Julio Cortázar sobre el lenguaje

“Traté de que el libro reflejara esa visión que yo mismo me hacía y me hago de las posibilidades que existen en el ser humano y que, en las condiciones en que el ser humano vive en nuestro tiempo, dentro de los sistemas que lo parcelan, lo condicionan y lo dividen, no puede desarrollar, no puede cumplir, sino en una muy pequeña medida. Ataqué también el lenguaje. Los lectores del libro lo saben muy bien, porque —y pienso que ustedes deben haberlo advertido muchas veces— en el plano del lenguaje sucede algo muy grave en el campo ideológico. No solo en la lucha prerrevolucionaria que se lleva a cabo en tantos terrenos, sino incluso en los casos donde las revoluciones han sido ya conseguidas, el lenguaje se queda atrás, el lenguaje no está a la altura de una revolución, el lenguaje es adocenado. Seguimos escuchando discursos con la misma retórica y las mismas fórmulas que son precisamente las del sistema que queremos destruir; seguimos escuchando frases donde un cierto adjetivo se pega fatalmente a un cierto sustantivo, sin que la persona que lo emplea haya reflexionado jamás que, al idioma, hay que renovarlo de la misma manera que hay que renovar la política y hay que cambiar la economía, porque el idioma es nuestro vehículo interno de pensamiento, y si pensamos con las palabras, sabemos muy bien también que las palabras contribuyen al pensamiento. Un idioma esclerosado, un idioma lleno de prejuicios, tabúes y viejas fórmulas, está trabando nuestra posibilidad de avance hacia ese esquema del hombre futuro por el cual luchamos.

Julio Cortázar, “El lenguaje no está a la altura de una revolución, el lenguaje es adocenado”. CUADERNOS DE LITERATURA VOL. XX No. 39 • ENERO-JUNIO 2016 • PÁGS. 428-446

Accesible en línea en: https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/cualit/article/view/15130

Reseña: Prosa del Observatorio

“Obra anfibia,” son las palabras con las que se describe este libro. Anfibia, de amphi, ambos, y bio, vida. Anfibia, entre la prosa poética y la fotografía.

“Jai Singh quiere ser eso que pregunta, Jai Singh sabe que la sed que se sacia con el agua volverá a atormentarlo, Jai Singh sabe que solamente siendo el agua dejará de tener sed.”

En 1968, Julio Cortázar visitó el observatorio de Jaipur, construido en el siglo XVIII por el maharajá Jai Singh. Como buen turista, Julio tomó muchas fotografías que después combinaría con textos que escribió en Francia en 1971.

¿De qué trata?

De todo y de nada. Lúdico, como siempre, Julio va y viene en su narración, combinando ensayo, ficción, reflexiones y con las imágenes que tomó en su viaje, utilizando el lenguaje libremente y apoyándose en lo visual para hablar de “todo eso que no tiene nombre.”

En solamente 90 páginas, Julio nos cuenta con un lenguaje libre, con ese estilo tan propio de la ciudad, de Jai Singh, de Baudelaire, de Moebius, de la noche pelirroja, de las anguilas y, por supuesto, del observatorio.

“perro aristotélico, que lo binario que te afila los colmillos sepa de alguna manera su innecesidad cuando otra esclusa empieza a abrirse en mármol y en peces, cuando Jai Singh con un cristal entre los dedos es ese pescador que extrae de la red, estremecida de dientes y de rabia, una anguila que es una estrella que es una anguila que es una estrella que es una anguila.”

El libro solo es para los que disfrutamos leer todo lo producido por Cortázar, pues es particularmente extraño y un lector que no está acostumbrado a su forma de escribir o que está distraído, se puede perder fácilmente. Lo digo porque, aunque estoy acostumbrada a leer a Julio, me perdí varias veces y tuve que regresarme incluso párrafos completos.

De cualquier forma lo disfruté bastante. Siempre es un gusto saber lo que pasa por la cabeza de alguien cuando visita un lugar. Más si ese alguien es Julio.

  Mi edición:  Paperback, publicado en el 2017 por Alfaguara
Mi edición: Paperback, publicado en el 2017 por Alfaguara

Reseña: La vuelta al día en ochenta mundos

“Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias.”

La vuelta al día en ochenta mundos, de Julio Cortázar, es un conjunto de textos, donde no hay una sola historia ni trama, ni alguna cronología. Sólo hay texto.

“Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos.”, decía Ulises Carrión.

