Christmas Markets: Köln

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Merry Christmas, my dearest readers!

I am writing to you from the living room of one of my best friends, having had dinner and having enjoyed the holiday season. For those of you who, like me, didn’t know this, Germans celebrate Christmas Eve and two days of Christmas, which is awesome for lovers of Christmas like me.

We are close to the end of the year and on the next post I will talk to you a bit about words, plans, and projects for 2018, but for now, let us have a look at the Christmas Markets in Cologne.

Cologne is the most populated city in North Rhine-Westphalia and it is the fourth biggest city in Germany. It is also one of the cities I like the most, but we’ll talk more about it another time.

In Cologne, there are several Christmas markets located in different parts of the city. Because I didn’t have the time, I went only to two of them: the one next to the Cathedral and the one in the City Center.

If you ask me during any other season, I will most certainly tell you that, despite the beauty of the Cologne Cathedral, its southern square is one of the most uncomfortable places to be. It is empty, cold, windy, and has almost no benches to sit on.

However, during the Christmas season, the square is completely transformed and where most of the year there are only tourists with thick jackets and people complaining about the wind, there’s suddenly a beautiful scenery full of lights, food, and music.

The stands are shaped like little houses, the roofs are red, the air smells like punch and caramel-coated almonds, and the lights and the trees make the place feel a little magical.

Yes, you will probably find the same things in every market. The same Christmas lights, the same Christmas ornaments, the same paper stars and the same clay houses. But there’s something about getting closer and really looking.

I like to hear the people talk about their plans for Christmas, compare their work-schedules, and exchange tips about food and gifts. Working at the Christmas market can be cold and tiresome, but most people do it with a smile.

At the heart of the Cathedral Market, there’s a stage where there is always someone playing Christmas music. People gather there to sing, drink and talk. At least they do it before six o’clock, which is when most people start arriving and the market becomes so full that you can’t even walk freely without bumping into anyone.

A fun stand I found this time was called “Names and Cats”. I saw the name and I didn’t know what to expect, but as I got closer I began to realise that there wasn’t anything else to expect except things with names written on them and cat drawings.

The hand-painted ornaments are always beautiful to look at. Despite them having the same pictures and patterns, if they are hand-painted, not two of them are ever completely alike.

In every market that I visit I try to take pictures of different objects, and after two or three markets per year, it’s getting harder to find something original.

But every now and then I find myself staring at a different kind of stand. This year it was the stand with the plaster faces.

I walked twenty minutes to get to the other market. The Market of the Angels is located in the centre of the city. It is also relatively small but its style is quite different from the market at the Cathedral. The stands are white or brown, and its distribution makes it look like a small town.

When a good friend of mine recommended me this market, he told me that the best part about it was the lights on the trees. It’s like a starry night, he told me and, indeed, it was one of the parts I enjoyed most about it.

The smells in this market are also wonderfully intense. It smells of punch, traditional German food, wine, chocolate, and freshly baked cake.

The last thing I saw and bought was a waffle.

A waffle?

A waffle.

A giant, delicious, powder sugar-coated waffle shaped like the Cologne Cathedral.

It was amazing.

That’s all for today. What about you? What did you do this Christmas? Leave a comment. I will see you again very soon to talk about books, words, and plans.

Thanks for reading!

Happy Wednesday!

Paola.

Mercados Navideños: Köln

Estamos ya por terminar el año y en el siguiente post les compartiré un resumen de lo que hicimos en este 2017. Pero, mientras tanto, les compartiré de la época navideña en la ciudad de Colonia.

Colonia es la ciudad más poblada del estado de Renania del Norte-Westfalia y es la cuarta ciudad más grande de Alemania. También es una de las que más me gustan, pero de eso hablaremos en otro momento.

En Colonia hay varios mercados que se ponen en distintas partes de la ciudad. A falta de tiempo sólo fui a dos, el de la catedral y el del centro.

