Del Monte Fuji, de la princesa de bambú y de cuando no entrené para subir una montaña

Hay un dicho japonés que va así:

“Un hombre sabio sube al Monte Fuji una vez. Solo un loco lo sube dos veces.”

Esta vez, descubrí por qué la gente dice eso.

La verdad no les creí a René y a Vassili la primera vez que me dijeron que íbamos a escalar el Monte Fuji. Mi amigo, Vassili, y yo estábamos planeando un viaje a Japón, donde René estaba viviendo desde hacía unos meses. Nos quedaríamos principalmente en Tokio, pero iríamos a otras partes y, de ser posible, volaríamos a Corea del Sur. Yo estaba realmente emocionada por el viaje, pero la parte del Fuji no me sonaba tan atractiva. A decir verdad, no estaba segura de que lo haríamos. Era perfectamente posible. René era parte de un club de senderismo y pasaba algunos fines de semana subiendo y bajando montañas y Vassili se ejercita regularmente, pero los deportes y yo no nos llevamos.

“Vamos a subir al Monte Fuji,” me decían cada que hablábamos del viaje y hacíamos planes. Así que salí a comprar pantalones deportivos, saqué mis zapatos de correr para todo terreno, los cuales solo usaba para ir cómoda a la universidad, y comencé a caminar un poco más. Y eso fue todo. Según lo que había escuchado, subir al Monte Fuji era algo que la gente hacía en Julio y Agosto. Algunos YouTubers que no se ejercitan tanto lo habían hecho y habían filmado su aventura. Entonces yo, sin saber realmente en lo que me estaba metiendo, decidí no entrenar para subir a la montaña.

 Monte Fuji, foto de René.
Monte Fuji, foto de René.

El Monte Fuji

A 3776.24 m de altura, el monte Fuji es el pico más alto de Japón. Se encuentra al suroeste de Tokio y, junto con el monte Tate y el monte Haku, es una de las tres montañas sagradas de Japón. Lo rodean los lagos de Kawaguchi, Motosu, Sai, Shōji y Yamanaka. En su base noroeste se encuentra el bosque Aokigahara, conocido como el lugar donde habitan los yūrei, espíritus de los muertos, y reconocido internacionalmente como el bosque de los suicidios. No nos acercamos a ese bosque, pero lo menciono por el contraste entre ese lugar asociado con la muerte y el nombre Fuji.

KAGUYA-HIME NO MONOGATARI

No está claro de dónde viene el nombre Fuji, pero según el Cuento del cortador de bambú (竹取物語 Taketori Monogatari), también conocido como el cuento de la princesa Kaguya (かぐや姫の物語 Kaguya-hime no Monogatari), el nombre significa “inmortal”.

La historia comienza con un viejo cortador de bambú, quien se encuentra con un árbol de bambú brillante. Al cortarlo, descubre a una pequeña niña del tamaño de su pulgar. Decide llevársela a su casa, donde él y su esposa la nombran Kaguya-hime (かぐや姫, “princesa de la luz brillante del bambú”) y la crían como suya. Al crecer, Kaguya-hime se convierte en una hermosa mujer.

  Fuente:  El cuento de la princesa Kaguya, de Ghibli
Fuente: El cuento de la princesa Kaguya, de Ghibli

Su belleza atrae muchos pretendientes, entre ellos cinco príncipes, quienes piden su mano en matrimonio. Kaguya le da a cada uno una tarea imposible y promete casarse con aquel que la complete con éxito. Al fallar todos, ella se queda sin casarse. Rumores de su belleza llegan al emperador, quien va a conocerla y se enamora profundamente. Kaguya también lo rechaza, diciéndole que no es de su país y es por eso que no puede vivir con él, pero se quedan en contacto.

Tiempo después, la joven le confiesa a sus padres que viene de la luna y pronto deberá regresar con su gente. Al llegar el día de su partida, el emperador manda guardias a su casa para protegerla de la gente de la luna, pero un grupo de seres celestiales desciende del cielo, cegando temporalmente a los guardias y anunciando que es hora. Kaguya-hime escribe cartas de despedida para sus padres y para su amigo el emperador, a quien le regala un elixir de la vida, concediéndole el don de la inmortalidad 不死 (fushi), y se va.

El emperador, habiendo leído la carta, se rehúsa a tomar el elixir, pues no quiere vivir una vida inmortal sin Kaguya-hime. Entonces pregunta qué montaña es la más cercana al cielo y ordena que el elixir sea destruido ahí.

Subiendo al Monte Fuji

 René, Vassili y yo.
René, Vassili y yo.

Entonces, habiendo escuchado la historia, comprado la ropa y traído los zapatos, y habiendo ido un día antes al supermercado a comprar provisiones (bolas de arroz, sándwiches, barritas energéticas, agua y bebidas gelatinosas de vitamina), nos subimos a un camión y nos fuimos al monte Fuji para escalarlo.

En realidad tomamos dos camiones. El primero nos llevó de Tokio a Kawaguchiko, un pueblo al pie de la montaña. Ahí, en la estación Fujiyama, tomamos un segundo camión, el cual nos llevó al lugar donde comenzamos la ruta.

He aquí las buenas nuevas, escaladores sin experiencia y sin preparación: normalmente no empiezas al pie de la montaña.

La montaña está marcada por distintas estaciones donde puedes hacer pausas, comprar algo de tomar o de comer (ojo, es más caro que en el supermercado y entre más alta la estación, más caro se vuelve todo).

Los turistas y senderistas normalmente empiezan en la quinta estación, la cual se encuentra a unos 2300m de altura, entonces no, no tienes que escalar 3600m.

Al bajarnos del camión, nos cambiamos de ropa y comimos en una de las cafeterías del lugar en lo que esperábamos a que cayera la noche.

Decidimos escalar de noche, como mucha gente hace, para llegar a la cima justo antes del amanecer y poder ver la goraikō, (御来光), la “llegada de la luz”.

 Monte Fuji, la quinta estación.
Monte Fuji, la quinta estación.

René ama el senderismo. Lo ha hecho en varias ocasiones, a veces quedándose a dormir en la montaña, por lo que él tiene todo el equipo, la ropa, los zapatos, la mochila, todo. Yo, por otro lado, pensé en traer una linterna, pero no tenía ninguna. Vassili, también sin linterna, sacaba su teléfono de cuando en cuando, solo por unos momentos, en caso de que necesitáramos luz al buscar algo en las mochilas. De ahí en fuera, dependíamos totalmente de la linterna frontal de René. Más tarde descubrimos que una linterna de mano solo nos hubiera funcionado al principio, ya que cerca de la cima necesitas de tus dos manos para subir por las rocas.

Entonces aquí un consejo para ti, escalador sin entrenar: lleva una linterna frontal.

El principio no es tan empinado, para ser sincera, pero no habían pasado ni treinta minutos cuando mis piernas comenzaron a quejarse como si nunca antes hubieran salido. Estaba cansada, sedienta y un poco avergonzada. Ha pasado ya mucho tiempo desde mis fuertes años de ballet, ¿pero treinta minutos? Necesitaba una pausa.