Este es un collage o un inventario, una enciclopedia personal, dicen otros. Si me preguntan a mí, La vuelta al día en ochenta mundos es Cortázar mismo.

En un conjunto de textos que parece no tener ningún orden en particular, Julio comparte sus opiniones, sus experiencias, sus pensamientos espontáneos y sus fotografías. Comparte poemas olvidados que hablan de su amor por Borges, relatos fantásticos y llenos de humor, y otras anécdotas breves de su vida.

Yo llevaba ya un rato sin leer a Cortázar, por lo que me costó un poco volver a entrar en sus mundos, pero fue en la página 48 que realmente reconectamos y comencé a disfrutar de mi lectura como en otras ocasiones. Hablaba del “grave problema argentino”, el no saber cómo dirigirse a alguien en las cartas, pues la complejidad de las relaciones interpersonales requiere precisión en el papel.

Cortázar defiende a capa y espada el humor en la literatura y critica duramente a aquellos que tratan de ser demasiado serios y solemnes cuando escriben, “como si Cervantes hubiera sido solemne, carajo.”

Por eso digo que el libro es una reflexión de Julio mismo, (del Julio que lo escribe, no de los otros Julios a los que tanto celebra). Porque Julio era así, serio y a la vez no, un intelectual que se rehusaba a llamarse intelectual, un escritor que respetaba el lenguaje lo suficiente como para jugarlo, mezclarlo y alterarlo a su gusto. Brincaba de un tema al otro sin mucho problema y así como discutía del jazz y de política, compartía historias de su gato, Teodoro W. Adorno.

Recomendado para otros cronopios que disfrutan de leer a Julio y de sus aventuras con la pluma por otros mundos.

Mi edición: Paperback, publicada en el 2016, por Siglo XXI Editores.

Reseña: Bestiario

¡Qué mejor forma de empezar el año que con Cortázar!

Como muchos ya saben, Julio Cortázar es mi autor favorito. El año pasado hice un viaje por París en el que fui a algunos de los lugares más importantes para él y ya he hablado de algunos de sus libros, aunque, ahora que lo pienso, me falta la obra que me hizo entrar al mundo del Cronopio Mayor: Rayuela.

Por lo pronto, hablemos del más reciente…

Bestiario, de Julio Cortázar

Publicado en 1951, este es el primer libro que salió con su propio nombre -pues antes de eso había publicado con el pseudónimo “Julio Denis”- y es su primera colección de cuentos.

Bestiario está compuesto por ocho cuentos: Casa tomada, Carta a una señorita en París, Lejana, Ómnibus, Cefalea, Circe, Las puertas del cielo y Bestiario. Déjenme decirles que todos los cuentos son una maravilla… todos excepto uno. Todos tienen temas aparentemente normales pero cada uno tiene su toque mágico.

Cada cuento tiene lo suyo, unos me dieron risa, otros me pusieron nerviosa, otros me incomodaron mucho y otros los disfruté sin mucho alboroto. Más adelante, Cortázar comentó lo siguiente: 

“Yo escribí esos cuentos sintiendo síntomas neuróticos que me molestaban.”

Me di cuenta, Julio, me di cuenta.

Este libro se lo recomiendo a todos los que disfrutan de una buena lectura, corta pero interesante, divertida y original; para todos los que disfrutan la literatura latinoamericana y para todos los que, como yo, aman a Cortázar.

  Mi edición:  Tapa blanda, décima quinta re impresión publicada en 2015 por Punto de lectura
Mi edición: Tapa blanda, décima quinta re impresión publicada en 2015 por Punto de lectura.

París: la ruta Cortázar, pt. 4

Metro Saint Michel

El metro siempre fue para mí un lugar de pasaje. Me basta con bajar al metro para entrar en una categoría lógica totalmente diferente… categorías lógicas donde la sensación del tiempo cambia. Descubrir bruscamente que, en ciertos estados de distracción, en el metro, se tiene la impresión de que se puede habitar un tiempo que nada tiene que ver con el tiempo que existe en la superficie una vez que salimos a la calle.

– Declaración en una entrevista con Carles Álvarez Garriga.

Llegamos a París a encontrarnos con la noticia de que la línea cuatro del metro, que es la única que pasa por Saint Michel, estaba cerrada, por lo que no vimos más que las escaleras y la entrada principal. Sin embargo, luego de pasar por todas las demás líneas y ver tantas estaciones, puedo decir que estoy de acuerdo con Julio.