Si me preguntan en cualquier otra época del año, les diré que la explanada sur de la Catedral de Colonia es uno de los lugares más incómodos de la ciudad. Está vacía, fría, el viento sopla con mucha fuerza y casi no tiene bancas para sentarse

Sin embargo, durante la temporada navideña la explanada de la Catedral se transforma completamente y donde normalmente no hay más que turistas con chamarras gruesas y gente quejándose del viento se encuentra un bello paisaje lleno de luces, comida y música.

Los puestos en forma de casita, los techos rojos, el olor a ponche y a nueces caramelizadas, los adornos y los árboles hacen de este un lugar mágico.

Sí, se vende lo mismo que en todos los mercados. Siempre son las mismas luces de colores, las mismas esferas de vidrio, las mismas estrellas de papel y las mismas casas de barro. Pero hay algo especial en el acercarse y observar.

Me gusta escuchar a la gente hablar de sus planes para Navidad, los veo comparar sus horarios de trabajo y escucho cómo intercambian tips sobre comida y regalos. Trabajar en un mercado navideño puede ser frío y cansado, pero la mayoría de la gente lo hace con una sonrisa.

En el centro del mercado hay un escenario donde siempre hay algún músico tocando villancicos. La gente se reúne ahí para cantar, tomar y hablar. Al menos antes de las seis, que es cuando se llena realmente el mercado y entonces uno no puede ni pasar.

Un puesto simpático que encontré fue el de “Nombres y Gatos”. Leí el nombre y no sabía qué esperar, pero al acercarme me di cuenta de que no hubiera podido esperar nada que no fueran los objetos con nombres escritos y dibujos de gatos.

Las esferas pintadas a mano siempre son un gusto. No importa cuánto se parecen los modelos y los dibujos, si están pintadas a mano, no hay dos esferas iguales.

En cada mercado que visito trato de tomar fotos de distintos objetos, pero luego de ir a dos o tres mercados por año se vuelve más y más difícil encontrar algo diferente y original.

Sin embargo de cuando en cuando me encuentro parada frente a un puesto totalmente diferente a los demás. Este año, ese puesto fue el de las caras de yeso.

Caminé veinte minutos para llegar al otro mercado. El Mercado de los Ángeles está ubicado en el centro de la ciudad. Al igual que el otro, es relativamente pequeño pero su estilo es diferente. Los puestos son blancos o cafés y por su forma y distribución parece un pequeño pueblito.

Cuando un buen amigo me recomendó ir a este mercado, me dijo que la mejor parte eran las luces en los árboles. Es como una noche estrellada, me dijo. Efectivamente, las luces fueron de las cosas que más disfruté.

Los olores del mercado son encantadoramente intensos. Uno camina y va oliendo el ponche, la comida tradicional alemana, el vino, los chocolates y el pastel recién horneado.

Lo último que vi y compré fue un waffle, o como se llama en otros lados, gofre.

¿Un gofre?

Un gofre.

Compré un enorme y delicioso gofre cubierto con azúcar glas y en forma de la Catedral de Colonia.

Fue fantástico.

Mercados Navideños: Bonn

¡Llegó diciembre! Y con él, llegó la época más bonita del año. Los que siguen el blog desde hace más tiempo saben que cada año me gusta darme una vuelta por los mercados navideños de la región. Este año, tuve la oportunidad de mudarme a otro estado, por lo que hay muchos mercados nuevos por conocer.

Este 2017, abrimos la temporada con Bonn.

Bonn es una ciudad federal localizada junto al río Rin en el estado de Renania del Norte-Westfalia. Mientras Alemania estuvo dividida, Bonn fue la capital de Alemania Occidental. Luego de la reunificación, se mantuvo como sede del gobierno (aunque no como capital) durante nueve años, antes de mudarse a Berlín en 1999.

El mercado navideño de Bonn es mucho más grande que los mercados que normalmente visito, ya que no está ubicado en un solo lugar, sino que está extendido por todo el centro, con calles con pocos puestos conectando las plazas grandes.

Para los amantes de la música y de todas las cosas bonnitas, Bonn es la ciudad que vio nacer a Ludwig van Beethoven, en diciembre de 1770. Un dato curioso es que nadie conoce la fecha exacta de su nacimiento. Fue bautizado el 17 de diciembre, por lo que se piensa que nació el 16, pero nadie ha podido constatarlo.

