Escogiendo una palabra para el 2021

Cada año, en los meses de noviembre y diciembre, me tomo un tiempo para reflexionar sobre mi año y para pensar en la palabra que quiero que defina mi siguiente año. Escoger una palabra para el año es una práctica que comencé hace cuatro años. Es una práctica diferente a las resoluciones de año nuevo, principalmente porque no es algo tan específico. Aunque también hago un tipo de resoluciones de año, aunque en general no son cosas nuevas, sino extensiones de algo que ya he estado haciendo (o tratando de hacer) y que requiere enfoque o disciplina, que requieren ser estructuradas de nuevo, que requieren dirección.

Escribir más, leer más, dejar de tomar café después de las cinco de la tarde, dejar de morder el cepillo de dientes, tomármela con calma cada que mi ansiedad se dispara.

Este año terminé de entender que, tal vez, lo mejor no es establecer metas como tal, sino establecer sistemas. Definir qué voy a hacer todos los días o todas las semanas para lograr algo. Quien establece metas correctamente podrá decir que eso debe ser parte de la meta, pero creo que priorizar el sistema por encima de la meta le da un enfoque diferente. Si estoy enfocada en el sistema, no tengo la misma prisa por llegar que tendría si estuviera enfocada en la meta. Esa prisa que me hace querer brincarme pasos, que me invita a hacer las cosas más rápido pero sin la técnica correcta, porque no tengo la paciencia para esperar llegar al punto que quisiera. Los sistemas cuestan, pero son más fáciles que solo nombrar metas.

Dedicarle 90 minutos cada miércoles a ese idioma que ya empecé a estudiar; despertar 5 minutos más temprano cada día o cada dos días; antes de dormir, leer un capítulo del libro que estoy leyendo.

Pero la palabra del año es diferente. Esa, más que una meta o un sistema, es un tema.

¿Qué tema quiero que tenga mi año?

Para mí, escoger una palabra es importante porque debe estar presente en todo lo que haga, aunque no sea tan notoria, aunque sea solo un aroma.

En el 2020 me propuse crecer. El 2020 tuvo muchas situaciones inesperadas y tristes, de sentimientos encontrados y desilusiones, pero también fue un año de muchas bendiciones, de gozo y de esperanza.

Algo que aprendimos todos este año, es que las cosas no siempre salen como las esperábamos.

Este año quería pasar Navidad con mi familia, a quienes no he visto desde marzo del 2019. Este junio, iban a venir a mi boda.

Esta pandemia detuvo un sinnúmero de actividades, puso en peligro a millones de personas, sus trabajos, su salud, sus planes y sus sueños.

Este año escribí muchos mensajes de pésame y lloré en el teléfono con gente que quiero y que perdió a sus seres más queridos.

A miles nos ha costado continuar lo que ya teníamos empezado o comenzar algo que estábamos esperando.

Este año tuve mucho sueño, sin importar cuántas horas dormía, cuántas siestas tomaba, siempre tenía sueño. Estoy casi segura de que pasé la mitad del verano dormida.

Pero la vida sigue. El tiempo no se detiene a esperarnos. De repente ya es diciembre.

Con todo y todo, el 2020 fue un buen año para crecer. Y aunque crecer a veces duele, estoy contenta y agradecida por el camino que he recorrido y que aún tengo que recorrer. A pesar de todo, aquí seguimos.

Teniendo ya tan cercano el 2021, estando a pocos días de cerrar este extremo y complicado 2020, he decidido que mi palabra va a ser avanza.

Avanza. En imperativo.

La palabra que escogí para el 2021 es para recordarme que, no importa si bajo la velocidad, si necesito tomar más pausas de lo normal para cuidar mi salud mental, solo tengo que seguir avanzando. Despacito, con calma, a mi ritmo, pero avanzando.

Entonces, querido lector, querida lectora, queride lectore, que este 2021 avances con lo que te has propuesto, que tengas las energías para continuar tus planes y la flexibilidad para detenerte a respirar de cuando en cuando. Que tengas salud y paciencia, que todo se dé a su tiempo. Porque la vida continúa, este año, avanza.

Feliz Navidad.

“Whitexican”, Victimización y Ese Tuit de Sergio Zurita

Gracias a uno de los pequeños escándalos que hay a diario en Twitter, las palabras “whitexican” y racista otra vez andan en la lista de trending topics. Se podrán imaginar que el asunto fue que una persona le dijo whitexican a otra y esta última acusó a la primera de racismo. Se armó una discusión y el actor, escritor y conductor de radio, conocido también por hacer la voz del personaje de Marvel, Rocket Racoon, en español, Sergio Zurita, decidió dar su humilde opinión en un tuit que no solo causó revuelo, sino que llegó a mi timeline gracias a la cuenta Cosas de Whitexicans, la cual siempre anda involucrada en alguna mini-controversia de Twitter.

El tuit es el siguiente:

La palabra “Whitexican” puede o no gustarnos. Podemos o no estar de acuerdo sobre si es discriminatoria. Podemos discutir sobre qué tan adecuado es su uso. Lo que no podemos hacer, especialmente como personas blancas, es victimizarnos. Menos cuando lo hacemos de esta manera tan irresponsable e impertinente.

Vamos a desempacar todo lo que hay en este desafortunado tuit, que además fijó en su perfil de Twitter, como si fuera algo de lo que se puede estar orgulloso.

Nos dicen “whitexicans”. Somos blancos y fuimos a escuelas de paga.

A un “whitexican” no se le dice “whitexican” por ser blanco. (Aquí es donde entra el argumento sobre la inexactitud del término). Para ser llamado “whitexican”, uno tiene que presentar ciertas actitudes y pensamientos relacionados con una inconsciencia de clase, discriminación a grupos que considera o que de una u otra forma trata como inferiores, prejuicios basados en su nivel socioeconómico, etc.

No podemos protestar, porque “el racismo inverso no existe”

Pueden protestar el que se les diga whitexican. Tienen toda la libertad de hacerlo. Lo que no pueden hacer es acusar de racismo. Podrá ser prejuicio y discriminación, pero no es racismo. Entendiendo el racismo como algo sistémico donde un grupo históricamente ha oprimido (y/o sigue oprimiendo) a otro y todavía se viven las consecuencias de esa opresión, el racismo inverso, efectivamente, no existe. Las personas que tenemos una tez más blanca no conocemos ese racismo, ya que las oportunidades de trabajo, de vivienda, el acceso a salud o servicios no nos son negados por ser de tez blanca. El decir que alguien blanco tiene privilegios no es decir que no tiene problemas; es decir que su color de piel no es una de las razones por las cuales tiene problemas.

“El racismo inverso no existe”. Eso es resentimiento.

Decir que “el racismo inverso no existe” no es resentimiento. Basándonos en la definición anterior de racismo, es un hecho. Decir verdades que le incomodan a la gente en posiciones de privilegio no es ser resentido. Lo que es más, yo pienso que las acusaciones de celos o resentimiento hechas a la ligera dicen más sobre la persona que las hace.

En 1934, en Alemania, sólo una raza era la buena.

Aquí es donde Sergio empieza a trivializar.

Sí, en la Alemania del Tercer Reich había una “raza” (en comillas porque raza es un concepto social, no biológico) considerada superior: la mal llamada, raza aria. Pero el que fuesen específicamente los blancos rubios de ojo azul, los escogidos como los “de buena raza” no fue aleatorio. Hay un contexto histórico detrás de ese pensamiento, son siglos de imperialismo y colonialismo. El imperialismo europeo se encargó de establecer la percepción de superioridad, en parte, en base al color de piel y esta ideología se reprodujo durante siglos, arraigándose a la consciencia social. Entonces, no es como que Hitler despertó un día y dijo, “¿Saben qué? Los arios somos bien preciosos.”

¿Qué tiene que ver esto con los whitexicans? En realidad nada. Sergio no está haciendo la comparación de los blancos de la Alemania bajo Hitler con los blancos acusados de ser whitexicans. Parece que está diciendo que el decir whitexican es afirmar que la gente morena es mejor y que los nazis creían que los blancos eran mejores, ergo gente que dice “whitexican” = nazi. Pero ya vimos que, en realidad, eso no tiene sentido.

Los judíos, que tenían dinero, se volvieron el blanco del resentimiento.

¡Ajá! Ya salió el tropo antisemita.

Sergio, no estando satisfecho de haber insinuado que quien le dice whitexican es equiparable a un nazi, decide equiparar a las personas acusadas de ser whitexican con los judíos europeos de la primera mitad del siglo XX.

Vamos por partes:

Una persona blanca de clase social media alta o alta no es equiparable con un grupo étnico que ha sido víctima de opresión, discriminación, segregación y genocidios durante milenios.

La percepción de que todos los judíos siempre tienen dinero es un estereotipo antisemita viejísimo que se remonta a principios del milenio pasado, cuando en Europa, los judíos tenían prohibido participar de forma normal en la vida pública y no tenían permiso de trabajar en lo que sea. Entre sus únicas opciones estaban los trabajos que tenían que ver con finanzas, como ser prestamistas. Es decir, el antisemitismo de aquella época los orilló a trabajar en cosas directamente relacionadas con el dinero y fue el antisemitismo mismo el que caricaturizó esa relación y presentarla como el estereotipo que sobrevive hasta hoy: el del judío adinerado y codicioso.