En el metro, uno está ajeno a lo que hay en la superficie. Ya sean los puestos de fruta, la gente tocando instrumentos de percusión y cantando, o los murales de colores, las estaciones del metro cambian totalmente y uno pierde la noción del tiempo que se vive afuera.

Residencia temporal de Charles Baudelaire

Dirección: 17 Quai d’Anjou, 75004

“¿Sabe qué fue lo primero que hice al llegar a París? Buscar la Île Saint-Louis, el hotel Pimodan […] ¡Sombras de Baudelaire y de Gautier! Eso después ha cambiado mucho, desde luego, pero estoy lejos de sentirme en el exilio literario. Omnívoro, guardo intactas mis relaciones con América Latina, a las que añado las literaturas francesa e inglesa.”

Respuesta en un cuestionario del Quotidien de París, 1974.

En efecto han cambiado las cosas, pues el hotel Pimodan es ahora el Hôtel de Lauzun. Fue construido en 1657 y Charles Baudelaire y Théophile Gautier rentaron el apartamento de arriba en 1843.

Es ahí donde formaron el Club des Hashischins, que si bien no era muy sano (experimentaban con drogas, especialmente hachís), tenía miembros bastante renombrados: Alexandre Dumas, Gérard de Nerval, Victor Hugo, y Honoré de Balzac, entre otros. Es ahí también donde Baudelaire escribió los primeros poemas de Les Fleurs du Mal.

Jardin des Plantes

Dirección: Quai St. Bernard, 75005

“Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardin des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.”

Julio Cortázar, Axolotl

Llegué poco antes de que cerraran, por lo que no pude buscar a los axolotls. En el cuento, el protagonista los observa durante tanto tiempo que se convierte en uno de ellos y se queda atrapado para siempre; por eso creo que no verlos fue lo mejor. Escribir esta entrada con dedos de axolotl hubiera sido muy poco práctico.

El jardín es ideal para pasar un domingo en la tarde. Estaba lleno de flores, había niños jugando por todas partes, gente leyendo en alguna banca y el ambiente era tranquilo. No es un lugar muy frecuentado por turistas, por lo que pude ver un poco más de cerca la vida parisina, sin tanta prisa, sin tantas filas para entrar a ningún lado.

Cementerio de Montparnasse

Dirección: 3 Boulevard Edgar Quinet, 75014.

Y así llegamos al último lugar de la ruta Cortázar. El cementerio de Montparnasse, que abrió en 1824 y donde yacen algunos de los intelectuales franceses más importantes, al igual que algunos extranjeros que llevaban Francia en el corazón.

Lo encontré luego de dar unas cuantas vueltas por la tercera sección del cementerio. Había un grupo de señores a su alrededor, riendo y tomando una botella de agua con sospechoso olor a tequila. Cuando me vieron, solamente preguntaron “¿argentina también?”.

“Mexicana”, les dije yo.

Entonces dijeron sus nacionalidades, hicieron espacio para que yo tomara mi foto, me enseñaron su dudosa botella y, luego de intercambiar información acerca de los otros habitantes del cementerio, se fueron.

La simpática figurita es un cronopio diseñado por Julio Silva y Luis Tomasello. Por supuesto la tumba es totalmente distinta a las demás: está llena de frases, fotos, flores, colores y cigarrillos.

Esta tumba nunca es la misma, pues los mensajes, las fotografías y la decoración cambian constantemente. El Cronopio Mayor está acompañado de su esposa Carol Dunlop, su gran amor, y como dijeran por ahí:

“ Un cronopio es una flor, dos son un jardín.”

Aprovechando la vuelta, fui a visitar a unos paisanos conocidos:

 Porfirio Díaz
Porfirio Díaz

Carlos Fuentes y Don Porfirio son más fáciles de encontrar. Ambos están en las orillas de sus secciones, por lo que uno no necesita más que pasar por la calle para verlos.

Antes de irme, pasé una vez más por donde están Julio y Carol, ya sin gente a su alrededor y me detuve a leer algunos de los mensajes que tenía. Son principalmente notas de lectores aficionados y agradecidos. La verdad, esperaba ver por ahí el nombre de Carles Álvarez Garriga, pero supongo que no necesita escribirlo en la tumba para sentirse cerca de Julio. Él lo encontró hace ya varios años.


