres y, en Estados Unidos, el 80% de las mujeres millennials tienen cuenta. Además, el 80% de las mamás estadounidenses está en Pinterest.

US Pinterest Media Agency Advertising Guide

Le di clic a los pines recomendados. Como en cualquier mommy blog, todos tenían esos tonos claros y colores suaves de los mommy blogs, todos tenían una foto de la mujer en cuestión (casi siempre blanca) acompañada de una breve descripción, muchos incluían la palabra mom o alguna variante, si no en el URL, al menos en la barra lateral, pero la descripción decía en casi todos algo así como:

Comencé a bloguear en [inserte el año que quiera] y rápidamente se convirtió en un lugar para ser creativa y en una fuente de ingresos. ¡Ahora quiero enseñarles a otras mamás cómo hacer lo mismo!

Estos blogs se ven como mommy blogs, pero ya no tienen el contenido de maternidad, familia y homemaking. En su lugar, hay cientos de publicaciones y artículos sobre cómo hacer dinero blogueando, ideas para publicaciones, las mejores herramientas para bloguear, cómo hacer marketing por email y todos, todos, tienen “links afiliados”. Es decir, si una decide comprar las herramientas que el artículo está recomendando, lo puede hacer a través del link del artículo y la blogger gana un porcentaje. Pero esto no es un asunto oculto, todos tienen artículos sobre cómo ganar dinero con marketing de afiliación. Al final, en estos blogs, mamás hacen dinero enseñándole a otras personas (otras mamás) cómo hacer dinero blogueando sobre cómo hacer dinero.

Algunos blogs incluyen links al blog original, al mommyblog que lo inició todo. En otros, los “mommy posts” y los blogs sobre cómo bloguear están separados por categorías, pero los primeros que aparecen en la página principal son los de cómo bloguear. Otros blogs solo son eso: blogs sobre cómo bloguear, todos con la imagen de mommyblogs.

Esto no es algo nuevo. ¿El libro que compré por allá por el 2014 para aprender a bloguear de manera exitosa? Se lo compré a una mommy blogger (y tal vez si le hubiera hecho caso mi blog sería exitoso). Lo que me llamó la atención aquel día fue la cantidad de mommy bloggers (o ex-mommy bloggers) que ahora producen contenido así. Ya no es maternidad, ya son clases de marketing, ya son ventas y cursos para aprender a bloguear con regularidad.

Quiero aclarar que esta no es una crítica. Producir tanto contenido es muy cansado y yo de verdad espero que su trabajo esté siendo realmente remunerado, se lo merecen. Decidí escribir este post porque un día me di cuenta de lo drástico del cambio y porque me surgió la pregunta: ¿por qué el cambio?

¿Será que es una reacción a las inquietudes sobre la rigidez del papel de mommy blogger? O tal vez es solo una expansión natural de la blogosfera. El tiempo pasa, las familias crecen, las mamás pasan menos tiempo con sus hijxs, quienes desarrollan otros intereses y no siempre están en casa (cuando no hay pandemia). Otra cosa que creo que deberíamos tomar en cuenta, es que lxs millennials están teniendo menos hijxs que las generaciones anteriores, principalmente porque su situación económica es peor que la de las generaciones anteriores cuando eran jóvenes -sus ingresos son más bajos, tienen más deudas y menos capital- (Kurz, Li y Vine 2018). Tiene sentido que el contenido de los mommyblogs también se esté adaptando.

Nada de esto quiere decir que ya no hay mommy bloggers. La industria de las mommy bloggers es más grande que nunca. YouTube está lleno de mommy vloggers y de canales familiares, Instagram está lleno de influencers que regularmente suben fotos de su vida familiar (y el tema de la privacidad de las nuevas generaciones es todo un asunto). Pero por lo pronto, ha sido interesante ver el cambio gradual en el mundo de los blogs y las mommy bloggers ya deberían llamarse mommy marketers. O mejor aún, solo marketers.

Literatura

Chen, Gina M. (2013). Don’t Call Me That: A Techno-Feminist Critique of the Term Mommy Blogger. 16(4), 510-532. https://aquila.usm.edu/fac_pubs/7759

Kurz, Christopher, Geng Li, and Daniel J. Vine (2018). “Are Millennials Different?,” Finance and Economics Discussion Series 2018-080. Washington: Board of Governors of the Federal Reserve System, https://doi.org/10.17016/FEDS.2018.080.

