Mercados Navideños: Köln

Estamos ya por terminar el año y en el siguiente post les compartiré un resumen de lo que hicimos en este 2017. Pero, mientras tanto, les compartiré de la época navideña en la ciudad de Colonia.

Colonia es la ciudad más poblada del estado de Renania del Norte-Westfalia y es la cuarta ciudad más grande de Alemania. También es una de las que más me gustan, pero de eso hablaremos en otro momento.

En Colonia hay varios mercados que se ponen en distintas partes de la ciudad. A falta de tiempo sólo fui a dos, el de la catedral y el del centro.

Si me preguntan en cualquier otra época del año, les diré que la explanada sur de la Catedral de Colonia es uno de los lugares más incómodos de la ciudad. Está vacía, fría, el viento sopla con mucha fuerza y casi no tiene bancas para sentarse

Sin embargo, durante la temporada navideña la explanada de la Catedral se transforma completamente y donde normalmente no hay más que turistas con chamarras gruesas y gente quejándose del viento se encuentra un bello paisaje lleno de luces, comida y música.

Los puestos en forma de casita, los techos rojos, el olor a ponche y a nueces caramelizadas, los adornos y los árboles hacen de este un lugar mágico.

Sí, se vende lo mismo que en todos los mercados. Siempre son las mismas luces de colores, las mismas esferas de vidrio, las mismas estrellas de papel y las mismas casas de barro. Pero hay algo especial en el acercarse y observar.

Me gusta escuchar a la gente hablar de sus planes para Navidad, los veo comparar sus horarios de trabajo y escucho cómo intercambian tips sobre comida y regalos. Trabajar en un mercado navideño puede ser frío y cansado, pero la mayoría de la gente lo hace con una sonrisa.

En el centro del mercado hay un escenario donde siempre hay algún músico tocando villancicos. La gente se reúne ahí para cantar, tomar y hablar. Al menos antes de las seis, que es cuando se llena realmente el mercado y entonces uno no puede ni pasar.

Un puesto simpático que encontré fue el de “Nombres y Gatos”. Leí el nombre y no sabía qué esperar, pero al acercarme me di cuenta de que no hubiera podido esperar nada que no fueran los objetos con nombres escritos y dibujos de gatos.

Las esferas pintadas a mano siempre son un gusto. No importa cuánto se parecen los modelos y los dibujos, si están pintadas a mano, no hay dos esferas iguales.

En cada mercado que visito trato de tomar fotos de distintos objetos, pero luego de ir a dos o tres mercados por año se vuelve más y más difícil encontrar algo diferente y original.

Sin embargo de cuando en cuando me encuentro parada frente a un puesto totalmente diferente a los demás. Este año, ese puesto fue el de las caras de yeso.

Caminé veinte minutos para llegar al otro mercado. El Mercado de los Ángeles está ubicado en el centro de la ciudad. Al igual que el otro, es relativamente pequeño pero su estilo es diferente. Los puestos son blancos o cafés y por su forma y distribución parece un pequeño pueblito.

Cuando un buen amigo me recomendó ir a este mercado, me dijo que la mejor parte eran las luces en los árboles. Es como una noche estrellada, me dijo. Efectivamente, las luces fueron de las cosas que más disfruté.

Los olores del mercado son encantadoramente intensos. Uno camina y va oliendo el ponche, la comida tradicional alemana, el vino, los chocolates y el pastel recién horneado.

Lo último que vi y compré fue un waffle, o como se llama en otros lados, gofre.

¿Un gofre?

Un gofre.

Compré un enorme y delicioso gofre cubierto con azúcar glas y en forma de la Catedral de Colonia.

Fue fantástico.

Mercados Navideños: Bonn

¡Llegó diciembre! Y con él, llegó la época más bonita del año. Los que siguen el blog desde hace más tiempo saben que cada año me gusta darme una vuelta por los mercados navideños de la región. Este año, tuve la oportunidad de mudarme a otro estado, por lo que hay muchos mercados nuevos por conocer.

Este 2017, abrimos la temporada con Bonn.

Bonn es una ciudad federal localizada junto al río Rin en el estado de Renania del Norte-Westfalia. Mientras Alemania estuvo dividida, Bonn fue la capital de Alemania Occidental. Luego de la reunificación, se mantuvo como sede del gobierno (aunque no como capital) durante nueve años, antes de mudarse a Berlín en 1999.