Y ahora sí, eso fue todo. Muchas gracias por acompañarme en esta divertida ruta, espero que la hayan disfrutado tanto como yo.



La ruta Cortázar:

Buscando a Julio en París

Parte 1: Su última residencia, Galerie Vivienne, Museo del Louvre

Parte 2: Pont du Carrousel, Pont des Arts, Pont Neuf, Place Dauphine

Parte 3: Café Old Navy, Librería la Hune, Les Deux Magots, Biblioteca del Arsenal

Parte 4: Metro Saint Michel, Residencia temporal de Charles Baudelaire, Jardin des Plantes, Cementerio de Montparnasse

París: la ruta Cortázar, pt. 3

Café Old Navy

Dirección: 150 Boulevard de Saint-Germain, 75006

“Alguien me dijo en París que él escribía en el Café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y ahí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que hubieran podido ser los del mismo diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón. […] Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo.”

Gabriel García Márquez

Cuando leí Clases de Literatura, me di cuenta de que Julio Cortázar era un hombre más bien modesto. Nunca trató de hacerse el sabio, ni se las daba de ser intelectual. Afirmaba que no era escritor profesional y que no sabía bien por qué escribía. Dando su curso de literatura en la Universidad de Berkeley, llegó a disculparse por ponerse a la altura del maestro García Márquez en un ejemplo. Ese mismo García Márquez que en su juventud había ido a esperarlo durante semanas a un pequeño café en París, solamente para verlo escribir un rato.

Mi amiga me dijo que cuando le dije que Julio iba a un café llamado Old Navy, ella pensó que veríamos uno de los más caros y finos de la ciudad, siendo él un autor reconocido internacionalmente. Nunca imaginó encontrarse con ese pequeño y clásico establecimiento parisino, que refleja perfectamente bien la actitud del argentino. No es pomposo, ni espectacular. Es simplemente un lugar donde el café es bueno y el nombre confunde a los turistas que buscan la tienda estadounidense de ropa.

Librería la Hune

Dirección: 170 Boulevard Saint-Germain, 75006

“Ayer estuve en la Hune, mirando libros, y naturalmente lamenté no tener plata para comprarme brazadas de cosas.”

Julio en una carta a Maria Rocchi de Jonquières

Esta librería es relativamente pequeña, pero tiene libros de piso a techo (literalmente) y está bien surtida. Bastó poner un pie dentro del lugar para sentirme rodeada de esa atmósfera tan particular que hay en las librerías apretadas. El olor, el ambiente, la temperatura, todo cambia cuando uno se encuentra completamente rodeado de libros.

Las obras de Julio estaban en la parte de más abajo de uno de los libreros del fondo. Eran pocos y no muy fáciles de encontrar, y pensé que era una tristeza que los tuvieran así de escondidos en una librería que él frecuentaba con tantas ganas. Luego recordé que estamos hablando de Cortázar y pensé que probablemente no le importaría. Estaría más ocupado pensando en todos los libros que querría comprar y en que no le iba a alcanzar la plata.

Sólo compré una edición de El perseguidor porque, casi como a Julio, a mí tampoco me alcanzaba para comprar todo lo que se me antojaba. Digo casi, porque a mí no me alcanzaban ni el dinero, ni el nivel de francés.

Les Deux Magots

Dirección: 6 Place Saint Germain des Prés.

Es aquí donde nos desviamos de la ruta Cortázar para hablar de un lugar muy importante para la literatura internacional.

Allá por los 1800, Les Deux Magots fue una tienda que luego se extendió a café y cuyo nombre original fue Les Deux Magots de la Chine (Los dos figurines de China). Magot significa “figurín bajo y fornido del lejano Este”. En honor al establecimiento original, dos figuras chinas decoran una de sus columnas interiores.

Este café fue el punto de reunión de los intelectuales durante una de las mejores épocas de París. Algunos de sus clientes más conocidos son James Joyce, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Albert Camus, Simon de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, entre otros.

Biblioteca del Arsenal

Dirección: 1 Rue Sully, 75004.

“Lo ha contado Aurora Bernárdez, su viuda y heredera: tocado ya de muerte, decidió que el último sitio que quería volver a visitar era un edificio donde había sido muy feliz más de treinta años atrás. Un amigo los llevó en coche. Cortázar no pudo subir las escaleras. Ella sí. Julio – le dijo después – todo está igual.”

Prólogo a Cuentos inolvidables según Cortázar, de Carles Álvarez Garriga.