Así que hicimos una pausa. Tomamos agua, disfrutamos el fresco de la noche y seguimos caminando. Siempre voy a estar agradecida por una cosa: fuimos a mi paso. No hubo presión, ridículos, ni siquiera comentarios pequeños e “inocentes”. Caminamos a mi paso e hicimos pausas cuando cualquiera de los tres las necesitaba.

Un segundo consejo para el escalador sin entrenar: ve con gente que te ama y que no te va a presionar para que vayas más rápido de lo que puedes.

“Aspira ser como el monte Fuji, con una fundación tan amplia y sólida que ni el terremoto más fuerte sea capaz de moverte, y tan alta que las más grandes iniciativas de los hombres comunes se vean insignificantes desde tu elevada perspectiva. Con tu mente tan alta como el monte Fuji podrás ver todas las cosas claramente.”

Miyamoto Musashi

Pues yo no vi nada claramente.
Estaba completamente oscuro y no había luz excepto en las estaciones y cuando había más gente en un lugar. En algún momento del camino nos sentamos en la orilla y vimos las luces de la ciudad, pero las nubes bajaron y oscurecieron la vista. Nos quedamos sentados así otro rato, a oscuras, hablando y pensando que estaba enfriando.

La mejor época para subir es entre julio y agosto, cuando el clima está calientito y no hay nieve en la cima. No habíamos tenido un solo día a menos de 25ºC, pero arriba en la montaña hacía frío. Entre más subes, más frío hace.

Así que ese es el tercer consejo: trae un gorro y una sudadera extra.

Como subimos de noche, no tengo fotos del maravilloso paisaje, pero aquí estamos unas horas más tarde, habiendo llegado a la octava estación a 3250m.

Cada estación tiene una pequeña tienda, un par de baños, luces y algunas bancas para sentarse. Alrededor de las tres de la mañana llegamos a la estación 8.5, a 3450m, y no encontramos nada. No había cabañas, ni bancas, ni baños, ni luces. Solo era un espacio donde la gente estaba sentada y acostada, descansando un poco antes de recorrer los últimos 80 minutos del camino.

Fue en ese momento que decidimos hacer una pausa más larga. Saqué mi cobija y los tres nos acostamos en la roca volcánica, helada, y tratamos de dormir. Ellos durmieron unos 20 minutos, yo, nada. Estaba agotada, pero no puedo dormir cuando tengo frío, así que solo me quedé ahí, acostada, mirando al cielo, siempre al pendiente de mi reloj y pensando en lo que estaba haciendo.

Nunca en la vida había hecho algo parecido. El camino estaba lleno de turistas que venían de otras partes de Japón y de otros países. Habíamos empezado con unas cuantas personas, pero conforme íbamos subiendo, íbamos encontrando más y más gente. A partir de la séptima estación tuvimos que hacer una fila. En varias ocasiones había sentido ganas de llorar porque me dolían las piernas, pero eso se acabó cuando llegamos a la octava estación, la cual estaba empinada y llena de enormes rocas. Eso fue lo más divertido.

Llegamos a la cima justo cuando el sol empezaba a salir. Al voltear, vi la capa blanca que cubría todo a nuestro alrededor, vi una tormenta en la distancia, vi las nubes moverse, vi el cielo cambiar de color, de negro a azul oscuro, a un amarillo brillante y luego a azul claro.

“¡Qué glorioso saludo le da el sol a las montañas!”

John Muir

Cada persona que sube al Fuji pasa por un torii para llegar a la cima. Los toriis son los arcos tradicionales japoneses, los cuales representan o marcan la entrada a los lugares sagrados.

Seis horas después de haber empezado nuestro camino, pasamos por el torii y llegamos a la cima. Estábamos cansados y teníamos mucho frío, pero estábamos felices. Nunca había vivido algo así y estaba contenta de estar ahí y poder compartir esa experiencia con gente que amo.

Y entonces Vassili sacó su teléfono y se dio cuenta de que tenía señal completa 4G.
Así que le llamó a su mamá y le enseñó la vista. Luego le llamamos a la mamá de René y le enseñamos a ella la vista. Luego le llamamos a mis papás y le enseñamos a ellos la vista. Y entonces, ahí, en la cima del monte Fuji, conté un chiste estúpido y me reí tanto que lloré. René tuvo que tomar la llamada mientras Vassili tomaba más fotos. Dijimos adiós y nos sentamos ahí un buen rato, yo aun riendo.

Compramos algo caliente de tomar y nos encaminamos de regreso. Fue, por mucho, la peor parte de todo el viaje. Mis rodillas me dolieron muchísimo y la grava se metió a mis zapatos y manchó mis calcetines. Hacía frío y teníamos hambre, pero llegamos en unas cuatro horas. Entonces tomamos el camión de regreso a la estación de Kawaguchiko y volvimos a Tokio.

De mi propia experiencia, puedo decirles esto:
Es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida y, según el dicho japonés, soy más sabia por haberla hecho. ¿Seré una loca y lo haré de nuevo en el futuro? De momento, no lo creo, pero uno nunca sabe.

Y a ustedes, escaladores sin experiencia, sin entrenamiento y sin sospechas, les digo esto:
Si una oportunidad así se les presenta, investiguen, lean de las experiencias de otros (como la de esta amable persona), compren unos buenos zapatos y ropa adecuada, consigan una linterna frontal, pídanle a buenos amigos que los acompañen y, por favor, por el bien de ustedes mismos, entrenen para subir la montaña.

San Petersburgo Literario: La Avenida Nevski

“No existe nada mejor, al menos para Petersburgo, que la avenida Nevski. Ella significa todo. ¡Cómo refulge esta calle, ornato de nuestra capital! Ni el más mísero de sus habitantes cambiaría la avenida Nevski por toda la riqueza del mundo.”

Nicolai Gogol, La Avenida Nevski

La calle atraviesa la ciudad, comenzando en el Almirantazgo, que alguna vez fue la Escuela de Almirantes Imperiales Rusos, y terminando en la estación San Petersburgo-Glanvy o estación Moskovsky, la más antigua de la ciudad. Comparte su nombre con el príncipe Alexander Nevski, quien vivió de 1221 a 1263, mucho antes de la fundación de San Petersburgo, y mide 4.5 kilómetros que están llenos de cafés, iglesias, tiendas, teatros, cines y fantasmas de artistas.

El Almirantazgo

“Hace unos días, en una librería rusa, relegada por un destino inculto a un lóbrego callejón de Berlín, seleccioné tres o cuatro nuevos volúmenes, y entre ellos su novela, La aguja del almirantazgo. Un buen título –aunque solo fuera por el hecho de que es, no es verdad, un tetrámetro yámbico, admiraltéyskaya iglá, sin contar, además, con que también es un famoso verso de Pushkin.”

Vladimir Nabókov, La aguja del almirantazgo

Pasamos por ahí un par de veces, primero de día y luego de noche. Vimos la fuente, los bustos, las placas, la arquitectura con su estilo imperial y la aguja que termina con una punta en forma de barco. No nos detuvimos demasiado. Hacía mucho frío y todavía teníamos mucho qué ver. El almirantazgo no falta en las obras literarias situadas en San Petersburgo, el cuento de Nabókov es solo uno de muchos.