La segregación que la gente judía ha vivido les llevó también a tener vidas más nómadas, ya que no podían quedarse mucho tiempo en un solo lugar sin ser violentadas, y a pedir dinero para sobrevivir. En el Siglo XIX, otra caricatura común era la del judío mendigando. Para 1934, la gente judía no era particularmente adinerada, ni tenía ningún tipo de poder político en Alemania, por lo que es mentira que “los judíos tenían dinero”. La idea de que todos los judíos tenían dinero y por eso los resentían fue propagada por los nazis para justificar la discriminación, segregación, el despojo y el genocidio que vinieron después.

Entonces, cuando Sergio Zurita, en su tristísimo intento de victimizarse, dice que “los judíos ya tenían dinero”, está haciendo uso de los mismos estereotipos antisemitas y perpetuando ideas propagadas por los nazis.

Aguas

El tuit cierra con un su advertencia, su “no se vuelvan nazis”. Como si fuera válido y/o pertinente comparar un término principalmente utilizado para denunciar actitudes negativas de un grupo privilegiado con los milenios de antisemitismo y opresión que ha vivido la gente judía. Como si alguien diciéndole cosas que le duelen en su tremendo ego pudiera ser comparado con uno de los genocidios más grandes de la historia moderna.

Pero Zurita no está solo. Si algo se ha visto, es que es muy fácil para la gente en posiciones de más privilegio victimizarse para tratar de evitar ser confrontadas por sus actitudes. Dicen que su libertad de expresión está siendo atacada, que están recibiendo ataques racistas y en algunas ocasiones, la victimización llega a tal grado que terminan viéndose en películas como la de Michel Franco (Nuevo Orden) e insinuando que su situación podría desencadenar en un nuevo holocausto. Interesante también es que, cuando alguien que vive opresión alza su voz para clamar justicia, generalmente son esas personas quienes le acusan precisamente de querer victimizarse.

La gente que utiliza argumentos así, no solo está evidenciando su ignorancia o demostrando lo lejos que están dispuestos a llegar en su victimización con tal de que no les digan cosas que les incomodan. Esos argumentos trivializan uno de los problemas más antiguos, más pertinentes y más peligrosos que existen.

Va de nuevo: podemos debatir sobre si el término whitexican es atinado, útil o discriminatorio, podemos buscar términos diferentes. Lo que no podemos hacer es caer en falacias como la de “es resentimiento nazi solo porque yo fui a escuela de paga”. Decir cosas así ni viene al caso, ni sirve más que para trivializar y poner en peligro a la gente que sí está lidiando con ataques antisemitas y racistas.


Algunos links recomendados:

Especial agradecimiento a René Muschter, quien tiene los conocimientos y el historial académico y siempre puede aportar cuando hablamos de Alemania durante las dos Guerras Mundiales.

Machismos Cotidianos, John y Sabina

Ayer estaba viendo el último debacle que sucedió en el programa del Canal Once, John y Sabina y estaba leyendo algunas respuestas en las redes y tengo pensamientos. Para quienes no saben, John y Sabina es un programa de debate y comentario político transmitido los martes a las 10:00 pm en el Canal Once, presentado por John Ackerman y Sabina Berman.

Yo solo he visto el programa una vez, en el episodio “México racista: la inclusión indígena, urgente y necesaria”, con Mardonio Carballo como invitado. El episodio en general me gustó por la participación de Carballo, pero decidí no seguir viendo el programa. En su momento no pensé mucho de la relación entre John y Sabina. Noté que John la interrumpía bastante, pero no me imaginé nada más. Son estilos. Estilos que estorban, pero son estilos.

Y entonces se armó la bronca. ¿Y qué mejor lugar para pelearse públicamente que Twitter? John Ackerman y Sabina Berman han pasado los últimos días ventaneando conflictos, retuiteando a personas que les apoyan, discutiendo con gente que está en desacuerdo y haciendo de su relación laboral todo un espectáculo que, más bien, da ñáñaras. El acabose sucedió el martes durante el episodio “Los retos de la educación en la nueva normalidad”, con Esteban Moctezuma, Secretario de Educación Pública. Al inicio del programa, Sabina le pide a John su opinión sobre lo sucedido en Cancún y Ackerman ignora su pregunta, saluda al invitado y comienza la conversación. No es sino hasta seis minutos después que Sabina, quien se ve bastante molesta por la grosería, puede volver a hablar y utiliza su tiempo para expresar su molestia, dirigiéndose directamente al Secretario:

Secretario, tenemos un problema en este programa, de paridad, John y yo somos co-conductores de este programa, pero John -ya ve usted- apenas ahorita me acaba de turnar la palabra. ¿Qué hacemos con este problema de machismo? ¿Qué hace una mujer como yo, respetuosa de los acuerdos y contratos en una situación así? John sencillamente no me deja participar.

Y lo que me llamó la atención, que es de lo que realmente quiero escribir hoy, no es tanto del pleito que se traen John y Sabina, (eso ya nos lo contó Animal Político), sino de la acusación de Sabina de que John ha sido machista y las reacciones que esta desencadenó en las redes.

Los comentarios que he visto desde que se armó el escándalo se dividen en dos: quienes dicen que efectivamente está siendo machista y quienes dicen que no tiene nada que ver. Del segundo grupo, hay quienes opinan que ha sido patán pero no machista y hay quienes, utilizando expresiones machistas, han dado a entender que Sabina “se lo merece.”

Este es un típico ejemplo de como algunas feministas confunden una conducta intolerante, pre potente y grosera con “machismo”.

dijo Xavier en Facebook

me encanta como cuando se sienten atacadas denuncian machismo

dijo Abraham también en Facebook

ahí ahí el machismo el machismo el machismo jajaj

dijo Alf también en Facebook

Los comentarios seleccionados aquí son hechos por hombres, pero no faltaron las mujeres de ese segundo grupo. La razón principal por la cual no escogí entre aquellos es que casi ninguno hablaba de si era machismo o feminismo exagerado. En general solo eran particularmente groseros con Sabina. Estos tres comentarios tienen algo en común, algo que se vio repetido en todas las plataformas en las que se vio el pleito: los tres afirman que en realidad no es machismo y que Sabina lo está utilizando para victimizarse.

Quisiera decir que no es verdad que algunas mujeres acusan a personas de sexismo o de machismo cuando algo no les parece, pero claro que sucede. Lo que también sucede es que, siempre que lo hacen, son otras mujeres quienes se encargan de denunciar ese comportamiento. Después de todo, el machismo no debe ser trivializado.

Entonces, ¿fue machista la conducta de John Ackerman?

Unas anécdotas personales:

Yo trabajo dando clases de alemán en una escuela de idiomas. Lo hago desde hace ya algunos años y es algo que disfruto muchísimo. Me gusta que he conocido gente de muchísimos países, gente grande, pequeña, gente que viene a trabajar en puestos diplomáticos, gente está estudiando, gente que viene huyendo de la guerra, gente que escapó de una relación abusiva, en fin, he conocido a mucha, mucha gente.

En los años que llevo trabajando aquí, todas las veces que mis conocimientos del idioma o mi capacidad han sido cuestionados, ha sido por alumnos hombres. La única vez que he tenido un problema con otra persona, hace como un año y medio, fue porque un maestro (hombre) fue grosero conmigo enfrente de todos mis alumnos y de otro maestro, quien no es grosero, pero tampoco dijo nada. Al contrario, me dio a entender que era un poco exagerado de mi parte molestarme por eso y quejarme en la oficina. Este año, al inicio de la cuarentena, tuvimos dos juntas con todo el personal docente y el esposo de la directora nos explicó cómo iba a funcionar el sistema de clases en línea. Al final de cada una de las juntas, se dirigió al grupo conformado por 15 mujeres y 2 hombres y puso a los hombres a cargo. ¿De qué? Ni ellos sabían, pero ellos estaban a cargo. Uno de ellos no llevaba ni tres meses trabajando en la escuela. (El maestro grosero hace tiempo que se fue a dar clases a otro país.)

A lo que voy con estas anécdotas es que, el mundo laboral está lleno de pequeñas agresiones (llamadas microagresiones) hacia las mujeres, aunque no siempre necesariamente porque las personas sean deliberadamente machistas. (Aunque en suficientes ocasiones, sí.) No creo que en los casos anteriores, el hombre haya pensado, “esta es mujer, por eso me la friego”. Sin embargo, vivimos en una sociedad donde las mujeres efectivamente están en posiciones donde son escuchadas menos que los hombres. Para muchos hombres, especialmente para hombres que ocupan alguna posición de poder, es muy fácil sentirse superiores a las mujeres con las que conviven, aunque sea de manera inconsciente.

Twitter: Los Hombres Me Explican Cosas

¿Cuántas mujeres no conocemos esa situación en la que estamos hablando y un hombre constantemente nos interrumpe para dejar claro su punto? ¿Cuántas veces decimos cosas que un hombre, por más lindo y buena onda que sea, no cree sino hasta que se lo dice otro hombre? ¿Cuántas veces vemos cómo un hombre trata a sus compañeros como iguales, pero a nosotras como si fuéramos tontas? ¿A quién no le ha explicado un hombre algo que ella ya sabe, conoce y entiende perfectamente, con un aire de grandeza porque él está compartiendo su sabiduría? Por algo se volvió tan famosa la expresión “mansplaining”. (Que, por cierto, una vez vi a un hombre corregir a una mujer que se estaba quejando de que alguien le había hecho “mansplaining” y decirle que lo correcto en español era decir “machoexplicación”.) Pero volvemos a lo mismo, son actitudes machistas que, muchas veces, ni ellos mismos perciben como machistas.

¿Y por qué?

Una de las razones por las cuales esto sucede es porque, históricamente, la vida pública ha sido un espacio ocupado principalmente por hombres. Ellos han sido quienes hacen y quienes deciden. Las mujeres han tenido que luchar y abrirse espacios nuevos en esta esfera que históricamente les ha sido negada.

Según un informe de la ONU sobre la Representación Pública de la Mujer, las mujeres ocupan…
  • 24.9% de quienes integran los parlamentos del mundo
  • 6.6% de quienes ocupan direcciones generales en las empresas con mayores ingresos
  • 26% de las personas que redactan notas periodísticas en internet
Visualizar los datos: La representación del las mujeres en la sociedad

En el mundo del entretenimiento:

  • 31 % de los personajes con líneas de diálogo son mujeres
  • 23 % de las películas tienen una protagonista mujer
  • 21% de las cineastas son mujeres
  • etc.

Para ver todo el artículo, click aquí.

La cosa sigue dispareja, pero va mejorando.

Sin embargo, muchos hombres están acostumbrados a ser ellos “los que mandan” incluso cuando se supone que la cosa es equitativa. Como John Ackerman diciendo que él es el titular en el programa donde los dos firmaron un contrato en el que son co-presentadores, donde salen juntos en todas las fotos, y que se llama John y Sabina.

El programa es de los dos, pero a John Ackerman se le ha hecho muy fácil interrumpir a su compañera, reducir el tiempo de sus participaciones, excluirla de las decisiones sobre los invitados y los temas a discutir, y ahora, ignorar totalmente su participación en televisión abierta. Ahí, a los ojos de todos los espectadores.

Interesante fue también la reacción del Secretario de Educación Pública, quien vio cómo John ignoró totalmente la pregunta de Sabina y le contestó como si nada hubiera pasado. Cuando Sabina se quejó, el Secretario se limitó a decir que John era “un hombre sensible” y que “seguramente va a hacer un esfuerzo adicional para que no se vea esa disparidad que te molesta.”

Interesante que el esfuerzo era para que la disparidad no se viera.

Interesante que la disparidad solo le molesta a Sabina.


Las actitudes machistas y las microagresiones, o, como dicen Eréndira Derbez Campos y Claudia De La Garza Galvez, los machismos cotidianos son el pan de cada día para millones de mujeres alrededor del mundo. En parte, porque quienes las cometen no quieren reconocer que también son actos de violencia y en parte porque, quienes están alrededor, tienden a mirar a otro lado, a descartarlos como una exageración, a atribuirlos a otra cosa, o, como hizo el Secretario de Educación Pública en televisión abierta, minimizarlos como algo que “nos molesta”.

¿Y en qué acabó la cosa?

El día de ayer, el Canal Once publicó el siguiente comunicado:

La cosa acabó en que el Canal Once decidió cancelar el programa que tenían en conjunto y mejor le ofreció un programa a cada uno. Como si hubiera sido un pleito de niños pequeños, donde al final cada uno recibe un juguete y es enviado a un cuarto distinto. Como si no hubiera habido una acusación de machismo, un penosísimo intercambio en Twitter, como si Ackerman no hubiera sido un patán frente a espectadores e internautas. Como si no pudieran -o quisieran- reconocer el problema de los machismos cotidianos.


Si les interesa ver todo el intercambio, aquí se los dejo. Sucede en los primeros ocho minutos del programa.

Ya No Tengo Paciencia: Del Apoyo Cristiano a Trump y al Partido Republicano

Sigo viendo posts de gente cristiana (tanto evangélicos como católicos), algunos tristemente son parientes, y de grupos autollamados pro-vida apoyando a Trump y al partido republicano por sus posturas que dizque “protegen los valores cristianos.”

Cada que veo esos posts me enojo muchísimo, pero no contesto. He borrado un par de contactos, familiares con los que ya no me hablo, simplemente porque no considero prudente tener ese tipo de personas en mis círculos.

Cuando escucho a alguien decir que “debemos rodearnos de gente que tiene opiniones diferentes,” recuerdo que hay cosas que no se pueden dividir en opiniones. El racismo no es una opinión, el sexismo no es una opinión, la discriminación no es una opinión. Quisiera poder cambiar la opinión de esos parientes mexicanos que viven en Estados Unidos, que votan por el partido republicano y que a veces comparten videos de Donald Trump en Facebook. Pero no siempre se puede. Lo que me queda es dejar de ver cómo hablan de lo bueno que está haciendo esta administración, de los valores que está restaurando, de los fetos a los que está salvando.

En realidad nada de eso es cierto. Lo único que ha hecho esa administración desde que entró al poder es desmantelar sistemáticamente todas las bases de seguridad social que tiene la gente de menos recursos, la gente de color, la gente de otros grupos étnicos y orientaciones e identidades sexuales.

Ser antiaborto no es ser provida

El clásico argumento “pro-vida” de muchas personas que votan por el partido republicano es que están en contra del aborto y que quieren salvar las dos vidas.

La primera parte es verdad, sí están en contra del aborto. La segunda es mentira. No les interesa en lo más mínimo salvar ninguna de las dos vidas, ni la de la madre, ni la del feto.

Para salvar vidas necesitarían…

  1. … facilitar el acceso a atención y servicio médico, que no están haciendo porque insisten en desmantelar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Accesible (ACA) sin ofrecer ninguna alternativa. Esto representa un riesgo para la madre durante y después del embarazo y para el bebé después de haber nacido.
  2. … facilitar el acceso a anticonceptivos, que tampoco están haciendo, ya que no solo tienen una guerra contra organizaciones como Planned Parenthood, sino que quieren eliminarlos del plan de ACA. Retirar el acceso a anticonceptivos significa un aumento en embarazos no deseados.
  3. … dar una buena educación sexual para enseñarle a la gente joven a ser responsables, a cuidarse y a no apresurarse. Pero no les interesa informar a su gente, porque lo que les interesa es la óptica de poder decir que son “pro-vida” porque quieren quitarle fondos a clínicas que están para ayudar a la población más vulnerable.

Los abortos no disminuyen cuando se les criminaliza, disminuyen cuando la gente está informada y tiene acceso a recursos para prevenirlos.

Quitarle a la gente el acceso a la canasta básica no la hace más trabajadora

La administración republicana de Donald Trump continúa recortando las ayudas que reciben millones de personas con bajos recursos a través de cupones alimenticios. Un argumento popular es que “no hay que darles peces, sino enseñarles a pescar”, como si retirándoles la única forma en la que pueden tener acceso a la canasta básica mágicamente les asegurara un trabajo con un salario digno, acceso a atención médica y una buena educación para sus hijas e hijos.

Como ya sabemos, en Estados Unidos, el acceso a los servicios de salud es muy limitado porque se necesita dinero para pagar todo, desde consultas básicas hasta tratamientos importantes. A pesar de la inflación y del aumento de los precios en básicamente todo, el salario mínimo no ha aumentado en más de diez años. Finalmente, una buena educación no está garantizada, ya que los fondos para las escuelas dependen del distrito donde se encuentran ubicadas. Si el distrito es un lugar donde vive gente de bajos recursos, las escuelas no reciben los fondos para ofrecer una educación de calidad. Muchas maestras y maestros necesitan tener dos o tres trabajos para mantenerse a flote.

Todo lo demás

La administración de Donald Trump está revocando sistemáticamente todas las leyes y actas que protegen a las víctimas de violencia sexual, dejando expuestos a los grupos más vulnerables de la población quitándoles el acceso a servicios, recursos, educación y alimentación (y ahora en plena pandemia), a las víctimas de discriminación en la vivienda, y rechazan a los que llegan buscando una vida digna.Y desde el principio han usado un lenguaje de odio, de sexismo y de racismo que ha tenido un efecto terrible en la sociedad. Va desde un gritarle al moreno que “se regrese a su país mexicano” hasta inspirar a los perpetradores de varios de los tiroteos masivos más recientes.

A una semana de la muerte de la jueza de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, el mismo partido que hace cuatro años bloqueó la nominación del juez Merrick Garland porque “era un año electoral” está buscando aprobar a la jueza conservadora, antiaborto y de derecha, Amy Coney Barrett, a cinco semanas de la elección. La fecha planeada para confirmarla es en la semana antes de las elecciones. La hipocresía y el cinismo están a la vista de todos.

Pero todavía hace un par de semanas vi a un pariente compartiendo un video de Trump diciendo cómo está comprometido a “restaurar los valores cristianos” y a otras personas aplaudiéndole y diciendo “amén.”

Ya no tengo paciencia para leer sus hipocresías.

Ellos saben, nosotros sabemos, todos saben que todo lo que esta administración y este partido está haciendo es totalmente opuesto al mensaje de Jesús.

Jesús, quien dijo,

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. … En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Mateo 25:36-40

Y levantan su Biblia para tomarse fotos y oprimir a otros.

Esa Biblia que dice,

Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido.

Deuteronomio 10:18

Ya no tengo paciencia para aguantar ese cinismo.

Apoyar al partido republicano actual y al actual presidente de los Estados Unidos es ir directamente en contra de sus supuestos valores cristianos, en contra de lo que Jesús es y lo que espera de nosotros. No se puede decir que “Dios trabaja con gente imperfecta” cuando la imperfección no es “Pedro mentía” sino “Trump tiene campos de concentración en la frontera, separó a miles de niños de sus padres, deportando a sus padres y dando a los niños en adopción en Estados Unidos y activamente bloqueó (y sigue bloqueando) una respuesta eficiente al coronavirus porque pensó que lo ayudaría políticamente y ahora más de 200 mil personas están muertas.”

Ya no tengo paciencia con esa crueldad.

Porque a estas alturas del partido, quien apoya a Trump a pesar de quién es y de lo que hace, es tan cruel como él.

Ya no tengo paciencia con esa cultura de muerte.

La verdadera cultura de muerte no está en Planned Parenthood, ni en las protestas que claman por justicia desde la muerte de George Floyd, ni en la voz de quienes recuerdan a Breonna Taylor, cuyos asesinos están libres y sin consecuencias. La verdadera cultura está en el partido republicano actual y en las bocas de todos los que siguen apoyando a Trump.

¿Qué haría Jesús?

A quienes crecimos en iglesias cristianas, nos enseñaron que, siempre que fuéramos a hacer algo de lo que no estábamos seguras, nos preguntáramos: ¿qué haría Jesús? Entonces me pregunto, ¿qué haría Jesús ante tanta injusticia?

Abro mi Biblia y leo un pasaje que me es reconfortante:

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Mateo 5:6

Y abro mi Biblia de nuevo y leo un pasaje que me recuerda que no tengo por qué quedarme callada, que debo actuar, que por algo soy protestante, porque debo protestar.

¿Qué haría Jesús?

Entonces Jesús hizo un látigo de cuerdas y echó a todos del área del templo junto con las ovejas y los terneros. Arrojó al suelo las monedas de los que cambian dinero y les volcó sus mesas.

Juan 2:15

Adaptado de la nota originalmente publicada en Facebook el 9 de agosto, 2019.

Esnobs de la Literatura

Cuando entré a la carrera, empecé a leer mucho más de lo que leía de niña o de adolescente. Vivía en un pequeño departamento a las afueras de la ciudad y no había muy buena señal de internet, por lo que YouTube y Netflix no eran opción, así que los libros se volvieron mi principal fuente de entretenimiento.

Comencé con novelas que parecía que todos habían leído menos yo: Harry Potter, Game of Thrones, algunas novelas de John Green y otras novelas populares. Luego decidí leer clásicos de la literatura: Frankenstein, Jane Eyre, Dracula, los Libros de la Selva y ahí fue cuando empezó el problema.

Todos conocemos a algún esnob, ¿o no? Ya saben, esa persona que solamente consume productos de la calidad que ella considera «superior» (independientemente de si son o no mejores). Puede ser un alimento o bebida, pueden ser aparatos electrónicos, puede ser incluso una categoría o género de cine, televisión, música o puede ser literatura. Si pueden, evitan los productos «inferiores» a toda costa. Nunca los van a ver tomando un café que no sea de la marca que ellos consideran buena, viendo películas que no son «de arte» o leyendo novelas… juveniles. Esas personas solo aceptan lo que ellos consideran lo mejor de lo mejor. ¿Harry Potter? Disculpa, no te escuché porque estaba muy concentrada con Charlotte Brontë. ¿John Green? Yo solo leo a John Milton, gracias. Y ni hablar de no terminar un libro. ¿Quién osaría hacer eso? ¡Entre más pesados y más aburridos, más grande es el reto intelectual! ¡Claro que leí Ulysses, de James Joyce! ¡No entendí nada, pero lo leí completo! ¿Escuchar audiolibros? Eso no es leer.

En fin. Ser un esnob de la literatura no está padre y hay varias razones por qué.

#1 Mantener una imagen falsa es agotador

El diccionario de la Real Academia Española tiene una definición interesante (aunque limitada) de la palabra esnob. Según la RAE, un esnob es una «persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos.» Ser un esnob significa no ser auténtico. Significa imitar a otras personas, sus formas, sus gustos y sus opiniones. En otras palabras, ser un esnob es fingir ser alguien más y eso es muy, muy cansado.

El constantemente reprimir nuestros propios gustos e intereses en favor de algo que consideramos «mejor» o «superior» requiere un esfuerzo constante. A veces, no somos conscientes de lo que estamos haciendo. Podemos caer en la trampa de confundir el «querer ser mejores versiones de nosotros mismos» por un «quiero ser como esa persona que considero superior a mí.» Tal vez pensamos que realmente no nos gusta (o que no nos debe gustar) algo (ahí están los llamados «gustos culposos»), pero basta un pequeño descuido para que la verdadera personalidad salga y la imagen que nos había costado tanto trabajo crear, se viene abajo en cuestión de segundos.

#2 Ser un esnob significa hacerse presiones innecesarias

Leer es un hábito importante. Es algo que idealmente deberíamos disfrutar, pero que, al menos, debería sernos útil. Yo estoy totalmente a favor de leer libros de la primera a la última página, pero hay libros que simplemente no son lo mío. No aportan nada, no aprendo nada y no debería sentir la presión de tener que terminarlos.

Marie Kondo tiene un concepto muy específico japonés llamado «tokimeku» ときめき, que en inglés tradujeron como «spark joy» y que no tiene una traducción específica en español. Tratando de explicar su concepto, Marie Kondo ha dicho que las cosas deberían traernos alegría/emociones positivas o sernos útiles. Si un libro no nos está gustando y no nos es útil, no tenemos por qué terminarlo.

Otras presiones tienen que ver con el formato. La clásica discusión entre libro electrónico o de papel, entre la tapa dura y la tapa blanda, entre el audiolibro y el libro para leer. Ninguna vale realmente la pena. Tener un formato favorito es una cosa, pero el cerrarse a los demás o el sentirse superior por solo leer de cierta manera es absolutamente innecesario. La información que estamos consumiendo no cambia. Estar abiertos a los distintos formatos que hay nos facilita el acceso a los libros. Los impresos son más caros que los electrónicos y los audiolibros nos permiten el acceso a los libros en situaciones en las que no nos podemos sentar a leer. Ser flexibles nos ayuda a leer más.

#3 Ser un esnob daña nuestra percepción de otros y de nosotros mismos

Pero ser un esnob no termina ahí. La palabra esnob viene del inglés «snob», que también se define como «una persona que piensa que es mucho mejor que las demás por ser inteligente o por tener gustos que muchos otros no comparten.»

Ser un esnob daña nuestra imagen de otros y nuestra imagen de nosotros mismos:

  1. Si me considero superior a los demás por tener gustos específicos, probablemente considero inferiores a las otras personas o a sus gustos.
  2. Si considero que solo ciertos gustos son superiores, cuando me doy cuenta de que no los comparto, me puedo sentir inferior.

Generalmente hablamos de «gustos culposos» cuando hablamos de algo que nos agrada, pero que es de mala calidad o de bajo nivel, una película mala, un libro chafa, y los llamamos «culposos» como si debiéramos sentirnos culpables por tenerlos.

#4 El canon literario es muy limitado y muy subjetivo

Sería mentira decir que yo despreciaba a mis compañeros y compañeras porque leían cosas «poco intelectuales.» Sin embargo, sí sentía esa pequeña satisfacción de saber que yo estaba leyendo cosas «más difíciles» y «de mejor calidad», pero… ¿De mejor calidad según quién?

El canon literario (todas las obras que se consideran parte de la “alta cultura” en la literatura occidental) consiste, en su mayoría, en libros escritos por hombres blancos sobre hombres blancos y para hombres blancos, y esos libros han sido, en su mayoría, escogidos e incorporados al canon por hombres blancos. Esto no significa que no tienen valor o que ser un hombre blanco es malo, pero es importante recalcar que, al ser libros que solo representan a ese grupo específico de personas, son libros que presentan una perspectiva muy limitada de nuestra historia y de nuestra cultura. El insistir que es la única literatura que vale la pena es cerrarnos a todo un mundo de perspectivas, de diferentes ideas y de belleza.

Al final del día, la «superioridad» de unos libros con respecto a otros, de unos géneros con respecto a otros es totalmente subjetiva. Sí, hay estándares para categorizar y para poder dividir la literatura, pero siempre hay que preguntarse de dónde vienen esos estándares y por qué fueron establecidos. No porque un libro es parte del canon literario significa automáticamente que está bueno o que aporta algo. (Que pasen al frente todos los que disfrutaron ampliamente leer «El Corazón de las Tinieblas.») Muchas veces, los libros llamados «superiores» más bien me recuerdan a algo que dijo el comediante John Mulaney:

«Y la gente dijo, “¡Esto es innovador!” Pero solo era muy misógino.»

Siempre me han gustado los clásicos de la literatura. Me gusta leerlos, comprarlos, verlos en mi repisa y comparar las diferentes ediciones que hay en el mercado. Uno de mis libros favoritos es parte del canon, una de mis autoras favoritas es parte del canon. Pero lo importante es siempre estar conscientes de que un libro no tiene más valor que otro simplemente por ser parte de una lista, un gusto no es superior a otro porque hace cien años un grupo de señores decidió que así era.

Los libros deben ser útiles y deben ser entretenidos.

Lo mejor es deshacernos de los gustos culposos y mejor aprender a ser críticos de lo que consumimos y aprender a disfrutarlo por lo que es.

El Otro Tipo de Social Distancing

En México, el término más usado es “sana distancia”, al menos por el gobierno, especialmente desde que presentaron a la súper heroína “Susana Distancia”, pero en el resto del mundo, el término es “Social Distancing”.

Susana Distancia. Fuente: coronavirus.gob.mx

Por cierto, algunos expertos, incluyendo a la Organización Mundial de la Salud, afirman que “social distancing” no es la mejor forma de llamarla porque los contactos sociales son vitales para sobrellevar esta temporada. Daniel Aldrich, profesor de ciencias políticas y políticas públicas en la Universidad Northeastern, ha sugerido el término “physical distancing”, distancia física. El gobierno de México no andaba tan perdido cuando decidió no llamarla “distancia social”. Sin embargo, así la llamaron en Estados Unidos y en el resto del mundo. Yo veo las noticias alemanas todos los días y siempre que hablan de eso, utilizan el término en inglés. En fin.

Cuando comenzó “la cuarentena” en Alemania, yo compartí el siguiente meme de Reddit en mi muro de Facebook:

Y es verdad que el no salir mucho y no tener que interactuar físicamente con gente que no conozco no me ha sido particularmente difícil. A la gente introvertida generalmente nos gusta estar en casa, en nuestro espacio y a mí en lo personal solo me gusta compartirlo con un grupo muy pequeño de personas. Entonces no, no me estoy volviendo loca por salir, aunque a veces sí siento mi departamento de un cuarto un poco pequeño. Me gustaría tener una sala y una cocina más grande, pero mi balconcito y mis idas regulares al súper, a la oficina de correos o a la panadería hacen que no me sienta en aislamiento total.

Sin embargo, en la segunda semana del “encierro”, me di cuenta de algo: me estaba poniendo de muy mal humor, muy seguido y me estaba enojando mucho con la gente. Gente que conozco y gente que no conozco. Pasaron dos o tres días antes de que pudiera identificar el problema: eran las redes sociales.

En el newsletter de este mes, hablé de cinco cosas que estoy haciendo ahora que tengo aproximadamente una hora extra porque trabajo desde casa y ya no pierdo tanto tiempo en el transporte público. Son cosas que no hago todos los días, pero que puedo hacer regularmente y que me ayudan a estar bien y de buenas. Sin embargo, son cosas que comencé a hacer una vez que le puse un límite de tiempo a mis redes sociales.

No estoy hablando de #DesconectarseParaConectar, estoy hablando del genuino daño que las redes sociales pueden hacerle a la gente, del desgaste mental y de la angustia que provocan.

Usadas de forma correcta, las redes son fantásticas. Nos ayudan a estar en contacto con amigos y familiares, a mantenernos informados, a participar en conversaciones y discusiones, y a ver otros puntos de vista y otras experiencias. Pero las redes sociales pueden ser muy tóxicas por varias razones y en estos tiempos de pandemia, yo veo dos principales.

Photo by Elijah O’Donnell on Unsplash

#1 Las Fake News

El problema de la desinformación es enorme. Especialmente en México, que según una investigación de la UNAM, es el segundo país con más fake news, hay miles de noticias falsas circulando por las redes y estas pueden causar histeria y pánico. Muchas veces el fin es vender curas milagrosas, pero lo más común es que sean difundidas para obtener interacciones. Las páginas de internet, la publicidad, los posts en las redes sociales, todas se mantienen y reciben ingresos a través de un sistema de interacciones: entre más interacciones tenga un post, más ingresos significa para la empresa. Publicar noticias escandalosas invita a la interacción, independientemente de si sean falsas o no.

Muchas de las noticias engañosas con respecto al coronavirus que he visto en las redes son para hacer quedar particularmente mal al gobierno federal o al presidente, quien no es muy popular entre ciertos sectores de la población. Esto muchas veces provoca que la gente caiga en el “sesgo de confirmación”, que es la tendencia a creerle más o a favorecer la información que confirma nuestras propias creencias, ignorando opciones alternativas y, en muchos casos, la verdad. Todos hemos caído alguna vez en noticias falsas, pero el problema se vuelve más grande cuando la gente que se las cree y que las comparte tiene plataformas grandes. En el mejor de los casos, compartir noticias falsas con respecto a una pandemia provoca que la gente se enoje, en el peor, que se muera.

#2 La acumulación de la frustración

Tal vez me creí una noticia falsa y me indigné, tal vez la noticia era real y me asusté, tal vez no es una noticia, sino una tontería compartida por alguien y me hizo enojar, tal vez estoy viendo obsesivamente las cifras de infectados. El caso es que me estoy alarmando y/o frustrando cada vez más.

La situación mundial sí es alarmante y definitivamente provoca mucha ansiedad y frustración. La economía está cayendo, las desigualdades sociales se ven más marcadas que nunca, cada vez hay más gente contagiándose y la respuesta de los gobiernos no siempre es la que esperábamos. Pero el hecho de que las redes sociales nos conecten con todos estos problemas todo el tiempo, significa que todo el tiempo estamos recibiendo muchísima información. Es muy bueno estar informados y al pendiente, pero estar todo el día en las redes solo nos expone a horas y horas de malas noticias y hace que nuestra frustración se vaya acumulando más y más. Si seguimos así, saliendo de esta pandemia vamos a tener que ir directo a terapia.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

Todavía nos queda un buen rato de “sana distancia”, pasando tiempo en casa, trabajando en condiciones extrañas y definitivamente no ideales, entonces quiero proponer otra forma de “social distancing”: Social Media Distancing.

Igual que con la distancia física, que significa solo salir para necesidades básicas como ir al súper, al banco, a dar caminatas cortas para tomar el aire libre, conviene utilizar las redes para cosas básicas: mantenernos informados, ver en qué va la cosa, ver qué comparte la gente que queremos, y luego ponerles distancia. Después de todo, hay más cosas para ver y para leer y hay más formas de comunicarse.

Abril está llegando a su fin y todavía nos queda mucho por delante, así que vamos tomándola con calma y poniéndole su sana distancia también a las redes. No solo es importante la salud física, también es importante cuidar de nuestra salud mental y una forma de empezar, es haciendo “social media distancing.”

2020: Creciendo mientras voy

Me encantan las vacaciones de Navidad.

Para mí, es un tiempo para relajarme, reflexionar sobre mi año y evaluar sobre cómo quiero seguir adelante. Normalmente es un tiempo tranquilo, un tiempo para cerrar ciclos y abrir nuevos; es también el tiempo en el que escojo la palabra que va a servir como guía para el nuevo año.

El año pasado escogí “balance”. Lo que en realidad sucedió es que aprendí que lograr un balance es una de las cosas más difíciles que hay, especialmente en tiempos de cambios y tomas de decisiones importantes. El 2019 fue un año particularmente complicado, pero aprendí acerca de mí, de lo que quiero y de hacia dónde quiero ir.

Balance.
Tener balance es mantenerse equilibrada, estable. En el 2019 aprendí a mantenerme equilibrada.

Pero fue un buen año. Terminé todas mis materias de la maestría, mejoré en mi trabajo, visité a mi familia, hice amigas nuevas y me comprometí. Estoy particularmente emocionada y agradecida por esa última.

El 2020 va a ser un año lleno de cambios y cosas nuevas y emocionantes. Se vienen muchos planes y proyectos, muchos pasos grandes por tomar y espero con muchas ganas el poder tomar cada uno de ellos. Es por esto que la palabra que escogí para el 2020 es crecer.

Crecer.
Verbo. Ir en aumento, tomar mayor autoridad, importancia o atrevimiento, mejorar.

Crecer. ¡Qué palabra tan ambigua! Mientras la estaba considerando, me preguntaba a mí misma, ¿qué significa para mi vida? ¿Qué implicaciones tiene?

La ambigüedad puede intimidar. Una nunca sabe el alcance de lo que se está diciendo. ¿Dónde empiezan? ¿Dónde terminan? Y, sin embargo, la ambigüedad lleva consigo libertad.

¿Qué es crecer? ¿quién está creciendo? ¿yo? ¿en qué formas? ¿O acaso mis proyectos, mis  habilidades y competencias, mis metas? Aquí algo que va a crecer en el 2020: Mi vida. Ya no voy a ser solo yo, vamos a ser dos. ¿Qué otra cosa puede crecer? Mi escribir, mi lista de lectura, mis planes, mi carácter, mi seguridad, mi cabello, las plantas en mi ventana.

A diferencia de otros años, en los que escogí sustantivos como balance, propósito o disciplina, este año me decidí por un verbo para enfatizar el proceso, el estado de cambio constante. Estoy creciendo mientras voy, mientras me muevo de un lugar a otro, mientras aprendo nuevas cosas y mientras vivo nuevos momentos.

Entonces, habiendo dicho todo esto, este año espero crecer. Y espero que ustedes crezcan también. De igual forma, espero verlos pronto aquí de nuevo. Que tengan un bendecido y feliz año.

Paola.

We need to talk about Kylo Ren’s character arc in The Rise of Skywalker

Star Wars is one of those things I grew up loving. I love the original trilogy, I sort of enjoy the prequels (despite them being objectively bad), I have sort of enjoyed the spin-offs, I’ve watched some of the series, and I liked the more recent films in the saga. Yes, I had a lot of fun with The Force Awakens and I thought The Last Jedi was good, even though I did not like everything about it.


Spoilers for The Rise of Skywalker ahead.


Irrefutable proof that I like Star Wars, lol

But The Discourse™ surrounding Star Wars, the extreme reactions from some of the fans, including the harassment and blatant racism/misogyny that the cast has endured, have soured the Star Wars experience for many people, including me. So, I have kept my distance in recent years. I still watch the movies and the videos surrounding them, but I never go into open discussions or “debates” because I just don’t think they’re worth the energy.

So, when I went into the cinema to watch The Rise of Skywalker, I went expecting an entertaining movie. Nothing more, nothing less. I was not going to get angry, I was not going to get hyped about it, I was not going to discuss it with anyone, and I surely was not going to write about it. I guessed there would be enough online outrage.

And then I saw this long YouTube video where three men discussed and talked about what they did and didn’t like about the movie. I didn’t watch the entire video because I was not emotionally invested, but one thing that caught my attention was that they listed Kylo Ren’s redemption as one of the things they liked. And after hearing those words, I could not stop thinking about them because… well… it’s not good.

When I say that Kylo Ren’s arc is not good, I’m talking specifically about his redemption arc as depicted in The Rise of Skywalker. So, today I would like to break down and explore not only why it’s a bad redemption arc, but also why it might be that some people perceived it as good, or at least, good enough.

1. There is no realization that any of Kylo Ren’s previous actions (except killing his father) were wrong

Killing Han Solo, his own father, was something bad that Kylo Ren did. It was wrong of him. We know that, Kylo knows that, everybody knows that. In fact, Kylo is so aware of its wrongness, that it weighs on him for the entirety of the trilogy. It is a point that has been clearly established and constantly repeated both by characters in the movie and by the people working on the movie. What he did was wrong and he felt bad about it since the moment that it happened, when he was in evil-mode.

But what about the other things he did? He killed countless resistance fighters, he burned down villages, he murdered Max von Sydow, he was the Supreme Leader of an institution that kidnapped children to make them into Stormtroopers, the list goes on. So, when during The Rise of Skywalker does he realize that all of these actions were wrong? How does he realize this? What leads him to this conclusion? What indication is there that he regrets having done any of that?

There isn’t. Which brings us to the next point.

2. Kylo Ren doesn’t make reparation to those he hurt

Part of what makes a good redemption arc work is that, once the character in question realizes that what they’ve done is bad, they feel terrible about it and they try to make up for it. Keyword: Reparation, “the act of giving something to somebody or doing something for them in order to show that you are sorry for suffering that you have caused.” (Oxford Dictionary)

One of the best examples of all time is the character of Prince Zuko in Avatar: The Last Airbender, who after renouncing the Fire Nation, goes to the Avatar team, says he’s sorry, gives every team member something in return (he teaches Aang to firebend, he helps Katara find closure, etc.), and he personally helps in the defeat of the Fire Nation.

In the Marvel Universe, the character of Black Widow states in the first Avengers film that she has “red on her ledges and would like to wipe it off”, making it crystal clear that her avenging and crime-fighting are her way to atone for what she did in the past.

But since Kylo Ren has shown no remorse for what he did to countless people, there’s never a way for him to address his past actions. He doesn’t ask for forgiveness, he doesn’t join the resistance, nothing he does after his “turning point” makes it better for anyone. Not that the film would have let him. It promptly rewards him with a kiss and kills him off, so he can die a martyr. But his actions as Ben Solo are not deserving of reward, and letting him off the hook with a supposedly heroic death is not the same as fixing what he broke. And yes, this includes his helping Rey defeat Palpatine.

3. It doesn’t matter whether it was Ben or Kylo who helped Rey defeat Palpatine

The motivations and goals of Kylo Ren are never made completely clear in the trilogy. We don’t really know what he wants or why he wants it. He wants to destroy the resistance, he then wants to kill the past and rule with Rey, he then wants to be Supreme Leader, but we never know why.

At the beginning of The Rise of Skywalker, it is made clear that Kylo Ren wants to kill Palpatine so there’s nobody more powerful than him. He goes to Rey to tell her that Palpatine wants to kill her and tries to convince her that they should go kill him together instead. Once he turns good and becomes Ben Solo again, he goes to help Rey do that.

The thing is, whether Kylo Ren is good or bad makes no difference in the outcome of this final battle and thus, his sacrifice has no real impact on his redemption as a whole. Kylo/Ben helping Rey is not an indicator of his goodness. We saw him do exactly that in The Last Jedi and that did not redeem him. She was being tortured by Supreme Leader Snoke, Kylo helped her, they fought Snoke’s goons together, and then they bumped heads because she wanted him to be good and he wanted to be bad.

In The Rise of Skywalker, Palpatine is emotionally torturing Rey, so Ben helps her, they fight together and she kills Palpatine and dies. We could argue that only a light force user could have brought her back to life, so it was necessary for him to be good, but we just saw Palpatine get a whole beauty makeover using the dark side, plus there was a lot of life-giving and Snoke-creating equipment lying around. Maybe Kylo could have used that instead. Maybe seeing her sacrifice could have made him see the error of his ways and that could have been his turning point towards the light (although this idea would also have been very problematic).

My point is, the Emperor died regardless of whether Kylo was good or bad. The plot probably needed Ben to bring back Rey and make this big sacrifice, but when the sacrifice comes, we are left with this strange feeling that something is missing. Something is not right. And that something boils down to one thing and one thing only…

4. Kylo Ren’s turning point is not convincing

Kylo Ren was absolutely miserable since he killed his father in The Force Awakens, but this didn’t stop him from doing anything else he did afterward, except killing his mom in The Last Jedi. He still killed Snoke and took over his job, destroyed the resistance, bullied his coworkers, yelled at Luke Skywalker, negged Rey (negging: low-grade insults meant to undermine the self-confidence of a woman so she might be more vulnerable to your advances), and tried to be the biggest baddy in the galaxy.

So, when he’s fighting Rey on the wreckage of the Death Star and she stabs him, when he feels Leia’s death, he has a change of heart and dramatically throws away his lightsaber into the ocean. But again, the movie never tells us why. Why would he suddenly quit the dark side? What prompted him to do it? Was it getting stabbed? Was it his mother dying?

It has been argued that “Leia snapped Kylo Ren back to Ben Solo as her final act before death“, but that doesn’t work on different levels. Not only is it bad for the character of Kylo because it takes away all his agency (since all of his life-changing decisions have been influenced by someone else, be it for good or for evil), it also doesn’t explain why or how this would suddenly work. In previous movies, Leia clearly said that she hadn’t been able to reach him, that she had lost him. Han tried to and died, Luke tried to and failed, as did Rey. So… what changed? Why now?

There was no build-up to his redemption, there was never a point where he looked back on what he did and the damage he caused and said “oh… this was bad”, there was no indication of him changing his mind about the First Order. He simply decided to not be evil anymore. My point is: his redemption arc is bad because he didn’t really have one. The movie just jumped from one thing to another without putting in the effort.

This brings us back to the original issue. Why would we think that his redemption arc is good? Why would we think his ending is deserved? The three men that I watched on YouTube aren’t the only ones who have said so. There are several posts on Social Media where people agree that it was good and deserved and “much needed!”

There’s this thing that people do, especially people in positions of privilege or power, where they do something that hurts a person or a group, and then, upon being pressured, issue an apology. Sometimes the apology is a non-apology, the classic “I’m sorry if I offended you”, “I’m sorry you felt like that”, or in true Joe Biden fashion “the standards are different now”/”social norms are different”, but mostly people just say sorry and move on with their lives.


Here’s a story: After the Harvey Weinstein scandal broke, many people, most of them men (like Matt Damon, George Clooney and Ben Affleck), but also some women (like Lindsay Lohan) started distancing themselves from him, claiming that “they didn’t know him that way”. They had a vague idea that he was “a bully”, but they didn’t know. Obviously they thought what he did was wrong, but they never saw him do any of it!

And then there was director Kevin Smith. Like the others, he said he didn’t know. Harvey Weinstein had helped him boost his career and had been almost his mentor, but he didn’t know that part of him. But here’s where he went a different route than the others: he said that, despite not knowing about it, he had been part of the problem because he had sent many women in filmmaking towards Harvey Weinstein, thinking that he would help them the way he’d helped him. That’s realization. He was ashamed of it and he then vowed to give all future residuals from the films he made with Weinstein to the non-profit organization Women in Film. Expecting The Weinstein Company to suffer some economic losses due to the scandal, he pledged to also give $2000 every month for the rest of his life. He didn’t actively and purposefully hurt women, but his actions probably led to some women getting very hurt, so he was going to make up for it. That’s reparation.


But more often than not, the very people who committed the offense go on as if nothing had happened. They don’t necessarily try to understand how it was wrong and where it came from, they don’t examine their lives and put in the work to become better people, they don’t try to actively make up for what they did, they just are more careful about what they say (if at all). The reason why I’m talking mostly about powerful or privileged people because their unique positions allow them to do that without big repercussions.

And I think that, at least to a certain extent, Kylo Ren’s redemption is a bit like that.

Like many people pressured into saying sorry by something they’re not sorry about, Kylo’s change was completely superficial. Literally. He threw away his lightsaber, he changed his clothes, and he went to kill some more people, only this time bad people with no names and no faces. We’ve seen that nothing he did after becoming Ben was totally different from what he could have done as Kylo, and we probably agree that he didn’t really have time to prove me wrong because he died. We could sit here and argue that, if the trilogy had been planned out from the start, that would have allowed the writers and the director to clearly define what they wanted to do with him and his redemption could have been more developed, but that’s not what happened. The fact remains that the movie completely left out key aspects that make a redemption convincing, which makes me think that maybe the writers didn’t think of them at all.