Fui a verla el último día antes de irnos. Fue uno de los más divertidos de todo el viaje, pues era domingo y todo cerraba temprano, así que hice el resto de la ruta entre corriendo y tomando el metro. Me hubiese encantado subir aquellas escaleras y ver ese lugar en el que había sido un joven feliz, pero la prisa de que me iban a cerrar el Jardin des Plantes, que comentaré la siguiente semana, terminó por hacerme tomar las fotos y correr al otro lado del Sena para ir al siguiente lugar.



La ruta Cortázar:

Buscando a Julio en París

Parte 1: Su última residencia, Galerie Vivienne, Museo del Louvre

Parte 2: Pont du Carrousel, Pont des Arts, Pont Neuf, Place Dauphine

Parte 3: Café Old Navy, Librería la Hune, Les Deux Magots, Biblioteca del Arsenal

Parte 4: Metro Saint Michel, Residencia temporal de Charles Baudelaire, Jardin des Plantes, Cementerio de Montparnasse

París: la ruta Cortázar, pt. 2

Cortázar era escritor. Escritor de novelas, de cuentos, de traducciones y de cartas. Nunca quiso hacer una autobiografía, pero a lo largo de su vida escribió una cantidad enorme de cartas en las que plasmó su caminar por la historia de la literatura. Eso sí, siempre dejó muy claro que no estaban pensadas como piezas literarias. En alguna ocasión, allá por 1942 comentó:

“Odio las cartas literarias, cuidadosamente preparadas, copiadas y vueltas a copiar; yo me siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y los afectos.”

Si a alguien le interesa, hay un libro con el conjunto de cartas que le escribió a los Jonquières: Cartas a los Jonquières. Supongo que a estas alturas del partido no les tengo qué decir de quienes son la edición y el prólogo, pero por si se quedan con la duda: Aurora Bernárdez y Carles Álvarez Garriga.

Bueno, les prometo que esa fue toda la publicidad por hoy. Ustedes lo que quieren (espero), es leer la ruta. Así que, citando al mismo Julio: ahora sí, ahora ya.

Pont du Carrousel

Tal vez esté triste, pero estoy aprendiendo a depositar esa melancolía en tanta cosa bella que me rodea. Quisiera poder mostrarte, por ejemplo, un atardecer en el Pont du Carrousel. – De una carta a María Rocchi de Jonquières, 1952.

A nosotros nos llovió. Amaneció nublado y por ahí del medio día se soltó el aguacero. No traíamos paraguas y, para colmo, cuando llegamos a los puentes ya moríamos de hambre. La siguiente escena fue: mis amigos se quedaban en la avenida principal bajo algún techo mientras yo corría a cada puente para tomar una foto, que por cierto tenía que ser rápida porque mi cámara no es resistente al agua.

No vi la belleza del atardecer en el Pont du Carrousel, pero me di la divertida del día corriendo de un lado a otro tratando de no mojar demasiado mi cámara. Por supuesto las fotos no quedaron como obras de arte, pero había que hacerlo rápido porque el hambre no espera a nadie.

Pont des Arts

Este segundo puente aparece en la primera línea del primer capítulo de Rayuela:

“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.”

Dadas las circunstancias en las que yo estaba tratando de tomar la foto, creo que la línea con la que más identificada me sentí es: “¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts?”

Si buscan “Pont des Arts” en Google, se encontrarán con barandales atiborrados de “candados de amor”. Candados grabados con las iniciales o los nombres de una pareja que se cuelgan en algún puente o reja para simbolizar amor eterno.

Yo encontré los barandales tapados y llenos de grafitti (supongo que los grafiteros no resisten una superficie plana). Ahora, no es que los franceses tengan algo en contra del amor eterno, pero tanto candado va a terminar por tirar los puentes, que no están diseñados para aguantar ese peso extra.

Pont Neuf

La ironía de este puente se encuentra en el nombre: Pont Neuf significa Puente Nuevo, y este es el más viejo de París. Comenzaron a construirlo en 1578, pero tuvieron que hacer una pausa por las Guerras de religión. Reanudaron la construcción el 1599 y terminaron en 1607.

Yo lo conocía por esta foto:

Claro que nos hubiese encantado sentarnos y mirar hacia el cielo con cara de intelectuales, pero la lluvia había mojado toda la banca y pensamos que caminar por París con los pantalones empapados en la parte posterior sería ligeramente incómodo. Lo bueno es que para cuando llegamos a este puente, yo ya había conseguido un paraguas.