Restaurante Café Literario

Sobre la misma avenida, junto al canal Moika, está el restaurante Café Literario, alguna vez llamado el Café Wolff & Beránger. Se reconoce fácilmente por las placas colgadas en sus paredes externas. Es un lugar con mucha historia y mucho arte. Cuentan que ahí tomó Tchaikovski uno de sus últimos vasos de agua en noviembre de 1813 y ahí estuvieron también los escritores, Mijaíl Lermontov y Fiódor Dostoyevski.

Habrán notado la cara de Alexander Pushkin en una de las placas de afuera. Entrando, verán del lado derecho una figura de cera del autor. Está siempre ahí sentado, contemplativo junto a la venta con su pluma en la mano.

Alexander Pushkin murió en febrero (o enero, según el calendario juliano) de 1837 en un duelo contra Georges d’Anthès, quien constantemente pretendía a la esposa del escritor, Natalia. Un par de días antes de ir al duelo que acabaría con su vida, Pushkin se reunió en el Café Literario con su segundo o padrino de duelo, quien le entregó su pistola. La casa de Pushkin está a unos cuantos metros del Café, sobre el Moika.

Es un lugar de tamaño mediano, decoraciones antiguas, ambiente cálido y música en vivo. En el piso de abajo se aprecia el piano y en el de arriba, violín. Recordarán que fuimos a Rusia la primera semana de enero, en plena temporada de Navidad. En el primer post les comenté que la Navidad ortodoxa se celebra el 7 de enero. Nosotras decidimos celebrarla en el Café Literario.

Habíamos planeado comer una entrada y tal vez un postre. El popular café, visitado por tantos artistas rusos, que está localizado en la avenida principal de una de las ciudades más famosas de Rusia seguro tendría precios muy fuera de nuestro presupuesto.

¡Sorpresa que nos llevamos al verlos en el menú! Precios tan accesibles, que pedimos plato fuerte, postre, bebida fresca y hasta dos cafés.

Muy en línea con su tema, la cuenta la trajeron en una caja con forma de libro.

La Casa del Libro, Dom Knigi

Ubicada donde la Avenida Nevski hace esquina con el canal Griboyédova, la Casa Singer fue construida en 1910 con un estilo art nouveau para la compañía de máquinas de coser Singer. Se convirtió en librería después de la revolución y actualmente es la más grande de la ciudad.

Con sus libros académicos y literarios, con sus periódicos y revistas, con su zona de calendarios y útiles escolares y de oficina, y con su área de libros en otros idiomas, es un lugar en el que una se pierde fácilmente.

Por la época, tenían varias secciones navideñas para decoraciones, regalos, comida, libros y tarjetas, repartidas en distintas áreas del edificio. Miriam y yo pasamos varias horas viendo todo y regresamos varias veces. Ella siempre tenía más opciones, al no estar tan limitada por la barrera del idioma. Yo me di mis vueltas por todos los pisos, pero sobre todo me quedé en la sección de idiomas extranjeros, que incluía literatura rusa y literatura internacional.

Hay dos cosas que siempre hago cuando voy a una librería en otro país: 1) Busco uno o dos libros escritos en dicho país y 2) busco a Julio Cortázar. Esta vez, encontré a ambos.

Estación Moskovsky

La Avenida Nevski termina en la estación más antigua de la ciudad, la estación Moskovsky, que conecta San Petersburgo con Moscú. Construida entre 1844 y 1851, esta es la estación donde Anna Karenina tomó el tren a Moscú en la novela de León Tolstoi. En Google se ve que es un edificio muy bonito. En vivo, lo estaban renovando, por lo que no alcanzamos a ver nada. Al menos nos pusieron una lona para darnos una idea.

A San Petersburgo, es necesario volver al menos otras tres veces para realmente ver todo lo que la ciudad ofrece, ya que museos, literatura, música, arte y cultura, le sobran.

Una cosa es clara: sea cual sea la razón de la visita, sin importar el tipo ni el lugar del evento, uno no puede estar en San Petersburgo sin pasar por la Avenida Nevski, ni en vivo, ni en los libros.

San Petersburgo: Ciudad de Museos

Город Музей

Город Музей, o “gorod muzei” para todos aquellos que no leemos el alfabeto cirílico, ciudad de museos, es como algunos se refieren a la ciudad de San Petersburgo. Con más de 100 museos, uno debe quedarse al menos unos cuantos meses para verlos todos. Con una semana y muchas cosas que ver, apenas nos dio tiempo de ver unos cuantos.

Cabaña de Pedro el Grande

Dirección: Petrovskaya Naberezhnaya 6

San Petersburgo tiene palacios de sobra. Técnicamente, un palacio es simplemente la residencia de un rey. En el caso de San Petersburgo, la construcción del primer palacio marca el inicio de la fundación de la ciudad.

Empezamos nuestro breve tour de museos en el palacio donde el Zar Pedro I de Rusia, también conocido como Pedro el Grande, vivió entre 1703 y 1708.

Cuando Miriam me dijo que quería ir a la casa de Pedro el Grande, pensé que mis piernas no iban a llegar ni a la puerta. Acabábamos de pasar el día entero en un museo dentro del Palacio de Invierno y yo sólo quería comer algo. Sin embargo, decidí no quejarme y me obligué a caminar hasta el palacio del hombre que modernizó Rusia, el hombre cuya estatua de bronce había visto el día anterior.

Se imaginarán mi sorpresa al ver la residencia. La cabaña de Pedro el Grande es una construcción rectangular de madera de 12 metros cuadrados que se construyó en tres días y que todavía conserva objetos del Zar.

Es pequeña. Es muy pequeña. Pero está increíble.

Casa de Alexander Pushkin

Dirección: Naberezhnaya Reki Moyki 12

“¿A quién amar? ¿En quién creer? ¿Quién será el único que no nos traicionará? ¿Quién se preocupará amablemente de nuestros intereses y de nuestros discursos?”

Caminando sobre la Avenida Nevski con dirección a la estación central, doblamos a la izquierda a la altura del Moika y caminamos por la orilla hasta llegar al número 12. Un edificio amarillo con puertas de madera y una placa muy especial.

“En esta casa murió el 29 de enero de 1837 Alexander Sergeyevich Pushkin”

Alexander Pushkin vivió en esta casa con su esposa y sus cuatro hijos entre 1836 y 1837 y aquí murió el 10 de febrero de 1837.

¡Pero la placa dice 29 de enero!

Sí, querido lector, eso dice.  Alexander Pushkin murió el 29 de enero de 1837 según el calendario juliano y el 10 de febrero según el calendario gregoriano.

El museo es solamente el apartamento donde Pushkin pasó su último año, por lo que no es muy grande. Son unos pocos cuartos con muebles, libros, juguetes y otras pertenencias de la familia Pushkin.

Se necesita una audioguía para el recorrido. Normalmente no me encantan las audioguías, pero esta es bastante buena. Cuenta de su vida, tiene pasajes de sus cartas y poemas, y narra detalladamente los eventos que llevaron al duelo que acabó con su vida.