Lopez, Lori K. (2009). The Radical Act of “Mommy Blogging”: Redefining Motherhood Throughout the Blogosphere. New Media & Society, 11(5), 729-747. https://doi.org/10.1177/1461444809105349

Rodriguez, Molly (2020). US Pinterest Media Agency Advertising Guide. Available at: https://view.highspot.com/viewer/5f0e1aa4c714337c761eab84

Calendario de Impacto

Para leer…

Nube de Monte

La página, Nube de Monte, la descubrí hace poco, pero, como lo indica la descripción, está dedicada a contar historias de biodiversidad y del cambio climático en las cuencas Grijalva-Usumacinta. Entre artículos científicos escritos en lenguaje sencillo, conocimientos tradicionales e historias de gente que vive en el lugar, Nube de Monte es una pequeña joya que estoy disfrutando tremendamente. En particular me gustó este texto sobre la traductora y activista de la lengua ch’ol, Miriam Hernández.

No Soy Feminsta, de Valeria Angola

En este texto que salió en el número más reciente de la revista de la UAM, Casa del Tiempo, Valeria Angola nos lleva con ella en la historia de su relación con los movimientos feministas para llegar a la conclusión que sirve de título: no es feminista. Porque la lucha feminista históricamente ha ignorado a las mujeres pertenecientes a grupos racializados, porque no ha logrado incluir sus experiencias al desarrollarse, porque algunas ramas más radicales han propuesto que todos los hombres, sin distinción, son el enemigo. Este breve texto presenta una perspectiva que no siempre vemos en los movimientos feministas más “mainstream” y nos recuerda que, así como hay muchos feminismos, puede haber no-feminismos desde los cuales también se busca abolir los sistemas de opresión.

What the Hex a ‘Latinx’?, de David Bowles

David Bowles es un autor y traductor mexicano-estadounidense del sur de Texas con un amor tremendo por el lenguaje, el origen de las palabras y el náhuatl clásico. David Bowles también es fan de la “x” para hacer los plurales neutros. Como todxs pueden ver en mi biografía en la barra lateral, esa es mi variante preferida al usar el temido lenguaje inclusivo. Sin embargo, algo que tienen algunxs hispanohablantes es que, como no les parece mucho la x, tratan de “corregir” a quienes la usan, especialmente cuando usan “Latinx”.

En este artículo de Medium, David Bowles nos cuenta un poco de los orígenes de los términos “hispanic”, “latino” y de cómo es que llegamos a latinx. Dato curioso feliz: contrario a lo que algunas personas insisten, no es una “imposición imperialista de los gringos”, sino un término elegido por latinxs. No tenemos que estar de acuerdo con el término (la misma etiqueta de “latinoamericano” tiene connotaciones coloniales), podemos usar otros. Latinx no nos tiene que gustar a todxs, siempre hay (o podemos inventar) otras opciones. Lo que no está padre es tratar de obligar a la gente a no usarlo.

The Dolly Moment, de Dr. Tressie McMillan Cottom

En los últimos años, Dolly Parton ha tenido un “comeback”. No es que haya ido a ningún lado. Después de todo, es Dolly Parton y si alguien vive ocupada y produciendo arte, es ella. Sin embargo, hace ya un tiempo que la veo aparecer en mi sección de noticias con más regularidad. Desde su comentario tan Dolly de “of course Black Lives Matter!”, hasta la noticia de que había ayudado a fundar una de las vacunas contra el COVID y que rechazó la medalla de honor tres veces, Dolly anda en boca de todxs. El amor por Dolly Parton está resurgiendo en el mundo. En este excelente ensayo, Dr. Tressie McMillan Cottom explora todo lo que hace a Dolly, lo que representa y lo que la ha llevado a ser un ícono. Escrito con ese ojo analítico que define todo lo que Dr. McMillan Cottom escribe, con la calidad y el tono que nunca aburre, vale la pena sentarse con un café y tomarse el tiempo para leer The Dolly Moment.

Para oír…

Straight White American Jesus

La matanza de seis mujeres asiáticas que sucedió en Atlanta hace unas semanas es el resultado de muchos factores juntos: racismo, sexismo, supremacía blanca y religión. En varias ediciones de este podcast sobre religión y política con enfoque en la derecha cristiana blanca estadounidense, los profesores de religión, Brad Onishi y Dan Miller, hablaron ampliamente del rol que jugaron todos estos factores. Yo recomiendo dos episodios en particular:

Anti-Asian Hate, Purity Culture, and Christian Nationalism

Tras la matanza de ocho personas en Atlanta, seis de las cuales eran mujeres asiáticas, Brad explica cómo el odio anti-asiático, la cultura de pureza y el nacionalismo cristiano están entrelazados.

