Chale: Twitter está fuera de control

Quien pasa tiempo en Twitter sabe que Twitter es un lugar problemático.

Todas las redes tienen lados positivos y negativos y Twitter, como las demás, tiene sus ventajas. Sin embargo, es bien sabido que esta red es conocida por ser particularmente tóxica.

En algunos rincones, que a veces son demasiado grandes como para considerarse rincones, ocupados principalmente por ciertas personas a las que les gusta jactarse de que “no le tienen miedo a la cancelación”, el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia y otras actitudes desagradables son el pan de cada día. Encontrarse en el camino de ese tipo de gente puede ser muy cansado y dañino.

Pero hoy no quiero hablar de esa gente.

Hoy quiero hablar del otro lado de la balanza. Hay una tendencia de ciertas personas y grupos de sobre-reaccionar a lo que sea que alguien esté diciendo, independientemente de si amerita una reacción o no. Esto puede ser por algo que se le quiere atribuir a la persona que está tuiteando, como aquella vez que la YouTuber, Lindsay Ellis, tuiteó que Raya y el último dragón era básicamente Avatar: La leyenda de Aang, y Twitter decidió que eso solo podía significar que Ellis era racista.

Su tuit se refería específicamente al tipo de historia donde el personaje protagonista vive en un lugar donde había armonía hasta que una nación atacó a otra y, para restaurar el balance, necesita viajar de nación en nación, haciendo aliados que se unen a su lucha y al final forma una amistad con el personaje que inició como su antagonista. Pero no, el tuit fue interpretado como racista porque ambas historias se inspiraron en Asia y eso solo puede significar racismo. Lo que inició como un malentendido sobre una película de Disney terminó convirtiéndose en hilos de listas de errores y transgresiones cometidos por Ellis durante los 10 años que lleva en las redes sociales y en YouTube. Todo esto, ella lo explica mejor en su video, Mask Off, así que yo no me voy a detener ahí.

Lo interesante de este fenómeno, es que el comentario que desata el escándalo no necesita insinuar nada malo para ser sobre-interpretado. Basta un poco de imaginación para que sea tomado por gente que solo está esperando el momento para poder insultar a la persona en cuestión. Generalmente, las agresiones que surgen a partir de esto, son justificadas con algún pretexto ligado a la moralidad de la autora del tuit, aunque no haya hecho nada cuestionable. Como ese día que la autora, Roxane Gay, tuiteó que le gustaba el aeropuerto de Tokio porque estaba limpio y alguien se tomó la molestia de escribirle con sarcasmo: “Me pregunto quién lo mantiene limpio” y “Me pregunto cuánto les pagan. Me pregunto cómo viven. Buen viaje”.

Como si ella, autora y profesora universitaria estadounidense, tuviera influencia alguna en los derechos laborales de la clase trabajadora en Japón.

Esto tiende a sucederle tan seguido que un tiempo después, Gay terminó tuiteando lo siguiente:

He perdido toda la paciencia con el modo de discurso cibernético donde si alguien dice “amo los chícharos” alguien más le dice “o sea odias las zanahorias y crees que deberían ser erradicadas”.

En Twitter algunas personas lo llaman “villano del día”. Alguien tuitea algo por más insignificante que sea y otras personas reaccionan como si hubiese sido el insulto del siglo. Por supuesto hay excepciones, por supuesto algunas cosas ameritan respuestas intensas. Cuando alguien es ofensivo o violento, lo mínimo es que la respuesta sea rápida y que el tuit sea reportado. Sin embargo, con otros comentarios, bastaría un breve intercambio de ideas, un simple “yo no estoy de acuerdo”. Comunicación medida y moderada, comunicación que invite a la reflexión y abra los ojos a otras perspectivas.

Pero Twitter no es una plataforma que facilite la comunicación medida y moderada que invite a la reflexión. En Twitter, lo de hoy es ser hostiles de la nada, respaldándonos en la acusación de que la persona ha obrado de manera supuestamente inmoral, sin reconocer el hecho de que, en realidad, la persona no nos agrada y de pasada ganar unos cuantos “likes” por haber demostrado nuestra superioridad moral. Y las oportunidades para este extraño comportamiento que solo existe en la red (porque imagínense saltar a insultar a todas las personas que se nos atraviesan en la calle por cualquier cosa) se dan todos los días.

El 30 de agosto de 2021, un tuit particularmente corto bastó para desatar un escándalo en Twitter mexicano. El drama seguía sonando dos días después y las listas de “errores” o de “acciones incongruentes” estaba a todo lo que daba. Y todo empezó con una sola palabra: Chale.

El 29 de agosto, Omar García, diputado federal y sobreviviente de la masacre de Iguala, tuiteó para celebrar su toma de protesta en la LXV Legislatura, donde él participará por primera vez. La respetada lingüista, autora y activista mixe, Yásnaya Aguilar respondió con un “Chale”.

Terrible, lo sé. Chale.

Su comentario fue para expresar su tristeza porque Omar García había luchado antes fuera de la organización partidista y, en las palabras de Yásnaya, había sido una de las personas que más les había inspirado en la lucha. Yásnaya cerró su aclaración con un “cambió de opinión y se irá a inspirar otro lado y está bien.”

Pero Twitter ese día decidiría que no, no estaba bien.

Dos días más tarde y seguían lloviendo comentarios que iban desde un reproche por una supuesta falta de respeto a la decisión del diputado, hasta comentarios racistas y ofensivos. Por supuesto no faltaron los tuitstoriadores y tuitarqueólogos que se dieron a la tarea de excavar entre los más de 139 mil tuits que ha publicado Yásnaya, tratando de encontrar algún comentario que “demostrara” su imaginada hipocresía.

Como éste, criticándola por criticar al Estado cuando se atrevió a estudiar en escuelas públicas y becada.

Como todos los que la acusaban de hipócrita por haber contribuido con textos para el periódico, El País (donde contribuye regularmente), la revista, Letras Libres (donde publicó una pieza en 2013) y otros medios de comunicación privados, así como el haber colaborado con el actor, Gael García Bernal, para hacer un documental sobre ambientalismo.

Ese tipo de crítica surge todo el tiempo y yo me pregunto, ¿desde dónde podría entonces hablar alguien que critica los sistemas en los que está obligada a participar? Es la misma crítica necia de “se queja del capitalismo, pero tiene celular”, pero ve películas, pero compra en el súper, pero existe. La realidad es que el objetivo de este tipo de comentarios no es apuntar a la supuesta incongruencia, sino silenciar a la persona. En este tipo de comentario, lo mejor es no perder el tiempo, ya que, además de ser tontos, son expresados de mala fe y no porque hay una preocupación moral auténtica.

Lo que más me llamó la atención del supuesto escándalo, ahora llamado “Chalegate” por quienes apoyan a Yásnaya (siguiendo la tradición de llamar a todos los escándalos -gate a partir de Watergate), fue que surgió de un comentario de lo más inocuo. Chale. La respuesta de algunos individuos que se consideran progresistas o liberales (grupos diferentes), aunque inesperada, no me sorprendió. Después de todo, así es Twitter.

Algo que tiene la izquierda en línea (o la Verdadera Izquierda™ edición online), es que siempre está muy preocupada por eso de la ilusión de la moral. Una determinada cosa, acción o aseveración no necesita ser moral, necesita parecer moral. Necesita dar la imagen o la ilusión de solidaridad o de apoyo, para ser aceptable. Y lo contrario también es verdad. Un comentario inocuo, una expresión reservada de desaprobación, de frustración o de tristeza, son suficiente prueba de que la persona no es quien dice ser. El cúmulo de su trabajo no tiene tanto peso como lo que acaba de publicar. Ese “chale” de Yásnaya es suficiente prueba de su hipocresía y su incongruencia, porque está dispuesta a criticar a sus iguales cuando embarcan en un camino diferente al suyo, pero bien que trabaja para el enemigo, para la ultraderecha.

¿Para cuál ultraderecha? No sabemos, porque en realidad nunca ha trabajado para nadie de ultraderecha y lleva toda su vida luchando por una causa justa, pero ese no es el punto. El punto es que para la Verdadera Izquierda™ edición online, es suficiente que Yásnaya no se presente o se comporte exactamente como otras personas esperan que lo haga. Algo similar sucedió el mes pasado con el streamer de Twitch y comentarista político socialista, Hasan Piker.