Para cuidar la vivienda necesitan cubrir sus zapatos. No olviden ponerse los protectores antes de entrar y quitárselos antes de salir, especialmente porque afuera podría estar resbaloso por la nieve.

Museo Ruso

Dirección: 4 Inzhenernaya Ulitsa

Es un museo bastante grande y definitivamente no les va a dar tiempo de ver todo si deciden entrar una hora antes del cierre. De cualquier forma, si caminan rápido podrán ver algunas de las obras de los tantos artistas rusos en exposición.

Interesante también, fue ver las pinturas explícitamente políticas. Colgadas en cuartos con paredes rojas y presentan una imagen que no se ve en muchos museos occidentales. Ahí están, Lenin y Stalin, en toda su gloria, rodeados de aplausos y alabanzas, memorias de una Rusia que no se llamaba Rusia, recordándonos que hay cosas que en realidad nunca cambian.

Museo del Hermitage

Dirección: 2, Dvortsovaya Ploschad

Con sus 233 345 metros cuadrados y sus más de tres millones de piezas, el Museo del Hermitage es el museo más grande de Rusia y el segundo museo de arte más grande del mundo.

Comenzó como la colección de arte de Catalina la Grande en 1764 y se encuentra principalmente dentro de su Palacio de Invierno, en el centro de San Petersburgo.

Es uno de esos museos que requieren años para ser vistos en su totalidad. Miriam y yo fuimos dos días.

El primer día pasamos poco más de siete horas dentro del museo. Más que recorrer, lo que hicimos fue correr por las salas y tomar tantas fotos como pudimos. Por supuesto no fue suficiente, pero alcanzamos a ver prácticamente todo.

Con sus salas enormes, sus obras hechas por muchos de los mejores artistas del mundo, con sus artefactos egipcios, griegos y romanos, con sus murales y los muebles que alguna vez pertenecieron a la realeza rusa, con todos sus colores y esplendor, el Hermitage es tan grande que puede hacer que nosotros los visitantes pasemos de largo y nos olvidemos de detenernos a ver las cosas pequeñas, las cosas extrañas, las cosas chistosas.

Una de las cosas que más me gusta hacer en los museos, cuando voy acompañada, claramente, es comentar las pinturas, imitar las estatuas y tomar una foto en algún espejo. Sin ser irrespetuosa, ni ruidosa, ni grosera, me gusta abordar el arte con una actitud menos seria.

Miriam, yo y ruso desconocido.

El segundo día que visitamos el Hermitage, entramos al edificio del otro lado de la plaza.

Esta es el área más nueva, la que tiene la colección impresionista y los cuartos modernos.

No está tan llena como el Palacio de Invierno, por lo que nuestro recorrido fue más relajado y pudimos pasar más tiempo viendo las pinturas.

Iglesia de la Resurrección de Cristo

Dirección: 2, Naberezhnaya Kanala Griboedova

Escoger el nombre de esta parte del post me tomó varios minutos, pues esta famosa iglesia también es conocida por los nombres de Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada y Catedral de la Resurrección de Cristo.

Como sea que quieran llamarla, sepan que fue construida en el lugar donde fue asesinado el Zar Alejandro II de Rusia, el 13 de marzo de 1881 (según el calendario gregoriano).

Fue su hijo, Alejandro III, quien mandó construir la iglesia en memoria de su padre. Un opositor de la influencia europea, Alejandro ordenó que fuese construida en estilo tradicional ruso.

A mí siempre me han gustado las iglesias. Usualmente las católicas son las más decoradas, las protestantes tienden a ser muy austeras. Siendo yo protestante, por más linda que sea la construcción, casi siempre acabo viendo iglesias prácticamente vacías. Digo, no necesitan tener imágenes, pero no les vendría mal algo de color.

No importa cuántas iglesias he visitado en mi vida. Nunca había visto una como esta. Con sus 7500 metros cuadrados de mosaicos de colores que cubren de piso a techo, sus cúpulas de colores, con sus murales y vitrales, con sus atrios y con el Canal Griboedov que corre junto a ella, es definitivamente una de las iglesias más bellas en las que he estado.

La salida es mucho más linda que la entrada. Uno se puede detener a tomar una foto del canal y comprar recuerdos en los puestos de la calle junto al mismo. Yo compré un árbol de navidad para mi casa. No lo monté regresando, pero estoy emocionada por este diciembre que viene.

Crucero Aurora

Solamente pasamos junto al Crucero Aurora, un crucero ruso de 1900 que primero sirvió durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905 y luego, durante la Primera Guerra Mundial, navegó por el Mar Báltico. El 7 de noviembre de 1917 (según el calendario gregoriano), un disparo en blanco desde el Aurora señalizó el inicio del asalto al Palacio de Invierno, iniciando así la Revolución de Octubre.

Hoy en día, el Aurora es un museo que se puede visitar como cualquier otro. Nosotras no subimos por falta de tiempo, pero tomamos algunas fotos del barco y del muelle. Todavía es un símbolo de la Revolución de Octubre que, como tantos otros lugares de San Petersburgo, está lleno de historia y de recuerdos.

San Petersburgo en Enero

“¿Vas a ir a Rusia en enero? ¿Por qué? ¡Está helando!”

Esas fueron las primeras palabras de mis amigos y familia cuando les conté la noticia.

En julio del 2017, regresando de trabajar un día, recibí una llamada de mi buena amiga, Miriam. Había tenido un día largo y frustrante y en su necesidad de vacaciones, decidió comprar un boleto de avión a San Petersburgo, Rusia. Había encontrado boletos baratos, la reservación de los hoteles estaba a muy buen precio y pasaría ahí la primera semana de enero. Miriam me preguntó entonces si quería ir con ella.

Como soy una buena amiga, decidí ser solidaria con ella y acompañarla. Yo nunca había estado en Rusia e ir no estaba en mis planes a corto plazo. Especialmente en invierno. No porque no me interesara (de hecho, en el 2016 tenía pensado ir, pero mi mudanza a México complicó las cosas), pero había otros países más arriba en mi lista de lugares por visitar. Pero Miriam tenía razón, los boletos a Rusia estaban mucho más baratos que cualquier otro vuelo a cualquier otro de los países que quiero visitar. Así que compré el mío.

Dos de enero del 2018 y las dos estábamos camino a San Petersburgo. Nos habíamos levantado temprano, el transbordo era en Ámsterdam, Países Bajos, y llegaríamos alrededor de las 5pm a Rusia.

Miriam ya había estado en Rusia antes, llevaba un par de años aprendiendo ruso, traía un mapa con las instrucciones para llegar a nuestro hotel y había comprado un libro de turismo de la ciudad. Yo, apenas y había recibido mi visa a tiempo y nunca me había asomado siquiera a ver el sistema de escritura ruso. Sólo sabía que 1) en alguna parte de la ciudad había una estatua de Pushkin que quería visitar y 2) me estaba encantando el aeropuerto de Ámsterdam.