El mercado navideño de Bonn es mucho más grande que los mercados que normalmente visito, ya que no está ubicado en un solo lugar, sino que está extendido por todo el centro, con calles con pocos puestos conectando las plazas grandes.

Para los amantes de la música y de todas las cosas bonnitas, Bonn es la ciudad que vio nacer a Ludwig van Beethoven, en diciembre de 1770. Un dato curioso es que nadie conoce la fecha exacta de su nacimiento. Fue bautizado el 17 de diciembre, por lo que se piensa que nació el 16, pero nadie ha podido constatarlo.

La ciudad está particularmente orgullosa de Ludwig, por lo que tiene su imagen en todos lados. En la estatua del centro, en los souvenirs que se venden en las tiendas, en el estuche de mis lentes, en algunos semáforos y, por supuesto, en las tazas del mercado.

Después de cuatro años de ir al mercado navideño, debo decir que uno siempre encuentra lo mismo. Los mercados más grandes tienen más opciones, por supuesto. Tienen más opciones en bebidas, decoran sus puestos como si no hubiera un mañana, ofrecen más productos internacionales y venden mucha, mucha comida.

Siempre hay salchichas, Glühwein, crepas, avellanas y nueces caramelizadas, chocolates y adornos navideños para la casa, el taller y la oficina.

Lo que más me gusta es que, no importa que cada año haya lo mismo, siempre hay gente dispuesta a ver, comer y beber… sobre todo beber.

Como siempre, fui alrededor de las cinco de la tarde, cuando la mayoría de la gente aún está trabajando, por lo que pude tomar fotos tranquilamente, sin molestar a nadie y sin chocar con los catadores de Glühwein, que arduamente cumplen con la tarea de tomar su peso en vino.

Un amigo de la maestría se ofreció a acompañarme y tuvo la paciencia para esperar en lo que tomaba mis fotos.

Le dimos la vuelta a todo el mercado, caminamos por todas las calles, vimos todos los puestos y disfrutamos de los colores, los olores y los sabores. Yo siempre aprovecho para comprar una bolsa de castañas tostadas para comerlas mientras camino.

El último puesto al que fuimos estaba al final del mercado. Era una barra dentro de una pirámide de  Navidad de madera que ofrecía distintos tipos de Glühwein, galletas de cortesía y, para mi sorpresa, música de Luis Miguel. No, no era su disco Navidades, por lo que lo quitaron rápido, pero escuchar al menos una de sus canciones me hizo reír lo suficiente como para que mi amigo preguntara y yo, pensando obviamente en extender su cultura general, le explicara a quién estaba escuchando. Nada más y nada menos que a Luis Miguel Gallego Basteri, El Sol de México.

Como era de esperarse, nos pedimos un Glühwein, comimos de las galletas, platicamos a gusto y, al final, regresamos las tazas.

Mercados navideños: Goslar

Goslar es una bella ciudad histórica en Baja Sajonia que se encuentra a los pies de las montañas del Harz. Es uno de los lugares que más me gustan en Alemania, no sólo por ser bonito y pequeño, sino porque ahí pasé muchos fines de semana cuando tenía 16 años.

Este mercado navideño es conocido por ser uno de los más bonitos de Alemania. Cada año, gente de todo el estado aparta un fin de semana para ir a verlo y disfrutar de las luces, los árboles, la comida y el Glühwein.

Tiene una sección de “bosque”, que es básicamente un anillo de pinos adornados con luces que rodea una zona con piso de viruta de madera y algunas mesas donde la gente va a tomarse algo “en el bosque”.
Intenté tomarle una foto a la parte de adentro, pero salió demasiado oscura.

Esta vez decidí tomarle fotos al interior de los puestos, ya que todos sabemos cómo se ven por fuera y es divertido ver qué otras cosas venden.

Los candelabros de madera con figuras del nacimiento son muy populares en Alemania. La gente tiende a ponerlas en las ventanas y yo puedo ver las diferentes formas y tamaños cuando paso por ahí.

Algunos puestos venden objetos que no tienen nada que ver con Navidad, como autos pequeños, duendes, hadas y otras figuras. Algunos objetos son juguetes, otros son simplemente decorativos.

El puesto de herramientas de chocolate también es divertido. Las herramientas se ven como llaves, martillos y clavos oxidados, pero están hechos de chocolate.

Hay las típicas velas decorativas y aromáticas de todos tamaños, formas y colores.