Weekly Roundup: A Massacre in Atlanta

Brad y Dan discuten más a fondo todo lo que involucra la masacre en Atlanta: la historia del racismo anti-asiático, las dimensiones de la cultura de pureza y la cobertura que el nacionalismo cristiano le provee a los actos de violencia.

A quienes celebran, les deseo un feliz y muy bendecido tiempo de Pascua.

De Mujeres Difíciles y de la empatía que no siempre tenemos

Mujeres Difíciles es una colección de cuentos escritos por la autora estadounidense, Roxane Gay, quien ha aparecido varias veces en el blog. Hace tiempo escribí sobre Confesiones de una Mala Feminista y mencioné el libro del que escribo hoy en mi Calendario de Impacto de febrero. Roxane Gay es una autora a la que sigo desde hace un par de años y en general estoy al pendiente de las cosas que escribe, ya sea en periódicos, en revistas, en ensayos y artículos de opinión o en tuits. Estoy suscrita a su newsletter y siempre me interesa saber qué piensa, aunque no siempre estemos de acuerdo.

Roxane Gay en entrevista con Vanity Fair

Entonces vi a alguien en Twitter recomendar Mujeres Difíciles en su club de lectura y pensé, ¿por qué no? ¿Qué tan difícil puede ser?

Es una lectura difícil.

CW: violencia sexual.

No por la prosa o por el lenguaje. La lectura es difícil porque trata temas difíciles, situaciones de violencia, de trauma, de cosas que sabemos que se viven en el día a día. Algunas historias me hicieron pensar, otras enojar, al menos una me dejó muy, muy triste y una de ellas es casi autobiográfica y me dolió tanto como la primera vez que la escuché. Algunas tienen finales felices, otras… solo finales. Hay dos que parecen de fantasía y una tercera está situada en un futuro distópico y, sin embargo, todas tienen algo de realidad, todas tienen algo que le ha pasado a alguien.


Intenta no caminar ni muy deprisa ni muy despacio. No quiere llamar la atención de nadie. Finge no oír los silbidos y los piropos y los comentarios obscenos. A veces se le olvida, y sale de casa en falda o en camiseta de tirantes porque hace un día caluroso y quiere sentir el aire cálido en su piel desnuda. Al poco, cae en la cuenta. … Cuando sale tarde de la oficina o del bar, llama a un taxi y, cuando el vehículo se para delante de su edificio, otea rápidamente la calle para asegurarse de que puede recorrer sin peligro la corta distancia entre el bordillo y la puerta. Una vez le contó estas precauciones a un amigo y él le dijo: “Has perdido completamente la cabeza.” Después se lo contó a una nueva amiga en el trabajo y esta le dijo: “Cariño, no estás loca. Eres mujer”.

En qué piensa una mujer loca cuando camina por la calle, en Mujeres Difíciles.

Como siempre en una colección de cuentos, no todos me gustaron por igual y el libro ha recibido críticas porque a veces pareciera que las mujeres en cuestión solo encuentran satisfacción si son tratadas violentamente o si son abusadas y agredidas. No sé si estoy de acuerdo con esta crítica. Efectivamente, algunas mujeres buscan la violencia para sentir algo. Un cuento particularmente triste presenta a una protagonista que se busca a un hombre abusivo y golpeador porque siente que merece ser castigada. Pero nunca sentí que fuera porque “solo así encuentran satisfacción”, los personajes, como la gente real, son complejos y a veces toman decisiones autodestructivas, especialmente en respuesta a un trauma. Yo no creo que la literatura siempre deba presentar ejemplos a seguir o situaciones seguras, yo creo que la literatura debe ser honesta y este libro es honesto. Además, nunca presenta esas situaciones como algo positivo, ni busca justificarlas. Son lo que son: complicadas.

Alguien comentó que Mujeres Difíciles no debería llamarse así porque no son las mujeres quienes son difíciles. Viven situaciones difíciles, pero las difíciles no son ellas. En su momento pensé que estaba de acuerdo. A mí tampoco me parecieron mujeres particularmente difíciles. ¿Cómo podríamos decir eso de ellas, sabiendo lo que vivieron y lo que sienten y piensan? ¿Cómo llamarles difíciles si conocemos sus razonamientos y sus experiencias?