La ciudad está particularmente orgullosa de Ludwig, por lo que tiene su imagen en todos lados. En la estatua del centro, en los souvenirs que se venden en las tiendas, en el estuche de mis lentes, en algunos semáforos y, por supuesto, en las tazas del mercado.

Después de cuatro años de ir al mercado navideño, debo decir que uno siempre encuentra lo mismo. Los mercados más grandes tienen más opciones, por supuesto. Tienen más opciones en bebidas, decoran sus puestos como si no hubiera un mañana, ofrecen más productos internacionales y venden mucha, mucha comida.

Siempre hay salchichas, Glühwein, crepas, avellanas y nueces caramelizadas, chocolates y adornos navideños para la casa, el taller y la oficina.

Lo que más me gusta es que, no importa que cada año haya lo mismo, siempre hay gente dispuesta a ver, comer y beber… sobre todo beber.

Como siempre, fui alrededor de las cinco de la tarde, cuando la mayoría de la gente aún está trabajando, por lo que pude tomar fotos tranquilamente, sin molestar a nadie y sin chocar con los catadores de Glühwein, que arduamente cumplen con la tarea de tomar su peso en vino.

Un amigo de la maestría se ofreció a acompañarme y tuvo la paciencia para esperar en lo que tomaba mis fotos.

Le dimos la vuelta a todo el mercado, caminamos por todas las calles, vimos todos los puestos y disfrutamos de los colores, los olores y los sabores. Yo siempre aprovecho para comprar una bolsa de castañas tostadas para comerlas mientras camino.

El último puesto al que fuimos estaba al final del mercado. Era una barra dentro de una pirámide de  Navidad de madera que ofrecía distintos tipos de Glühwein, galletas de cortesía y, para mi sorpresa, música de Luis Miguel. No, no era su disco Navidades, por lo que lo quitaron rápido, pero escuchar al menos una de sus canciones me hizo reír lo suficiente como para que mi amigo preguntara y yo, pensando obviamente en extender su cultura general, le explicara a quién estaba escuchando. Nada más y nada menos que a Luis Miguel Gallego Basteri, El Sol de México.

Como era de esperarse, nos pedimos un Glühwein, comimos de las galletas, platicamos a gusto y, al final, regresamos las tazas.

Christmas Markets: Bonn

December’s here! And with it, comes the most wonderful time of the year! Those of you who’ve followed the blog for a little longer, know that every year I like to visit the Christmas Markets from the region. This year I moved to a different state, which means there are plenty of new Markets to visit. This time, I started the Market season with Bonn.

Bonn is a beautiful city located by the Rhine in the state of North Rhine-Westphalia. It was the provisional capital of West Germany from 1949 to 1990 and, after the German reunification, it served as the seat of government until 1999.

The Bonn Christmas Market is a lot bigger than the markets I usually visit. Instead of being limited to the central square, it is spread throughout the city center and the different squares are connected through well-lit streets with fewer stands.

For the lovers of music and of all things bright and beautiful, Bonn is the natal city of the great Ludwig van Beethoven, who was born in December 1770. A fun fact about him is that no one knows the exact date of his birth. He was baptized on the 17th of December, which is why some think that he was born on the 16th, but nobody has been able to prove it.

The city is particularly proud of Ludwig, which is why his image is virtually everywhere. In the form of a statue at the main square, on the souvenirs sold at the shops, on my glasses’ case, on some traffic lights, and, of course, on the market’s mugs.

I’ve been going to Christmas markets for four years now and, yeah, they all pretty much have the same things. I never get bored, though, and depending on the size of the market, you might find some variety in the products. The bigger markets have a wider range of beverages, they definitely step-up their decoration game, they offer more international products, and they have lots and lots of food.

There’s always Bratwurst, there’s Glühwein (one day I’ll share with you my recipe), there’re crêpes, caramelized walnuts, lots of chocolates, and lamps and stars and wooden accessories for the home.

What I like the most about the markets is that, it doesn’t matter that every year’s the same, there are always people willing to go see, eat, and drink… especially drink.