Place Dauphine

En una entrevista en 1969, Julio comentó:

“Aparece mencionada en un viejo texto de Breton, del viejo surrealismo, en donde se habla de París como de una mujer, y la plaza sería el sexo de esa mujer. […] Porque París es absolutamente femenino, no en el sentido burdo de la metáfora, sino en el de la sutileza. […] Tiene algo de mágico, como si hubiese sido transformada por un hechicero. Y de esta mujer, la Place Dauphine es el sexo. Voilà.”

Los árboles apenas estaban comenzando a reverdecer, pero había algo de mágico en la plaza mojada y los cafés medio llenos.



La ruta Cortázar:

Buscando a Julio en París

Parte 1: Su última residencia, Galerie Vivienne, Museo del Louvre

Parte 2: Pont du Carrousel, Pont des Arts, Pont Neuf, Place Dauphine

Parte 3: Café Old Navy, Librería la Hune, Les Deux Magots, Biblioteca del Arsenal

Parte 4: Metro Saint Michel, Residencia temporal de Charles Baudelaire, Jardin des Plantes, Cementerio de Montparnasse

París: la ruta Cortázar, pt. 1

¡Hola, mis queridos y desocupados lectores!

¿Cómo están? ¿Qué tal abril?

Pues yo ya estoy de regreso en casa, lista para empezar el semestre, pero antes déjenme decirles que este viaje fue genial. La compañía fue excelente, la comida estuvo deliciosa y la ciudad es simplemente encantadora. Los tres íbamos con ideas diferentes de lo que queríamos hacer y queríamos visitar lugares distintos, pero si en algo estuvimos de acuerdo, fue en que nos faltaron días. Mis amigos se hubieran quedado toda la semana, yo me hubiera quedado toda la vida.

En cuanto a la ruta, logré ir a catorce de los quince lugares. Si bien no pude ir al restaurante Polidor, se me atravesó un café muy importante en la historia de la literatura internacional, pero eso vendrá más adelante

Debo decir que esta ruta fue una de las mejores ideas de viaje que he tenido, pues me permitió ver París desde una perspectiva totalmente diferente. Como no los quiero agotar con palabrerías y entradas kilométricas, voy a dividir la ruta en partes (por supuesto no muchas) más cortas (espero). Pero por lo pronto, citando al poeta William Wordsworth: para comenzar, comienza.

Su última residencia

Dirección: 4 rue Martel, 75010 (Distrito 10)

En 1979, Julio decidió comprar un apartamento más grande que el que compartía con su esposa, Carol y encontró uno ideal en la rue Martel. El único problema que le veía al piso era que no le alcanzaba para comprarlo, por lo que su amigo, Saúl Yurkievich, le sugirió que vendiera el manuscrito original de Rayuela. Cortázar siendo Cortázar, no estaba seguro de que alguien quisiera comprar “esos papeles”. Actualmente el manuscrito se encuentra en la Universidad de Princeton y con ese ingreso pudieron adquirir el apartamento donde pasarían sus últimos años.

Aquí vivió Julio Cortázar (1914-1984) escritor argentino nacionalizado francés autor de Rayuela.

Galerie Vivienne

Dirección: 6 rue Vivienne, 75002 (Distrito 2).

“… y en cambio nos miramos por primera vez en lo más hondo de la Galerie Vivienne.”

Julio Cortazar, El otro cielo

Quien ha leído el cuento “El otro cielo” ya ha oído hablar de la Galería Vivienne, un pequeño y viejo pasadizo con pocas tiendas y algún café medio olvidado.

En una carta a Paco Porrúa, Cortázar escribió:

“La Galerie Vivienne, por ejemplo, está tal cual [Lautréamont] pudo conocerla en 1870. No han tocado nada, tiene sus estucos de mal gusto, sus librerías de viejo cubiertas de moho, sus vagos zaguanes donde empiezan escaleras cuyo final es imprevisible, y en todo caso negro y siempre un poco aterrador.”

Probablemente la encontramos tal cual Cortázar pudo conocerla. La entrada estaba tan oscura, que por poco y nos la pasamos, las vigas tenían una buena cantidad de telarañas prácticamente fosilizadas y los establecimientos vacíos tenían tanto polvo, que supongo que nadie entra por miedo a morir de alergia.

Museo del Louvre

Dirección: Musée du Louvre, 75001 (Distrito 1).

En 1951, Cortázar recibió un pase permanente para el Louvre, y decidió darle uso visitando el museo casi todas las tardes durante dos años, visitando todas y cada una de las salas, y observando las exposiciones detenidamente.

Debo confesar que cuando primero leí que había dedicado todas las tardes de dos años de su vida a un sólo lugar pensé que probablemente había sido una exageración… y entonces entré al museo.

Estar dentro del Louvre es estar dentro de un lugar ajeno al tiempo en el que vivimos. No sólo los objetos y las exposiciones son distintos, sino que todo el ambiente cambia completamente. En el Louvre cuando uno pasa a otra sala, pasa a otra época.

En algunas salas había alumnos sentados en el piso escuchando a su profesor leerles algún libro de historia. En otras, había gente dibujando lo que veía en un cuaderno. De cualquier manera, ver tanta actividad dentro del museo es genial.

Dos hombres mayores de edad estaban sentados en el centro de una de las salas. Dibujaban con mucho cuidado uno de los cuadros y estaban tan concentrados, que casi no hablaban entre ellos. Podría haberme seguido caminando y dejarlos dibujar en paz, pero en un arranque de locura decidí caminar hacia ellos y preguntar en mi mejor francés (que no es muy diferente de mi peor francés) si podía tomar una foto. Para mi sorpresa, dijeron que sí e incluso me pidieron que les tomara una foto con su teléfono. Pasaron los siguientes segundos aguantándose la risa y diciéndose entre ellos algo así como “quédate quieto y pon cara de profesional”.

Mi acento tan marcado resultó ser una excelente oportunidad para aquellos que hablaban español. No necesitaba decir más de tres palabras para que ellos adivinaran que disto mucho de dominar el francés y, como probablemente no querían fomentar tal agresión a su lenguaje, preferían poner en práctica su español -que, por cierto, no era muy bueno.

Algunas salas tenían paredes cubiertas de espejos que iban de piso a techo y por supuesto no podían faltar las hordas de turistas aprovechando dichos espejos para tomarse selfies. Claro que yo no estoy de acuerdo con detener el tráfico entre salas para tomarse fotos en los espejos.

Así que nos fuimos a un lugar un poco más grande y espacioso para poder tomar la obligatoria selfie en el espejo sin estorbar a nadie.



La ruta Cortázar:

Buscando a Julio en París

Parte 1: Su última residencia, Galerie Vivienne, Museo del Louvre

Parte 2: Pont du Carrousel, Pont des Arts, Pont Neuf, Place Dauphine

Parte 3: Café Old Navy, Librería la Hune, Les Deux Magots, Biblioteca del Arsenal

Parte 4: Metro Saint Michel, Residencia temporal de Charles Baudelaire, Jardin des Plantes, Cementerio de Montparnasse

Buscando a Julio en París

¡Buenas tardes, mis queridos lectores!

¿Cómo están el día de hoy? ¿Qué tal estuvo marzo? Las primeras dos semanas del mes estuve como loca corriendo y estudiando, ya que tenía un examen pendiente y en un arranque de locura, decidí tomar un curso intensivo de francés (idioma que empecé a estudiar hace dos semestres). Hoy por hoy les puedo decir que aprendí tres cosas:

  1. El nivel de dificultad del tercer nivel de francés es abismalmente mayor que el del segundo.
  2. Los alemanes se toman muy en serio la palabra “intensivo”.
  3. Mi superpoder es hacer llorar a los franceses con mi pronunciación.

En fin, habiendo terminado oficialmente mi semestre, me puedo dar el lujo de tomar unas breves vacaciones y qué mejor que hacerlo con dos amigos. Pero antes de contarles del plan completo, permítanme presentarles a Carles Álvarez Garriga.

La primera vez que me topé con el nombre Carles fue al abrir el libro Clases de Literatura: Julio Cortázar, Berkeley, 1980. El prólogo, escrito por Carles Álvarez Garriga, era ameno, interesante y dejaba ver un aire de admiración por Cortázar.

Carles apareció una segunda vez en mi librero dentro del álbum biográfico Cortázar de la A a la Z. Una biografía diferente, divertida y poco convencional, muy ad-hoc al argentino. La edición es de Aurora Bernárdez, quien fue la primera esposa de Cortázar y murió el 8 de noviembre del 2014 en París, y Carles Álvarez Garriga, que también escribió el prólogo.