Lo más absurdo de este tipo de “escándalos” es que, del otro lado, la verdadera ultraderecha anda todos los días en Twitter publicando comentarios violentos y discriminatorios, y tratando de legislar sobre los cuerpos de la gente, y las izquierdas online están más ocupadas vigilándose, controlándose y discutiendo entre ellas. El PAN está aliándose con Vox, pero el verdadero problema es que Yásnaya dijo chale y a veces escribe para El País.


Cada que esto sucede, yo me pregunto por qué. ¿Qué es lo que lleva a la gente a reaccionar de esa forma y a hacer escándalos de conflictos absurdos?

Yo estoy de acuerdo con Lindsay Ellis en su aseveración durante una entrevista con The Financial Diet de que la gente ya no sabe disentir sin sentir la necesidad de justificarse en algún asunto de justicia social o moralidad. Ellis, hablando de su reciente mala experiencia en la red, comentó que la gente ha “perdido la habilidad de decir ‘esto no es para mí’” y yo creo que tiene razón. Entre los miles de tuits que le llovieron, había una cantidad alarmente de gente diciendo que ya solo esperaba a que otra persona de YouTube tuiteara algo inoportuno para que “fuera su turno”. Creo que en temas de justicia social, las redes han sido una espada de dos filos, por un lado es más sencillo hacerse escuchar y hablar contra los sistemas de opresión. Por otro lado, se ha creado un ambiente hostil donde todas las personas necesitan estar cuidando mantener esa imagen perfecta de moralidad, y yo creo que es precisamente por la presión de mantener la imagen que la gente tiende a atacar a otros usuarios: necesitan demostrar, no solo que son personas morales, sino que son moralmente superiores.

Algo interesante que leí el otro día en un estudio publicado en el American Political Science Review, The Psychology of Online Political Hostility: A Comprehensive, Cross-National Test of the Mismatch Hypothesis, escrito por Alexander Bor y Michael Bang Petersen. Según Bor y Petersen, el discurso político en las redes es percibido como más hostil, no porque haya más personas hostiles, sino porque los ataques en línea son más visibles. La gente que realmente está dispuesta a entablar una conversación y a intercambiar ideas no se alborota en la redes lo suficiente como para buscar el historial de errores de las personas, ni se pone a insultar a diestra y a siniestra. Bor y Petersen concluyen que la gente que busca alcanzar un cierto estatus a través de la hostilidad es más visible en las redes. Y esto es porque Twitter está funcionando de manera correcta, ya que lo que pega en Twitter son los likes y los clics, y la gente aprovecha estas situaciones para generar reacciones y recibir likes. Cada reacción y cada like hace al tuit más visible, lo muestra a más personas y le da más alcance, en otras palabras, genera “engagement”, interacciones con la página o la marca y que hacen que a la persona usuaria regrese una y otra vez. Es decir, este tipo de ataques en masa y de interacciones hostiles representan un beneficio para las empresas.

Todo esto provoca que, las empresas no tengan incentivos para fomentar un ambiente armonioso y seguro para quienes usan sus plataformas (hablando de todo: acoso, desinformación, pornografía infantil, etc.) y que la responsabilidad de desarrollar estrategias de manejo y respuesta en las redes muchas veces recaen en quienes las usan.

Y quienes las usan muchas veces están más preocupadas por un chale o por el historial de errores de aquellas personas que podrían ser sus aliadas que por lo que realmente está pasando fuera de la pantalla.

Chale.

Julio Cortázar sobre el lenguaje

“Traté de que el libro reflejara esa visión que yo mismo me hacía y me hago de las posibilidades que existen en el ser humano y que, en las condiciones en que el ser humano vive en nuestro tiempo, dentro de los sistemas que lo parcelan, lo condicionan y lo dividen, no puede desarrollar, no puede cumplir, sino en una muy pequeña medida. Ataqué también el lenguaje. Los lectores del libro lo saben muy bien, porque —y pienso que ustedes deben haberlo advertido muchas veces— en el plano del lenguaje sucede algo muy grave en el campo ideológico. No solo en la lucha prerrevolucionaria que se lleva a cabo en tantos terrenos, sino incluso en los casos donde las revoluciones han sido ya conseguidas, el lenguaje se queda atrás, el lenguaje no está a la altura de una revolución, el lenguaje es adocenado. Seguimos escuchando discursos con la misma retórica y las mismas fórmulas que son precisamente las del sistema que queremos destruir; seguimos escuchando frases donde un cierto adjetivo se pega fatalmente a un cierto sustantivo, sin que la persona que lo emplea haya reflexionado jamás que, al idioma, hay que renovarlo de la misma manera que hay que renovar la política y hay que cambiar la economía, porque el idioma es nuestro vehículo interno de pensamiento, y si pensamos con las palabras, sabemos muy bien también que las palabras contribuyen al pensamiento. Un idioma esclerosado, un idioma lleno de prejuicios, tabúes y viejas fórmulas, está trabando nuestra posibilidad de avance hacia ese esquema del hombre futuro por el cual luchamos.

Julio Cortázar, “El lenguaje no está a la altura de una revolución, el lenguaje es adocenado”. CUADERNOS DE LITERATURA VOL. XX No. 39 • ENERO-JUNIO 2016 • PÁGS. 428-446

Accesible en línea en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cualit/article/view/15130

De cómo hablamos cuando hablamos de Afganistán: tu discurso también es imperio

Estos últimos días he estado pensando, no solo en lo que está pasando en Afganistán, sino en cómo hablamos cuando hablamos de lo que está pasando en Afganistán.

Pienso en cómo, a quienes hemos crecido en el occidente, llenos de propaganda imperialista, nos es muy fácil caer en discursos que reflejan y reproducen el imperio que ha llevado a Afganistán a la situación en la que está. Han sido 20 años de guerra, de destrucción y de saqueos por parte de los poderes occidentales más todos los años anteriores a la invasión en el 2001. Han sido décadas de saqueo y destrucción, de violencia y de muerte. Para quienes vivimos lejos, han sido décadas de propaganda.

Estados Unidos invadió Afganistán, un estado, con el pretexto de querer derrotar a Al-Qaeda, un actor no-estatal. Que Afganistán fuera un país lleno de recursos naturales, con un terreno montañoso rico en minerales, no era la razón por la cual estaban invadiendo ese país cuya posición, por cierto, es estratégica en el continente asiático. El punto era derrotar al terrorismo. Seis años después de haber entrado, George W. Bush dijo un 15 de febrero:

Our goal in Afghanistan is to help the people of that country to defeat the terrorists and establish a stable, moderate, and democratic state that respects the rights of its citizens, governs its territory effectively, and is a reliable ally in this war against extremists and terrorists.

“Nuestra meta en Afganistán es ayudar a las personas de aquel país a derrotar a los terroristas y establecer un estado estable, moderado y democrático que respete los derechos de su ciudadanía, que gobierne su territorio de manera efectiva y que sea un aliado confiable en esta guerra contra extremistas y terroristas.”

traducción mía

Según Bush, la meta no era solo derrotar al terrorismo, sino ayudar a la gente afgana a establecer un estado estable, moderado y democrático. La meta era hacer un aliado confiable del país que tenían ocupado desde el 2001. Un aliado confiable en la lucha contra el terrorismo, por supuesto. Nadie dijo nada del acceso a los recursos afganos, nadie dijo nada del enriquecimiento de los contratistas militares (Pacific Standard). Esa no era la meta, la meta era crear un estado democrático y un aliado confiable.

Para el 2010, cuando estaba más que claro que seguir en esa guerra era inútil, descubrieron que en Afganistán había depósitos minerales que valían más o menos 1 trillón de dólares (Climate Diplomacy, The New York Times), que en español es un billón de dólares. (Recordando que en español “one billion” son mil millones y “one trillion” es un billón). Barack Obama, quien había prometido retirar las tropas en el 2014, decidió que se quedarían. No por los recursos, no. Se quedarían por el progreso que estaba teniendo el proyecto de reconstrucción del estado, porque las tropas afganas todavía no eran lo suficientemente fuertes para luchar solas. (Washington Post)

Todos han sido pretextos, por supuesto. Las guerras se luchan para hacer imperio. Si Estados Unidos estuvo 20 años en Afganistán, fue para hacer imperio. Tan es así que para Joe Biden fue muy fácil contradecir a sus predecesores el lunes en su discurso ante las cámaras:

Our mission in Afghanistan was never supposed to have been nation building.  It was never supposed to be creating a unified, centralized democracy.