Y entonces entendí. ¿Qué pasa cuando no?

¿Qué pasa con todas las mujeres que están fuera de esas páginas? ¿Con las que coincidimos en el día a día? Esa joven que no quiere moverse a ningún lado si no va su hermana con ella, esa mujer que se sienta a llorar en el estacionamiento del supermercado enfrente de todos, esa mujer que se rehúsa a sonreírle a sus compañeros de trabajo, todas esas mujeres que no se comportan “como deberían”. ¿Acaso no las llamamos difíciles?

Es más fácil sentir empatía cuando vemos todo lo que alguien está pasando y pensando, cuando sabemos lo que ha vivido, cuando lo tenemos plasmado en el papel. No lo es tanto, cuando lo único que sabemos es lo que vemos: que no sonríe, que está llorando otra vez, que anda de inflexible. No conocemos su situación, sus pensamientos, sus luchas y entonces las juzgamos y las llamamos difíciles, dramáticas. Nos molesta que están haciendo aspavientos, nos molesta que no se dignan a explicar. Nos molesta que la realidad es que no le deben una explicación a nadie.

Mujeres Difíciles es un libro que me hizo sentir muchas cosas, pero no fue sino hasta que terminé y pasó un tiempo que entendí a lo que el título se refiere. El ejercicio en empatía no está dentro de las páginas; está afuera en el mundo real con las mujeres que no conocemos, que solo vemos al pasar. Donde nuestras interacciones son limitadas y nuestras impresiones delatan nuestra falta de empatía, porque no perdemos el tiempo en juzgarlas, en llamarlas arrogantes, amargadas, pesadas, difíciles.

Todas las historias son de ficción, pero todas tienen algo conectado a la realidad, a experiencias que millones de mujeres viven todos los días. Supongo que eso es lo más difícil de todo el libro: el saber que esas realidades están presentes y el darse cuenta de la facilidad con la que juzgamos a quienes las viven.

Descorazona que a una mujer con personalidad la llamen difícil.

Roxane Gay

Hood Feminism, de Mikki Kendall, debería ser lectura obligatoria

Este post es un breve comentario sobre el libro Hood Feminism: Notes From The Women That A Movement Forgot, de Mikki Kendall. Para una conversación más amplia sobre los temas del libro, nos vemos próximamente en el canal de YouTube, La Otra Libreta, con una invitada especial.

Hood Feminism, de Mikki Kendall

Publicado en marzo del 2020, Hood Feminism todavía no tiene una versión en español, pero es una lectura tan importante, que yo espero que salga muy pronto. Este es un libro sobre las mujeres que el movimiento feminista “mainstream” ha ignorado (las mujeres de color o pertenecientes a grupos racializados, las mujeres de bajos recursos, las mujeres trans, etc.) y sobre los temas de los que no siempre hablamos cuando hablamos de feminismo.

Como la violencia armada.

Como el fetichismo de los estereotipos.

Como de la intersección de color de piel y pobreza.

Como del papel que juegan las personas que se consideran aliadxs.

En una serie de ensayos, Mikki Kendall nos habla de la realidad de un movimiento que históricamente ha centrado a un grupo muy específico de mujeres y que ha tenido un punto ciego muy grande cuando se trata del otro gran problema de nuestras sociedades: la supremacía blanca.

Y el capitalismo, digo yo.

La meta principal del libro es, si no mostrarnos, al menos recordarnos la importancia de la interseccionalidad en el feminismo.

Ok, pausa: ¿Qué es la interseccionalidad?

El término fue acuñado por la jurista afroamericana Kimberlé Crenshaw en 1989. Es un enfoque para examinar como los distintos aspectos de la identidad social y política crean distintos niveles de discriminación y privilegio.

Hay distintas fuentes estructurales de desigualdad, hay más de una “razón” por la cual alguien puede vivir discriminación. A grandes rasgos podemos decir que los hombres blancos como grupo tienen una posición de más poder en las jerarquías sociales que las mujeres blancas, pero las mujeres blancas tienen una posición de más poder que los hombres de color, ellos a la vez tienen más poder que las mujeres de color, y así sucesivamente.

Esto significa que las mujeres blancas (como grupo) están en una posición social donde pueden ser oprimidas por hombres blancos, pero donde pueden oprimir a hombres y mujeres pertenecientes a grupos racializados. A esto se le suma también el dinero que tienen, el estatus social, su religión y su identidad y orientación sexual. Todos esos son factores que influyen en el acceso a los recursos, a la educación de calidad, oportunidades laborales, movilidad social, etc.

