De Mujeres Difíciles y de la empatía que no siempre tenemos

Mujeres Difíciles es una colección de cuentos escritos por la autora estadounidense, Roxane Gay, quien ha aparecido varias veces en el blog. Hace tiempo escribí sobre Confesiones de una Mala Feminista y mencioné el libro del que escribo hoy en mi Calendario de Impacto de febrero. Roxane Gay es una autora a la que sigo desde hace un par de años y en general estoy al pendiente de las cosas que escribe, ya sea en periódicos, en revistas, en ensayos y artículos de opinión o en tuits. Estoy suscrita a su newsletter y siempre me interesa saber qué piensa, aunque no siempre estemos de acuerdo.

Roxane Gay en entrevista con Vanity Fair

Entonces vi a alguien en Twitter recomendar Mujeres Difíciles en su club de lectura y pensé, ¿por qué no? ¿Qué tan difícil puede ser?

Es una lectura difícil.

CW: violencia sexual.

No por la prosa o por el lenguaje. La lectura es difícil porque trata temas difíciles, situaciones de violencia, de trauma, de cosas que sabemos que se viven en el día a día. Algunas historias me hicieron pensar, otras enojar, al menos una me dejó muy, muy triste y una de ellas es casi autobiográfica y me dolió tanto como la primera vez que la escuché. Algunas tienen finales felices, otras… solo finales. Hay dos que parecen de fantasía y una tercera está situada en un futuro distópico y, sin embargo, todas tienen algo de realidad, todas tienen algo que le ha pasado a alguien.


Intenta no caminar ni muy deprisa ni muy despacio. No quiere llamar la atención de nadie. Finge no oír los silbidos y los piropos y los comentarios obscenos. A veces se le olvida, y sale de casa en falda o en camiseta de tirantes porque hace un día caluroso y quiere sentir el aire cálido en su piel desnuda. Al poco, cae en la cuenta. … Cuando sale tarde de la oficina o del bar, llama a un taxi y, cuando el vehículo se para delante de su edificio, otea rápidamente la calle para asegurarse de que puede recorrer sin peligro la corta distancia entre el bordillo y la puerta. Una vez le contó estas precauciones a un amigo y él le dijo: “Has perdido completamente la cabeza.” Después se lo contó a una nueva amiga en el trabajo y esta le dijo: “Cariño, no estás loca. Eres mujer”.

En qué piensa una mujer loca cuando camina por la calle, en Mujeres Difíciles.

Como siempre en una colección de cuentos, no todos me gustaron por igual y el libro ha recibido críticas porque a veces pareciera que las mujeres en cuestión solo encuentran satisfacción si son tratadas violentamente o si son abusadas y agredidas. No sé si estoy de acuerdo con esta crítica. Efectivamente, algunas mujeres buscan la violencia para sentir algo. Un cuento particularmente triste presenta a una protagonista que se busca a un hombre abusivo y golpeador porque siente que merece ser castigada. Pero nunca sentí que fuera porque “solo así encuentran satisfacción”, los personajes, como la gente real, son complejos y a veces toman decisiones autodestructivas, especialmente en respuesta a un trauma. Yo no creo que la literatura siempre deba presentar ejemplos a seguir o situaciones seguras, yo creo que la literatura debe ser honesta y este libro es honesto. Además, nunca presenta esas situaciones como algo positivo, ni busca justificarlas. Son lo que son: complicadas.

Alguien comentó que Mujeres Difíciles no debería llamarse así porque no son las mujeres quienes son difíciles. Viven situaciones difíciles, pero las difíciles no son ellas. En su momento pensé que estaba de acuerdo. A mí tampoco me parecieron mujeres particularmente difíciles. ¿Cómo podríamos decir eso de ellas, sabiendo lo que vivieron y lo que sienten y piensan? ¿Cómo llamarles difíciles si conocemos sus razonamientos y sus experiencias?

Y entonces entendí. ¿Qué pasa cuando no?