As always, I went there around five o’clock, when most people are still working and I can take my pictures without annoying anyone or without bumping into drunk Glühwein enthusiasts, who each year take it upon themselves to drink their weight in wine.

A friend from university offered to come with me and he was patient enough to wait with a smile while I took all my pictures.

We visited the whole market, walked all the streets, saw all the stands, and enjoyed all the colors, the smells, and the flavors. I always like to buy roasted chestnuts to eat while I walk.

The last market stand we went to was at the end of the market. It was inside a wooden Christmas pyramid and it offered many types of Glühwein, complimentary cookies, and, to my surprise, had a very particular kind of music. It wasn’t Christmas music, nor was it German music.

It was none other than Luis Miguel, the famous Mexican singer, beloved by the masses, known by the nation, protagonist of his own Netflix series, king of 90s romance, melter of Mexican hearts, and official ambassador to all things cheesy.

As expected, we ordered a Glühwein, ate some cookies, had a nice chat, and returned the mugs at the end.

What about you? Are you in the Christmas spirit already? What are your projects this season? Leave a comment!

Christmas in Oaxaca

In 2015, we decided to spend Christmas in one of my favourite cities in the world: Oaxaca.

In Mexico, we have a thing called “Magical Town”, which is a title given to the most beautiful towns of the country. Oaxaca is not a town, but a rather large city. Still, it should have the title of magical.

“There’s something magical about Oaxaca and the vibe of the people.”

Mike White

In this post, I will share with you some of the Oaxacan corners in pictures: all things pretty, all things strange, all things fun and all things worth sharing.

The name Oaxaca comes from the native tongue Nahuatl and it means “in the nose of the huajes“. A ‘huaje’ or ‘guaje’ a tree native to southern Mexico and Central America.

Green tuff, rock made of volcanic ash, is typical of Oaxaca. They use it for their architecture, with the central cathedral being the most notorious piece.

Known for its smells, colors and flavors, Oaxaca is one of the culturally richest states in the whole country.

We ate virtually everything: Tlayudas, grasshoppers and worms (which are delicious, by the way), chicken with mole, and lots of chocolate.

Because it was Christmas, the city center was full of lights, and there were people everywhere buying everything they saw.

We went to a market of artisan handicrafts and traditional sweets.

At one of the stands, there was a nice lady sitting in front of a small basket full of silkworms. She explained to us how they make the silk, how she boils it in water and how she turns it into yarn. The yarn is then dyed and the result is a beautiful rebozo, a dress or a blouse with a colorful pattern.

A couple of stands away and we saw a girl selling tejate, which is a beverage made with maize and cacao. It is quite popular among the natives of the region, and boy, oh boy, is it good!

Before saying goodbye, I want to share with you some of the pictures that made me laugh the most.

“The table dirty… oh crap!”

So, yeah.

You have to come to Oaxaca.

Navidad en Oaxaca

Esta vez, la familia decidimos pasar Navidad en una de mis ciudades favoritas. Si bien en México sólo existe el título de “mágico” para los pueblos, Oaxaca es una de las ciudades que debería obtenerlo.

“Hay algo mágico en Oaxaca y la vibra de su gente.”

Mike White

Este post consiste en una serie de fotos de escenas de Oaxaca: lo lindo, lo extraño, lo divertido y lo digno de ser compartido.

El nombre Oaxaca viene del náhuatl y significa “en la nariz de los huajes”.

La cantera verde es típica del estado, por lo que me di vuelo tomándole fotos a los edificios.

Conocido por sus colores, olores y sabores, Oaxaca es uno de los estados más ricos en cultura de toda la república.

Comimos de todo: tlayudas con chapulines, gusanos de maguey (y chinicuiles), pollo con mole y mucho chocolate.

Por ser Navidad, el centro de la ciudad estaba lleno de luces y había gente por todos lados comprando todo lo que se les atravesaba.

Pasamos por un mercado de artesanías y de dulces tradicionales.

Una amable señora estaba sentada en uno de los puestos frente a una canasta llena de gusanos de seda. Nos explicó cómo espera a que hagan la seda, la hace bolitas, la hierve y luego la va deshilando. El hilo se tiñe con pigmentos naturales y el resultado es un reboso, un vestido o una blusa de colores vivos y bordados alegres.

En otro puesto, compramos un vaso de tejate, que es agua con maíz y cacao. Es una bebida muy popular, sobre todo entre los grupos indígenas de la zona, y ¡qué bebida! Nada más porque después de un vaso uno queda satisfecho. De no haber sido así, me hubiera llevado el puesto completo.

Antes de despedirme, quiero compartirles algunas de las fotos que más me hicieron reír en este viaje.

En fin, tienen que ir a Oaxaca.

Christmas Markets: Goslar

Goslar is a beautiful historic town in Lower Saxony located at the skirts of the Harz mountains. It’s one of the places I love the most in Germany, not only because it’s pretty, but also because it’s where I spent many weekends when I was 16 years old.

This Christmas Market is known as one of the prettiest in Germany. Every year, people from all the state pick a weekend to go see it and enjoy the lights, the trees, the food and the Glühwein.

It has a “forest” section, which is basically a ring of pine trees that surround a zone with a floor made of wood dust, and some tables where people go to have a drink “in the woods.” I tried taking a picture from the inside, but it was too dark.

This time I decided to take pictures of the inside of the stands, since you’ve already seen the outside and it’s fun to see what else they sell.

Wooden candle trees with the Christmas story are quite popular in Germany. People tend to place them by the window and I get to see the different shapes and sizes when I walk by.

Some stands sell objects that have nothing to do with Christmas, such as small sized cars, goblins, fairies, and other figures. Some objects are toys, some are just decorative.

The Chocolate Work Tools stand is also quite fun. The tools look like rusted hammers, nails, wrenches/spanners, but they’re completely made of chocolate.

There are the typical decorative and aromatic candles in all kinds of sizes, shapes and colors.

There are heart-shaped ginger cookies, chocolate-covered fruits, caramelized almonds, cotton candy and candy canes.

There are hand painted ornaments made of glass, metal and wood.

And there’s the food. This time we stopped by a ‘Hungarian Specialties’ stand that was selling Kürtőskalács (“chimney cake”). A different kind of cake made of flour, water, yeast and cinnamon.

It’s basically a strip spun and wrapped around a truncated baking spit, which is covered with butter and sugar, and roasted on an open fire or in a special oven.

The crust becomes crispy, but the inside stays soft. You can add other ingredients such as hazelnut, cinnamon, chocolate or more sugar.

It’s called chimney cake because of its shape and because of the steam that comes out of it.

Either because of the memories, the cafés, the beautiful buildings, or the particularly funny garlands, visiting Goslar is always a joy.

Mercados navideños: Goslar

Goslar es una bella ciudad histórica en Baja Sajonia que se encuentra a los pies de las montañas del Harz. Es uno de los lugares que más me gustan en Alemania, no sólo por ser bonito y pequeño, sino porque ahí pasé muchos fines de semana cuando tenía 16 años.

Este mercado navideño es conocido por ser uno de los más bonitos de Alemania. Cada año, gente de todo el estado aparta un fin de semana para ir a verlo y disfrutar de las luces, los árboles, la comida y el Glühwein.

Tiene una sección de “bosque”, que es básicamente un anillo de pinos adornados con luces que rodea una zona con piso de viruta de madera y algunas mesas donde la gente va a tomarse algo “en el bosque”.
Intenté tomarle una foto a la parte de adentro, pero salió demasiado oscura.

Esta vez decidí tomarle fotos al interior de los puestos, ya que todos sabemos cómo se ven por fuera y es divertido ver qué otras cosas venden.

Los candelabros de madera con figuras del nacimiento son muy populares en Alemania. La gente tiende a ponerlas en las ventanas y yo puedo ver las diferentes formas y tamaños cuando paso por ahí.

Algunos puestos venden objetos que no tienen nada que ver con Navidad, como autos pequeños, duendes, hadas y otras figuras. Algunos objetos son juguetes, otros son simplemente decorativos.

El puesto de herramientas de chocolate también es divertido. Las herramientas se ven como llaves, martillos y clavos oxidados, pero están hechos de chocolate.

Hay las típicas velas decorativas y aromáticas de todos tamaños, formas y colores.

Hay galletas de jengibre en forma de corazón, frutas cubiertas con chocolate, almendras y nueces caramelizadas, algodones de azúcar y bastones de caramelo.

También hay esferas pintadas a mano, hechas de cristal, madera o metal.

La “especialidad de Hungría” era un Kürtőskalács (“pastel con chimenea”), un pastel húngaro hecho con harina, levadura y agua.

Es una cinta de masa enrollada alrededor de un cilindro de madera que se cocina o a fuego abierto o en un horno abierto especial.

La masa queda dorada y crujiente por fuera, pero suave y esponjosa por dentro. Al final se espolvorea con azúcar y se le añade algún otro ingrediente, como chispas de colores, chocolate en polvo, canela o nueces, entre otros.

Se llama pastel de chimenea por su forma y por el vapor que sale por en medio una vez que está listo.

Ya sea por los recuerdos, los cafés, los bellos edificios antiguos o las guirnaldas tan particulares, ir a Goslar siempre es un gusto.

Mercados navideños: Bremen

La Sögerstrasse es la calle que lleva directamente al centro de la ciudad, y aunque encontrarla nunca ha sido difícil (es una de las calles principales), en esta época del año, es todo un gusto verla.

Me encanta cómo los alemanes realmente se esmeran a la hora de decorar sus ciudades. Las luces, los árboles, los adornos y todo el ambiente en general casi hacen que a uno se le olvide el frío.

Cinco y media de la tarde, el cielo totalmente oscuro, el centro lleno de luces y la multitud caminando de puesto en puesto. Por ser Bremen, el mercado está ligeramente más lleno que en otros lugares menos turísticos, pero si uno llega temprano, todavía puede caminar tranquilo y pedir algo de comer sin que lo saquen a empujones.

Este mercado rodea la catedral del centro y está divido por las vías del tranvía, que tiene que pasar con sumo cuidado, pues hay niños, abuelos y gente embriagada del espíritu navideño. De verdad, es como que deciden tomarse todo el ponche en una noche y al final no pueden ni caminar.

En todos los mercados de este tipo hay por lo menos uno o dos juegos mecánicos completamente iluminados con focos y adornados con motivos navideños. Casi siempre son niños acompañados de sus padres o abuelos, los que se suben a los juegos. Si me preguntan, creo que los dueños de dichos juegos son muy valientes al ponerlos en un mercado lleno de gente alcoholizada.

Yo nunca me he subido a uno de estos juegos, pues prefiero dedicarme a lo más importante: la comida. Ese día, Ana Pau y yo probamos una crepa de crema de malvavisco. Demasiado dulce para mi gusto, pero divertida de todas formas.

Les había comentado en el post de Braunschweig que los productos que se venden en el mercado navideño son con motivos navideños, pero en Bremen me encontré con que realmente se vende de todo. He aquí algunos de mis puestos favoritos:

Las estrellas son típicas de la época. Es de lo más común ver casas con estrellas colgando frente a la puerta o en la ventana, o incluso en medio de la sala.

Amo las luces de colores. Los puestos que las venden, tienen de todo tipo: cadenas, esferas, globos de nieve; ya sea para colgar en la ventana o poner en la repisa o para usarse como centros de mesa, todas las luces son una maravilla.

Uno de los mejores puestos que vi este año fue la “aldea de pájaros”. Las casas para pájaros venían en todos tamaños, formas y colores.

Algunos de los puestos son tan elaborados y tan detallados, que yo los dejaría el resto del año. Sólo les quitaría las luces y el Santa Claus del techo.

Como siempre, antes de irnos fuimos por una bebida caliente.

¿Saben? Cuando llegué a Alemania me encontré con que sus supermercados, algunas cafeterías y los mercados navideños  funcionan con un sistema de Pfand (garantía).

Para los que no lo conocen, funciona así: yo compro una bebida que cuesta 2.50€ pero pago 3.50€ por ella (a veces incluso 4.50€) y me la sirven en una taza decorada hecha de vidrio o cerámica. Cuando me acabo la bebida, regreso la taza y me devuelven el euro extra. Tengo amigos que coleccionan estas tazas, así que una vez al año dejan el euro en el puesto y se llevan la taza a su casa.

Ese día pedimos Feuerzangenbowle (pronunciado foiatsangenboule), un ponche de vino tinto, especias, frutas, jugo de naranja y ron. La mejor parte es la preparación:

Se prepara en un recipiente de vidrio o metal que está suspendido sobre un caquelon que hace que se vea como un set de fondue. Se vierte el vino tinto caliente ya mezclado con el jugo, la fruta y las especias, y en la parte de arriba se coloca una plataforma metálica en la cual sostiene al Zuckerhut (“sombrero de azúcar”), que es básicamente un cono grande de azúcar. Se baña con ron, se prende en fuego y el azúcar se carameliza, goteando en la bebida. Divertido, ¿no?

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Christmas Markets: Bremen

Yesterday I spent the whole day sitting inside an airplane, with numb legs, an uncomfortable back and too many cups of coffee, but thank God this year I get to spend Christmas with my family again. The best part is that we’ll spend it in one of the most beautiful cities in Mexico, but I will tell you about that some other day.

For now, it is only fair that I share with you the pictures of the second Christmas market I went to.

The Sögerstrasse is the street that takes you directly to the central square, during this season, walking through it is a joy.

I love the way Germans take their Christmas lights seriously and really put a lot of effort into their decorations. The lights, the trees, the ornaments and the whole atmosphere almost make me forget it’s cold outside.

It was five thirty in the afternoon, the sky was completely black, the square was full of lights and the multitudes were going from one stand to another. Because it’s Bremen, the Christmas market has more visitors than others. However, if you arrive early, you may just have a shot at buying something delicious without having people pushing you out of the way. It’s not that they mean it, but there are just so many that it’s kind of inevitable.

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This market surrounds the cathedral and is divided by the tramlines. The tram has to be extra careful during the Christmas market season, since there are little children, senior citizens and a lot of drunk people. Seriously, it’s like they go to drink all the punch in one night and by the end of their stay they can barely walk.

In every Christmas market there’s at least one or two amusement rides, all completely covered in lights or decorated with Christmas motifs. They’re usually full of children that go with their parents or grandparents, but, if you ask me, I think that it’s really brave of the owners to put such rides in a market full of drunk people.

I’ve never been in one of these amusement rides, mainly because I prefer to focus on the food. This time I bought a marshmallow-cream crêpe, which ended up being way too sweet for my taste.

In the Braunschweig post I told you that they sell a lot of Christmas-related objects in these markets, but in Bremen I realized that they also sell other stuff too.

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The stars are very common during the winter. You can see them in a lot of homes, hanging on the door, or by the window, or even in the middle of the living room.

I love the colored light strings. Those stands also have lights of every kind: strings, spheres, snow globes; to hang by the window or put on a shelf, or simply as a table centerpiece. They’re all wonderful.

One of the best stands I saw this year was the “Bird Village”. It was full of bird houses, in all sizes, shapes and colors:

There are stands that are so beautifully detailed that I would leave them there rest of the year. I’d just take down the lights and the Santa Claus.

But if there’s one rule here, is that you have to get yourself a hot beverage.

Did you know about the “Pfand” system in Germany? Before I came here, I had never heard about it. For those of you who don’t know it, it works like this: I buy a hot drink that costs €2.50, they serve it on a glass mug and ask me to pay €3.50 (sometimes even €4.50). As soon as I finish my drink, I give them back the mug and they give me back my extra euro. I have friends who collect these mugs, so once a year, they leave the extra euro and take the mug home.

That day we ordered Feuerzangenbowle, a wine punch with fruits, spices, orange juice and rum.

You prepare it in a glass or metal bowl suspended over a small burner that kinda makes it like a fondue set. You fill the bowl with hot red wine that already has the fruit and spices, and on top of it you put a metal grate that holds a Zuckerhut (“sugar hat”), which is a big cone made of sugar. You soak it with rum, set it on fire and see how it turns into caramel and drips into the wine. Fun, right?