I’m not saying that this was done on purpose, nor am I saying that the writers, the director or the people who think that Kylo’s redemption was good are mean people who don’t know how to apologize or how redemption works. What I’m trying to say is that, maybe this is an example of how, due to our position, we might still have some blind-spots, when it comes to being sorry. It’s not enough to say sorry, it’s not enough to broodily throw our swords into the ocean, it’s not enough to run to the girl we like to help her against a bigger bully and ignore everyone else. We need to clearly see what we did, why we did it, renounce it, and do something about it. True redemption involves introspection, realization, and reparation.

Favoritos del Año 2019

Y se acabó el 2019.

¡Oh, 2019! Fue un año largo y complicado, lleno de cambios y nuevas experiencias. Pero de eso podemos hablar en otro post. Hoy les quiero compartir algunas de mis cosas favoritas este año. Algunas son para productividad, otras para entretenimiento, pero todas me fueron útiles y todas las disfruté.

Nota: nada en este post es patrocinado. Son simplemente cosas que me gustan y que les quiero compartir.

Apps

En el 2017 me mudé de regreso a Alemania para estudiar un master en Ciencias Políticas. Desde entonces he escrito muchos artículos, presentado exámenes y dado presentaciones. Así que aquí están las tres apps que me ayudaron con toda la carga de trabajo.

Forest

Esta es una app para la concentración que instalas en tu teléfono o como extensión de Google Chrome. Funciona así: pones en un temporizador el tiempo en el que planeas concentrarte y plantas un árbol virtual que crece durante ese tiempo. Dejas tu teléfono de lado y te pones a trabajar. Si te sales de la app, el árbol muere. Tienes que esperar a que crezca para volver a usar tu teléfono. Una vez que el árbol ha crecido, recibes monedas que puedes usar para desbloquear otros árboles y así armar un bosque.

La mejor parte de la app es que, cuando tienes suficientes monedas, las puedes donar para plantar un árbol real.

Notion

Notion es un espacio de trabajo virtual para básicamente todo lo que tienes. Cada página puede ser editada y personalizada exactamente para lo que la necesitas: escribir un texto, hacer una lista, agregar una tabla, un horario, ajustar notificaciones, así como conectar con páginas web y con otras páginas de Notion.

La versión gratuita te permite tener hasta 1000 páginas y el espacio de trabajo es solamente para ti. Sin embargo, hay diferentes planes que van desde los $4.00USD (personal) hasta los $20.00USD (enterprise) mensuales. Un plan de grupo te permite compartir el espacio de trabajo con tu equipo. Para estudiantes, Notion es gratuito.

Scrivener

Scrivener es una app para escribir. La compré hace muchos años, cuando estudiaba la carrera y ahí escribí todos mis trabajos de investigación y mi tesis. Hace unos meses compré la tercera edición de Scrivener y la estoy disfrutando mucho.

En Scrivener puedes organizar tus notas, codificar por color, hacer resúmenes para ver rápidamente de qué se trata cada sección, guardar PDFs para no cambiar de programas cuando trabajas y, al final, puedes exportar tus textos listos para publicación.

Las siguientes dos apps, las uso en mi vida cotidiana.

Audible

Audible es la tienda de audio libros de Amazon. Desde que empecé mi master y mi trabajo de medio tiempo, no he tenido suficiente tiempo para leer. El año pasado leí seis libros en total, ¡seis! Así que decidí suscribirme a Audible y empecé a escuchar libros en mi camino a la universidad y al trabajo, y descubrí la alegría de escuchar libros.

Sí, cuesta $15.00USD al mes, pero vale muchísimo la pena.

SpotOn

Esta app no es solo una app para darle seguimiento al periodo menstrual, es la mejor. Desarrollada por Planned Parenthood, SpotOn te ayuda a darle seguimiento no solo a tu periodo, sino a todo lo que tiene que ver con él: cómo te sientes, qué te duele, cuánto te baja, de cuándo a cuándo, etc. De esta forma, puedes ver cómo te has sentido y cada cuándo. Además, puedes darle seguimiento a tu método anticonceptivo, sea píldora, parche, implante, inyección, lo que sea.

SpotOn también cuenta con una sección de “recursos”, en la cual puedes ver preguntas frecuentes relacionadas con el periodo menstrual, el sexo, los métodos anticonceptivos y un glosario. Puedes activar notificaciones para recordarte cuando tu periodo está cerca, para tomarte la pastilla anticonceptiva y para recordarte citas con el ginecólogo. En pocas palabras, si tienes periodos, deberías tener esta app en tu teléfono.

Libros

Un Cuarto Propio, de Virginia Woolf

De este libro, escribí en Junio, por lo que basta decir que este ensayo largo, basado en una serie de lecturas que Virginia Woolf dio en las universidades de Newham y Girton, es indispensable para lectores/-as, escritores/-as, creadores/-as de contenido y para la audiencia general.

La Odisea, traducido al inglés por Emily Wilson

Esta traducción al inglés es perfecta para nuestro tiempo. Emily Wilson tiene un cuidado pocas veces visto en otras versiones de la Odisea, respetando elementos fundamentales del original, como la longitud, el ritmo y el tono, y haciéndolo accesible para todos.
El resultado es un poema épico, fácil de leer y sumamente bello.

Bad Feminist: Essays, de Roxane Gay

Bad Feminist es una colección de ensayos personales de la autora, profesora de universidad y jugadora de Scrabble competitivo, Roxane Gay. Los ensayos abordan temas de política, racismo, experiencias personales y cultura popular. La calidez y la honestidad con la que están escritos, le dan a este libro esa sensación de conversación que solo algunos libros logran conseguir.

Cuestión de sexos: Cómo nuestra mente, la sociedad y el neurosexismo marcan la diferencia, de Cordelia Fine

“Las mujeres son de Venus, los hombres son de Marte”, “hay un cerebro masculino y un cerebro femenino”, “los hombres y las mujeres son naturalmente mejores para distintas cosas.” Todas estas son frases que frecuentemente escuchamos en nuestra vida cotidiana. Las leemos en libros y revistas, las vemos plasmadas en nuestras pantallas y las escuchamos en la casa y en la escuela.

En este libro, Cordelia Fine se embarca en un viaje de descubrimientos, nadando en el vasto océano de estudios e investigaciones de los campos de psicología y neurociencia, y nos lleva con ella en su búsqueda por la verdad detrás de estos mitos. Así nos enseña cómo, desde el momento en que nacemos (incluso desde antes), estamos constantemente influidos/-as y limitados/-as por las generalizaciones y suposiciones culturales sobre el género.

El Océano al Final del Camino, de Neil Gaiman

Este libro es corto, pero es una maravilla. Neil Gaiman nos cuenta la historia de un hombre que regresa a la casa de su niñez para ir a un funeral. Estando ahí, va a la granja al final del camino, donde pasó un tiempo cuando era niño. No ha estado ahí en tanto tiempo, ni siquiera recuerda qué pasó ahí. Solo recuerda que ahí conoció y se hizo amigo de una niña, Lettie Hempstock. Su memoria vuelven poco a poco y así comienza a recordar las cosas extrañas, oscuras y misteriosas que vivió ahí. Cosas que comenzaron con un hombre muerto en un coche y terminaron en un océano.

Otros links

The Woman Dies (La mujer muere)

Escrito por Aoko Matsuda y traducido del japonés al inglés por Polly Barton, este es un cuento de la colección The Year of No Wild Flowers (El año sin flores silvestres) y publicado en línea por la GRANTA. The Woman Dies es de las mujeres en las historias y es fantástico.

Medium

Medium es una plataforma para publicar en línea que alberga escritores/-as profesionales y amateurs, periodistas y bloggers. Soy miembro desde hace algunos meses y me encanta leer ahí. Recientemente decidí abrir mi propio espacio, donde publico de cuando en cuando.

Joshua Weissman

Este es un cuate que trabajaba en un restaurante y ahora tiene un canal de YouTube. Sus videos son relativamente cortos, pero muy buenos. Lo pueden seguir en YouTube y en Instagram.

Y eso fue todo. ¡Muchas gracias por haber leído The Notebook in My Pocket este año! Espero que tengan un tiempo lleno de alegría y de bendición. Nos veremos de nuevo en enero para hablar de mi palabra del año y de los planes para el 2020.

Paola.

Los tres tipos de mujeres en la película, “Inesperado”

Inesperado es la película más reciente de Pure Flix, el estudio que nos trajo la trilogía “Dios no está muerto”. Está basado en el libro de Abby Johnson, la exdirectora de una clínica de Planned Parenthood y activista pro-vida. Los que ya saben de Inesperado, saben que es una película con un claro mensaje antiaborto. Pure Flix solo produce películas con mensajes evangélicos. Es necesario aclarar aquí que el cristianismo presentado por Pure Flix es el que corresponde a la derecha cristiana estadounidense, en su mayoría blanca.

Inesperado en realidad no dice nada nuevo en contra del aborto. Los puntos que presenta son los que ya conocemos todos y no es necesario repetirlos. Lo que me interesa más de esta película es la forma en la que presenta y habla de las mujeres.

Spoilers adelante.