¿Qué pasa con todas las mujeres que están fuera de esas páginas? ¿Con las que coincidimos en el día a día? Esa joven que no quiere moverse a ningún lado si no va su hermana con ella, esa mujer que se sienta a llorar en el estacionamiento del supermercado enfrente de todos, esa mujer que se rehúsa a sonreírle a sus compañeros de trabajo, todas esas mujeres que no se comportan “como deberían”. ¿Acaso no las llamamos difíciles?

Es más fácil sentir empatía cuando vemos todo lo que alguien está pasando y pensando, cuando sabemos lo que ha vivido, cuando lo tenemos plasmado en el papel. No lo es tanto, cuando lo único que sabemos es lo que vemos: que no sonríe, que está llorando otra vez, que anda de inflexible. No conocemos su situación, sus pensamientos, sus luchas y entonces las juzgamos y las llamamos difíciles, dramáticas. Nos molesta que están haciendo aspavientos, nos molesta que no se dignan a explicar. Nos molesta que la realidad es que no le deben una explicación a nadie.

Mujeres Difíciles es un libro que me hizo sentir muchas cosas, pero no fue sino hasta que terminé y pasó un tiempo que entendí a lo que el título se refiere. El ejercicio en empatía no está dentro de las páginas; está afuera en el mundo real con las mujeres que no conocemos, que solo vemos al pasar. Donde nuestras interacciones son limitadas y nuestras impresiones delatan nuestra falta de empatía, porque no perdemos el tiempo en juzgarlas, en llamarlas arrogantes, amargadas, pesadas, difíciles.

Todas las historias son de ficción, pero todas tienen algo conectado a la realidad, a experiencias que millones de mujeres viven todos los días. Supongo que eso es lo más difícil de todo el libro: el saber que esas realidades están presentes y el darse cuenta de la facilidad con la que juzgamos a quienes las viven.

Descorazona que a una mujer con personalidad la llamen difícil.

Roxane Gay

Hood Feminism, de Mikki Kendall, debería ser lectura obligatoria

Este post es un breve comentario sobre el libro Hood Feminism: Notes From The Women That A Movement Forgot, de Mikki Kendall. Para una conversación más amplia sobre los temas del libro, nos vemos próximamente en el canal de YouTube, La Otra Libreta, con una invitada especial.

Hood Feminism, de Mikki Kendall

Publicado en marzo del 2020, Hood Feminism todavía no tiene una versión en español, pero es una lectura tan importante, que yo espero que salga muy pronto. Este es un libro sobre las mujeres que el movimiento feminista “mainstream” ha ignorado (las mujeres de color o pertenecientes a grupos racializados, las mujeres de bajos recursos, las mujeres trans, etc.) y sobre los temas de los que no siempre hablamos cuando hablamos de feminismo.

Como la violencia armada.

Como el fetichismo de los estereotipos.

Como de la intersección de color de piel y pobreza.

Como del papel que juegan las personas que se consideran aliadxs.

En una serie de ensayos, Mikki Kendall nos habla de la realidad de un movimiento que históricamente ha centrado a un grupo muy específico de mujeres y que ha tenido un punto ciego muy grande cuando se trata del otro gran problema de nuestras sociedades: la supremacía blanca.

Y el capitalismo, digo yo.

La meta principal del libro es, si no mostrarnos, al menos recordarnos la importancia de la interseccionalidad en el feminismo.

Ok, pausa: ¿Qué es la interseccionalidad?

El término fue acuñado por la jurista afroamericana Kimberlé Crenshaw en 1989. Es un enfoque para examinar como los distintos aspectos de la identidad social y política crean distintos niveles de discriminación y privilegio.

Hay distintas fuentes estructurales de desigualdad, hay más de una “razón” por la cual alguien puede vivir discriminación. A grandes rasgos podemos decir que los hombres blancos como grupo tienen una posición de más poder en las jerarquías sociales que las mujeres blancas, pero las mujeres blancas tienen una posición de más poder que los hombres de color, ellos a la vez tienen más poder que las mujeres de color, y así sucesivamente.