Me encantan los aeropuertos. Me encanta no sólo viajar sino recoger y dejar viajeros en el aeropuerto. Me gustan las tiendas y las decoraciones en época de Navidad. Me encanta que hay todo tipo de gente: gente elegante vestida de traje y con finos abrigos, gente a la que se le ve que no se ha bañado en más de 30 horas, gente recién bañada y en pijama, y ocasionalmente, gente tratando de pasar osos de peluche gigantes por seguridad.

A mí no me molesta esperar cuatro o cinco horas en el aeropuerto, pero en Ámsterdam apenas tuvimos tiempo para pasar por seguridad y comprar un tentempié antes de abordar el siguiente avión. Fue una lástima porque nunca había tenido la oportunidad de ver el aeropuerto, pero en otra ocasión será. En fin, como ustedes no están aquí para leer de aeropuertos, me limitaré a mostrarles una foto más:

Ya estaba oscuro cuando llegamos a San Petersburgo y nos tardamos un par de horas en llegar del aeropuerto al hotel, principalmente porque primero tuvimos que averiguar qué bus tomar, luego comprar tarjetas SIM para nuestros teléfonos (las cuales salieron muy, muy baratas), luego ver qué línea de metro tomar, qué boletos comprar y pasar por la seguridad del metro.

Un dato curioso: casi nadie trabajando ahí habla otro idioma que no sea ruso, por lo que, si tienen problemas entendiendo por qué necesitan comprar boletos extra y en dónde, pídanle a alguien joven que esté pasando por ahí que les traduzca.

Pero estuvo bien. Yo estaba de muy buen humor a pesar de tener mucha hambre, no sólo porque estaba de vacaciones en un lugar nuevo, sino porque lo primero que vi bajándome del bus fueron las decoraciones de Navidad.

Resulta que la Navidad Ortodoxa se celebra el 7 de enero, lo que significa nosotras que llegamos justo en la temporada navideña y todos sabemos que no hay temporada que me guste más. Durante la temporada navideña, toda la ciudad está cubierta de luces y decoraciones: los puentes, los árboles, los faros, los edificios. Es fantástico.

San Petersburgo es la segunda ciudad más grande de Rusia. Está localizada a la orilla de la bahía del Neva en el golfo de Finlandia y por ella pasa el río Neva. Se le considera la capital cultural de Rusia y su centro histórico y monumentos relacionados son Patrimonio de la Humanidad.

Alberga más de 200 museos, incluyendo el Museo del Hermitage, el cual es uno de los más grandes del mundo, equivalente al Louvre, en París, el Museo del Prado, en Madrid, y el Museo Británico, en Londres.

Entonces, ¿qué tanto frío hizo esa primera semana? No tanto como me lo había imaginado. Lo más frío que nos tocó fueron -7ºC, que requería de varias capas de ropa y una buena chamarra, pero no era ese frío en el que uno siente que se le va a caer la nariz.

San Petersburgo también fue la ciudad que muchos escritores, músicos, pintores y poetas llamaron hogar en algún punto, por lo que hay muchas casas, museos y obras para ver. Una semana no bastó para hacer todo, pero lo que vimos, lo disfrutamos y nos prometimos volver.

CDMX: Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo

Era enero y estaba un amigo de visita cuando fuimos al Estudio Casa de Diego Rivera y Frida Kahlo en San Ángel. Dos primas que viven por ahí cerca nos acompañaron. Originalmente habíamos planeado ir a la Casa Azul de Frida Kahlo, que está en Coyoacán, a unos minutos de San Ángel, pero tras una confusión y luego de descubrir que la fila para entrar era de más de tres horas, decidimos movernos al Estudio.

Dirección: Avenida Altavista, esquina Diego Rivera Colonia San Ángel Inn, 01060 Delegación Álvaro Obregón Ciudad de México

Horario: Martes a domingo, 10.00 – 17.30 h

Juan O’Gorman, el pintor y arquitecto mexicano, compró dos terrenos en San Ángel y decidió mostrárselos a su amigo, el pintor Diego Rivera, a quien también le ofreció hacerle un proyecto a cambio de que este le pagara solamente el valor de uno de los terrenos.

Diego Rivera aceptó y le encargó dos construcciones: una casa estudio para él y una para su esposa, Frida Kahlo.

Diseñada y construida en 1931, la casa estudio de Diego Rivera fue una de las primeras construcciones funcionalistas de Latinoamérica. Es decir, cada área fue diseñada con una función en mente: ser un espacio práctico donde pudieran vivir y trabajar tanto Diego como Frida.

La casa de Diego es la más grande y es roja y blanca por fuera. Contiene sus bosquejos y sus colecciones, sus muebles, su ropa, sus cuadros y los objetos que iba recogiendo por aquí y por allá, y que fue almacenando con el tiempo.

Del otro lado está una casa más pequeña y de color azul. Ahí, donde dormía y trabajaba Frida están aún su pequeña recámara, su colección de esculturas de madera, su ropa y sus cortinas. Fue ahí donde Frida pintó Lo que el agua me dio, El ojo avizor y El difunto Dimas.

La pareja regresó a México en 1934, luego de una estancia de tres años en Estados Unidos. A su regreso, Diego pintó el mural El hombre controlador del universo en el Palacio de Bellas Artes, una réplica de su obra El hombre en el cruce de caminos, que había pintado en el Centro Rockefeller pero que había sido destruido por considerarse “propaganda anti capitalista”.

Frida vivió ahí de 1934 a 1941, luego volvió a su Casa Azul en Coyoacán. Diego, en cambio, se quedó hasta 1954.

Del otro lado, en el terreno de junto, está la casa estudio del arquitecto, Juan O’Gorman. Es un lugar espacioso y bien iluminado, con un ventanal grande para darle luz.

A diferencia de las otras dos, esta casa no tiene muebles ni pertenencias, solamente el bosquejo de un mural hecho por Juan mismo.

Confieso que no soy ni nunca he sido (y probablemente nunca seré) fan de Diego Rivera y Frida Kahlo. Son dos artistas a los que más bien evito pero que, habiendo crecido en México, me encuentro hasta en el estampado de zapatos y en la moneda nacional.

Vine al museo porque pensé que sería una buena experiencia, diferente a lo que normalmente hago y porque el hecho de que no me guste algo, no significa que deba ignorarlo. Especialmente cuando se trata de arte tan representativo.

Sin embargo, tras un tiempo de reflexión, he llegado a la conclusión de que siempre es interesante y, de alguna forma, necesario ir a este tipo de lugares, aun cuando no nos agradan los artistas o el contenido presentados porque más que un museo, esta fue la casa de alguien. Fue un espacio donde una mujer y un hombre compartieron vida y obra.

Sí, al final terminaron separados, pero este fue un lugar en el que buscaron combinar su hogar y su trabajo para ser felices, aunque fuera sólo por un tiempo. Al menos eso lo sabemos de Frida, gracias a una carta que escribió en noviembre de 1934, apenas unos meses después de haberse mudado al estudio:

“Creo que trabajando se me olvidarán las penas y podré ser un poco más feliz.”

Carta al doctor, 13 de noviembre de 1934

De Madrid, de Cervantes y del teatro musical en la Ciudad de México

Sin juramento me podrán creer que no he olvidado este blog, a pesar de que ha pasado más de un mes desde la última vez que escribí algo. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza caótica que surge con una mudanza a través del atlántico sumada a los preparativos para escribir una tesis.