Hay galletas de jengibre en forma de corazón, frutas cubiertas con chocolate, almendras y nueces caramelizadas, algodones de azúcar y bastones de caramelo.

También hay esferas pintadas a mano, hechas de cristal, madera o metal.

La “especialidad de Hungría” era un Kürtőskalács (“pastel con chimenea”), un pastel húngaro hecho con harina, levadura y agua.

Es una cinta de masa enrollada alrededor de un cilindro de madera que se cocina o a fuego abierto o en un horno abierto especial.

La masa queda dorada y crujiente por fuera, pero suave y esponjosa por dentro. Al final se espolvorea con azúcar y se le añade algún otro ingrediente, como chispas de colores, chocolate en polvo, canela o nueces, entre otros.

Se llama pastel de chimenea por su forma y por el vapor que sale por en medio una vez que está listo.

Ya sea por los recuerdos, los cafés, los bellos edificios antiguos o las guirnaldas tan particulares, ir a Goslar siempre es un gusto.

Mercados navideños: Bremen

La Sögerstrasse es la calle que lleva directamente al centro de la ciudad, y aunque encontrarla nunca ha sido difícil (es una de las calles principales), en esta época del año, es todo un gusto verla.

Me encanta cómo los alemanes realmente se esmeran a la hora de decorar sus ciudades. Las luces, los árboles, los adornos y todo el ambiente en general casi hacen que a uno se le olvide el frío.

Cinco y media de la tarde, el cielo totalmente oscuro, el centro lleno de luces y la multitud caminando de puesto en puesto. Por ser Bremen, el mercado está ligeramente más lleno que en otros lugares menos turísticos, pero si uno llega temprano, todavía puede caminar tranquilo y pedir algo de comer sin que lo saquen a empujones.

Este mercado rodea la catedral del centro y está divido por las vías del tranvía, que tiene que pasar con sumo cuidado, pues hay niños, abuelos y gente embriagada del espíritu navideño. De verdad, es como que deciden tomarse todo el ponche en una noche y al final no pueden ni caminar.

En todos los mercados de este tipo hay por lo menos uno o dos juegos mecánicos completamente iluminados con focos y adornados con motivos navideños. Casi siempre son niños acompañados de sus padres o abuelos, los que se suben a los juegos. Si me preguntan, creo que los dueños de dichos juegos son muy valientes al ponerlos en un mercado lleno de gente alcoholizada.

Yo nunca me he subido a uno de estos juegos, pues prefiero dedicarme a lo más importante: la comida. Ese día, Ana Pau y yo probamos una crepa de crema de malvavisco. Demasiado dulce para mi gusto, pero divertida de todas formas.

Les había comentado en el post de Braunschweig que los productos que se venden en el mercado navideño son con motivos navideños, pero en Bremen me encontré con que realmente se vende de todo. He aquí algunos de mis puestos favoritos:

Las estrellas son típicas de la época. Es de lo más común ver casas con estrellas colgando frente a la puerta o en la ventana, o incluso en medio de la sala.

Amo las luces de colores. Los puestos que las venden, tienen de todo tipo: cadenas, esferas, globos de nieve; ya sea para colgar en la ventana o poner en la repisa o para usarse como centros de mesa, todas las luces son una maravilla.

Uno de los mejores puestos que vi este año fue la “aldea de pájaros”. Las casas para pájaros venían en todos tamaños, formas y colores.

Algunos de los puestos son tan elaborados y tan detallados, que yo los dejaría el resto del año. Sólo les quitaría las luces y el Santa Claus del techo.

Como siempre, antes de irnos fuimos por una bebida caliente.

¿Saben? Cuando llegué a Alemania me encontré con que sus supermercados, algunas cafeterías y los mercados navideños  funcionan con un sistema de Pfand (garantía).

Para los que no lo conocen, funciona así: yo compro una bebida que cuesta 2.50€ pero pago 3.50€ por ella (a veces incluso 4.50€) y me la sirven en una taza decorada hecha de vidrio o cerámica. Cuando me acabo la bebida, regreso la taza y me devuelven el euro extra. Tengo amigos que coleccionan estas tazas, así que una vez al año dejan el euro en el puesto y se llevan la taza a su casa.