Esto significa que las mujeres blancas (como grupo) están en una posición social donde pueden ser oprimidas por hombres blancos, pero donde pueden oprimir a hombres y mujeres pertenecientes a grupos racializados. A esto se le suma también el dinero que tienen, el estatus social, su religión y su identidad y orientación sexual. Todos esos son factores que influyen en el acceso a los recursos, a la educación de calidad, oportunidades laborales, movilidad social, etc.

Mikki Kendall en entrevista con Esquire, traducción mía.

Cada ensayo se enfoca en un tema diferente: la justicia alimentaria, la inequidad educativa, el sistema de prisión, la necesidad de proveer las condiciones para tener una vida familiar estable, etc. etc. y en quizás uno de los capítulos más importantes, Kendall habla de la gente que se considera aliada, incluyendo a otras feministas. Específicamente a las que se consideran feministas, pero que no pertenecen a grupos vulnerados.

Kendall comenta cómo necesitamos reconocer que tenemos puntos ciegos en nuestros análisis y nuestras experiencias, por lo que no podemos pretender saber cómo otras mujeres deberían llevar su feminismo, exigir justicia o alzar su voz. Necesitamos tener cuidado de no querer imponer una forma de pensar o actuar sobre las mujeres que viven una realidad distinta a la nuestra solo porque “nosotras leímos la teoría” y tenemos el título académico, el “status”. Al final del día, solo es eso: teoría. No es lo mismo leer sobre algo que vivirlo.

Nuestro trabajo como aliadas, en las palabras de Kendall, no nada más es escuchar o pasar el micrófono, en ocasiones nuestro trabajo como aliadas es bajarnos de la tarima por completo.

Hablando del nivel socioeconómico por ejemplo, para una mujer con suficientes recursos, su feminismo tiene que ver con que ella tenga la libertad de decidir si quiere ser ama de casa o salir a trabajar. Está empoderada para tomar esa decisión. Si se quiere salir a trabajar, puede contratar a alguien que le cuide a sus hijos, les ayude con la tarea, les haga de comer, etc. Para una mujer de bajos recursos, esa decisión no existe porque tiene que ir a trabajar para mantener a su familia. Tal vez ella es quien tiene que dejar a sus hijos en casa, solos porque no le alcanza para contratar a nadie, y su trabajo es ir a cuidar a los hijos de la mujer que tuvo la libertad de decidir.

¿Qué está haciendo el feminismo por esa mujer que no tiene libertad de decisión? ¿Qué pasa si la mujer con recursos decide no pagarle el aguinaldo, no la da de alta en el seguro social, no le paga vacaciones, no la considera en tiempos de pandemia? ¿No está viviendo su feminismo mientras oprime a otras mujeres?

Hood Feminism es un libro que nos recuerda que necesitamos aprender a ver más allá de nuestras experiencias y de lo que creemos saber, y que necesitamos cuestionar no solo los sistemas que nos oprimen a nosotras (como el patriarcado), sino los que nos benefician, como la supremacía blanca, la heteronormatividad, etc. Ser interseccional es reconocer que no podemos resolver las inequidades sociales si solo nos enfocamos en un aspecto de ellas. No es solo un sistema de opresión. Son muchos y todos están entrelazados.

Algo que me gustó del libro es que no es solo un texto académico o un trabajo de investigación: es también un libro de memorias. La autora habla de su vida y de sus experiencias. Lo cual es bien importante porque todo su punto es que no debemos enfocarnos en los libros de estudio y los términos académicos por encima de las experiencias vividas.

Eso no evitó que algunas personas se quejaran en Goodreads porque “ya son feministas y ya saben lo que es el feminismo interseccional” y que el libro es para principiantes porque son muchas historias de su vida y no tantos datos. Yo me pregunto si no necesitarán leerlo de nuevo porque parece que están cayendo en las mismas actitudes que el libro cuestiona.