Finalmente estoy sentada en mi casa, haciéndole cambios a mi cuarto y preparándome psicológicamente para los siguientes días, en los que estaré encerrada escribiendo mi tesis. Como hace poco más de un mes que no les escribo, les debo al menos cuatro posts, pero como leí tres libros y fui a tres lugares diferentes, les debo al menos seis. Prometo ponerme al corriente, así que esperen verme más seguido en lo que queda del año. Por lo pronto, hablemos de uno de los hombres más conocidos en el mundo de la literatura y a quien, muchas veces sin saberlo, encontramos en la vida cotidiana.

Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante.

Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) es uno de los nombres más sonados en cualquier país de habla hispana. Siendo él la figura más importante de la literatura española, todos los que hemos tenido clase de español o de literatura en la escuela hemos estado en contacto, al menos, con su nombre.

Los ecos de Cervantes se pueden oír por los rincones más inesperados de nuestro día a día.

Cervantes en Madrid

Este año, Miguel de Cervantes ha estado más presente que nunca, pues han pasado 400 años desde que murió allá en Madrid, en el Barrio de las letras. Aunque no estuvimos más de dos días en Madrid, Ana Pau y yo pudimos quedarnos justo en ese barrio, por lo que alcanzamos a ver el papel que juega la literatura en ese lugar.

El Barrio de las letras

Localizado en el centro de Madrid, el Barrio de las letras está entre la calle Carrera de San Jerónimo y la calle de Atocha, de norte a sur, y entre el Paseo del Prado y la Calle de la Cruz, de este a oeste. El nombre le fue dado gracias a que fue ahí donde vivieron artistas como Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Lope de Vega y, por supuesto, Miguel de Cervantes durante lo que se conoce como el Siglo de Oro, que va más o menos de 1492 a 1659.

Llegué cuando ya estaba oscuro y los museos estaban cerrados, por lo que di una breve caminata por las calles más cercanas al lugar donde nos estábamos quedando para conocer el lugar y aprendernos el camino de regreso. El barrio resultó ser mágico, pues la decoración de los bares y los restaurantes, los nombres de las calles siempre acompañados de una ilustración, las placas en las paredes y todo lo que nos rodeaba servía para recordar el lugar en el que estábamos y a quienes habían estado ahí antes.

Esa noche caminé hasta topar con la Plaza de las Cortes, donde los edificios monumentales nos indicaron que era hora de regresar, pero no sin antes ver al mismo Cervantes, parado muy serio en el centro de la pequeña plaza frente al Hotel Villa Real, acompañando a un hombre que había decidido dejar ahí sus cosas.

Al día siguiente, ya con más luz y más tiempo, salí a darle la vuelta de nuevo, a leer las placas y a observar el piso y a leer cada una de las citas en el piso.

El camino nos llevó hasta la Plaza de Santa Ana, donde se encuentra el Teatro Español, inaugurado el 21 de septiembre de 1583, que ha visto los estrenos de obras de dramaturgos como Leandro Fernández de Moratín, Pedro Calderón de la Barca y Federico García Lorca.

Miguel en Cervantes

Como Cervantes murió en 1616, en este 2016, Madrid estaba de fiesta. Y nadie mejor para celebrar el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra que el Instituto Cervantes, en donde se montó una exposición gratuita llamada Miguel en Cervantes: El retablo de las maravillas, que va a estar ahí hasta el 8 de enero del 2017.

Como se puede apreciar en el cuadro, la exposición está dividida en dos partes: la biografía de Miguel de Cervantes y la obra de teatro El retablo de las maravillas, ilustradas por David Rubín y Miguelanxo Prado.

Es una exposición pequeña, pero definitivamente vale la pena. Distribuidas de forma circular, las ilustraciones del círculo exterior narran la vida de Miguel de Cervantes de forma divertida y concisa, mientras que el círculo interior contiene El retablo de las maravillas contado como cómic.

Para serles sincera, no me encantó la parte del Retablo, pues sentí invasivos tanto el tipo de ilustración como la paleta de colores que los artistas escogieron. Sin embargo, la biografía ilustrada me gustó tanto que no tardé en adquirir el catálogo de la exposición, aún sabiendo que no tendría mucho espacio en mi pequeña maleta.

Si se encuentran cerca de Madrid este diciembre, no duden en ir a Miguel en Cervantes. Es una muy buena exposición, muy divertida y ¡es gratis!

Horarios de visita: Martes a Viernes 16 a 21h. Sábados de 11 a 21h. Domingos y días festivos de 11 a 16h.

Dirección: Instituto Cervantes – Sala de Exposiciones, calle Alcalá 49, 28014 Madrid.

Cervantes en la Ciudad de México

Finalmente me encontré a Cervantes una vez más aquí en México, cuando mi papá llegó anunciando que había comprado boletos para ver El hombre de la Mancha, un musical basado en Don Quijote de la Mancha, escrito por Dale Wasserman y Joe Darion, y compuesto por Mitch Leigh.

La obra comienza cuando Cervantes, un idealista, es arrojado a la cárcel donde debe esperar su audiencia con la Inquisición española. Los otros prisioneros deciden juzgarlo entre ellos y para castigarlo, amenazan con destruir un montón de papeles que lleva bajo el brazo. Para defenderse, Cervantes les cuenta una historia y los invita a actuar en ella. Esta es la historia de las aventuras de un caballero loco y de su fiel amigo y escudero, Sancho.

A pesar de no seguir su historia al pie de la letra, el musical, con sus buenas voces, su buena producción y su muy simpático libreto, es una carta de amor a Cervantes. Salí contenta, no sólo por el gusto de haber visto un musical, sino porque me di cuenta de que, 400 años más tarde, Cervantes sigue siendo celebrado.

Pensamientos de un autobús español

De Bilbao y Madrid les contaré un poco en otro post, pero, por el momento, quisiera compartir con ustedes un breve texto. No es más que un conjunto de pensamientos que tuve mientras viajaba, pero pensé que tal vez ustedes querrían leerlos.

El viaje de Madrid a Bilbao comenzó a las cuatro de la tarde y no terminó sino hasta las diez de la noche. Había volado desde Hamburgo a las ocho de la mañana, así que para cuando me pude sentar en el camión (bus, le dicen en España) que me llevaría al País Vasco, ya estaba muy cansada. Para aquellos que, como yo, no tienen idea de geografía española, el País Vasco es una región autónoma del norte de España que incluye las provincias de Gipuzkoa, Araba/Álava y Bizkaia, donde se encuentra Bilbao.

Apenas me senté en el autobús, saqué el libro que había comprado en el aeropuerto, Big Magic (Libera tu magia), de Elizabeth Gilbert. Después de cuarenta minutos me quedé dormida, pues traía ese cansancio que se le acumula a uno cuando lleva viajando mucho rato.

Desperté una hora más tarde, cuando el camión, bus, se detuvo frente a una de esas tiendas que se encuentran sobre la carretera a la mitad de la nada. Por unos momentos, pensé que tendríamos una pausa de cinco minutos para comprar café. Un buen café me hubiera venido de maravilla. Para mi desilusión, no hubo tal pausa: un hombre se bajó del bus y nosotros seguimos por nuestro camino. (El café que ven en la foto es del aeropuerto).

Pasamos por lo que supongo que era un pueblo, pero que más bien se veía como un par de cuadras compuestas por casas empedradas y rejas (verjas, les dicen en España) de hierro. Sentada junto a una puerta estaba una señora vestida de rosa y yo me pregunté si estaría teniendo un día agradable. Con un clima como ese y en un lugar tan tranquilo, imaginé que sí. Yo creo que voy a extrañar bastante ese silencio que sólo se encuentra cuando se vive a las afueras de un lugar pequeño ahora que me mude de vuelta a la gran ciudad.

El paisaje pronto se tornó amarillo cálido y no se veía nada. Solo unos árboles aquí y allá y nada de gente. En uno de los letreros sobre la carretera leí que íbamos camino a la ciudad de Burgos y me acordé de mi amigo, el escritor, de apellido Burgos. Todavía no es muy conocido, pero eso va a cambiar pronto, pues tiene mucho talento como para pasar desapercibido.

La última vez que estuve en un bus por tantas horas fue cuando pasé por los Highlands escoceses, cuando iba camino al Lago Ness, pero el paisaje no podría haber sido más diferente. Estando sentada con las piernas entumecidas y la espalda comprimida, recordé eso que siempre pienso cuando pienso en viajar: a mí no sólo me gustan los lugares a los que voy, sino el camino que tomo para llegar a ellos. Lo siento por las personas que aman viajar, pero que no soportan el viaje. Pienso que las horas incómodas en las que uno está sin poder moverse, los bebés que lloran todo el camino y la mala comida del día son partes importantes del viaje. Supongo que lo mismo se puede decir de la vida, uno no puede salir a ver cosas nuevas esperando encontrar lo mismo que tenía en casa; muchas veces son incómodas, pero al final valen la pena.

En este viaje noté también una cosa: por más que disfrute viajar en avión o en tren, ningún lugar se puede apreciar tanto como cuando se le conoce en coche o en camión; bus, si se toma en España, o colectivo, si se toma en Argentina.

Siguiente parada: España

Nunca he estado en España. Es más, ir a España no era algo que tenía en mis planes a corto e incluso mediano plazo. No es que hubiera tenido algo en contra la tierra de Cervantes, de Picasso, del Cid Campeador y de la paella, simplemente no había considerado ir. Siempre dije que primero quería conocer África, pero sigo esperando a que se presente la oportunidad.

“El mundo entero es un Bilbao más grande.”

Miguel de Unamuno

Hace unos dos meses recibí un correo electrónico con una invitación a participar en un seminario de cinco días en la ciudad de Bilbao. Decidí aceptar y pagar la inscripción.

A Bilbao yo la conocí como he conocido tantos lugares: leyendo. Caminé por sus calles y respiré su aire a través de las palabras de Félix G. Modroño en su novela, La ciudad de los ojos grises, de la cual les platicaré un poco más apenas vuelva a leerla.

Históricamente hablando, Bilbao es uno de los centros industriales más importantes de España, pero hoy en día se le conoce también por su gastronomía, sus servicios y su cultura, entre otras. Ha sido tal su crecimiento, que en el 2010, Bilbao recibió el Premio Mundial de las Ciudades Lee Kuan Yew, que reconoce “logros y contribuciones para la creación de comunidades urbanas vibrantes y habitables alrededor del mundo”.

“Madrid es tener un gabán que abriga mucho y con el que se puede ir tranquilo hasta a los entierros con relente. Madrid es no admitir lo gótico. Madrid es la improvisación y la tenacidad. Madrid es quedarse alegre sin dinero y no saber cómo se pudo comprar lo que se tiene en casa.”

Ramón Gómez de la Serna

En Madrid voy a estar poco menos de tres días, pero trataré de hacer lo más que se pueda. Quisiera poder decirles ahorita exactamente lo que quiero ver y hacer en Madrid, pero en realidad no hay un plan fijo. Lo único que es seguro es el Barrio de las Letras, donde vivieron Lope de Vega, Miguel de Cervantes y Luis de Gongora, entre otros, durante el Siglo de Oro. También iré al Museo del Prado y al Museo Casa Natal Cervantes. Lo demás será sorpresa, supongo.

¡No olviden conectarse!

No voy a escribir nada en el blog mientras esté de viaje, pero si quieren un adelanto en fotos e impresiones, asegúrense de seguirme en Instagram y en Twitter.

Bélgica: chocolate, chocolate, chocolate

Bélgica es famoso por su tradición chocolatera, que se remonta al siglo XVII. Por supuesto su cacao siempre ha sido importado, pero hoy en día es parte fundamental de su cultura y economía, y los estándares de calidad para la producción de chocolates separan a Bélgica de los otros países europeos.

En Bélgica hay una chocolatería en cada esquina y, aunque me hubiera gustado probarlas todas, tuve que conformarme con entrar a ver varias y comprar en unas pocas.

En Bruselas

Neuhaus

Dirección: 25 Galerie de la Reine, 1000 Bruxelles

Neuhaus es una de las chocolaterías más importantes, pues además de ser una de las más grandes y antiguas, es el lugar de nacimiento de la praline o bombón de chocolate, en 1912.

La primera está dentro de las Galeries Royales St. Hubert, que está llena de chocolaterías.

Pierre Marcolini

Dirección: 5 Galerie du Roi, 1000 Bruxelles

Ahí fue donde entendí que los chocolates se pueden vender como joyería. Las boutiques de Pierre Marcolini son amplias y bien iluminadas, los chocolates están protegidos detrás de cristales y presentados en cajas que bien podrían haber sido para empacar joyería.

La Belgique Gourmande

Dirección: 17 Galerie de la Reine, 1000 Brussels

La Belgique Gourmande tiene un estilo carnavalesco muy simpático. Está totalmente decorada con máscaras, aros de colores y arlequines que cuelgan de las paredes.

Galler

Dirección: 44 rue au Beurre, 1000 Bruxelles

Lo más bonito de Galle son los colores de sus barras y huevos de chocolate, todos con sabores y presentaciones diferentes. Los empaques naranjas con listones cafés me recordaron la tienda Hermès, y supongo que escogieron esa paleta con esa intención, pues hace que la tienda se vea más lujosa.

Elisabeth

Dirección: 43 rue au Beurre 1000 Bruxelles

Había unas cuatro chocolaterías Elisabeth en distintas calles y cada una vendía cosas diferentes. Algunas tenían merengues gigantes, otras tenían galletas o chocolates en las ventanas, pero todas se veían fantásticas. Fue aquí donde descubrí que la felicidad tiene nombre: Mellow Cake.

El mellow cake es un malvavisco, suave y esponjoso, sobre una galleta y cubierto con chocolate semi amargo. Yo he probado versiones de malvaviscos con chocolate, pero nunca como esta; este tipo de malvavisco fue toda una experiencia chocolatosa. El primer día compré uno para probarlo, al día siguiente fui por la caja completa.