Ese día pedimos Feuerzangenbowle (pronunciado foiatsangenboule), un ponche de vino tinto, especias, frutas, jugo de naranja y ron. La mejor parte es la preparación:

Se prepara en un recipiente de vidrio o metal que está suspendido sobre un caquelon que hace que se vea como un set de fondue. Se vierte el vino tinto caliente ya mezclado con el jugo, la fruta y las especias, y en la parte de arriba se coloca una plataforma metálica en la cual sostiene al Zuckerhut (“sombrero de azúcar”), que es básicamente un cono grande de azúcar. Se baña con ron, se prende en fuego y el azúcar se carameliza, goteando en la bebida. Divertido, ¿no?

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Mercados navideños: Braunschweig

Hoy les voy a compartir un poco de los mercados navideños a los que fuimos unas amigas y yo el fin de semana pasado. La primera parada fue Braunschweig (pronunciado Braunshvaig).

El mercado está en el centro de la ciudad, muy cerca de un pequeño castillito convertido en centro comercial. Llegamos a las cinco de la tarde, por lo que no había mucha gente.

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La gran ventaja de que oscurezca tan temprano en esta época del año es que uno puede disfrutar de las luces navideñas más tiempo.

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En el mercado navideño uno encuentra de todo: comida, bebida, decoración, regalos e incluso ropa. Todo con motivos navideños, por supuesto. Me recuerdan a esas canciones que enumeran lo que se ve en las calles durante la época navideña.

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En efecto, todo se ve fantástico en el mercado, pero lo que más me gusta es definitivamente el olor. Basta con decirles que no necesitan ver el mercado para saber que está ahí, lo pueden oler desde mucho antes de verlo. Huele a Glühwein, nueces tostadas y a caramelo con canela.

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En Alemania los carruseles de madera, llamados oficialmente Pirámides de Navidad, son de lo más populares. Los venden de todos tamaños, formas y colores. Hace tres años le regalé una a mis papás, mi mamá está particularmente orgullosa de la suya y cada año la saca para ponerla donde todos la puedan ver.

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Los mercados navideños también tienen sus pirámides, sólo que son ligeramente más grandes. Ya saben, lo suficientemente grandes como para ponerlas en el techo de un puesto o en el centro de la plaza.

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Lo que no puede faltar cuando uno va al mercado es la bebida caliente, y ¡qué variedad de bebidas hay! El ponche puede ser de vino tinto (Glühwein) o de vino de manzana, puede tener arándano o cereza; el ponche de huevo (Eierpunsch) puede llevar naranja, el ponche de frutas puede ser de uva o de manzana, el chocolate caliente puede llevar ron; las bebidas espesas pueden o no llevar crema batida y, si uno siente que no es suficiente, puede cambiarse de puesto para volver a empezar.

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Una amiga pidió ponche de frutas, que resultó ser uno de los mejores que he probado en la vida. La otra pidió Eierpunsch, que tenía muchísima naranja. Yo pedí un Glühwein, mi favorito.

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Descubriendo Alemania: Hamelin

He aquí la última parte de nuestro fin de semana largo en Baja Sajonia. Este lugar es un pequeño pueblo que todos conocemos gracias al oscuro cuento de los Hermanos Grimm y al poema escrito por Robert Browning, que narran la desafortunada historia de un cierto flautista, una plaga de ratas y un grupo de niños.

Hamelin

“El pueblito de Hamelin está en Brunswick, cerca de la famosa ciudad de Hanover, y el profundo y anchuroso Weser baña su flanco sur. Jamás se vio un lugar tan placentero pero, para la época en que comienza nuestra historia -hace casi cinco siglos-, los pobladores soportaban una horrible peste.”

El cuarto día amaneció gris, con viento y algo de lluvia. Nada fuera de lo común en Alemania, pero nada atractivo para nuestras breves vacaciones. Sin embargo, al tren nos trepamos, una hora viajamos y al pequeño pueblito llegamos.

Dejando las rimas de lado, actualmente Hamelin es una ciudad de casi 60 mil habitantes, atravesada por el río Weser. De la estación de tren al centro histórico, caminamos unos quince minutos. Sucede que, de pronto, los pueblos crecen.

La calle principal del centro histórico está llena de edificios antiguos, casitas pintorescas y ratas, muchas ratas, aunque no precisamente de carne y hueso.

“Ratas grandes, ratas chicas, ratas enclenques, ratas robustas, ratas marrones, ratas grises, ratas negras, ratas rubias, viejas ratas solemnes y rengas, ratitas alegres y juguetonas, padres, madres, tías, primos, colas en alto y bigotes en punta, decenas y docenas de familias, hermanos, hermanas, esposas y esposos, todas detrás del Flautista.”