“No se debe suponer que nuestra misión en Afganistán debió haber sido para la construcción de la nación. No fue para crear una democracia unificada y centralizada.”

traducción mía

El caos, la violencia y la desesperación causadas por la pésima planeación y ejecución de la salida de Estados Unidos han capturado la atención del mundo entero. En las redes, casi todas las personas hemos visto textos, imágenes y videos tanto de lo que está pasando como opiniones sobre lo que está pasando. En especial, he visto el enfoque que muchas personas le dan a lo mucho que van a sufrir las mujeres bajo el régimen talibán. Y es que sí es un régimen profundamente violento que subyuga a la mujer y la reduce a un papel de sumisión, la priva de su libertad y la tiene por objeto. Sí.

Y, sin embargo, muchos de ellos, si no es que la mayoría, tienen algo en común que los hace… problemáticos, por decir lo menos. A los ojos que no están poniendo atención, a los ojos que están acostumbrados a ver a través de la lente de propaganda imperialista, pueden parecer posts inocentes, preocupados, incluso solidarios. Pero basta con fijarse un poco más, con observarlos más detenidamente y una se dará cuenta de que ese algo que tienen en común, es el imperio mismo.

Es muy fácil para las mujeres en el occidente, especialmente las que se identifican como feministas, hablar de lo mucho que sufren “las pobrecitas mujeres afganas” y comentar sobre la poca libertad que tendrán ahora con los talibanes, como si hubieran sido libres bajo la ocupación bélica estadounidense. Es muy fácil querer exportar las ideas occidentales de lo que son cosas como “feminismo”, “liberación”, es muy fácil hablar de lo “terrible” que es su cultura y su religión para ellas. Es muy fácil hacer imperio.

El imperio no solo es la ocupación y la propaganda.

Ese feminismo que quiere pasar por encima de la cultura, la fe y la forma de vida de las mujeres afganas en favor de su supuesta liberación, también es imperio.

El hablar de todos los hombres afganos como violentos y poco civilizados, eso también es imperio.

El aseverar que “el islam es particularmente machista”, eso también es imperio.

El insinuar o decir abiertamente que Estados Unidos y los otros países que han pasado décadas saqueando el continente, violentando a sus habitantes y subyugándolos en actos coloniales deberían haberse quedado o deberían regresar, eso también es imperio.

Esos posts listando todo lo que ya no van a poder hacer las mujeres o aquellos presentando distintos “grados” de velos islámicos como si fueran grados de opresión, victimizando a las mujeres y presentándolas como indefensas, esos también son imperio.

Las mujeres afganas no son un objeto para el servicio del talibán. Tampoco son un objeto para darle lástima a las mujeres occidentales o para que se den palmaditas en la espalda, pensando en “lo bien que nos va” y “lo mucho que hay que enseñarles”. Eso también es imperio.

Tweet condescendiente

El imperialismo necesita producir propaganda constantemente para justificar su presencia y quienes vivimos dentro o en la periferia del imperio llevamos décadas consumiéndola. Todos esos programas de televisión, todas esas películas de Hollywood donde solo hay personas de Asia Occidental y Asia del Sur haciendo el papel de terroristas, de hombres violentos, de mujeres sumisas, todo es parte de la máquina de propaganda que nos ha creado una imagen de la región que no necesariamente refleja la realidad. Ha pintado a los Estados Unidos como los liberadores que traerían democracia y paz a la región, cuando la Agencia Central de Inteligencia (CIA, Central Intelligence Agency) estaba financiando operaciones en las que escuadrones asesinaban deliberadamente a hombres, a mujeres, a niños y niñas (Reuters, The Intercept, Human Rights Watch), cuando los mismos soldados eran quienes violentaban a las mujeres. Los grupos conocidos en la región como “Death Squads” o escuadrones de muerte fueron la causa de terror en Afganistán, especialmente entre el 2018 y el 2019, durante la administración de Donald Trump. Pero esa noticia reportada por Human Rights Watch no fue tan sonada. Después de todo, los perpetradores eran “los buenos”.

El punto de este post no es decir que entonces no hablemos del tema. Yo creo firmemente que, cuando hay injusticia, debemos alzar la voz. Lo que estoy diciendo es que necesitamos ser conscientes del tipo de discurso que estamos reproduciendo, necesitamos ser conscientes de cómo hablamos del tema, porque es muy fácil hablar con el mismo discurso del imperio. A quienes no vivimos ahí, ni conocemos la situación, nos toca principalmente escuchar las voces afganas y ampliarlas. La lucha de las personas en Afganistán es antiimperialista, anticolonialista.

Si vamos a ampliar voces, que sean las voces afganas y no las nuestras. Antes de hablar de la lucha por la liberación de la mujer afgana, necesitamos primero escuchar la lucha de las mujeres afganas y dejar de querer imponer nuestras ideas. Al compartir posts, que sean posts hechos por quienes están directamente involucradas en el tema. Al hablar del tema, nuestro discurso tiene que ser antiimperialista.


Aquí dejo algunas cuentas y artículos de personas y grupos afganos/asiáticos para seguir y para leer. Conforme vaya encontrando más la iré actualizando:

Afghanistan Matters Carrd: https://afghanistanmatters.carrd.co/

En Instagram:

Afghans Empowered: https://www.instagram.com/afghansempowered/

Burqas and Beer: https://www.instagram.com/p/CSprXAzBMAg/

Everyday Afghanistan: https://www.instagram.com/everydayafg/

Omar Haidari: https://www.instagram.com/omar.haidari/

Stop the Hazara Genocide: https://www.instagram.com/stopthehazaragenocide/

The Afghans: https://www.instagram.com/theafghan/

En Twitter:

Afghans For a Better Tomorrow: https://twitter.com/AfghansTomorrow

Bushra Ebadi: https://twitter.com/Bushra_Ebadi/status/1426668485153890304

Munazza Ebtikar: https://twitter.com/mebtikar

Artículos en otras plataformas:

Femonationalism: White saviour feminism in Afghanistan, Media Diversified: https://mediadiversified.org/2019/03/21/femonationalism-white-saviour-feminism-in-afghanistan/?fbclid=IwAR0T0v9m-ZT37Zdu4YHl7BFOvZbEMOw8m9QiYMV7tJKLvwm-PzXghlFda3o

Libros:

Feminismos Islámicos, compilación Ramón Grosfoguel: https://albaciudad.org/wp-content/uploads/2016/10/feminismos_islamicos.pdf

On the death of Prince Philip and how we don’t like to talk about the dead

It’s been two days since Prince Philip died and I’ve been observing how the media portrays him and his legacy, and I have thoughts concerning how we have this idea that we have to be respectful of the dead (especially if they were symbols) and so we can’t really talk about all the dark shit they did because we’re being “disrespectful”.

It’s like, because we have to be respectful, we put people in even higher pedestals after they die and create this idealized image of them, all the while glossing over and minimizing all the damaging things that they did and said. Since this is just a short entry, I just want to touch on two of them.

His “gaffes”

Something I’ve heard mainstream media do is say that Philip was appreciated in his country for his humorous –if sometimes insensitive– comments. And while I don’t doubt that, there should have been more emphasis on the fact that they were very racist and sexist.

You know, like saying during a visit to China that “If you stay here much longer you’ll all be slitty-eyed.” Or that “If it has four legs and is not a chair, has wings and is not an aeroplane, or swims and is not a submarine, the Cantonese will eat it.”

Like asking a student who returned from Papua New Guinea if he “managed not to get eaten, then?” Or asking Australian Aborigines if they “still throw spears at each other?” — That one is from 2002, by the way.

Saying that they were “insensitive” and “politically incorrect” simply isn’t enough because they aren’t just offensive. They are damaging. I mean, we all know how the “quip” about Cantonese (and Chinese) people eating whatever has been brought up again and again during the ongoing pandemic, and used as a justification to be racist and violent towards Asian people.

Sure, we can stand there and say he was a “man of his time” but, to be honest, I’ve never been on board with that argument because there are enough texts and testimonies from people from “that time” mentioning how dehumanizing those attitudes were. The China comments? They were a scandal back then.

Simply put, many of his famous “gaffes” were damaging. And while some articles have discussed them in more detail, (like this CNN article or this abc article or this Guardian article), the coverage has been rather soft, in my opinion. There’s always someone saying that he was “a Victorian man in the 21st century” (which is really just a very overt racist) or that his gaffes were “disarmingly funny”.