En Brujas

En Brujas visité el Choco-Story Museum, una casa convertida en museo. El edificio data de 1480 y originalmente era una taberna.

Dirección: 2 Wijnzakstraat, 8000 Bruges

Una buena parte del museo está dedicada al origen e historia del cacao, por lo que no es nada nuevo para los que ya la conocemos, pero el recorrido es rápido y simpático, especialmente porque los botes de basura tienen forma de cacao.

Y tienen un huevo de chocolate gigante en la entrada.

Además de la historia del chocolate, el museo incluye un poco de la geografía y botánica del chocolate, así como algunas recetas e incluso una presentación de la preparación de pralines.

Le Comptoir de Mathilde

Esta fue la última chocolatería que visité. Ahí probé por primera vez la famosa “choco-cuchara”.

La choco-cuchara es básicamente una cuchara de madera con un cubo de chocolate que se sumerge un vaso caliente de leche al que se le mete. Había más de veinte sabores para escoger, por lo que tardé unos cinco minutos en decidirme por una.

Al final escogí chocolate amargo con chile.

El viaje se me hizo corto. Me faltaron días para terminar de ver, pero yo diría que hice un poco de todo. Hubo museos, galerías, un poco de literatura y muchos, muchos chocolates. Especialmente porque compré un malvavisco en barra cubierto con chocolate y nueces (sí, aparte de la caja de mellow cakes). Pero cuando siento que ya he comido demasiado chocolate, recuerdo las palabras sabias del químico alemán Justus von Liebig:

“El chocolate es un alimento perfecto, tan sano como delicioso, un benéfico restaurador de la energía. Es el mejor amigo de los que participan en actividades literarias.”

Bruselas: de autores, plazas y catedrales

Mi amiga, Ana Pau, y yo regresamos de Bélgica el miércoles entre retrasos de trenes, transbordos no previstos y comida rápida. El viaje duró nueve horas en total, pero estando uno acompañado, no lo siente tan pesado.

En total pasamos cuatro días en Bélgica, dos en Bruselas y dos en Brujas. Bruselas no es una ciudad muy grande, pero definitivamente dos días no bastan para verla. Por mí, me hubiera quedado unos cinco para ver todos los museos, galerías, librerías y embajadas que tenía planeado. En fin, en otra ocasión será.

Lo que sí alcanzamos a ver fueron algunos de los lugares más populares de la ciudad, entre la gente, las chocolaterías y los callejones, si uno se fija bien, puede alcanzar a ver sombras literarias.

Sombras de Víctor Hugo

La Grand Place, por ejemplo, es el lugar donde Víctor Hugo pasó el primer año de su exilio, después del golpe de estado de 1851 en Francia, cuando Napoleón Tercero quedó como emperador. Víctor Hugo siempre dijo que tenía un problema personal con Napoleón, y lo que empezó como un exilio obligatorio, se convirtió en voluntario y en una forma de mostrar oposición al gobierno de Napoleón, “el pequeño”.

“La plaza más hermosa del mundo”, la llamó Victor Hugo. Dicen por ahí que también comentó que era una “fantasía soñada por un poeta y realizada por un arquitecto”.

No sé si fue soñada por un poeta o por un arquitecto con muy buen gusto, pero ¡qué belleza de plaza! Tristemente sólo tuvimos días grises y lluviosos en Bruselas, por lo que no pude tomar una foto con más color.

Los escritores siempre tienen algo que decir, y no contar con el apoyo de alguien tan influyente como Victor Hugo puede ser una desventaja cuando se es emperador de Francia. Fue en Bruselas que Hugo escribió “Napoleón, le petit” e “Historia de un crimen”, un panfleto y un ensayo (respectivamente) que condenaban las acciones de Napoleón III.

Victor Hugo era un admirador del estilo gótico. Escribió Nuestra Señora de París con la Catedral de Notre Dame en el centro de la narrativa para evitar su demolición y es por eso que aún podemos disfrutarla. Bueno, pues durante su exilio en Bruselas, Hugo, frecuentó la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, que tanto le recordaba a su Señora de París.

Nosotras también disfrutamos el caminar por la catedral, que, a pesar de ser una belleza construida de 1226 a 1500, no era catedral en los tiempos de Hugo. En otras palabras, Victor Hugo visitó una no-catedral que le recordaba a una catedral, y que no sería catedral sino hasta 1962. De cualquier forma es espléndida, con sus estatuas, sus vitrales y su púlpito del siglo XVII.

“Es agradable disponer de tus libros en lugares extraños.”

Cornelia Funke, Corazón de tinta.

Lugares extraños como la fuente de la Plaza del Agora, donde se puede apreciar a Charles Buls (o Karel Buls), alcalde de Bruselas de 1881 a 1889. Buls se encargó de proteger algunos de los edificios más antiguos de la ciudad de las reformas arquitectónicas del rey Leopoldo II. Además de preservar la Bruselas antigua, Buls escribió sobre asuntos de educación, arte y sobre sus viajes al extranjero.

Unas cuadras más adelante, nos encontramos con el Manneken Pis, el niño desnudo que orina en la fuente de la esquina de la Rue de l’Étuve/Stoofstraat con la Rue du Chêne/Eikstraat. La estatua fue colocada en 1618, pero las diferentes leyendas que la rodean son mucho más antiguas. Lo más divertido de este niño es que cada semana lo visten de forma diferente; a veces es un marinero, a veces un judoka (luchador de judo), a veces es el alcalde.

Cuando nosotras llegamos a verlo, estaba muy ocupado haciendo lo suyo, disfrazado con ropa de papel, y acompañado de un libro. Sí, definitivamente un lugar extraño para disponer de un libro.

El Manneken Pis tiene réplicas por todo el mundo, pero definitivamente mi favorita es la de la película The Money Pit, protagonizada por Tom Hanks.

Parlamentarium

El último lugar al que fuimos ese día fue el Parlamentarium, que es el centro de visitas del parlamento de la Unión Europea. Se encuentra en la Rue Wiertz 60/ Wiertzstraat, 60 B-1047. Encontrarlo fue todo un asunto, no porque estuviera muy lejos, ni muy escondido, sino porque nuestra habilidad para leer mapas no está muy bien desarrollada.

Este es básicamente un museo interactivo donde uno puede aprender todo lo que es y hace el Parlamento Europeo de forma divertida y muy, muy colorida.

La entrada es gratuita, la guía multimedia es en cualquiera de los 24 idiomas oficiales de la Unión Europea y hay tours para niños. No, nosotras no tomamos el tour para niños. Pedimos la guía en español, pero supongo que la mujer de la entrada decidió que sería flojo de nuestra parte escuchar todo en nuestro idioma materno, ya que nos lo configuró en inglés.

Además de explicar lo que hace la institución, el museo tiene secciones donde presenta a algún artista cuyas ideas influyeron en la creación de una Europa unida. Por supuesto eran muchos, pero ya que el enfoque del post es la literatura, he aquí algunos de los autores que encontramos.

Por cierto, encontrarse con James Joyce siempre es divertido.