Mikki Kendall en entrevista con Esquire, traducción mía.

Cada ensayo se enfoca en un tema diferente: la justicia alimentaria, la inequidad educativa, el sistema de prisión, la necesidad de proveer las condiciones para tener una vida familiar estable, etc. etc. y en quizás uno de los capítulos más importantes, Kendall habla de la gente que se considera aliada, incluyendo a otras feministas. Específicamente a las que se consideran feministas, pero que no pertenecen a grupos vulnerados.

Kendall comenta cómo necesitamos reconocer que tenemos puntos ciegos en nuestros análisis y nuestras experiencias, por lo que no podemos pretender saber cómo otras mujeres deberían llevar su feminismo, exigir justicia o alzar su voz. Necesitamos tener cuidado de no querer imponer una forma de pensar o actuar sobre las mujeres que viven una realidad distinta a la nuestra solo porque “nosotras leímos la teoría” y tenemos el título académico, el “status”. Al final del día, solo es eso: teoría. No es lo mismo leer sobre algo que vivirlo.

Nuestro trabajo como aliadas, en las palabras de Kendall, no nada más es escuchar o pasar el micrófono, en ocasiones nuestro trabajo como aliadas es bajarnos de la tarima por completo.

Hablando del nivel socioeconómico por ejemplo, para una mujer con suficientes recursos, su feminismo tiene que ver con que ella tenga la libertad de decidir si quiere ser ama de casa o salir a trabajar. Está empoderada para tomar esa decisión. Si se quiere salir a trabajar, puede contratar a alguien que le cuide a sus hijos, les ayude con la tarea, les haga de comer, etc. Para una mujer de bajos recursos, esa decisión no existe porque tiene que ir a trabajar para mantener a su familia. Tal vez ella es quien tiene que dejar a sus hijos en casa, solos porque no le alcanza para contratar a nadie, y su trabajo es ir a cuidar a los hijos de la mujer que tuvo la libertad de decidir.

¿Qué está haciendo el feminismo por esa mujer que no tiene libertad de decisión? ¿Qué pasa si la mujer con recursos decide no pagarle el aguinaldo, no la da de alta en el seguro social, no le paga vacaciones, no la considera en tiempos de pandemia? ¿No está viviendo su feminismo mientras oprime a otras mujeres?

Hood Feminism es un libro que nos recuerda que necesitamos aprender a ver más allá de nuestras experiencias y de lo que creemos saber, y que necesitamos cuestionar no solo los sistemas que nos oprimen a nosotras (como el patriarcado), sino los que nos benefician, como la supremacía blanca, la heteronormatividad, etc. Ser interseccional es reconocer que no podemos resolver las inequidades sociales si solo nos enfocamos en un aspecto de ellas. No es solo un sistema de opresión. Son muchos y todos están entrelazados.

Algo que me gustó del libro es que no es solo un texto académico o un trabajo de investigación: es también un libro de memorias. La autora habla de su vida y de sus experiencias. Lo cual es bien importante porque todo su punto es que no debemos enfocarnos en los libros de estudio y los términos académicos por encima de las experiencias vividas.

Eso no evitó que algunas personas se quejaran en Goodreads porque “ya son feministas y ya saben lo que es el feminismo interseccional” y que el libro es para principiantes porque son muchas historias de su vida y no tantos datos. Yo me pregunto si no necesitarán leerlo de nuevo porque parece que están cayendo en las mismas actitudes que el libro cuestiona.

Si no habían escuchado el concepto de la interseccionalidad en el feminismo, este es un buen lugar para empezar. Si ya lo conocen, este libro es una buena lectura para conocer las experiencias de otras personas.

Calendario de Impacto: lo que me gustó en estas semanas

Para leer…

Pixar’s Troubled Soul, de Namwali Serpell

Este artículo para The New Yorker, de la escritora y profesora de Berkeley, Namwali Serpell, es una crítica de la más reciente película de Pixar, Soul. Escribiendo de forma bella y dinámica, Serpell va punto por punto, criticando algunos de los aspectos de Soul relacionados con la forma en la que presentan y tratan al protagonista y a la cultura negra neoyorkina. Habla de la mirada y de la mentalidad con la que se creó el mundo de Soul y de la problemática que suele surgir cuando creadores blancos hacen este tipo de historias. Es una crítica profunda que invita a pensar y a ver más allá de lo que la película nos presenta.

Soul en realidad no me gustó mucho. Casi ninguna película de Pixar me gusta mucho (¡sacrilegio!), pero este artículo es una de las mejores críticas que he leído en general.

Mujeres difíciles, de Roxane Gay

Este libro es una colección de cuentos difíciles sobre mujeres. No difíciles porque son complicados, al contrario, son bastante simples y fáciles de entender. Son difíciles porque las situaciones que las mujeres viven o han vivido son así. Algunas historias tienen finales felices, otras… solo finales. Algunas me hicieron pensar, otras enojar, al menos una me dejó muy, muy triste y una de ellas es casi autobiográfica. Yo conozco esa historia porque leí su libro de ensayos y memorias Confesiones de una mala feminista. Sin embargo, todas tienen algo de realidad, todas tienen algo que le ha pasado a alguien. Supongo que eso es lo más difícil de este libro, la realidad que se vive.

Indigenizing Thor and the Evils of Imperialism in “Thor: Ragnarok”

Quienes vieron mi último video de YouTube hasta el final seguro escucharon que iba a hablar pronto de una película que me gusta mucho. Bueno, en preparación para ese video he estado leyendo algunos libros y artículos, viendo otros videos, investigando pues. Y entonces me encontré con este artículo de Medium que habla de algo parecido a lo que quiero comentar. No es exactamente lo mismo, mi enfoque va a ser otro, pero el artículo me pareció bastante interesante. Sin adelantarme mucho a lo que digo en el video, Thor Ragnarok es de mis películas favoritas, entre otras cosas, por su mensaje, sus temas de antiimperialismo, su perspectiva poscolonial. Dirigida por un Taika Waititi, quien es maorí, Thor tiene mucho qué decir y este artículo presenta una parte muy, muy interesante.

Para ver…

¿Qué está pasando en Myanmar y por qué?

Este lunes hubo un golpe de estado en Myanmar, un país que ha tenido una historia de dictadura militar, de opresión a minorías étnicas y de lucha por la democracia. Es un país en el que nunca he estado, pero que tengo muy presente desde hace muchos, muchos años. En este breve pero informativo video, la BBC explica qué está pasando actualmente y de dónde viene el problema.

En el blog hay dos libros sobre Myanmar que he comentado, La Marca, de George Orwell y Miss Burma, de Charmaine Craig.

Khadija Mbowe

Encontré este canal de pura casualidad y soy fan. Khadija Mbowe es una artista que hace de todo: es cantante profesional de ópera, escribe y desde hace poco, hace videos en YouTube, en los cuales habla de temas actuales y muy variados que van desde cómo tener un capsule wardrobe, cuidados de la piel, hasta cómo el racismo y el colorismo influyen en nuestra percepción de la belleza y en la cultura popular que consumimos. Uno de los videos que más recomiendo es Colorism, de su serie “Self-Care Sunday”, donde habla de los orígenes del colorismo, un sub-producto del racismo, y cómo se reproduce en el cine y la televisión.

El canal resultó ser tan exitoso que cuando lo encontré hace dos semanas tenía poco más de 30 mil suscripciones y actualmente tiene 153 mil. ¡Vayan a verlo!

Memoria y estatuas

Este video lo encontré mientras buscaba información para mi video sobre Thor y me causó conflicto: me gustó por lo informativo y bien hecho que está, por lo que explica sobre la historia y la razón de ser de las estatuas, especialmente de las que consideramos controversiales. No me gustó porque yo tenía planeado hacer un video sobre el racismo y las estatuas pronto, y viendo este me doy cuenta de que no podría haberlo dicho mejor que Mikel. Tendré que buscar otro tema.

Identity: A Trans Coming Out Story

Philosophy Tube es un canal al que sigo desde hace ya varios años. Siempre me ha parecido informativo, entretenido y es una de las razones por las cuales decidí animarme a publicar yo. Es un canal donde se desarrollan temas actuales desde un punto de vista filosófico, donde se presentan problemáticas sociales, donde se explican teorías y donde se aprende a ver el mundo desde muchas otras perspectivas. Abigail Thorne, la creadora de Philosophy Tube, hizo este video muy personal para contarnos de la poeta Audre Lorde, para contarnos lo que es ser trans y para presentarse al mundo.

Para oír…

alexrainbirdMusic

Hablando de canales que sigo desde hace muchos años, si les gusta eso de la música indie, alexrainbirdMusic hace listas de música pop, rock y folk independiente. Suben canciones nuevas cada semana y listas de hora y media cada mes.