His almost-feminism (yes, apparently it’s a thing)

Then there’s the white feminist approach. The Guardian published this opinion piece on how Philip “defined a different kind of masculine ideal” by “allowing” the Queen to have the spotlight.

You know, the Queen of England.

Every time I read that, I get so uncomfortable with that assertion because he literally had no other choice. She’s the Queen. In that royalist mindset that so many people love, no person can be above her. How many times have we seen that, if a member of the royal family doesn’t fall in line, they get kicked out?

But these commentaries and opinion pieces are making it seem like he was some kind of “almost feminist” because he didn’t take the spotlight from the head of state. Why? Why are some people desperate to label everyone who is not violent towards his wife a feminist?

Screenshot from The Guardian

Philip was not any kind of masculine ideal in his relationship with his wife because, more than just a person, his wife is an institution and he married into that institution. He had to stick to the rules. In fact, he was so far away from said masculine ideal that there are enough comments and situations where it is clear how he viewed women.

Like, when he was comparing participation in blood sports to selling slaughtered meat, he said that he didn’t think “[killing animals] for money makes it any more moral. I don’t think a prostitute is more moral than a wife, but they are doing the same thing.”

Or saying that, “[when] a man opens the car door for his wife, it’s either a new car or a new wife.”

So, while the columnist who wrote that Guardian piece thinks that “It’s a stretch to call him a feminist icon”, I think that we should not even put him close to the discussion of feminism, except as an example of how to spot a sexist.

I do agree that it is sad for Elizabeth that her companion of 70+ years died and it is sad for the royal family that they lost a father and a grandfather, and I suppose it is sad for all the monarchists and royalists running around England who lost… a prince, I guess. But let’s stop falling into that trap of making people seem better than they were once they die because that is not good for anyone.

Let’s stop that thing that we do, where we “don’t want to speak ill of the dead” and so end up pretending like they were always good and nice, when they really weren’t. I know it’s somewhat against the idea of royalty, because their mere existence implies that some people believe themselves (or others) to be inherently better and more deserving than other people. But let’s just stop. Let’s be frank and open when we talk about the dead, instead.

De mommy bloggers a marketers

Pinterest es una de esas redes que visitaba todo el tiempo hace algunos años. Actualmente solo me meto cuando necesito alguna receta o códigos de algún diseño de Animal Crossing, pero antes entraba diario para todo: entretenimiento, moda, recetas; incluso entraba para hacer pines de mis posts de blog. En algún momento decidí que Pinterest no era para mí. Al menos no para el tipo de contenido que subo a mi página. Así que volví casi todos mis tableros privados, desvinculé Pinterest de mis otras cuentas y borré los pines de mi blog.

En YouTube, influencers jóvenes hacen la pregunta “¿todavía hay quien escribe en blogs?”, pero cuando entro a Pinterest, veo que sigue siendo una plataforma para bloggers. Está lleno de pines y recomendaciones. Y entonces bajo la mirada para ver el URL en el pin y muy seguido incluye la palabra “mom” o alguna variante.

Mommy on Purpose, Twins Mommy, Mama Instincts, Moms Make Cents, Redefining Mom, las posibilidades son infinitas.

Los “mommyblogs” han sido parte del paisaje cultural cibernético desde principios del 2000, aunque el término no surgió sino hasta una década después. Actualmente, se calcula que hay más de 150 millones de blogs y basta darse una vuelta rápida por YouTube para descubrir que el fenómeno es también extremadamente popular ahí.

Whats Up Moms, I Mom So Hard, Sunkissed Mama, Life as a Mommy, etc.

¿Mommyblog?

El término mommyblog es solo para mujeres que producen contenido sobre la familia, las actividades del hogar y otras actividades relacionadas con “homemaking”, lo cual ya dice bastante de los blogs más populares: en general pertenecen a mujeres estadounidenses blancas de clase media. Pero no todos los blogs con publicaciones sobre la familia son mommyblogs. Los blogs de estilo de vida pueden incluir elementos de los mommyblogs, especialmente cuando la persona escribiendo es madre, pero si la maternidad no es el enfoque del blog en general, no se considera un mommyblog.

La política detrás de los mommyblogs también es interesante. Especialmente en espacios conservadores, la maternidad es algo reservado para la esfera privada, es la tarea y el objetivo principal de la mujer. Es ahí donde se encuentran tantos sub-grupos de mommyblogs: los mormones, los bautistas sureños, etc. Son blogs administrados por mujeres pertenecientes a grupos conservadores que, al lograr monetizarlos, tienen la oportunidad de armar su propio negocio sin salirse del rol que deben de cumplir. En muchos de estos casos, los mommyblogs son la respuesta ideal a las ganas y/o la necesidad de tener un trabajo sin salirse de los estrictos roles de género. Para algunas mujeres, el simple acto de traer la maternidad de la esfera privada a la pública es un acto de empoderamiento, en las palabras que la blogger Alice Bradley pronunció en un a conferencia para bloggers en el 2005, “Mommy blogging es un acto radical” (Lopez 2009: 730). En un mundo donde la maternidad es considerada la meta ideal y la obligación de las mujeres, escribir en un blog público sobre las dificultades de ser mamá, lo tedioso de las actividades diarias y compartir experiencias de salud mental, especialmente relacionada con el parto, es efectivamente un acto político. Además, no ha sido sino hasta los últimos años que como sociedad hemos comenzado a hablar más abiertamente de la importancia de la salud mental.

El término mommy blogger no solo tiene connotaciones positivas. Hay gente que lo utiliza para hacer un comentario indirecto sobre la calidad o la importancia del contenido del blog, para menospreciar o despreciar a la persona escribiendo. Esos comentarios siempre tienen su tinte de sexismo. Sin embargo, “mommy blogger” también es considerado problemático por muchas mujeres, ya que refuerza el rol hegemónico de las mujeres que las obliga a tratar de ejercer un papel idealizado (Chen 2013). Las empuja a constantemente tratar de parecer “mamis perfectas” en el mundo del internet. Hablar de la domesticidad de la casa, de cuidar a los hijos y hacer manualidades y eventos para toda la familia, y formar una comunidad alrededor de eso puede ser de mucho beneficio para el grupo de mujeres en cuestión (en su mayoría blancas, heterosexuales y de clase media), pero puede ser limitante.

En el 2016, Josi Denise, creadora del blog, American Mama, escribió un post anunciando que iba a cerrar su blog porque estaba harta del mundo de las mommybloggers y dijo que “como el 90%” de lo que escribía como mommyblogger era falso y presentaba una imagen de una vida falsa:

“Because, like 90% of the fake nonsense I used to share on the internet as a mommy blogger writing about my fake life and oh-so-happy marriage, they are pure b——t.”

Ese post ya no está en su página, pero aquí hay una noticia comentando otros de los puntos que Denise compartió. Como que sentía que necesitaba fingir que todo era perfecto y feliz, como que pasaba más tiempo hablando de su familia que disfrutándola. Al momento de escribir este post, su Instagram no tiene publicaciones, su Twitter tiene 13 tuits y el más reciente es una respuesta a alguien diciéndole que odia Facebook. Basta decir que está cansada de las redes.


Hace unos días, volví a entrar a Pinterest. Estaba buscando una receta que guardé hace años y que he perdido y vuelto a guardar tantas veces que ya debería sabérmela de memoria. Pero no me la sé, así que entré a Pinterest y ahí, en la página principal, entre todos los pines de Animal Crossing, estaban aquellos que siempre veo, pero que casi siempre ignoro:

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  • Cómo hice $210000 USD blogueando en mi primer año
  • 7 tips para bloguear más seguido
  • Cómo crear un blog en menos de 10 minutos

Son posts que todas las personas que tenemos un blog ya conocemos. Yo empecé a bloguear esporádicamente hace unos diez años. En mis diez años de tener este hobby, he leído posts y comprado libros sobre cómo hacer un blog exitoso, he descargado “printables” para planear publicaciones, he pasado por al menos cuatro plataformas diferentes y he seguido y dejado de seguir consejos populares sobre qué bloguear. A estas alturas del partido, cuando veo posts así, los ignoro totalmente. Pero ese día, buscando esa receta, antes de cambiar de página, mis ojos miraron el URL de algunos de esos pines. Ya no los recuerdo, pero noté que mayoría de los pines que cargaron ese día incluían la palabra “mommy” o “mom” en la dirección.