La primera persona a la que vemos es a la protagonista, Abby Johnson, quien está ayudando en un aborto donde, según se ve en el ultrasonido, el feto “luchando” por no ser aspirado. Luego de presenciar tan horrible escena, Abby sale corriendo y se encierra en el baño para llorar.

La siguiente escena es ocho años antes. Abby es una joven universitaria, optimista y, la película nos dice, ingenua. Caminando por una feria, Abby llega a un puesto de Planned Parenthood, donde una joven más o menos de su edad está tratando de reclutar voluntarias para ayudar en la clínica donde trabaja. El puesto está lleno de objetos rosas y la joven está vestida completamente de rosa. El tema del aborto sale a colación y Abby, nuestra joven e inmadura Abby, dice nerviosa que “en realidad apoya la igualdad de derechos para la mujer”, a lo que la otra mujer contesta con un rotundo “no puedo creer que todavía haya gente que nos quiera decir qué hacer y qué no hacer con nuestro cuerpo.”

Apenas es la segunda escena, pero la película ya dijo lo que opina: las dos mujeres en cuestión son feministas, pero son jóvenes e ingenuas.

La siguiente escena es básicamente un montaje: Abby se describe a sí misma como “fiestera” durante los años en los que va a la universidad (esto es malo) y comienza a salir con un hombre más grande que ella y que no la ama. Cuando queda embarazada, él la lleva a una clínica para abortar. Se casan, se divorcian, Abby tiene un segundo aborto y luego comienza a trabajar en Planned Parenthood. El siguiente punto es claro: no es que Abby sea pro-abortos, Abby es pro-derechos de las mujeres en crisis.

Recordamos que Abby es joven e ingenua y se deja llevar por la “supuesta” meta de Planned Parenthood de disminuir el número de abortos a través de la educación sexual.

Su trabajo en Planned Parenthood provoca un conflicto entre Abby y sus padres, quienes siempre han sido pro-vida. Ellos no ocultan su desilusión y su decepción con respecto a la decisión de su hija. En una escena en la que Abby está comiendo con su familia y su nuevo marido (quien sí la ama), Abby explica sus razones, pero la película nos dice que son incorrectas. Es ahí donde la película manda un mensaje más claro. La madre de Abby la detiene y le dice: “Ahora, quiero que me escuches y que no digas nada: para tu papá y para mí, tú fuiste un bebé desde la concepción. Tú no lo ves así, pero nosotros sí.”

Independientemente de si lo que acaba de decir tiene bases científicas o no, lo importante es la forma en la que se lo dice y lo que esto implica:

  1. Quiero que me escuches y que no digas nada: Abby tiene que escuchar lo que sus padres dicen, pero no tiene derecho al mismo trato. Lo que ella piensa, opina o cree en realidad no importa. Es una joven ingenua, inmadura, (feminista), no sabe lo que está diciendo y por lo tanto, no tiene derecho a ser escuchada.
  2. Tú no lo ves así, pero nosotros sí: Una y otra vez, la película nos muestra a Abby defendiendo su trabajo hablando con un lenguaje técnico y científico, frío y sin emoción, y lo presenta como algo malo. El tema de cuándo empieza el feto es un bebé es una opinión más. Una opinión que, por cierto, no importa. Ellos no lo ven así y lo que ellos ven es lo correcto, independientemente de si es real o no.

La escena concluye con Abby callada y mirando al piso, sin nada que decir. ¿Y qué va a decir, si de cualquier forma no va a ser escuchada?

He aquí nuestro primer tipo de mujer: la joven ingenua, cuya voz no cuenta.


La otra mujer importante en la película, es la jefa de Abby en la clínica de Planned Parenthood, la antagonista. La jefa es una auténtica Lady Boss: ambiciosa, calculada, fría y está dispuesta a mentir y a pasar por encima de todos con tal de salirse con la suya. Lady Boss es la “feminazi” del cuento: está en contra del matrimonio, de los embarazos y solo vive para su trabajo.

En caso de que no nos haya quedado que es malvada, la película nos muestra una escena en la que Boss Lady, vestida de negro, lleva a Abby al cuarto P.O.C. (las enfermeras lo llaman Pieces of Children), donde se reconstruyen los fetos abortados. Ahí, Boss Lady, parada frente a un feto muerto y con una sonrisa macabra, le dice a Abby que la ha escogido como su sucesora. Abby no es como las demás, Abby no llora al ver los fetos, Abby está lista para ser la siguiente Boss Lady.

Volvemos a la primera escena: Abby ha visto su error y ha decidido dejar Planned Parenthood y Boss Lady no está contenta. ¿Y cómo no estarlo? ¡Han trabajado juntas durante años, le han mentido a tantas personas, han convencido a tantas jóvenes ingenuas e inseguras de que los abortos son las mejores decisiones de sus vidas! ¡Claro que está enojada! ¿Y qué mejor forma de decírselo que como se lo dice a las afueras de Planned Parenthood?

“Algunas, seguimos fieles a la causa, algunas protegemos la libertad de decisión de la mujer. Y las que lo hacemos, somos parte de una corporación multimillonaria.” (Aunque no es el tema, es interesante que la película de un estudio conservador de derecha mencione específicamente que los malos son malos, en parte, por ser una “corporación multimillonaria.”)

Esta conexión entre derechos de la mujer y agendas capitalistas es mencionada de nuevo cuando Boss Lady le dice a Abby y a la audiencia que “la política empresarial de Planned Parenthood es simple: [son] una proveedora de abortos” y lo de organización sin fines de lucro “es solo un estatus fiscal, no un modelo de negocios.”

Y he aquí nuestro segundo tipo de mujer: Boss Lady, feminazi, bruja capitalista, protectora de la libertad de decisión de la mujer.


Hay dos mujeres más que juegan papeles más o menos importantes: La madre de Abby, Kathleen, y Marilisa, a quien Abby conoce porque regularmente está parada afuera de Planned Parenthood, tratando de convencer a otras mujeres de no abortar.

Ni Kathleen ni Marilisa salen en muchas escenas, pero cuando se les ve, se les ve tratando de convencer a la protagonista de que el aborto es malo. En la mayoría de las escenas, están acompañadas de sus maridos.

Este es el tercer tipo de mujer, el que la película considera correcto: Kathleen y Marilisa son las buenas mujeres, las que tenían la razón, las que sí saben. Algo me llamó la atención: las dos están casadas y tienen hijos, pero de sus trabajos o aspiraciones no se habla.


Habiendo visto eso, es necesario hablar de un asunto más: los hombres.

El tema de la película es el aborto. Un tema claramente de mujeres y la película lo sabe: la mayoría del elenco son mujeres, la protagonista es mujer, la antagonista es mujer y hasta ahí, porque los directores, escritores y casi todos los productores son hombres.

Sin embargo, es interesante que, aunque casi todas las personas a las que vemos son mujeres, quienes terminan teniendo la razón y salvando el día son los hombres.

El segundo esposo de Abby, Dough, nunca está de acuerdo con su trabajo, pero la “apoya”. Su papel es recordarle a Abby que lo que está haciendo no está bien y que a él no le parece y, más adelante, abrazarla cuando llora y decirle que le pida clemencia a Dios.

Abby deja Planned Parenthood para unirse a la “Coalición por la vida”, donde trabajan Marilisa y su mairdo, Shawn. Aquí, la película da a entender que es Shawn quien está a la cabeza de la coalición. Su esposa ejerce como su secretaria, buscándolo en su oficina para informarle del cambio en Abby.

Planned Parenthood inicia un proceso legal contra Abby y Shawn contrata a Jeff, el abogado, para representarla. (De verdad, lo único que sabemos de Jeff es que es el abogado “de la publicidad”.)

Los directores nos hicieron un favor no mostrándonos el juicio. En lugar de eso tenemos la narración de Abby, en la que se nos informa que ellos ganaron. Todos salen de la corte con una enorme sonrisa en la cara, Planned Parenthood y Boss Lady quedan humillados, y pasan tres cosas:

  1. Abby camina escoltada por su marido, quien es “su roca”, Jeff, “el de la publicidad” y Shawn, el director de la Coalición por la vida.
  2. Cuando la madre de Abby ve a Shawn por primera vez, corre a sus brazos a agradecerle “el haber sacado a [su] hija de [Planned Parenthood].” Para su madre, lo que importa no es la decisión de Abby, lo que importa es que este hombre (a quien nunca ha visto) fue a sacarla de ahí.
  3. En la última escena, la clínica de Planned Parenthood donde Abby trabajaba cierra sus puertas para siempre y vemos a un grupo de gente reunido afuera, listo con un cargador frontal para derrumbar el letrero. Shawn le pregunta al conductor si está listo, a lo que el conductor responde, que ha esperado eso toda su vida.

Inesperado es una película para un grupo específico. No está tratando de convertir a nadie, ni está interesado en los argumentos de las mujeres que están a favor del aborto. Al contrario, trata de caricaturizarlas y de presentar sus argumentos como ridículos o malvados. Pero el mensaje que transmite con respecto a las mujeres es preocupante.

Las jóvenes con tendencias feministas son buenas, pero ingenuas, fáciles de engañar y no merecen ser escuchadas. Las abortistas son como villanas de cuento, feminazis capitalistas. Las únicas mujeres buenas son las que se conforman a la imagen conservadora del estudio, las que no tienen aspiraciones propias, las que se hacen a un lado para que los hombres resuelvan.