“El Flautista tocaba y caminaba y las ratas lo seguían bailoteando, hasta que llegaron a orillas del Weser, donde todas se zambulleron y murieron.”

El flautista se encuentra por todos lados y en distintas presentaciones. Hay una estatua, una fuente, varios letreros y un montón de souvenirs. Interesante situación, tomando en cuenta que, cuando el alcalde se negó a pagarle, el flautista tocó una melodía diferente y encantó a los niños de Hamelin. 130 niños lo siguieron bailando y cantando hasta entrar a una cueva, y nunca nadie los volvió a ver.

Al final del día decidimos sentarnos a tomar un café en uno de los pocos lugares abiertos. Como algunos ya sabrán, Alemania se toma muy en serio ese asunto de los días festivos, así que sólo abrieron un par de restaurantes, cafés, una librería y una juguetería.

Con todo y todo, es un pueblito lindo y simpático, lleno de música, cuentos, comida y ratas. Al final, creo que lo que más me gustó fueron las ratas y la forma tan atractiva de venderlas.

Y así concluye nuestro puebleo por Baja Sajonia en fin de semana largo. Si a alguien le interesa leer el poema completo de Robert Browning, puede hacerlo aquí.

Descubriendo Alemania: Bremen

Bremen fue la tercera parada en nuestra breve ruta. Es una linda ciudad en el noroeste de Alemania conocida por su centro histórico (Altstadt), su zócalo, su catedral y sus grupos musicales, aunque hay quien dice que estos últimos tocan como animales.

Dato: A Bremen se le llamaba “Brema” en español, pero cayó en desuso.

Dato: Bremen tiene el segundo puerto más grande de Alemania, el primero está en Hamburgo.

En caso de que no recuerden la historia de los Músicos de Bremen, pueden leerla aquí. El cuento fue publicado, como la mayoría de los cuentos de hadas mejor conocidos, por los hermanos Grimm. Ya sé que son famosos principalmente por su colección de Cuentos de Hadas, pero también fueron académicos, investigadores culturales, lexicógrafos y lingüistas. Son considerados los padres de la filología alemana.

Notarán que las patas y la boca del burro no tienen la pátina verdosa tan característica del bronce. Cuentan por ahí que frotarlas, trae buena suerte.

Junto al río nos encontramos con Schlachte, un paseo histórico lleno de pubs, bares y restaurantes donde nos sentamos a disfrutar de la mejor invención de este país: La invención de la salchicha al curry.

Bueno, en realidad no pedimos una salchicha al curry, pero pedimos una salchicha y estuvo fantástica. La verdad, yo sí considero que la Bratwurst y el pan son la mejor aportación que este país le pudo haber hecho al mundo.

Bremen no es muy grande. Al menos no la parte que queríamos ver, así que después de caminar unas horas, nos sentamos en una banca a pensar en el siguiente paso. Apenas estábamos considerando algunas opciones, cuando recibimos una recomendación: “Vayan al Schnoor.”

Y como los músicos, decidimos seguir una idea sin pensarla demasiado. Dato chistoso: los Músicos de Bremen nunca llegaron a Bremen.

Resulta que el Schnoor es el “barrio medieval” de Bremen. Es la parte más vieja de la ciudad y la más bonita. Aún conserva ese estilo tan particular de aquella época y algunos de sus edificios están ahí desde el siglo XV y XVI. Un poco apretado el vecindario, sí, pero indiscutiblemente encantador.

Para terminar el día decidimos ir al café del molino, que está muy cerca de la estación del tren. La vista preciosa, el clima perfecto y el servicio… bueno, no se podía pedir tanto. Literalmente, pedimos tres cosas y la amable señorita se confundió.

En fin, si alguien anda dando vueltas por el norte de Alemania y no sabe a dónde ir, Bremen vale muchísimo la pena.

Descubriendo Alemania: Hannover & Oldenburg

Hace aproximadamente un mes, una amiga me llamó por teléfono con un dilema. En Europa se celebra la fiesta del Pentecostés, que en este caso fue el lunes 29 de mayo. En pocas palabras, nos dieron el día. El caso es que ella quería salir de fin de semana. No podía ser muy lejos porque el mes pasado nos fuimos a París y salir a una ciudad grande y cara con tan poco tiempo de planeación saldría demasiado caro.