Si no habían escuchado el concepto de la interseccionalidad en el feminismo, este es un buen lugar para empezar. Si ya lo conocen, este libro es una buena lectura para conocer las experiencias de otras personas.

Machismos Cotidianos, John y Sabina

Ayer estaba viendo el último debacle que sucedió en el programa del Canal Once, John y Sabina y estaba leyendo algunas respuestas en las redes y tengo pensamientos. Para quienes no saben, John y Sabina es un programa de debate y comentario político transmitido los martes a las 10:00 pm en el Canal Once, presentado por John Ackerman y Sabina Berman.

Yo solo he visto el programa una vez, en el episodio “México racista: la inclusión indígena, urgente y necesaria”, con Mardonio Carballo como invitado. El episodio en general me gustó por la participación de Carballo, pero decidí no seguir viendo el programa. En su momento no pensé mucho de la relación entre John y Sabina. Noté que John la interrumpía bastante, pero no me imaginé nada más. Son estilos. Estilos que estorban, pero son estilos.

Y entonces se armó la bronca. ¿Y qué mejor lugar para pelearse públicamente que Twitter? John Ackerman y Sabina Berman han pasado los últimos días ventaneando conflictos, retuiteando a personas que les apoyan, discutiendo con gente que está en desacuerdo y haciendo de su relación laboral todo un espectáculo que, más bien, da ñáñaras. El acabose sucedió el martes durante el episodio “Los retos de la educación en la nueva normalidad”, con Esteban Moctezuma, Secretario de Educación Pública. Al inicio del programa, Sabina le pide a John su opinión sobre lo sucedido en Cancún y Ackerman ignora su pregunta, saluda al invitado y comienza la conversación. No es sino hasta seis minutos después que Sabina, quien se ve bastante molesta por la grosería, puede volver a hablar y utiliza su tiempo para expresar su molestia, dirigiéndose directamente al Secretario:

Secretario, tenemos un problema en este programa, de paridad, John y yo somos co-conductores de este programa, pero John -ya ve usted- apenas ahorita me acaba de turnar la palabra. ¿Qué hacemos con este problema de machismo? ¿Qué hace una mujer como yo, respetuosa de los acuerdos y contratos en una situación así? John sencillamente no me deja participar.

Y lo que me llamó la atención, que es de lo que realmente quiero escribir hoy, no es tanto del pleito que se traen John y Sabina, (eso ya nos lo contó Animal Político), sino de la acusación de Sabina de que John ha sido machista y las reacciones que esta desencadenó en las redes.

Los comentarios que he visto desde que se armó el escándalo se dividen en dos: quienes dicen que efectivamente está siendo machista y quienes dicen que no tiene nada que ver. Del segundo grupo, hay quienes opinan que ha sido patán pero no machista y hay quienes, utilizando expresiones machistas, han dado a entender que Sabina “se lo merece.”

Este es un típico ejemplo de como algunas feministas confunden una conducta intolerante, pre potente y grosera con “machismo”.

dijo Xavier en Facebook

me encanta como cuando se sienten atacadas denuncian machismo

dijo Abraham también en Facebook

ahí ahí el machismo el machismo el machismo jajaj

dijo Alf también en Facebook

Los comentarios seleccionados aquí son hechos por hombres, pero no faltaron las mujeres de ese segundo grupo. La razón principal por la cual no escogí entre aquellos es que casi ninguno hablaba de si era machismo o feminismo exagerado. En general solo eran particularmente groseros con Sabina. Estos tres comentarios tienen algo en común, algo que se vio repetido en todas las plataformas en las que se vio el pleito: los tres afirman que en realidad no es machismo y que Sabina lo está utilizando para victimizarse.

Quisiera decir que no es verdad que algunas mujeres acusan a personas de sexismo o de machismo cuando algo no les parece, pero claro que sucede. Lo que también sucede es que, siempre que lo hacen, son otras mujeres quienes se encargan de denunciar ese comportamiento. