No, Disney Plus no es progre por modificar su catálogo

Recientemente salió la noticia de que el servicio de Streaming Disney+ había tomado la decisión de retirar películas con contenido problemático (entiéndase racista) de su catálogo infantil. Hasta ahora, se limitaban a poner una tarjeta que dice lo siguiente:

Esto no es algo nuevo. Warner Brothers tiene tiempo mostrando una advertencia similar antes del inicio de algunos de sus programas más viejos:

Traducción: Las caricaturas que están a punto de ver son productos de su tiempo. Pueden presentar algunos de los prejuicios étnicos y raciales que eran comunes en la sociedad estadounidense. Estas imágenes estaban mal entonces y están mal hoy. Aunque no representan la postura actual de Warner Bros., estas caricaturas están siendo presentadas como fueron creadas, porque hacer algo diferente sería lo mismo que fingir que estos prejuicios nunca existieron.

Por supuesto no faltó quién dijera que “las cosas ya están llegando demasiado lejos” (que… ok.), que “es porque a esta generación de cristal le ofende todo”, que “Disney quiere imponer su agenda progre”, en fin. Lo de siempre.

Muchas veces, la gente utiliza este tipo de frases como argumentos de mala fe para descartar cualquier cambio en la esfera pública que se mueva en la dirección de la representación y el acceso a oportunidades para gente no-blanca. Esta no es una de esas situaciones, pero dichas frases circularon en las redes de todas formas. Algunas páginas de noticias en línea dijeron que era “censura”, otras lo tacharon de “peligroso”. En el periódico Reforma publicaron la noticia con un “inocente” título que dice: “¿El tierno Dumbo es racista? Disney cree que sí”

Reforma: ¿El tierno Dumbo es racista? Disney cree que sí

Todo en ese título me inspira desconfianza: “Tierno”, para que, de inmediato lo asociemos con un sentimiento positivo. La pregunta sobre si “el tierno” personaje es racista. Por supuesto que no, lo racista es la forma en la que la película presenta ciertos personajes, el elefante ni siquiera habla. “Disney cree que sí”, como si ese racismo abierto se pudiera discutir y partir en creencias. Pero este es solo uno de los problemas que le veo a todo el asunto.

El maltrato y la caricaturización de las minorías en el entretenimiento hecho por y para blancos es algo que no se puede ocultar o borrar de nuestra memoria. Es un hecho, está en millones de películas, series, libros, revistas y tiras cómicas que han llegado a nuestras casas, a las de nuestros padres y nuestros abuelos. Ocultarlos o fingir que no sucedieron es como esconder el polvo debajo del tapete, es una forma rápida y deshonesta de deshacerse del problema. Es una forma de fingir que compañías como Disney siempre han sido mágicas e incluyentes con todo el mundo, cuando no es verdad. No era verdad antes y no es verdad hoy en día.

Poner avisos de contenido problemático es generalmente una buena idea

Poner una advertencia al principio admitiendo el problema y reconociendo que estaba mal entonces y está mal ahora, le da contexto a las cosas, da en qué pensar, invita a las familias a tener conversaciones al respecto. Pero pensar que una tarjeta que escribieron en dos minutos es suficiente para decir que ya son incluyentes, es quedarse muy cortos. Es un mínimo esfuerzo. La advertencia no lleva a ningún cambio importante. Es totalmente superficial.

En un breve hilo de Twitter, Moha Gerehou explica perfectamente bien por qué esta decisión no produce ningún cambio importante.

Tweet de Moha Gerehou

Retirar el contenido de su plataforma tampoco es la solución, pero no es lo que está haciendo Disney

Disney retiró las películas de su catálogo infantil. Esto quiere decir que los menores de siete años no las pueden ver en la lista de opciones, todas las demás personas sí. Los menores de siete años pueden verlas en la lista de opciones si están usando la cuenta de sus padres.

Una plataforma que sí retiró contenido controversial fue HBO Max. En junio del 2020 decidieron quitar Lo Que El Viento Se Llevó tras protestas de que glorificaba la esclavitud. Inmediatamente después de retirarla de su catálogo, se dispararon las ventas. Millones de personas decidieron comprarla para verla. Y yo quiero ver a todas esas personas realmente sentarse en familia a disfrutar un drama romántico durante la Guerra Civil estadounidense que dura cuatro horas. Pero fue tal la respuesta negativa, que HBO regresó la película a su catálogo a las dos semanas. Esta vez con una advertencia al principio y un video para contextualizar. Mejor así.

Si les interesa saber más acerca del escándalo y las reacciones que se dieron a raíz de la decisión de retirar Lo Que El Viento Se Llevó, les recomiendo tres videos. Dos videos son del creador Cold Crash Pictures y uno es de Melina Pendulum:

El primer video contextualiza la novela y la película, y el presentador comparte su historia familiar, ya que él creció en el sur de los Estados Unidos y ha tenido contacto directo con quienes aseguran que la Guerra Civil no se dio por el conflicto sobre la abolición de la esclavitud. El segundo video es un análisis de la película misma para ver si realmente glorifica la esclavitud o no. El video de Melina Pendulum se enfoca en la novela, Lo Que El Viento Se Llevó, de Margaret Mitchell. Princess Weekes, la creadora de Melina Pendulum, recomienda también los videos de Cold Crash Pictures.

En fin.

Como siempre, el propósito principal de esta entrada de blog es escribir mis pensamientos sobre los comentarios que dijeron otras personas (todos los he visto en alguna red social). Como ya dije antes, muchas de ellas los dicen de mala fe, pero considero que es necesario abordarlas de cualquier forma, especialmente para quienes solo necesitan otra perspectiva. Entonces, vamos por partes.

1. Esto ya es ir demasiado lejos

En realidad no. En realidad esto no es ir a ningún lado. Como ya vimos, lo único que Disney hizo fue quitar la opción para los menores de siete años. Todas las demás personas, especialmente quienes tienen edad para estar quejándose en Twitter, pueden abrir Disney+ y verlas en su catálogo como si no hubiera pasado nada. Después del ruido que están haciendo, tiendo a pensar que las ven cada viernes.

2. Esta generación de cristal se ofende por todo

Este comentario sale cada que alguien protesta racismo, sexismo, clasismo, o cualquier tipo de discriminación o representación estereotipada de un grupo marginado. Ya sabemos que los estereotipos perpetúan las percepciones erróneas de otros grupos y contribuyen a su discriminación en el día a día. No es que se ofendan, es que los estereotipos dañan.

Sin embargo, la mayoría de las personas a las que he visto realmente llorar, ofenderse y hacerse los oprimidos han sido las mismas que se quejan de que hay una mujer o una persona de color más en su serie. Es gente que ha llevado sus berrinches a tales extremos que trataron de organizarse para boicotear Black Panther y Los Últimos Jedi porque no soportan sentir como que ya no son el centro del universo.

Eso de la “generación de cristal” es un mito y una etiqueta hecha con malicia para descalificar todo lo que no se conforme a un molde muy estrecho de lo que debería ser el entretenimiento. La masculinidad también tiene un papel importante en este tema, pero de eso hablaremos otro día. Mientras tanto, si a alguien le interesa, en diciembre hice un video hablando un poco más del asunto de las mujeres y los personajes no-blancos en la trilogía más reciente de Star Wars.

3. Disney solo quiere imponer su agenda progre

No. Disney quiere hacer dinero y vender la mayor cantidad de boletos de cine y suscripciones a su plataforma posibles. Está en su interés parecer que son incluyentes y equitativos, pero como ya vimos, el esfuerzo que están haciendo es mínimo y la mayoría de las veces el cambio es, en las palabras de Moha Gerehou, cosmético.

Los escritores, los directores, los productores y casi toda la gente que toma las decisiones importantes sigue siendo blanca y, en su mayoría, son hombres. Y, como ya demostraron con Star Wars: El Ascenso de Skywalker, están más que dispuestos a echarse para atrás en su “ser incluyentes” con tal de no perder a los fans más tóxicos.

¿Hay directores y escritores trabajando con Disney con un genuino interés por diversificarse y contar más historias? Definitivamente, pero no son los suficientes como para poder decir que es la agenda o la política de la compañía.

Entonces, sí podemos reconocerles el estar dando pequeños pasitos para reconocer que también han hecho daño y perpetuado estereotipos con su contenido. Podemos estar de acuerdo con su decisión de no exponer a niños tan pequeños a estereotipos y prejuicios que ya no deberían tener lugar en nuestra sociedad. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por las apariencias. Lo que están haciendo es lo mínimo que se esperaría de ellos, pero si quieren realmente lograr un cambio, tienen que empezar desde las estructuras de la empresa misma. Mientras no hagan eso, movimientos como las recientes modificaciones al catálogo solo son marketing.

Navegando en el mar de la desinformación

A veces siento que me ahogo en el mar de información y de desinformación.

Las redes nos permiten acceder a millones de artículos de opinión, noticias y comentarios de gente que conocemos y de gente que no conocemos y de gente que antes conocíamos, pero que en realidad ya no recordamos y de gente que vimos alguna vez, pero que comparte cosas interesantes y de personas que conocemos bien y que quisiéramos desconocer. Todos los días, todo el tiempo.

Y no todas esas noticias, opiniones y comentarios son ciertas. A veces porque están interpretadas de manera incorrecta para reflejar algo que no es, a veces porque simplemente son mentira. A veces no tienen que ser ciertas o estar basadas en hechos, solo necesitan ser opiniones extrañas y, muchas veces, agresivas.

Yo a veces pienso en lo que aprendí y lo que no aprendí en la escuela. Algo que no nos enseñaron fue a escudriñar lo que leemos, a investigar y a filtrar la información. ¿A cuántas personas no nos tocó leer la historia de los niños héroes sin hacer diferencia alguna entre los mitos nacionalistas y los hechos históricos? No recuerdo la respuesta de mi maestra de primaria cuando se me ocurrió decir en la clase que la historia era inventada. Solo recuerdo que apretó los labios. En la preparatoria las cosas cambiaron y no cambiaron. Mi maestra de historia de preparatoria resultó ser lo contrario a la de primaria. Una mujer llena de opiniones y datos históricos que no siempre aparecían en los libros oficiales, que nos invitaba a investigar por nuestra cuenta, a buscar más fuentes, que no disfrazaba los hechos con mitos nacionalistas. Al contrario, los llamaba por su nombre y los criticaba abiertamente, a veces con groserías. Su clase ha sido una de las mejores que he tenido. Pero fue también en la preparatoria que nuestro maestro de biología hizo algunas de las aseveraciones más absurdas, sexistas y racistas que he escuchado. Alguien que constantemente nos recordaba que “era un hombre de ciencias”, pero que no dudaba en utilizar su posición para castigar cuando las alumnas usaban un vocabulario “inadecuado”, para ser duro con los alumnos que no encajaban en su idea de masculinidad, para perpetuar estereotipos racistas absurdos, pero que en su momento creímos. Después de todo, era un hombre de ciencias. La desinformación entraba por la misma puerta que la información.

En la iglesia nos leyeron aquel pasaje bíblico una y otra vez de la importancia de “escudriñar las escrituras”, pero han sido pocas las personas que realmente enseñaban a hacerlo. Más de una vez escuché a predicadores compartir sus interpretaciones cuestionables como si fueran la verdad absoluta. A veces miraba a los lados para ver si había alguien a quien le parecía extraño lo que estábamos escuchando. Alguna vez un compañero me susurró durante una clase, “¿qué le pasa a este señor?”, pero nadie le dijo nada. Al menos no durante la clase. Ha sido en la iglesia misma que he escuchado predicadores hablar de la importancia de no dejarse llevar por la interpretación humana, de regresar al texto original, de leerlo en contexto, de buscar la verdad. No literalmente en la misma. Me he cambiado más de una vez de iglesia.

El pensamiento crítico es algo que se tiene que enseñar, practicar y mantener, como el ejercicio físico. Y al igual que el ejercicio físico, al principio duele y es agotador, al principio se siente como la peor idea, pero con el tiempo vamos mejorando, nos vamos acostumbrando. Me ha costado mucho tiempo y mucho trabajo desaprender miles de cosas que escuché en la escuela, en la iglesia, en la calle. Más las que me faltan.

Constantemente pienso en ese versículo bíblico.

Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno, absteneos de toda forma de mal.

1 Tesalonicenses 5: 21-22

Otras versiones dicen “desechad lo malo”.

En el mar de información y desinformación facilitado por el internet y las redes sociales, la frase ha tomado un nuevo significado. La relación que tenemos hoy en día con el internet, la facilidad con la que podemos encontrar teorías conspirativas y mentiras nos pone a todos en riesgo, no solo a quienes las creen. Lo peor es que muchas veces vienen de gente, de grupos y de páginas que conocemos. Ya sea porque tenemos cosas en común, porque son familia, porque hemos crecido juntos. A veces las creemos porque vienen de esas fuentes familiares, otras, porque más que enseñarnos algo nuevo, “confirman” algo que ya pensábamos, independientemente de si es cierto o no. Sesgo de confirmación, se llama. Se vuelve un círculo vicioso, donde la gente cree algo y busca fuentes, no para ver si es verdad, sino para confirmar lo que ya cree, para encontrar algo que confirme sus ideas.

¿Pero cuándo nos enseñaron a lidiar con eso? ¿A cuántas personas no nos aventaron al mundo solo con la frase “no creas todo lo que lees en internet” sin siquiera tratar de ayudarnos a distinguir un internet del otro?

El otro día vi una discusión en Facebook donde una persona usó screenshots de noticias falsas para justificar sus argumentos sin patas. Cuando su interlocutor utilizó screenshots de Twitter de una fuente oficial (noticias oficiales recientes sobre una embajada publicadas por la embajada misma), la primera persona le acusó de hipocresía porque “se quejaba de que no usaba fuentes oficiales y su fuente era Twitter”. Esa primera persona es una persona horrible, pero independientemente de su desafortunada personalidad, creo que entiendo que no haya entendido la diferencia. Es una persona que no creció con estos medios, que tuvo que aprender a usarlos ya siendo adulta y nunca nadie le enseñó a discernir el contenido.

Pero parte del problema es que nos cuesta aprender a desaprender, a cuestionar lo que nos tiene cómodos, a soltar lo que era familiar, a aceptar que estábamos mal. ¿Aceptar que nos equivocamos, que en realidad no sabíamos y que estábamos mal? Eso duele. Duele en el ego.

Ahora vemos más seguido consejos para identificar la desinformación. Googlear lo que estamos leyendo para contrastarlo con otras fuentes, examinar si la fuente es segura o tiene fama de ser confiable, examinar el texto en sí: ¿cita sus fuentes? ¿sus argumentos están bien relacionados o se contradicen?, etc. Yo creo que todos esos consejos son muy buenos, especialmente para las generaciones que están creciendo en este nuevo mundo. Que se acostumbren a cuestionar todo lo que leen. ¿Pero qué pasa con la gente que ya es adulta mayor y no está acostumbrada a revisar todo lo que lee en el periódico? ¿Qué pasa con aquellas personas (de todas las edades) que no están dispuestas a ceder porque su ego no se los permite? ¿Qué pasa con quienes lo hacen por malicia, por establecer o mantener poder sobre otras personas? O, como decían en mi escuela, ¿qué pasa con quien miente para ser popular?

Buscar los hechos entre las mentiras es muy difícil porque a veces son los mismos hechos los que están “reempaquetados” de tal forma que dicen una mentira. Aprender a identificar las noticias falsas y a diferenciar entre las historias no contadas y las teorías conspirativas es complicado. Pero es algo que vale la pena hacer, aunque cueste tiempo y trabajo, aunque a veces nos falle, aunque dé flojera, aunque duela. Siempre es mejor moverse en la honestidad, tomando decisiones informadas, viendo las cosas como son.

En este mar de desinformación, lo mejor que podemos hacer es agarrar el pesado timón y aprender a navegar.

¿Por qué tengo un “calendario de impacto”? + Links recientes

En diciembre del 2019 empecé un “resonance calendar“, término acuñado por Ali Abdaal, un médico y youtuber. En realidad yo no veo sus videos, pero vi el video en el que habló de su “resonance calendar” y explicó que es un documento donde una puede guardar toda la información que tiene algún impacto en su vida. Un libro que nos gustó mucho, un artículo, video o podcast interesante, cualquier cosa que nos interesa y a la cual queremos poder regresar sin perder el tiempo pensando, ¿en dónde leí eso?

Creo que en español sería algo así como “calendario de impacto”. Yo tengo el mío en Notion, aunque también podría ser cualquier documento de Word o de Google Docs, pero a mí me gusta Notion y al final del 2020, mi lista se veía más o menos así:

Parte de mi calendario de impacto

Mantenerlo no es tan sencillo. No siempre me acuerdo de abrir Notion para guardar lo que leí, a veces me da flojera escribir notas o poner todas las etiquetas, pero el calendario es un poco como la libreta que uso para organizar mi vida, es flexible y no me juzga si no anoto todo.

Pero este año lo quiero tener más presente. Después de todo, es bastante útil y ya vi que efectivamente reviso las cosas que guardo ahí, a veces para leerlas o escucharlas de nuevo, a veces para compartirlas con alguien a quien le podrían interesar. Y fue mientras anotaba algunas cosas que me han gustado y/o parecido útiles o interesantes recientemente que pensé que podría compartirlas aquí en el blog de cuando en cuando. No todas, no siempre, pero una o dos veces al mes. Solo por si le son útiles a alguien más.

Así que, espero que este sea el primer post de muchos y que les sea útil e interesante. Voy a tratar de dividir las recomendaciones en categorías, pero dada la naturaleza del calendario de impacto, no sé si vaya a ser tan sencillo. Si alguien quiere hacer recomendaciones para estos posts, puede mandarlas a paolasnotebook@gmail.com. Sin más que decir, aquí están las recomendaciones de la primera mitad de enero.

Sobre la toma del Capitolio estadounidense del 6 de enero:

Artículos interesantes

Para cocinar

  • My BEST feel-good dishes to start the new year right!, de la autora de libros de cocina, presentadora de televisión y productora australiano-tailandesa, Marion Grasby. Son cuatro de sus recetas más queridas: huevo con carne molida de cerdo, sopa de jitomate con huevo, ensalada de atún estilo tailandés y hot cakes estilo vietnamita. Yo hago la sopa regularmente para desayunar y es uno de mis desayunos favoritos.

¡Bonito fin de semana!

Escogiendo una palabra para el 2021

Cada año, en los meses de noviembre y diciembre, me tomo un tiempo para reflexionar sobre mi año y para pensar en la palabra que quiero que defina mi siguiente año. Escoger una palabra para el año es una práctica que comencé hace cuatro años. Es una práctica diferente a las resoluciones de año nuevo, principalmente porque no es algo tan específico. Aunque también hago un tipo de resoluciones de año, aunque en general no son cosas nuevas, sino extensiones de algo que ya he estado haciendo (o tratando de hacer) y que requiere enfoque o disciplina, que requieren ser estructuradas de nuevo, que requieren dirección.

Escribir más, leer más, dejar de tomar café después de las cinco de la tarde, dejar de morder el cepillo de dientes, tomármela con calma cada que mi ansiedad se dispara.

Este año terminé de entender que, tal vez, lo mejor no es establecer metas como tal, sino establecer sistemas. Definir qué voy a hacer todos los días o todas las semanas para lograr algo. Quien establece metas correctamente podrá decir que eso debe ser parte de la meta, pero creo que priorizar el sistema por encima de la meta le da un enfoque diferente. Si estoy enfocada en el sistema, no tengo la misma prisa por llegar que tendría si estuviera enfocada en la meta. Esa prisa que me hace querer brincarme pasos, que me invita a hacer las cosas más rápido pero sin la técnica correcta, porque no tengo la paciencia para esperar llegar al punto que quisiera. Los sistemas cuestan, pero son más fáciles que solo nombrar metas.

Dedicarle 90 minutos cada miércoles a ese idioma que ya empecé a estudiar; despertar 5 minutos más temprano cada día o cada dos días; antes de dormir, leer un capítulo del libro que estoy leyendo.

Pero la palabra del año es diferente. Esa, más que una meta o un sistema, es un tema.

¿Qué tema quiero que tenga mi año?

Para mí, escoger una palabra es importante porque debe estar presente en todo lo que haga, aunque no sea tan notoria, aunque sea solo un aroma.

En el 2020 me propuse crecer. El 2020 tuvo muchas situaciones inesperadas y tristes, de sentimientos encontrados y desilusiones, pero también fue un año de muchas bendiciones, de gozo y de esperanza.

Algo que aprendimos todos este año, es que las cosas no siempre salen como las esperábamos.

Este año quería pasar Navidad con mi familia, a quienes no he visto desde marzo del 2019. Este junio, iban a venir a mi boda.

Esta pandemia detuvo un sinnúmero de actividades, puso en peligro a millones de personas, sus trabajos, su salud, sus planes y sus sueños.

Este año escribí muchos mensajes de pésame y lloré en el teléfono con gente que quiero y que perdió a sus seres más queridos.

A miles nos ha costado continuar lo que ya teníamos empezado o comenzar algo que estábamos esperando.

Este año tuve mucho sueño, sin importar cuántas horas dormía, cuántas siestas tomaba, siempre tenía sueño. Estoy casi segura de que pasé la mitad del verano dormida.

Pero la vida sigue. El tiempo no se detiene a esperarnos. De repente ya es diciembre.

Con todo y todo, el 2020 fue un buen año para crecer. Y aunque crecer a veces duele, estoy contenta y agradecida por el camino que he recorrido y que aún tengo que recorrer. A pesar de todo, aquí seguimos.

Teniendo ya tan cercano el 2021, estando a pocos días de cerrar este extremo y complicado 2020, he decidido que mi palabra va a ser avanza.

Avanza. En imperativo.

La palabra que escogí para el 2021 es para recordarme que, no importa si bajo la velocidad, si necesito tomar más pausas de lo normal para cuidar mi salud mental, solo tengo que seguir avanzando. Despacito, con calma, a mi ritmo, pero avanzando.

Entonces, querido lector, querida lectora, queride lectore, que este 2021 avances con lo que te has propuesto, que tengas las energías para continuar tus planes y la flexibilidad para detenerte a respirar de cuando en cuando. Que tengas salud y paciencia, que todo se dé a su tiempo. Porque la vida continúa, este año, avanza.

Feliz Navidad.

“Whitexican”, Victimización y Ese Tuit de Sergio Zurita

Gracias a uno de los pequeños escándalos que hay a diario en Twitter, las palabras “whitexican” y racista otra vez andan en la lista de trending topics. Se podrán imaginar que el asunto fue que una persona le dijo whitexican a otra y esta última acusó a la primera de racismo. Se armó una discusión y el actor, escritor y conductor de radio, conocido también por hacer la voz del personaje de Marvel, Rocket Racoon, en español, Sergio Zurita, decidió dar su humilde opinión en un tuit que no solo causó revuelo, sino que llegó a mi timeline gracias a la cuenta Cosas de Whitexicans, la cual siempre anda involucrada en alguna mini-controversia de Twitter.

El tuit es el siguiente:

La palabra “Whitexican” puede o no gustarnos. Podemos o no estar de acuerdo sobre si es discriminatoria. Podemos discutir sobre qué tan adecuado es su uso. Lo que no podemos hacer, especialmente como personas blancas, es victimizarnos. Menos cuando lo hacemos de esta manera tan irresponsable e impertinente.

Vamos a desempacar todo lo que hay en este desafortunado tuit, que además fijó en su perfil de Twitter, como si fuera algo de lo que se puede estar orgulloso.

Nos dicen “whitexicans”. Somos blancos y fuimos a escuelas de paga.

A un “whitexican” no se le dice “whitexican” por ser blanco. (Aquí es donde entra el argumento sobre la inexactitud del término). Para ser llamado “whitexican”, uno tiene que presentar ciertas actitudes y pensamientos relacionados con una inconsciencia de clase, discriminación a grupos que considera o que de una u otra forma trata como inferiores, prejuicios basados en su nivel socioeconómico, etc.

No podemos protestar, porque “el racismo inverso no existe”

Pueden protestar el que se les diga whitexican. Tienen toda la libertad de hacerlo. Lo que no pueden hacer es acusar de racismo. Podrá ser prejuicio y discriminación, pero no es racismo. Entendiendo el racismo como algo sistémico donde un grupo históricamente ha oprimido (y/o sigue oprimiendo) a otro y todavía se viven las consecuencias de esa opresión, el racismo inverso, efectivamente, no existe. Las personas que tenemos una tez más blanca no conocemos ese racismo, ya que las oportunidades de trabajo, de vivienda, el acceso a salud o servicios no nos son negados por ser de tez blanca. El decir que alguien blanco tiene privilegios no es decir que no tiene problemas; es decir que su color de piel no es una de las razones por las cuales tiene problemas.

“El racismo inverso no existe”. Eso es resentimiento.

Decir que “el racismo inverso no existe” no es resentimiento. Basándonos en la definición anterior de racismo, es un hecho. Decir verdades que le incomodan a la gente en posiciones de privilegio no es ser resentido. Lo que es más, yo pienso que las acusaciones de celos o resentimiento hechas a la ligera dicen más sobre la persona que las hace.

En 1934, en Alemania, sólo una raza era la buena.

Aquí es donde Sergio empieza a trivializar.

Sí, en la Alemania del Tercer Reich había una “raza” (en comillas porque raza es un concepto social, no biológico) considerada superior: la mal llamada, raza aria. Pero el que fuesen específicamente los blancos rubios de ojo azul, los escogidos como los “de buena raza” no fue aleatorio. Hay un contexto histórico detrás de ese pensamiento, son siglos de imperialismo y colonialismo. El imperialismo europeo se encargó de establecer la percepción de superioridad, en parte, en base al color de piel y esta ideología se reprodujo durante siglos, arraigándose a la consciencia social. Entonces, no es como que Hitler despertó un día y dijo, “¿Saben qué? Los arios somos bien preciosos.”

¿Qué tiene que ver esto con los whitexicans? En realidad nada. Sergio no está haciendo la comparación de los blancos de la Alemania bajo Hitler con los blancos acusados de ser whitexicans. Parece que está diciendo que el decir whitexican es afirmar que la gente morena es mejor y que los nazis creían que los blancos eran mejores, ergo gente que dice “whitexican” = nazi. Pero ya vimos que, en realidad, eso no tiene sentido.

Los judíos, que tenían dinero, se volvieron el blanco del resentimiento.

¡Ajá! Ya salió el tropo antisemita.

Sergio, no estando satisfecho de haber insinuado que quien le dice whitexican es equiparable a un nazi, decide equiparar a las personas acusadas de ser whitexican con los judíos europeos de la primera mitad del siglo XX.

Vamos por partes:

Una persona blanca de clase social media alta o alta no es equiparable con un grupo étnico que ha sido víctima de opresión, discriminación, segregación y genocidios durante milenios.

La percepción de que todos los judíos siempre tienen dinero es un estereotipo antisemita viejísimo que se remonta a principios del milenio pasado, cuando en Europa, los judíos tenían prohibido participar de forma normal en la vida pública y no tenían permiso de trabajar en lo que sea. Entre sus únicas opciones estaban los trabajos que tenían que ver con finanzas, como ser prestamistas. Es decir, el antisemitismo de aquella época los orilló a trabajar en cosas directamente relacionadas con el dinero y fue el antisemitismo mismo el que caricaturizó esa relación y presentarla como el estereotipo que sobrevive hasta hoy: el del judío adinerado y codicioso.

La segregación que la gente judía ha vivido les llevó también a tener vidas más nómadas, ya que no podían quedarse mucho tiempo en un solo lugar sin ser violentadas, y a pedir dinero para sobrevivir. En el Siglo XIX, otra caricatura común era la del judío mendigando. Para 1934, la gente judía no era particularmente adinerada, ni tenía ningún tipo de poder político en Alemania, por lo que es mentira que “los judíos tenían dinero”. La idea de que todos los judíos tenían dinero y por eso los resentían fue propagada por los nazis para justificar la discriminación, segregación, el despojo y el genocidio que vinieron después.

Entonces, cuando Sergio Zurita, en su tristísimo intento de victimizarse, dice que “los judíos ya tenían dinero”, está haciendo uso de los mismos estereotipos antisemitas y perpetuando ideas propagadas por los nazis.

Aguas

El tuit cierra con un su advertencia, su “no se vuelvan nazis”. Como si fuera válido y/o pertinente comparar un término principalmente utilizado para denunciar actitudes negativas de un grupo privilegiado con los milenios de antisemitismo y opresión que ha vivido la gente judía. Como si alguien diciéndole cosas que le duelen en su tremendo ego pudiera ser comparado con uno de los genocidios más grandes de la historia moderna.

Pero Zurita no está solo. Si algo se ha visto, es que es muy fácil para la gente en posiciones de más privilegio victimizarse para tratar de evitar ser confrontadas por sus actitudes. Dicen que su libertad de expresión está siendo atacada, que están recibiendo ataques racistas y en algunas ocasiones, la victimización llega a tal grado que terminan viéndose en películas como la de Michel Franco (Nuevo Orden) e insinuando que su situación podría desencadenar en un nuevo holocausto. Interesante también es que, cuando alguien que vive opresión alza su voz para clamar justicia, generalmente son esas personas quienes le acusan precisamente de querer victimizarse.

La gente que utiliza argumentos así, no solo está evidenciando su ignorancia o demostrando lo lejos que están dispuestos a llegar en su victimización con tal de que no les digan cosas que les incomodan. Esos argumentos trivializan uno de los problemas más antiguos, más pertinentes y más peligrosos que existen.

Va de nuevo: podemos debatir sobre si el término whitexican es atinado, útil o discriminatorio, podemos buscar términos diferentes. Lo que no podemos hacer es caer en falacias como la de “es resentimiento nazi solo porque yo fui a escuela de paga”. Decir cosas así ni viene al caso, ni sirve más que para trivializar y poner en peligro a la gente que sí está lidiando con ataques antisemitas y racistas.


Algunos links recomendados:

Especial agradecimiento a René Muschter, quien tiene los conocimientos y el historial académico y siempre puede aportar cuando hablamos de Alemania durante las dos Guerras Mundiales.

Machismos Cotidianos, John y Sabina

Ayer estaba viendo el último debacle que sucedió en el programa del Canal Once, John y Sabina y estaba leyendo algunas respuestas en las redes y tengo pensamientos. Para quienes no saben, John y Sabina es un programa de debate y comentario político transmitido los martes a las 10:00 pm en el Canal Once, presentado por John Ackerman y Sabina Berman.

Yo solo he visto el programa una vez, en el episodio “México racista: la inclusión indígena, urgente y necesaria”, con Mardonio Carballo como invitado. El episodio en general me gustó por la participación de Carballo, pero decidí no seguir viendo el programa. En su momento no pensé mucho de la relación entre John y Sabina. Noté que John la interrumpía bastante, pero no me imaginé nada más. Son estilos. Estilos que estorban, pero son estilos.

Y entonces se armó la bronca. ¿Y qué mejor lugar para pelearse públicamente que Twitter? John Ackerman y Sabina Berman han pasado los últimos días ventaneando conflictos, retuiteando a personas que les apoyan, discutiendo con gente que está en desacuerdo y haciendo de su relación laboral todo un espectáculo que, más bien, da ñáñaras. El acabose sucedió el martes durante el episodio “Los retos de la educación en la nueva normalidad”, con Esteban Moctezuma, Secretario de Educación Pública. Al inicio del programa, Sabina le pide a John su opinión sobre lo sucedido en Cancún y Ackerman ignora su pregunta, saluda al invitado y comienza la conversación. No es sino hasta seis minutos después que Sabina, quien se ve bastante molesta por la grosería, puede volver a hablar y utiliza su tiempo para expresar su molestia, dirigiéndose directamente al Secretario:

Secretario, tenemos un problema en este programa, de paridad, John y yo somos co-conductores de este programa, pero John -ya ve usted- apenas ahorita me acaba de turnar la palabra. ¿Qué hacemos con este problema de machismo? ¿Qué hace una mujer como yo, respetuosa de los acuerdos y contratos en una situación así? John sencillamente no me deja participar.

Y lo que me llamó la atención, que es de lo que realmente quiero escribir hoy, no es tanto del pleito que se traen John y Sabina, (eso ya nos lo contó Animal Político), sino de la acusación de Sabina de que John ha sido machista y las reacciones que esta desencadenó en las redes.

Los comentarios que he visto desde que se armó el escándalo se dividen en dos: quienes dicen que efectivamente está siendo machista y quienes dicen que no tiene nada que ver. Del segundo grupo, hay quienes opinan que ha sido patán pero no machista y hay quienes, utilizando expresiones machistas, han dado a entender que Sabina “se lo merece.”

Este es un típico ejemplo de como algunas feministas confunden una conducta intolerante, pre potente y grosera con “machismo”.

dijo Xavier en Facebook

me encanta como cuando se sienten atacadas denuncian machismo

dijo Abraham también en Facebook

ahí ahí el machismo el machismo el machismo jajaj

dijo Alf también en Facebook

Los comentarios seleccionados aquí son hechos por hombres, pero no faltaron las mujeres de ese segundo grupo. La razón principal por la cual no escogí entre aquellos es que casi ninguno hablaba de si era machismo o feminismo exagerado. En general solo eran particularmente groseros con Sabina. Estos tres comentarios tienen algo en común, algo que se vio repetido en todas las plataformas en las que se vio el pleito: los tres afirman que en realidad no es machismo y que Sabina lo está utilizando para victimizarse.

Quisiera decir que no es verdad que algunas mujeres acusan a personas de sexismo o de machismo cuando algo no les parece, pero claro que sucede. Lo que también sucede es que, siempre que lo hacen, son otras mujeres quienes se encargan de denunciar ese comportamiento. Después de todo, el machismo no debe ser trivializado.

Entonces, ¿fue machista la conducta de John Ackerman?

Unas anécdotas personales:

Yo trabajo dando clases de alemán en una escuela de idiomas. Lo hago desde hace ya algunos años y es algo que disfruto muchísimo. Me gusta que he conocido gente de muchísimos países, gente grande, pequeña, gente que viene a trabajar en puestos diplomáticos, gente está estudiando, gente que viene huyendo de la guerra, gente que escapó de una relación abusiva, en fin, he conocido a mucha, mucha gente.

En los años que llevo trabajando aquí, todas las veces que mis conocimientos del idioma o mi capacidad han sido cuestionados, ha sido por alumnos hombres. La única vez que he tenido un problema con otra persona, hace como un año y medio, fue porque un maestro (hombre) fue grosero conmigo enfrente de todos mis alumnos y de otro maestro, quien no es grosero, pero tampoco dijo nada. Al contrario, me dio a entender que era un poco exagerado de mi parte molestarme por eso y quejarme en la oficina. Este año, al inicio de la cuarentena, tuvimos dos juntas con todo el personal docente y el esposo de la directora nos explicó cómo iba a funcionar el sistema de clases en línea. Al final de cada una de las juntas, se dirigió al grupo conformado por 15 mujeres y 2 hombres y puso a los hombres a cargo. ¿De qué? Ni ellos sabían, pero ellos estaban a cargo. Uno de ellos no llevaba ni tres meses trabajando en la escuela. (El maestro grosero hace tiempo que se fue a dar clases a otro país.)

A lo que voy con estas anécdotas es que, el mundo laboral está lleno de pequeñas agresiones (llamadas microagresiones) hacia las mujeres, aunque no siempre necesariamente porque las personas sean deliberadamente machistas. (Aunque en suficientes ocasiones, sí.) No creo que en los casos anteriores, el hombre haya pensado, “esta es mujer, por eso me la friego”. Sin embargo, vivimos en una sociedad donde las mujeres efectivamente están en posiciones donde son escuchadas menos que los hombres. Para muchos hombres, especialmente para hombres que ocupan alguna posición de poder, es muy fácil sentirse superiores a las mujeres con las que conviven, aunque sea de manera inconsciente.

Twitter: Los Hombres Me Explican Cosas

¿Cuántas mujeres no conocemos esa situación en la que estamos hablando y un hombre constantemente nos interrumpe para dejar claro su punto? ¿Cuántas veces decimos cosas que un hombre, por más lindo y buena onda que sea, no cree sino hasta que se lo dice otro hombre? ¿Cuántas veces vemos cómo un hombre trata a sus compañeros como iguales, pero a nosotras como si fuéramos tontas? ¿A quién no le ha explicado un hombre algo que ella ya sabe, conoce y entiende perfectamente, con un aire de grandeza porque él está compartiendo su sabiduría? Por algo se volvió tan famosa la expresión “mansplaining”. (Que, por cierto, una vez vi a un hombre corregir a una mujer que se estaba quejando de que alguien le había hecho “mansplaining” y decirle que lo correcto en español era decir “machoexplicación”.) Pero volvemos a lo mismo, son actitudes machistas que, muchas veces, ni ellos mismos perciben como machistas.

¿Y por qué?

Una de las razones por las cuales esto sucede es porque, históricamente, la vida pública ha sido un espacio ocupado principalmente por hombres. Ellos han sido quienes hacen y quienes deciden. Las mujeres han tenido que luchar y abrirse espacios nuevos en esta esfera que históricamente les ha sido negada.

Según un informe de la ONU sobre la Representación Pública de la Mujer, las mujeres ocupan…
  • 24.9% de quienes integran los parlamentos del mundo
  • 6.6% de quienes ocupan direcciones generales en las empresas con mayores ingresos
  • 26% de las personas que redactan notas periodísticas en internet
Visualizar los datos: La representación del las mujeres en la sociedad

En el mundo del entretenimiento:

  • 31 % de los personajes con líneas de diálogo son mujeres
  • 23 % de las películas tienen una protagonista mujer
  • 21% de las cineastas son mujeres
  • etc.

Para ver todo el artículo, click aquí.

La cosa sigue dispareja, pero va mejorando.

Sin embargo, muchos hombres están acostumbrados a ser ellos “los que mandan” incluso cuando se supone que la cosa es equitativa. Como John Ackerman diciendo que él es el titular en el programa donde los dos firmaron un contrato en el que son co-presentadores, donde salen juntos en todas las fotos, y que se llama John y Sabina.

El programa es de los dos, pero a John Ackerman se le ha hecho muy fácil interrumpir a su compañera, reducir el tiempo de sus participaciones, excluirla de las decisiones sobre los invitados y los temas a discutir, y ahora, ignorar totalmente su participación en televisión abierta. Ahí, a los ojos de todos los espectadores.

Interesante fue también la reacción del Secretario de Educación Pública, quien vio cómo John ignoró totalmente la pregunta de Sabina y le contestó como si nada hubiera pasado. Cuando Sabina se quejó, el Secretario se limitó a decir que John era “un hombre sensible” y que “seguramente va a hacer un esfuerzo adicional para que no se vea esa disparidad que te molesta.”

Interesante que el esfuerzo era para que la disparidad no se viera.

Interesante que la disparidad solo le molesta a Sabina.


Las actitudes machistas y las microagresiones, o, como dicen Eréndira Derbez Campos y Claudia De La Garza Galvez, los machismos cotidianos son el pan de cada día para millones de mujeres alrededor del mundo. En parte, porque quienes las cometen no quieren reconocer que también son actos de violencia y en parte porque, quienes están alrededor, tienden a mirar a otro lado, a descartarlos como una exageración, a atribuirlos a otra cosa, o, como hizo el Secretario de Educación Pública en televisión abierta, minimizarlos como algo que “nos molesta”.

¿Y en qué acabó la cosa?

El día de ayer, el Canal Once publicó el siguiente comunicado:

La cosa acabó en que el Canal Once decidió cancelar el programa que tenían en conjunto y mejor le ofreció un programa a cada uno. Como si hubiera sido un pleito de niños pequeños, donde al final cada uno recibe un juguete y es enviado a un cuarto distinto. Como si no hubiera habido una acusación de machismo, un penosísimo intercambio en Twitter, como si Ackerman no hubiera sido un patán frente a espectadores e internautas. Como si no pudieran -o quisieran- reconocer el problema de los machismos cotidianos.


Si les interesa ver todo el intercambio, aquí se los dejo. Sucede en los primeros ocho minutos del programa.

He estado leyendo sobre feminismo

Recientemente me he dedicado a buscar más libros que están relacionados de una u otra forma con el tema del feminismo. Principalmente para aprender qué hay, de qué se está hablando y qué se viene discutiendo desde hace ya muchos años. Hay distintas ramas del feminismo y no todas las personas que nos llamamos feministas estamos de acuerdo en más de un punto. Este tema no es nuevo y hay muchas opiniones y muchas luchas por delante, pero a veces una se siente ligeramente confundida, especialmente cuando quiere leer más y no sabe por dónde empezar o por dónde seguir.

Ahí es donde entra este post. En un formato parecido al que usaba cuando apenas comenzaba este blog, he decidido hacer una lista de algunos libros recientes que he leído relacionados con el feminismo. La idea es que sirva para ponernos al corriente sobre las cosas que he leído recientemente, pero también que funcione como una guía ligera de recomendaciones para quienes quisieran empezar a leer más sobre el tema o simplemente están buscando algo diferente. Eso sí: esta no es una guía definitiva. para algo parecido vayan a asomarse a páginas como la de La Langosta Literaria, que descubrí hace poco y me ha sido bastante útil, al menos para agregar títulos a la interminable lista de libros por leer.

Los títulos aquí recopilados son más bien de libros que se me han atravesado en el camino. Algunos están pensados como literatura feminista, otros son estudios científicos, otros son memorias y, al menos en uno de los casos, creo que lo más feminista es el título. Traté de darles un orden de ligero y/o corto a largo y/o pesado. No siempre funciona, dadas las diferencias de género entre uno y otro, pero de algunos he escrito en el pasado, así que ahí está el link para que puedan leer lo que pensé en su momento.

Sin más que decir, aquí están mis libros recientes sobre feminismo.

Todos Deberíamos Ser Feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

Este breve ensayo de la autora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, es una adaptación de la TED Talk que dio en el 2012. El ensayo incluye anécdotas personales de la autora y de su vida en Nigeria, como la primera vez que escuchó a alguien decir “suenas como una feminista”, pero también incluye análisis de la masculinidad, de la feminidad, de los estereotipos y de lo que significa ser feminista. Adichie tiene un estilo ligero, claro y muy ameno. En las palabras de Rupert Hawksley para The Telegraph, «este podría ser el libro más importante que leas este año.»

Jesus Feminist, de Sarah Bessey

Escrito por la autora estadounidense Sarah Bessey, Jesus Feminist es menos un libro feminista y más bien un libro de memorias de una mujer que nació y creció en una iglesia donde, según ella cuenta, los hombres y las mujeres eran tratados con equidad y respeto, y no fue sino hasta que llegó al sur de los Estados Unidos que descubrió que este no era el caso dentro de todas las iglesias evangélicas. La siguiente parte del libro es su argumento sobre por qué la equidad de género es algo bueno y sobre cómo las mujeres siempre han hecho cosas buenas y Dios nos ama por igual. Y la tercera parte del libro la dedica a discutir algunos de los versículos que han sido utilizados por ciertos grupos para cerrarle la puerta a las mujeres dentro de las iglesias.

Sin embargo, la razón por la cual digo que este no es un libro particularmente feminista es que la autora se llama a sí misma feminista (y se autodenomina Jesus Feminist) pero en realidad nunca se detiene a explicar lo que el feminismo es para ella o como lo ha reconciliado con lo que ha aprendido y vivido en las iglesias evangélicas sureñas. Alguien más sugirió que este libro debería haberse llamado algo así como La Hija de Abba, ya que para ella es muy importante reconocer a Dios como padre (Abba es el nombre que se le da a Dios Padre en arameo) de todos y todas. En general es un libro recomendado para las amistades evangélicas que todavía tienen problemas con la palabra feminista, no para las amistades que ya se consideran feministas.

Confesiones de Una Mala Feminista, de Roxane Gay

Este libro tiene su propia entrada en el blog. En resumen, es una lectura a veces ligera y siempre personal recomendada para todas las feministas. Es al mismo tiempo un libro de memorias (mi género favorito) y una serie de comentarios de cultura popular. En ocasiones era muy claro que yo no coincido con el público objetivo de este libro (es muy estadounidense), pero es una lectura que vale la pena. Gay es amena, directa y escribe las cosas de tal forma que parece que estamos sentadas en un café.

Un Cuarto Propio, de Virginia Woolf

De este ensayo largo, basado en una serie de lecturas que Virginia Woolf dio en las universidades de Newham y Girton, ya hay una entrada en el blog. Basta decir que para Woolf, la mujer necesita dos cosas para poder entrar a la esfera pública que le ha sido negada durante tantos siglos: dinero y un cuarto propio. El estilo es totalmente Virginia. Virginia, Virginia, mi amor. Es profundo y bien pensado, muy de su época pero muy moderno. Siempre me gusta leerla y este libro no fue la excepción.

La Mujer Invisible, de Caroline Criado-Pérez

De este libro ya he hablado varias veces. Escribí de él en el newsletter mensual que envié en marzo, pero por si se lo perdieron, el libro habla de lo que llamamos brecha de datos de género. Es decir, que el mundo ha sido, muchas veces de manera inconsciente, estudiado por hombres y para hombres, por lo que casi todo lo que tenemos y conocemos hoy en día ha sido diseñado a su medida. Desde cosas elementales como el tamaño de un teléfono celular, hasta cosas importantes como los dummies de simulación de choques, o incluso el diseño de los sistemas de transporte público. Un libro lleno de minuciosos estudios y datos recopilados durante años, es una lectura indispensable para todas las personas que quieren estar informadas sobre cómo está construido el mundo que nos rodea.

Cuestión de Sexos, de Cordelia Fine

Siguiendo con los libros de investigación mencionados en el newsletter de marzo de este año, Cordelia Fine se embarca en un viaje de descubrimientos, nadando en el vasto océano de estudios e investigaciones de los campos de psicología y neurociencia, y nos lleva con ella en su búsqueda por la verdad detrás de los mitos sobre “el cerebro femenino y el cerebro masculino”. Son muchos estudios y más datos, por lo que a veces se siente pesado, pero la conclusión es irrefutable: desde el momento en que nacemos, estamos constantemente bajo la influencia de las generalizaciones y suposiciones culturales sobre el género.

Calibán y la Bruja, de Silvia Federici

Calibán y la Bruja es uno de esos libros que necesito leer dos o tres veces para acabar de digerirlo. Federici, motivada por los movimientos feministas estadounidenses de la década de los 70, decidió investigar más sobre el origen de la opresión de las mujeres y encontró dos corrientes principales que hablaban al respecto: el feminismo radical y el feminismo socialista. Sin embargo, ninguno logró satisfacer a Federici. Así nació Calibán y la Bruja, donde busca analizar la transición del feudalismo al capitalismo desde la perspectiva de la mujer: ¿cómo afectó la transición al capitalismo a las mujeres? ¿qué sucedió con el trabajo doméstico no remunerado? ¿qué hizo la domesticación del cuerpo? y, sobre todo, ¿por qué la caza de brujas fue clave para establecer el sistema capitalista?

El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir

Esta obra de Simone de Beauvoir es una de las lecturas indispensables de los movimientos feministas que tenemos hoy en día. Beauvoir analiza la identidad de las mujer desde distintas perspectivas: histórica, psicológica, sociológica, biológica y antropológica. Habla de la reproducción, de la situación de vida, de las libertades y las limitaciones de las mujeres y explora lo que es realmente ser mujer. De ahí viene la frase ya conocida, «No se nace mujer: una llega a serlo», ya que su conclusión es que nuestra idea de lo que es (o debe ser) una mujer ha sido construido durante siglos por la sociedad misma.

Este libro lo estoy escuchando en Audible y todavía me falta un rato para terminarlo. Una de las razones por las que no estoy avanzando tan rápido con él, es que seguido necesito pausarlo para reflexionar sobre lo que acabo de escuchar y tomar algunas notas. Simone demanda atención.

Ya No Tengo Paciencia: Del Apoyo Cristiano a Trump y al Partido Republicano

Sigo viendo posts de gente cristiana (tanto evangélicos como católicos), algunos tristemente son parientes, y de grupos autollamados pro-vida apoyando a Trump y al partido republicano por sus posturas que dizque “protegen los valores cristianos.”

Cada que veo esos posts me enojo muchísimo, pero no contesto. He borrado un par de contactos, familiares con los que ya no me hablo, simplemente porque no considero prudente tener ese tipo de personas en mis círculos.

Cuando escucho a alguien decir que “debemos rodearnos de gente que tiene opiniones diferentes,” recuerdo que hay cosas que no se pueden dividir en opiniones. El racismo no es una opinión, el sexismo no es una opinión, la discriminación no es una opinión. Quisiera poder cambiar la opinión de esos parientes mexicanos que viven en Estados Unidos, que votan por el partido republicano y que a veces comparten videos de Donald Trump en Facebook. Pero no siempre se puede. Lo que me queda es dejar de ver cómo hablan de lo bueno que está haciendo esta administración, de los valores que está restaurando, de los fetos a los que está salvando.

En realidad nada de eso es cierto. Lo único que ha hecho esa administración desde que entró al poder es desmantelar sistemáticamente todas las bases de seguridad social que tiene la gente de menos recursos, la gente de color, la gente de otros grupos étnicos y orientaciones e identidades sexuales.

Ser antiaborto no es ser provida

El clásico argumento “pro-vida” de muchas personas que votan por el partido republicano es que están en contra del aborto y que quieren salvar las dos vidas.

La primera parte es verdad, sí están en contra del aborto. La segunda es mentira. No les interesa en lo más mínimo salvar ninguna de las dos vidas, ni la de la madre, ni la del feto.

Para salvar vidas necesitarían…

  1. … facilitar el acceso a atención y servicio médico, que no están haciendo porque insisten en desmantelar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Accesible (ACA) sin ofrecer ninguna alternativa. Esto representa un riesgo para la madre durante y después del embarazo y para el bebé después de haber nacido.
  2. … facilitar el acceso a anticonceptivos, que tampoco están haciendo, ya que no solo tienen una guerra contra organizaciones como Planned Parenthood, sino que quieren eliminarlos del plan de ACA. Retirar el acceso a anticonceptivos significa un aumento en embarazos no deseados.
  3. … dar una buena educación sexual para enseñarle a la gente joven a ser responsables, a cuidarse y a no apresurarse. Pero no les interesa informar a su gente, porque lo que les interesa es la óptica de poder decir que son “pro-vida” porque quieren quitarle fondos a clínicas que están para ayudar a la población más vulnerable.

Los abortos no disminuyen cuando se les criminaliza, disminuyen cuando la gente está informada y tiene acceso a recursos para prevenirlos.

Quitarle a la gente el acceso a la canasta básica no la hace más trabajadora

La administración republicana de Donald Trump continúa recortando las ayudas que reciben millones de personas con bajos recursos a través de cupones alimenticios. Un argumento popular es que “no hay que darles peces, sino enseñarles a pescar”, como si retirándoles la única forma en la que pueden tener acceso a la canasta básica mágicamente les asegurara un trabajo con un salario digno, acceso a atención médica y una buena educación para sus hijas e hijos.

Como ya sabemos, en Estados Unidos, el acceso a los servicios de salud es muy limitado porque se necesita dinero para pagar todo, desde consultas básicas hasta tratamientos importantes. A pesar de la inflación y del aumento de los precios en básicamente todo, el salario mínimo no ha aumentado en más de diez años. Finalmente, una buena educación no está garantizada, ya que los fondos para las escuelas dependen del distrito donde se encuentran ubicadas. Si el distrito es un lugar donde vive gente de bajos recursos, las escuelas no reciben los fondos para ofrecer una educación de calidad. Muchas maestras y maestros necesitan tener dos o tres trabajos para mantenerse a flote.

Todo lo demás

La administración de Donald Trump está revocando sistemáticamente todas las leyes y actas que protegen a las víctimas de violencia sexual, dejando expuestos a los grupos más vulnerables de la población quitándoles el acceso a servicios, recursos, educación y alimentación (y ahora en plena pandemia), a las víctimas de discriminación en la vivienda, y rechazan a los que llegan buscando una vida digna.Y desde el principio han usado un lenguaje de odio, de sexismo y de racismo que ha tenido un efecto terrible en la sociedad. Va desde un gritarle al moreno que “se regrese a su país mexicano” hasta inspirar a los perpetradores de varios de los tiroteos masivos más recientes.

A una semana de la muerte de la jueza de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, el mismo partido que hace cuatro años bloqueó la nominación del juez Merrick Garland porque “era un año electoral” está buscando aprobar a la jueza conservadora, antiaborto y de derecha, Amy Coney Barrett, a cinco semanas de la elección. La fecha planeada para confirmarla es en la semana antes de las elecciones. La hipocresía y el cinismo están a la vista de todos.

Pero todavía hace un par de semanas vi a un pariente compartiendo un video de Trump diciendo cómo está comprometido a “restaurar los valores cristianos” y a otras personas aplaudiéndole y diciendo “amén.”

Ya no tengo paciencia para leer sus hipocresías.

Ellos saben, nosotros sabemos, todos saben que todo lo que esta administración y este partido está haciendo es totalmente opuesto al mensaje de Jesús.

Jesús, quien dijo,

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. … En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Mateo 25:36-40

Y levantan su Biblia para tomarse fotos y oprimir a otros.

Esa Biblia que dice,

Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido.

Deuteronomio 10:18

Ya no tengo paciencia para aguantar ese cinismo.

Apoyar al partido republicano actual y al actual presidente de los Estados Unidos es ir directamente en contra de sus supuestos valores cristianos, en contra de lo que Jesús es y lo que espera de nosotros. No se puede decir que “Dios trabaja con gente imperfecta” cuando la imperfección no es “Pedro mentía” sino “Trump tiene campos de concentración en la frontera, separó a miles de niños de sus padres, deportando a sus padres y dando a los niños en adopción en Estados Unidos y activamente bloqueó (y sigue bloqueando) una respuesta eficiente al coronavirus porque pensó que lo ayudaría políticamente y ahora más de 200 mil personas están muertas.”

Ya no tengo paciencia con esa crueldad.

Porque a estas alturas del partido, quien apoya a Trump a pesar de quién es y de lo que hace, es tan cruel como él.

Ya no tengo paciencia con esa cultura de muerte.

La verdadera cultura de muerte no está en Planned Parenthood, ni en las protestas que claman por justicia desde la muerte de George Floyd, ni en la voz de quienes recuerdan a Breonna Taylor, cuyos asesinos están libres y sin consecuencias. La verdadera cultura está en el partido republicano actual y en las bocas de todos los que siguen apoyando a Trump.

¿Qué haría Jesús?

A quienes crecimos en iglesias cristianas, nos enseñaron que, siempre que fuéramos a hacer algo de lo que no estábamos seguras, nos preguntáramos: ¿qué haría Jesús? Entonces me pregunto, ¿qué haría Jesús ante tanta injusticia?

Abro mi Biblia y leo un pasaje que me es reconfortante:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Mateo 5:6

Y abro mi Biblia de nuevo y leo un pasaje que me recuerda que no tengo por qué quedarme callada, que debo actuar, que por algo soy protestante, porque debo protestar.

¿Qué haría Jesús?

Entonces Jesús hizo un látigo de cuerdas y echó a todos del área del templo junto con las ovejas y los terneros. Arrojó al suelo las monedas de los que cambian dinero y les volcó sus mesas.

Juan 2:15

Adaptado de la nota originalmente publicada en Facebook el 9 de agosto, 2019.

Confesiones De Una Mala Feminista: Cuando te gusta más la autora que el libro

Confesiones de Una Mala Feminista es una colección de ensayos escritos por la autora y profesora universitaria, Roxane Gay. El título original es Bad Feminist, pero, para mi sorpresa (y la de muchas otras personas que lo compraron) el libro en realidad habla relativamente poco del feminismo y de la lucha feminista. Confesiones De Una Mala Feminista es un poco de todo: ensayos sobre la sociedad, el racismo y la discriminación, libro de memorias y algo parecido a una selección de posts de blog.

La introducción presenta su idea del feminismo y habla de por qué decidió llamar al libro Confesiones De Una Mala Feminista, o, en inglés, simplemente Bad Feminist, pero los ensayos varían y los temas van desde cosas como las películas de Tyler Perry, Crepúsculo y Los Juegos del Hambre, hasta historias personales y aterradoras, de esas que nos recuerdan crudamente la realidad del mundo en el que vivimos, especialmente como mujeres.

Algunos capítulos se leen como conversaciones con la autora. Probablemente esos fueron los que más disfruté. A veces hablaba de cosas ligeras, como su afición al Scrabble competitivo y de su némesis en las competencias. Esas experiencias me hicieron reír y recordar los años en los que todo el tiempo quería jugar Scrabble. Pero otras veces hablaba de cosas pesadas y profundamente dolorosas, cosas que me entristecieron, me hicieron enojar, me incomodaron y sobre todo, me hicieron pensar en la vida y en cómo la vivimos, en lo que aceptamos y las cosas a las que estamos resignadas.

Sin embargo, siento que esos capítulos profundos se perdieron un poco entre las páginas donde el texto parecía un post de blog sobre alguna serie o una película. No que eso sea malo, si a alguien le gusta hablar de series y de películas en posts de blog, es a mí. (He escrito de Star Wars, de Juliet, Naked y de Inesperado, entre otras.) Pero es ahí donde pienso que, tal vez, hubiera sido mejor que se quedaran como posts de blog. Cuando veo un post de una película o serie que me interesa, lo leo. Si es de un programa que no conozco, en general me lo salto. Sus comentarios sobre la serie Girlfriends o las películas de Lifetime Movie Network son el tipo de post de blog que tal vez leería de manera superficial y rápida, como un vuelo de pájaro. Los temas son importantes, pues habla de la representación en las series como Girls, la serie de HBO de Lena Dunham o del rol que juegan las mujeres en las producciones de Tyler Perry. Pero yo tengo dos problemas: no me interesa ver nada que haga Lena Dunham y nunca he visto una película de Tyler Perry. Si Confesiones De Una Mala Feminista fuera un blog, lo seguiría en todas las redes sociales, pero probablemente me brincaría esos posts simplemente porque no conozco esos programas.

Otro ejemplo son sus comentarios sobre películas como Crepúsculo y Los Juegos del Hambre, los cuales, tal vez estaban frescos en el 2013, cuando salió el libro de Gay, pero hoy en día no tienen nada que no hayamos escuchado o leído ya en los más de diez años que tienen ambas sagas en el mercado. Las críticas y las alabanzas son las mismas de aquel entonces y, si vamos a retomar los libros, tal vez deberíamos abordarlos desde puntos de vista distintos.

Roxane Gay es una mujer inteligente y destacada, siempre tiene un punto o algo interesante que comentar, y en general, me gusta saber sus opiniones. Supongo que es por eso que, cuando pienso en este libro, pienso que me gustó bastante (tanto así, que lo puse en mi lista de libros favoritos del 2019), pero la realidad es que no lo disfruté tanto como hubiera querido. Tal vez porque yo no soy parte del grupo al que está dirigido, tal vez porque el título me hizo pensar que sería un poco diferente. Sin embargo, es una lectura que me dio mucho en qué pensar y me enseñó cosas nuevas.

Definitivamente recomiendo a Roxane Gay y sus tan atinados comentarios sobre el movimiento feminista:

¿Cómo conciliar las imperfecciones del feminismo con todo el bien que puede hacer? En verdad, el feminismo tiene sus fallas porque es un movimiento impulsado por personas y las personas son intrínsecamente imperfectas. Sea por la razón que sea, lo juzgamos con una vara de medir poco razonable, que le exige ser todo lo que queremos y tomar siempre la mejor decisión. Cuando el feminismo no cumple nuestras expectativas, sacamos la conclusión de que el problema es del feminismo en sí y no de las personas imperfectas que actúan en su nombre.

Esnobs de la Literatura

Cuando entré a la carrera, empecé a leer mucho más de lo que leía de niña o de adolescente. Vivía en un pequeño departamento a las afueras de la ciudad y no había muy buena señal de internet, por lo que YouTube y Netflix no eran opción, así que los libros se volvieron mi principal fuente de entretenimiento.

Comencé con novelas que parecía que todos habían leído menos yo: Harry Potter, Game of Thrones, algunas novelas de John Green y otras novelas populares. Luego decidí leer clásicos de la literatura: Frankenstein, Jane Eyre, Dracula, los Libros de la Selva y ahí fue cuando empezó el problema.

Todos conocemos a algún esnob, ¿o no? Ya saben, esa persona que solamente consume productos de la calidad que ella considera «superior» (independientemente de si son o no mejores). Puede ser un alimento o bebida, pueden ser aparatos electrónicos, puede ser incluso una categoría o género de cine, televisión, música o puede ser literatura. Si pueden, evitan los productos «inferiores» a toda costa. Nunca los van a ver tomando un café que no sea de la marca que ellos consideran buena, viendo películas que no son «de arte» o leyendo novelas… juveniles. Esas personas solo aceptan lo que ellos consideran lo mejor de lo mejor. ¿Harry Potter? Disculpa, no te escuché porque estaba muy concentrada con Charlotte Brontë. ¿John Green? Yo solo leo a John Milton, gracias. Y ni hablar de no terminar un libro. ¿Quién osaría hacer eso? ¡Entre más pesados y más aburridos, más grande es el reto intelectual! ¡Claro que leí Ulysses, de James Joyce! ¡No entendí nada, pero lo leí completo! ¿Escuchar audiolibros? Eso no es leer.

En fin. Ser un esnob de la literatura no está padre y hay varias razones por qué.

#1 Mantener una imagen falsa es agotador

El diccionario de la Real Academia Española tiene una definición interesante (aunque limitada) de la palabra esnob. Según la RAE, un esnob es una «persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos.» Ser un esnob significa no ser auténtico. Significa imitar a otras personas, sus formas, sus gustos y sus opiniones. En otras palabras, ser un esnob es fingir ser alguien más y eso es muy, muy cansado.

El constantemente reprimir nuestros propios gustos e intereses en favor de algo que consideramos «mejor» o «superior» requiere un esfuerzo constante. A veces, no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Podemos caer en la trampa de confundir el «querer ser mejores versiones de nosotros mismos» por un «quiero ser como esa persona que considero superior a mí.» Tal vez pensamos que realmente no nos gusta (o que no nos debe gustar) algo (ahí están los llamados «gustos culposos»), pero basta un pequeño descuido para que la verdadera personalidad salga y la imagen que nos había costado tanto trabajo crear, se viene abajo en cuestión de segundos.

#2 Ser un esnob significa hacerse presiones innecesarias

Leer es un hábito importante. Es algo que idealmente deberíamos disfrutar, pero que, al menos, debería sernos útil. Yo estoy totalmente a favor de leer libros de la primera a la última página, pero hay libros que simplemente no son lo mío. No aportan nada, no aprendo nada y no debería sentir la presión de tener que terminarlos.

Marie Kondo tiene un concepto muy específico japonés llamado «tokimeku» ときめき, que en inglés tradujeron como «spark joy» y que no tiene una traducción específica en español. Tratando de explicar su concepto, Marie Kondo ha dicho que las cosas deberían traernos alegría/emociones positivas o sernos útiles. Si un libro no nos está gustando y no nos es útil, no tenemos por qué terminarlo.

Otras presiones tienen que ver con el formato. La clásica discusión entre libro electrónico o de papel, entre la tapa dura y la tapa blanda, entre el audiolibro y el libro para leer. Ninguna vale realmente la pena. Tener un formato favorito es una cosa, pero el cerrarse a los demás o el sentirse superior por solo leer de cierta manera es absolutamente innecesario. La información que estamos consumiendo no cambia. Estar abiertos a los distintos formatos que hay nos facilita el acceso a los libros. Los impresos son más caros que los electrónicos y los audiolibros nos permiten el acceso a los libros en situaciones en las que no nos podemos sentar a leer. Ser flexibles nos ayuda a leer más.

#3 Ser un esnob daña nuestra percepción de otros y de nosotros mismos

Pero ser un esnob no termina ahí. La palabra esnob viene del inglés «snob», que también se define como «una persona que piensa que es mucho mejor que las demás por ser inteligente o por tener gustos que muchos otros no comparten.»

Ser un esnob daña nuestra imagen de otros y nuestra imagen de nosotros mismos:

  1. Si me considero superior a los demás por tener gustos específicos, probablemente considero inferiores a las otras personas o a sus gustos.
  2. Si considero que solo ciertos gustos son superiores, cuando me doy cuenta de que no los comparto, me puedo sentir inferior.

Generalmente hablamos de «gustos culposos» cuando hablamos de algo que nos agrada, pero que es de mala calidad o de bajo nivel, una película mala, un libro chafa, y los llamamos «culposos» como si debiéramos sentirnos culpables por tenerlos.

#4 El canon literario es muy limitado y muy subjetivo

Sería mentira decir que yo despreciaba a mis compañeros y compañeras porque leían cosas «poco intelectuales.» Sin embargo, sí sentía esa pequeña satisfacción de saber que yo estaba leyendo cosas «más difíciles» y «de mejor calidad», pero… ¿De mejor calidad según quién?

El canon literario (todas las obras que se consideran parte de la “alta cultura” en la literatura occidental) consiste, en su mayoría, en libros escritos por hombres blancos sobre hombres blancos y para hombres blancos, y esos libros han sido, en su mayoría, escogidos e incorporados al canon por hombres blancos. Esto no significa que no tienen valor o que ser un hombre blanco es malo, pero es importante recalcar que, al ser libros que solo representan a ese grupo específico de personas, son libros que presentan una perspectiva muy limitada de nuestra historia y de nuestra cultura. El insistir que es la única literatura que vale la pena es cerrarnos a todo un mundo de perspectivas, de diferentes ideas y de belleza.

Al final del día, la «superioridad» de unos libros con respecto a otros, de unos géneros con respecto a otros es totalmente subjetiva. Sí, hay estándares para categorizar y para poder dividir la literatura, pero siempre hay que preguntarse de dónde vienen esos estándares y por qué fueron establecidos. No porque un libro es parte del canon literario significa automáticamente que está bueno o que aporta algo. (Que pasen al frente todos los que disfrutaron ampliamente leer «El Corazón de las Tinieblas.») Muchas veces, los libros llamados «superiores» más bien me recuerdan a algo que dijo el comediante John Mulaney:

«Y la gente dijo, “¡Esto es innovador!” Pero solo era muy misógino.»

Siempre me han gustado los clásicos de la literatura. Me gusta leerlos, comprarlos, verlos en mi repisa y comparar las diferentes ediciones que hay en el mercado. Uno de mis libros favoritos es parte del canon, una de mis autoras favoritas es parte del canon. Pero lo importante es siempre estar conscientes de que un libro no tiene más valor que otro simplemente por ser parte de una lista, un gusto no es superior a otro porque hace cien años un grupo de señores decidió que así era.

Los libros deben ser útiles y deben ser entretenidos.

Lo mejor es deshacernos de los gustos culposos y mejor aprender a ser críticos de lo que consumimos y aprender a disfrutarlo por lo que es.