En Navidad, una buena amiga me regaló una colección de textos inéditos de Cortázar. El título del libro no podría ser mejor: Papeles inesperados, y el prólogo del mismo no podía ser de nadie más: Carles Álvarez Garriga. Recuerdo haber pensado “ese tal Carles es todo un fan”. Que Álvarez Garriga es un admirador de Cortázar me quedaba claro, pero no fue hasta hace un par de semanas que me enteré de que su gusto por el autor no termina en los libros:

Las Rutas Cervantes son “una guía sobre el paso por París de figuras de la cultura de España y Latinoamérica”. Estas rutas incluyen a Carlos Fuentes, Diego Rivera, Frida Kahlo, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, entre otros, y al hacer clic en la etiqueta “Julio Cortázar” me encontré con un resumen que me hizo sonreír:

Inicio de ruta: Última residencia
Fin de ruta: Cementerio de Montparnasse-Tumba de Cortázar
Número de lugares: 20 [15 en ruta + 5 extra]
Distancia total: 6,039 km
Autor de la ruta: Carles Alvarez Garriga

La ruta en realidad es de quince puntos, empieza en el noreste de París y termina en el sur. Los otros cinco lugares están más alejados del resto y son una sugerencia “extra”.

Estas vacaciones, mis amigos y yo hemos decidido convertirnos en cronopios y dar la vuelta por esa ciudad que Cortázar tanto amaba, iremos por todos los lugares principales de la ruta que lleva su nombre, tomaremos notas, fotos, y comeremos todo lo que se nos atraviese. Nunca he estado en Francia, ni he hecho una ruta similar, tampoco estoy segura de querer agredir a los franceses con mi pronunciación, pero definitivamente trataré de ver París a través de los ojos del Cronopio Mayor.

Aún tengo mucho qué organizar y limpiar antes de ir a buscar a Julio, así que por lo pronto me despido. Muchas gracias por leer, nos vemos dentro de quince días para comentar la ruta literaria.

¡Feliz domingo!

Paola.


Lo que leí en invierno (2015)

¡Feliz año nuevo, queridos lectores!

Que este 2015 esté lleno de bendiciones, nuevas experiencias, buena comida y buena literatura.

Fíjense que cada año, mi papá, una muy buena amiga y yo organizamos una pequeña competencia literaria: el que lea más libros gana. Bueno, pues el primer domingo de enero nos juntamos los tres para ver cómo quedamos y hace mucho que no me ganaban con tanta ventaja, mi amiga leyó 49 libros en el 2014.

Retrato del artista adolescente

  Mi edición:  Tapa blanda, publicado el 1 de enero del 2012 por Harper Collins.
Mi edición: Tapa blanda, publicado el 1 de enero del 2012 por Harper Collins.

Joyce debutó en mi lista de lectura con esta novela en la que cuenta de su propia adolescencia a través de su alter-ego ficticio Stephen Dedalus. Si bien la trama no me pareció tan interesante, el estilo y la redacción son excelentes.

Joyce tiene una forma muy particular de plantear sus ideas y de hilar las frases, por lo que vale la pena darse una vuelta por esta obra. Eso sí, no es una lectura ligera y no recomiendo que lean con sueño.

Othello

  Mi edición:  Tapa blanda, publicado el 1 de septiembre del 2011 por Harper Collins.
Mi edición: Tapa blanda, publicado el 1 de septiembre del 2011 por Harper Collins.

Shakespeare volvió a mis manos con un clásico de clásicos que narra la tragedia del moro Othello, su esposa Desdemona y su teniente Cassio a manos del alférez Yago.

Es una obra de teatro corta, pero entretenida, llena de amor, celos e inseguridades. Recomendada a todos los que disfrutan un clásico rápido y bien escrito.

Final del Juego

  Mi edición : Tapa blanda, publicado en julio del 2008 por Punto de Lectura.
Mi edición : Tapa blanda, publicado en julio del 2008 por Punto de Lectura.

Poco antes de Navidad me di una vuelta por la librería y de no ser porque iba con prisa, hubiera comprado toda la bibliografía de mi querido Julio Cortázar. Me resigné a comprar sólo tres libros de relatos cortos. Final del Juego es una colección de 18 relatos originales y totalmente Cortazarianos. Son un poco más oscuros que las historias de Cronopios y de Famas, pero como siempre, me divertí mucho leyéndolos.