Según páginas de analítica como Hootsuite, SproutSocial y Pinterest Business, el 60% de los usuarios de Pinterest son mujeres y, en Estados Unidos, el 80% de las mujeres millennials tienen cuenta. Además, el 80% de las mamás estadounidenses está en Pinterest.

US Pinterest Media Agency Advertising Guide

Le di clic a los pines recomendados. Como en cualquier mommy blog, todos tenían esos tonos claros y colores suaves de los mommy blogs, todos tenían una foto de la mujer en cuestión (casi siempre blanca) acompañada de una breve descripción, muchos incluían la palabra mom o alguna variante, si no en el URL, al menos en la barra lateral, pero la descripción decía en casi todos algo así como:

Comencé a bloguear en [inserte el año que quiera] y rápidamente se convirtió en un lugar para ser creativa y en una fuente de ingresos. ¡Ahora quiero enseñarles a otras mamás cómo hacer lo mismo!

Estos blogs se ven como mommy blogs, pero ya no tienen el contenido de maternidad, familia y homemaking. En su lugar, hay cientos de publicaciones y artículos sobre cómo hacer dinero blogueando, ideas para publicaciones, las mejores herramientas para bloguear, cómo hacer marketing por email y todos, todos, tienen “links afiliados”. Es decir, si una decide comprar las herramientas que el artículo está recomendando, lo puede hacer a través del link del artículo y la blogger gana un porcentaje. Pero esto no es un asunto oculto, todos tienen artículos sobre cómo ganar dinero con marketing de afiliación. Al final, en estos blogs, mamás hacen dinero enseñándole a otras personas (otras mamás) cómo hacer dinero blogueando sobre cómo hacer dinero.

Algunos blogs incluyen links al blog original, al mommyblog que lo inició todo. En otros, los “mommy posts” y los blogs sobre cómo bloguear están separados por categorías, pero los primeros que aparecen en la página principal son los de cómo bloguear. Otros blogs solo son eso: blogs sobre cómo bloguear, todos con la imagen de mommyblogs.

Esto no es algo nuevo. ¿El libro que compré por allá por el 2014 para aprender a bloguear de manera exitosa? Se lo compré a una mommy blogger (y tal vez si le hubiera hecho caso mi blog sería exitoso). Lo que me llamó la atención aquel día fue la cantidad de mommy bloggers (o ex-mommy bloggers) que ahora producen contenido así. Ya no es maternidad, ya son clases de marketing, ya son ventas y cursos para aprender a bloguear con regularidad.

Quiero aclarar que esta no es una crítica. Producir tanto contenido es muy cansado y yo de verdad espero que su trabajo esté siendo realmente remunerado, se lo merecen. Decidí escribir este post porque un día me di cuenta de lo drástico del cambio y porque me surgió la pregunta: ¿por qué el cambio?

¿Será que es una reacción a las inquietudes sobre la rigidez del papel de mommy blogger? O tal vez es solo una expansión natural de la blogosfera. El tiempo pasa, las familias crecen, las mamás pasan menos tiempo con sus hijxs, quienes desarrollan otros intereses y no siempre están en casa (cuando no hay pandemia). Otra cosa que creo que deberíamos tomar en cuenta, es que lxs millennials están teniendo menos hijxs que las generaciones anteriores, principalmente porque su situación económica es peor que la de las generaciones anteriores cuando eran jóvenes -sus ingresos son más bajos, tienen más deudas y menos capital- (Kurz, Li y Vine 2018). Tiene sentido que el contenido de los mommyblogs también se esté adaptando.

Nada de esto quiere decir que ya no hay mommy bloggers. La industria de las mommy bloggers es más grande que nunca. YouTube está lleno de mommy vloggers y de canales familiares, Instagram está lleno de influencers que regularmente suben fotos de su vida familiar (y el tema de la privacidad de las nuevas generaciones es todo un asunto). Pero por lo pronto, ha sido interesante ver el cambio gradual en el mundo de los blogs y las mommy bloggers ya deberían llamarse mommy marketers. O mejor aún, solo marketers.

Literatura

Chen, Gina M. (2013). Don’t Call Me That: A Techno-Feminist Critique of the Term Mommy Blogger. 16(4), 510-532. https://aquila.usm.edu/fac_pubs/7759

Kurz, Christopher, Geng Li, and Daniel J. Vine (2018). “Are Millennials Different?,” Finance and Economics Discussion Series 2018-080. Washington: Board of Governors of the Federal Reserve System, https://doi.org/10.17016/FEDS.2018.080.

Lopez, Lori K. (2009). The Radical Act of “Mommy Blogging”: Redefining Motherhood Throughout the Blogosphere. New Media & Society, 11(5), 729-747. https://doi.org/10.1177/1461444809105349

Rodriguez, Molly (2020). US Pinterest Media Agency Advertising Guide. Available at: https://view.highspot.com/viewer/5f0e1aa4c714337c761eab84

Calendario de Impacto

Para leer…

Nube de Monte

La página, Nube de Monte, la descubrí hace poco, pero, como lo indica la descripción, está dedicada a contar historias de biodiversidad y del cambio climático en las cuencas Grijalva-Usumacinta. Entre artículos científicos escritos en lenguaje sencillo, conocimientos tradicionales e historias de gente que vive en el lugar, Nube de Monte es una pequeña joya que estoy disfrutando tremendamente. En particular me gustó este texto sobre la traductora y activista de la lengua ch’ol, Miriam Hernández.

No Soy Feminsta, de Valeria Angola

En este texto que salió en el número más reciente de la revista de la UAM, Casa del Tiempo, Valeria Angola nos lleva con ella en la historia de su relación con los movimientos feministas para llegar a la conclusión que sirve de título: no es feminista. Porque la lucha feminista históricamente ha ignorado a las mujeres pertenecientes a grupos racializados, porque no ha logrado incluir sus experiencias al desarrollarse, porque algunas ramas más radicales han propuesto que todos los hombres, sin distinción, son el enemigo. Este breve texto presenta una perspectiva que no siempre vemos en los movimientos feministas más “mainstream” y nos recuerda que, así como hay muchos feminismos, puede haber no-feminismos desde los cuales también se busca abolir los sistemas de opresión.

What the Hex a ‘Latinx’?, de David Bowles

David Bowles es un autor y traductor mexicano-estadounidense del sur de Texas con un amor tremendo por el lenguaje, el origen de las palabras y el náhuatl clásico. David Bowles también es fan de la “x” para hacer los plurales neutros. Como todxs pueden ver en mi biografía en la barra lateral, esa es mi variante preferida al usar el temido lenguaje inclusivo. Sin embargo, algo que tienen algunxs hispanohablantes es que, como no les parece mucho la x, tratan de “corregir” a quienes la usan, especialmente cuando usan “Latinx”.

En este artículo de Medium, David Bowles nos cuenta un poco de los orígenes de los términos “hispanic”, “latino” y de cómo es que llegamos a latinx. Dato curioso feliz: contrario a lo que algunas personas insisten, no es una “imposición imperialista de los gringos”, sino un término elegido por latinxs. No tenemos que estar de acuerdo con el término (la misma etiqueta de “latinoamericano” tiene connotaciones coloniales), podemos usar otros. Latinx no nos tiene que gustar a todxs, siempre hay (o podemos inventar) otras opciones. Lo que no está padre es tratar de obligar a la gente a no usarlo.

The Dolly Moment, de Dr. Tressie McMillan Cottom

En los últimos años, Dolly Parton ha tenido un “comeback”. No es que haya ido a ningún lado. Después de todo, es Dolly Parton y si alguien vive ocupada y produciendo arte, es ella. Sin embargo, hace ya un tiempo que la veo aparecer en mi sección de noticias con más regularidad. Desde su comentario tan Dolly de “of course Black Lives Matter!”, hasta la noticia de que había ayudado a fundar una de las vacunas contra el COVID y que rechazó la medalla de honor tres veces, Dolly anda en boca de todxs. El amor por Dolly Parton está resurgiendo en el mundo. En este excelente ensayo, Dr. Tressie McMillan Cottom explora todo lo que hace a Dolly, lo que representa y lo que la ha llevado a ser un ícono. Escrito con ese ojo analítico que define todo lo que Dr. McMillan Cottom escribe, con la calidad y el tono que nunca aburre, vale la pena sentarse con un café y tomarse el tiempo para leer The Dolly Moment.

Para oír…

Straight White American Jesus

La matanza de seis mujeres asiáticas que sucedió en Atlanta hace unas semanas es el resultado de muchos factores juntos: racismo, sexismo, supremacía blanca y religión. En varias ediciones de este podcast sobre religión y política con enfoque en la derecha cristiana blanca estadounidense, los profesores de religión, Brad Onishi y Dan Miller, hablaron ampliamente del rol que jugaron todos estos factores. Yo recomiendo dos episodios en particular:

Anti-Asian Hate, Purity Culture, and Christian Nationalism

Tras la matanza de ocho personas en Atlanta, seis de las cuales eran mujeres asiáticas, Brad explica cómo el odio anti-asiático, la cultura de pureza y el nacionalismo cristiano están entrelazados.

Weekly Roundup: A Massacre in Atlanta

Brad y Dan discuten más a fondo todo lo que involucra la masacre en Atlanta: la historia del racismo anti-asiático, las dimensiones de la cultura de pureza y la cobertura que el nacionalismo cristiano le provee a los actos de violencia.

A quienes celebran, les deseo un feliz y muy bendecido tiempo de Pascua.

Calendario de Impacto: lo que me gustó en estas semanas

Para leer…

Pixar’s Troubled Soul, de Namwali Serpell

Este artículo para The New Yorker, de la escritora y profesora de Berkeley, Namwali Serpell, es una crítica de la más reciente película de Pixar, Soul. Escribiendo de forma bella y dinámica, Serpell va punto por punto, criticando algunos de los aspectos de Soul relacionados con la forma en la que presentan y tratan al protagonista y a la cultura negra neoyorkina. Habla de la mirada y de la mentalidad con la que se creó el mundo de Soul y de la problemática que suele surgir cuando creadores blancos hacen este tipo de historias. Es una crítica profunda que invita a pensar y a ver más allá de lo que la película nos presenta.

Soul en realidad no me gustó mucho. Casi ninguna película de Pixar me gusta mucho (¡sacrilegio!), pero este artículo es una de las mejores críticas que he leído en general.

Mujeres difíciles, de Roxane Gay

Este libro es una colección de cuentos difíciles sobre mujeres. No difíciles porque son complicados, al contrario, son bastante simples y fáciles de entender. Son difíciles porque las situaciones que las mujeres viven o han vivido son así. Algunas historias tienen finales felices, otras… solo finales. Algunas me hicieron pensar, otras enojar, al menos una me dejó muy, muy triste y una de ellas es casi autobiográfica. Yo conozco esa historia porque leí su libro de ensayos y memorias Confesiones de una mala feminista. Sin embargo, todas tienen algo de realidad, todas tienen algo que le ha pasado a alguien. Supongo que eso es lo más difícil de este libro, la realidad que se vive.

Indigenizing Thor and the Evils of Imperialism in “Thor: Ragnarok”

Quienes vieron mi último video de YouTube hasta el final seguro escucharon que iba a hablar pronto de una película que me gusta mucho. Bueno, en preparación para ese video he estado leyendo algunos libros y artículos, viendo otros videos, investigando pues. Y entonces me encontré con este artículo de Medium que habla de algo parecido a lo que quiero comentar. No es exactamente lo mismo, mi enfoque va a ser otro, pero el artículo me pareció bastante interesante. Sin adelantarme mucho a lo que digo en el video, Thor Ragnarok es de mis películas favoritas, entre otras cosas, por su mensaje, sus temas de antiimperialismo, su perspectiva poscolonial. Dirigida por un Taika Waititi, quien es maorí, Thor tiene mucho qué decir y este artículo presenta una parte muy, muy interesante.

Para ver…

¿Qué está pasando en Myanmar y por qué?

Este lunes hubo un golpe de estado en Myanmar, un país que ha tenido una historia de dictadura militar, de opresión a minorías étnicas y de lucha por la democracia. Es un país en el que nunca he estado, pero que tengo muy presente desde hace muchos, muchos años. En este breve pero informativo video, la BBC explica qué está pasando actualmente y de dónde viene el problema.

En el blog hay dos libros sobre Myanmar que he comentado, La Marca, de George Orwell y Miss Burma, de Charmaine Craig.

Khadija Mbowe

Encontré este canal de pura casualidad y soy fan. Khadija Mbowe es una artista que hace de todo: es cantante profesional de ópera, escribe y desde hace poco, hace videos en YouTube, en los cuales habla de temas actuales y muy variados que van desde cómo tener un capsule wardrobe, cuidados de la piel, hasta cómo el racismo y el colorismo influyen en nuestra percepción de la belleza y en la cultura popular que consumimos. Uno de los videos que más recomiendo es Colorism, de su serie “Self-Care Sunday”, donde habla de los orígenes del colorismo, un sub-producto del racismo, y cómo se reproduce en el cine y la televisión.

El canal resultó ser tan exitoso que cuando lo encontré hace dos semanas tenía poco más de 30 mil suscripciones y actualmente tiene 153 mil. ¡Vayan a verlo!

Memoria y estatuas

Este video lo encontré mientras buscaba información para mi video sobre Thor y me causó conflicto: me gustó por lo informativo y bien hecho que está, por lo que explica sobre la historia y la razón de ser de las estatuas, especialmente de las que consideramos controversiales. No me gustó porque yo tenía planeado hacer un video sobre el racismo y las estatuas pronto, y viendo este me doy cuenta de que no podría haberlo dicho mejor que Mikel. Tendré que buscar otro tema.

Identity: A Trans Coming Out Story

Philosophy Tube es un canal al que sigo desde hace ya varios años. Siempre me ha parecido informativo, entretenido y es una de las razones por las cuales decidí animarme a publicar yo. Es un canal donde se desarrollan temas actuales desde un punto de vista filosófico, donde se presentan problemáticas sociales, donde se explican teorías y donde se aprende a ver el mundo desde muchas otras perspectivas. Abigail Thorne, la creadora de Philosophy Tube, hizo este video muy personal para contarnos de la poeta Audre Lorde, para contarnos lo que es ser trans y para presentarse al mundo.

Para oír…

alexrainbirdMusic

Hablando de canales que sigo desde hace muchos años, si les gusta eso de la música indie, alexrainbirdMusic hace listas de música pop, rock y folk independiente. Suben canciones nuevas cada semana y listas de hora y media cada mes.

No, Disney Plus no es progre por modificar su catálogo

Recientemente salió la noticia de que el servicio de Streaming Disney+ había tomado la decisión de retirar películas con contenido problemático (entiéndase racista) de su catálogo infantil. Hasta ahora, se limitaban a poner una tarjeta que dice lo siguiente:

Esto no es algo nuevo. Warner Brothers tiene tiempo mostrando una advertencia similar antes del inicio de algunos de sus programas más viejos:

Traducción: Las caricaturas que están a punto de ver son productos de su tiempo. Pueden presentar algunos de los prejuicios étnicos y raciales que eran comunes en la sociedad estadounidense. Estas imágenes estaban mal entonces y están mal hoy. Aunque no representan la postura actual de Warner Bros., estas caricaturas están siendo presentadas como fueron creadas, porque hacer algo diferente sería lo mismo que fingir que estos prejuicios nunca existieron.

Por supuesto no faltó quién dijera que “las cosas ya están llegando demasiado lejos” (que… ok.), que “es porque a esta generación de cristal le ofende todo”, que “Disney quiere imponer su agenda progre”, en fin. Lo de siempre.

Muchas veces, la gente utiliza este tipo de frases como argumentos de mala fe para descartar cualquier cambio en la esfera pública que se mueva en la dirección de la representación y el acceso a oportunidades para gente no-blanca. Esta no es una de esas situaciones, pero dichas frases circularon en las redes de todas formas. Algunas páginas de noticias en línea dijeron que era “censura”, otras lo tacharon de “peligroso”. En el periódico Reforma publicaron la noticia con un “inocente” título que dice: “¿El tierno Dumbo es racista? Disney cree que sí”

Reforma: ¿El tierno Dumbo es racista? Disney cree que sí

Todo en ese título me inspira desconfianza: “Tierno”, para que, de inmediato lo asociemos con un sentimiento positivo. La pregunta sobre si “el tierno” personaje es racista. Por supuesto que no, lo racista es la forma en la que la película presenta ciertos personajes, el elefante ni siquiera habla. “Disney cree que sí”, como si ese racismo abierto se pudiera discutir y partir en creencias. Pero este es solo uno de los problemas que le veo a todo el asunto.

El maltrato y la caricaturización de las minorías en el entretenimiento hecho por y para blancos es algo que no se puede ocultar o borrar de nuestra memoria. Es un hecho, está en millones de películas, series, libros, revistas y tiras cómicas que han llegado a nuestras casas, a las de nuestros padres y nuestros abuelos. Ocultarlos o fingir que no sucedieron es como esconder el polvo debajo del tapete, es una forma rápida y deshonesta de deshacerse del problema. Es una forma de fingir que compañías como Disney siempre han sido mágicas e incluyentes con todo el mundo, cuando no es verdad. No era verdad antes y no es verdad hoy en día.

Poner avisos de contenido problemático es generalmente una buena idea

Poner una advertencia al principio admitiendo el problema y reconociendo que estaba mal entonces y está mal ahora, le da contexto a las cosas, da en qué pensar, invita a las familias a tener conversaciones al respecto. Pero pensar que una tarjeta que escribieron en dos minutos es suficiente para decir que ya son incluyentes, es quedarse muy cortos. Es un mínimo esfuerzo. La advertencia no lleva a ningún cambio importante. Es totalmente superficial.

En un breve hilo de Twitter, Moha Gerehou explica perfectamente bien por qué esta decisión no produce ningún cambio importante.

Tweet de Moha Gerehou

Retirar el contenido de su plataforma tampoco es la solución, pero no es lo que está haciendo Disney

Disney retiró las películas de su catálogo infantil. Esto quiere decir que los menores de siete años no las pueden ver en la lista de opciones, todas las demás personas sí. Los menores de siete años pueden verlas en la lista de opciones si están usando la cuenta de sus padres.

Una plataforma que sí retiró contenido controversial fue HBO Max. En junio del 2020 decidieron quitar Lo Que El Viento Se Llevó tras protestas de que glorificaba la esclavitud. Inmediatamente después de retirarla de su catálogo, se dispararon las ventas. Millones de personas decidieron comprarla para verla. Y yo quiero ver a todas esas personas realmente sentarse en familia a disfrutar un drama romántico durante la Guerra Civil estadounidense que dura cuatro horas. Pero fue tal la respuesta negativa, que HBO regresó la película a su catálogo a las dos semanas. Esta vez con una advertencia al principio y un video para contextualizar. Mejor así.

Si les interesa saber más acerca del escándalo y las reacciones que se dieron a raíz de la decisión de retirar Lo Que El Viento Se Llevó, les recomiendo tres videos. Dos videos son del creador Cold Crash Pictures y uno es de Melina Pendulum:

El primer video contextualiza la novela y la película, y el presentador comparte su historia familiar, ya que él creció en el sur de los Estados Unidos y ha tenido contacto directo con quienes aseguran que la Guerra Civil no se dio por el conflicto sobre la abolición de la esclavitud. El segundo video es un análisis de la película misma para ver si realmente glorifica la esclavitud o no. El video de Melina Pendulum se enfoca en la novela, Lo Que El Viento Se Llevó, de Margaret Mitchell. Princess Weekes, la creadora de Melina Pendulum, recomienda también los videos de Cold Crash Pictures.

En fin.

Como siempre, el propósito principal de esta entrada de blog es escribir mis pensamientos sobre los comentarios que dijeron otras personas (todos los he visto en alguna red social). Como ya dije antes, muchas de ellas los dicen de mala fe, pero considero que es necesario abordarlas de cualquier forma, especialmente para quienes solo necesitan otra perspectiva. Entonces, vamos por partes.

1. Esto ya es ir demasiado lejos

En realidad no. En realidad esto no es ir a ningún lado. Como ya vimos, lo único que Disney hizo fue quitar la opción para los menores de siete años. Todas las demás personas, especialmente quienes tienen edad para estar quejándose en Twitter, pueden abrir Disney+ y verlas en su catálogo como si no hubiera pasado nada. Después del ruido que están haciendo, tiendo a pensar que las ven cada viernes.

2. Esta generación de cristal se ofende por todo

Este comentario sale cada que alguien protesta racismo, sexismo, clasismo, o cualquier tipo de discriminación o representación estereotipada de un grupo marginado. Ya sabemos que los estereotipos perpetúan las percepciones erróneas de otros grupos y contribuyen a su discriminación en el día a día. No es que se ofendan, es que los estereotipos dañan.

Sin embargo, la mayoría de las personas a las que he visto realmente llorar, ofenderse y hacerse los oprimidos han sido las mismas que se quejan de que hay una mujer o una persona de color más en su serie. Es gente que ha llevado sus berrinches a tales extremos que trataron de organizarse para boicotear Black Panther y Los Últimos Jedi porque no soportan sentir como que ya no son el centro del universo.

Eso de la “generación de cristal” es un mito y una etiqueta hecha con malicia para descalificar todo lo que no se conforme a un molde muy estrecho de lo que debería ser el entretenimiento. La masculinidad también tiene un papel importante en este tema, pero de eso hablaremos otro día. Mientras tanto, si a alguien le interesa, en diciembre hice un video hablando un poco más del asunto de las mujeres y los personajes no-blancos en la trilogía más reciente de Star Wars.

3. Disney solo quiere imponer su agenda progre

No. Disney quiere hacer dinero y vender la mayor cantidad de boletos de cine y suscripciones a su plataforma posibles. Está en su interés parecer que son incluyentes y equitativos, pero como ya vimos, el esfuerzo que están haciendo es mínimo y la mayoría de las veces el cambio es, en las palabras de Moha Gerehou, cosmético.

Los escritores, los directores, los productores y casi toda la gente que toma las decisiones importantes sigue siendo blanca y, en su mayoría, son hombres. Y, como ya demostraron con Star Wars: El Ascenso de Skywalker, están más que dispuestos a echarse para atrás en su “ser incluyentes” con tal de no perder a los fans más tóxicos.

¿Hay directores y escritores trabajando con Disney con un genuino interés por diversificarse y contar más historias? Definitivamente, pero no son los suficientes como para poder decir que es la agenda o la política de la compañía.

Entonces, sí podemos reconocerles el estar dando pequeños pasitos para reconocer que también han hecho daño y perpetuado estereotipos con su contenido. Podemos estar de acuerdo con su decisión de no exponer a niños tan pequeños a estereotipos y prejuicios que ya no deberían tener lugar en nuestra sociedad. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por las apariencias. Lo que están haciendo es lo mínimo que se esperaría de ellos, pero si quieren realmente lograr un cambio, tienen que empezar desde las estructuras de la empresa misma. Mientras no hagan eso, movimientos como las recientes modificaciones al catálogo solo son marketing.

Navegando en el mar de la desinformación

A veces siento que me ahogo en el mar de información y de desinformación.

Las redes nos permiten acceder a millones de artículos de opinión, noticias y comentarios de gente que conocemos y de gente que no conocemos y de gente que antes conocíamos, pero que en realidad ya no recordamos y de gente que vimos alguna vez, pero que comparte cosas interesantes y de personas que conocemos bien y que quisiéramos desconocer. Todos los días, todo el tiempo.

Y no todas esas noticias, opiniones y comentarios son ciertas. A veces porque están interpretadas de manera incorrecta para reflejar algo que no es, a veces porque simplemente son mentira. A veces no tienen que ser ciertas o estar basadas en hechos, solo necesitan ser opiniones extrañas y, muchas veces, agresivas.

Yo a veces pienso en lo que aprendí y lo que no aprendí en la escuela. Algo que no nos enseñaron fue a escudriñar lo que leemos, a investigar y a filtrar la información. ¿A cuántas personas no nos tocó leer la historia de los niños héroes sin hacer diferencia alguna entre los mitos nacionalistas y los hechos históricos? No recuerdo la respuesta de mi maestra de primaria cuando se me ocurrió decir en la clase que la historia era inventada. Solo recuerdo que apretó los labios. En la preparatoria las cosas cambiaron y no cambiaron. Mi maestra de historia de preparatoria resultó ser lo contrario a la de primaria. Una mujer llena de opiniones y datos históricos que no siempre aparecían en los libros oficiales, que nos invitaba a investigar por nuestra cuenta, a buscar más fuentes, que no disfrazaba los hechos con mitos nacionalistas. Al contrario, los llamaba por su nombre y los criticaba abiertamente, a veces con groserías. Su clase ha sido una de las mejores que he tenido. Pero fue también en la preparatoria que nuestro maestro de biología hizo algunas de las aseveraciones más absurdas, sexistas y racistas que he escuchado. Alguien que constantemente nos recordaba que “era un hombre de ciencias”, pero que no dudaba en utilizar su posición para castigar cuando las alumnas usaban un vocabulario “inadecuado”, para ser duro con los alumnos que no encajaban en su idea de masculinidad, para perpetuar estereotipos racistas absurdos, pero que en su momento creímos. Después de todo, era un hombre de ciencias. La desinformación entraba por la misma puerta que la información.

En la iglesia nos leyeron aquel pasaje bíblico una y otra vez de la importancia de “escudriñar las escrituras”, pero han sido pocas las personas que realmente enseñaban a hacerlo. Más de una vez escuché a predicadores compartir sus interpretaciones cuestionables como si fueran la verdad absoluta. A veces miraba a los lados para ver si había alguien a quien le parecía extraño lo que estábamos escuchando. Alguna vez un compañero me susurró durante una clase, “¿qué le pasa a este señor?”, pero nadie le dijo nada. Al menos no durante la clase. Ha sido en la iglesia misma que he escuchado predicadores hablar de la importancia de no dejarse llevar por la interpretación humana, de regresar al texto original, de leerlo en contexto, de buscar la verdad. No literalmente en la misma. Me he cambiado más de una vez de iglesia.

El pensamiento crítico es algo que se tiene que enseñar, practicar y mantener, como el ejercicio físico. Y al igual que el ejercicio físico, al principio duele y es agotador, al principio se siente como la peor idea, pero con el tiempo vamos mejorando, nos vamos acostumbrando. Me ha costado mucho tiempo y mucho trabajo desaprender miles de cosas que escuché en la escuela, en la iglesia, en la calle. Más las que me faltan.

Constantemente pienso en ese versículo bíblico.

Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno, absteneos de toda forma de mal.

1 Tesalonicenses 5: 21-22

Otras versiones dicen “desechad lo malo”.

En el mar de información y desinformación facilitado por el internet y las redes sociales, la frase ha tomado un nuevo significado. La relación que tenemos hoy en día con el internet, la facilidad con la que podemos encontrar teorías conspirativas y mentiras nos pone a todos en riesgo, no solo a quienes las creen. Lo peor es que muchas veces vienen de gente, de grupos y de páginas que conocemos. Ya sea porque tenemos cosas en común, porque son familia, porque hemos crecido juntos. A veces las creemos porque vienen de esas fuentes familiares, otras, porque más que enseñarnos algo nuevo, “confirman” algo que ya pensábamos, independientemente de si es cierto o no. Sesgo de confirmación, se llama. Se vuelve un círculo vicioso, donde la gente cree algo y busca fuentes, no para ver si es verdad, sino para confirmar lo que ya cree, para encontrar algo que confirme sus ideas.

¿Pero cuándo nos enseñaron a lidiar con eso? ¿A cuántas personas no nos aventaron al mundo solo con la frase “no creas todo lo que lees en internet” sin siquiera tratar de ayudarnos a distinguir un internet del otro?

El otro día vi una discusión en Facebook donde una persona usó screenshots de noticias falsas para justificar sus argumentos sin patas. Cuando su interlocutor utilizó screenshots de Twitter de una fuente oficial (noticias oficiales recientes sobre una embajada publicadas por la embajada misma), la primera persona le acusó de hipocresía porque “se quejaba de que no usaba fuentes oficiales y su fuente era Twitter”. Esa primera persona es una persona horrible, pero independientemente de su desafortunada personalidad, creo que entiendo que no haya entendido la diferencia. Es una persona que no creció con estos medios, que tuvo que aprender a usarlos ya siendo adulta y nunca nadie le enseñó a discernir el contenido.

Pero parte del problema es que nos cuesta aprender a desaprender, a cuestionar lo que nos tiene cómodos, a soltar lo que era familiar, a aceptar que estábamos mal. ¿Aceptar que nos equivocamos, que en realidad no sabíamos y que estábamos mal? Eso duele. Duele en el ego.

Ahora vemos más seguido consejos para identificar la desinformación. Googlear lo que estamos leyendo para contrastarlo con otras fuentes, examinar si la fuente es segura o tiene fama de ser confiable, examinar el texto en sí: ¿cita sus fuentes? ¿sus argumentos están bien relacionados o se contradicen?, etc. Yo creo que todos esos consejos son muy buenos, especialmente para las generaciones que están creciendo en este nuevo mundo. Que se acostumbren a cuestionar todo lo que leen. ¿Pero qué pasa con la gente que ya es adulta mayor y no está acostumbrada a revisar todo lo que lee en el periódico? ¿Qué pasa con aquellas personas (de todas las edades) que no están dispuestas a ceder porque su ego no se los permite? ¿Qué pasa con quienes lo hacen por malicia, por establecer o mantener poder sobre otras personas? O, como decían en mi escuela, ¿qué pasa con quien miente para ser popular?

Buscar los hechos entre las mentiras es muy difícil porque a veces son los mismos hechos los que están “reempaquetados” de tal forma que dicen una mentira. Aprender a identificar las noticias falsas y a diferenciar entre las historias no contadas y las teorías conspirativas es complicado. Pero es algo que vale la pena hacer, aunque cueste tiempo y trabajo, aunque a veces nos falle, aunque dé flojera, aunque duela. Siempre es mejor moverse en la honestidad, tomando decisiones informadas, viendo las cosas como son.

En este mar de desinformación, lo mejor que podemos hacer es agarrar el pesado timón y aprender a navegar.

¿Por qué tengo un “calendario de impacto”? + Links recientes

En diciembre del 2019 empecé un “resonance calendar“, término acuñado por Ali Abdaal, un médico y youtuber. En realidad yo no veo sus videos, pero vi el video en el que habló de su “resonance calendar” y explicó que es un documento donde una puede guardar toda la información que tiene algún impacto en su vida. Un libro que nos gustó mucho, un artículo, video o podcast interesante, cualquier cosa que nos interesa y a la cual queremos poder regresar sin perder el tiempo pensando, ¿en dónde leí eso?

Creo que en español sería algo así como “calendario de impacto”. Yo tengo el mío en Notion, aunque también podría ser cualquier documento de Word o de Google Docs, pero a mí me gusta Notion y al final del 2020, mi lista se veía más o menos así:

Parte de mi calendario de impacto

Mantenerlo no es tan sencillo. No siempre me acuerdo de abrir Notion para guardar lo que leí, a veces me da flojera escribir notas o poner todas las etiquetas, pero el calendario es un poco como la libreta que uso para organizar mi vida, es flexible y no me juzga si no anoto todo.

Pero este año lo quiero tener más presente. Después de todo, es bastante útil y ya vi que efectivamente reviso las cosas que guardo ahí, a veces para leerlas o escucharlas de nuevo, a veces para compartirlas con alguien a quien le podrían interesar. Y fue mientras anotaba algunas cosas que me han gustado y/o parecido útiles o interesantes recientemente que pensé que podría compartirlas aquí en el blog de cuando en cuando. No todas, no siempre, pero una o dos veces al mes. Solo por si le son útiles a alguien más.

Así que, espero que este sea el primer post de muchos y que les sea útil e interesante. Voy a tratar de dividir las recomendaciones en categorías, pero dada la naturaleza del calendario de impacto, no sé si vaya a ser tan sencillo. Si alguien quiere hacer recomendaciones para estos posts, puede mandarlas a paolasnotebook@gmail.com. Sin más que decir, aquí están las recomendaciones de la primera mitad de enero.

Sobre la toma del Capitolio estadounidense del 6 de enero:

Artículos interesantes

Para cocinar

  • My BEST feel-good dishes to start the new year right!, de la autora de libros de cocina, presentadora de televisión y productora australiano-tailandesa, Marion Grasby. Son cuatro de sus recetas más queridas: huevo con carne molida de cerdo, sopa de jitomate con huevo, ensalada de atún estilo tailandés y hot cakes estilo vietnamita. Yo hago la sopa regularmente para desayunar y es uno de mis desayunos favoritos.

¡Bonito fin de semana!