Después de pensarla unos días, me llamó de nuevo para recordarme una de las ventajas de ser estudiante universitaria en Alemania: viajar en tren por el estado (Baja Sajonia) sale gratis. Al plan se unió una amiga italiana.

Cuatro días, cuatro ciudades, muchas fotos y mucha comida; he aquí un recuento de nuestro fin de semana.

Hannover

Hannover no me es una ciudad desconocida. En repetidas ocasiones he buscado cualquier pretexto para subirme al tren e ir a visitar museos, amigos o simplemente entrar a todas las tiendas para ver cosas que no pienso comprar.

Herrenhausen es un conjunto de tres jardines diferentes: el Großer Garten (Gran Jardín), el Berggarten (Jardín de la Montaña) y el Georgengarten (Jardín de George).

El Großer Garten es un jardín barroco, creado por Sofía de Hannover (1630-1714). Aunque la idea de los jardines surgió en 1666, ella fue la que más dedicó al diseño y mantenimiento de estos, supervisándolos celosamente desde 1680 hasta 1714.

El Georgengarten está diseñado según el estilo de paisaje inglés y fue pensado desde su inicio como parque público. Nosotras no lo vimos.

El Berggarten originalmente fue una plantación de árboles de mora para el príncipe elector. Hoy en día es un jardín botánico famoso por su colección de orquídeas.

Oldenburg

Oldenburg es una ciudad en el estado de Baja Sajonia situada en los ríos Haare y Hunte, y entre las ciudades de Groningen (Países Bajos) y Bremen.

El Oldenburgisches Staatstheater (Teatro del Estado) abrió sus puertas en 1833. La estructura de madera fue construida por Herman Wilhelm Much, el teatro en sí fue fundado y dirigido por primera vez por Carl Christian Ludwig Staklof.

En 1881, se trasladó a un edificio de piedra diseñado por el arquitecto Gerhard Schnitger. Se quemó en 1891, pero fue reconstruido y reabierto en 1893. Dentro de sus tres “casas”, uno puede encontrarse con una ópera, un ballet, una obra o un concierto.

El Castillo de Oldenburg fue la residencia del Conde, Duque y Gran Duque de Oldenburg, de 1667 a 1785, 1785 a 1815 y 1815 a 1918, respectivamente. Hoy en día es la casa del Landesmuseum für Kunst und Kulturgeschichte (Museo de Arte e Historia Cultural).

El centro de la ciudad es principalmente una zona peatonal llena de cafés, tiendas y restaurantes. Al llegar, nos encontramos con un mercado enorme repleto de gente comprando cosas, cantando con un coro o probando café bio.

Algunos de ustedes probablemente ya saben que los alemanes están obsesionados con las cosas bio, es decir orgánicas, saludables y, en ocasiones, ridículamente caras. Los productos bio están marcados por una pequeña hojita verde.

Y hablando de verde, aquí una foto linda del mercado:

Chestnuts roasting on an open fire: el mercado navideño

Diciembre ya está a la vuelta de la esquina y yo amo con todo mi corazón todo lo que tenga que ver con Navidad. Amo las decoraciones, la comida, la música, ¡todo! Pero la mejor parte de estar en Alemania durante noviembre y diciembre es definitivamente el mercado navideño, Weihnachtsmarkt o Christkindlmarkt.

Este mercado dura las cuatro semanas de adviento y vende de todo: comida, bebidas, almendras y nueces tostadas, crepas, cascanueces, velas y otros productos de temporada.

En Alemania, además, venden la maravillosa Bratwurst, salchicha asada, el Glühwein, ponche alemán con base de vino tinto, y el vino de manzana, entre otros.

 El mercado navideño nació allá por la Edad Media en el Sacro Imperio Romano Germánico. En aquellas épocas organizaban ferias para vender todo lo que los pobladores pudieran necesitar durante la temporada de frío. Eventualmente se añadieron panaderos y jugueteros al repertorio, así como los castañeros, que venden felicidad en forma de castañas asadas.

 La mejor hora para visitar el mercado es en la tarde noche, pues todas las luces y focos se encienden. El asunto es que la calidad de mis fotos es limitada gracias a que son tomadas con mi teléfono celular, por lo que la mayoría las tomé de día.  

Los mercados navideños son toda una tradición en Europa. Los más grandes son muy famosos y todos esperamos con ansias su llegada. Como yo vivo en una ciudad pequeña, nuestro mercado tampoco es muy grande, pero eso no le quita lo bello.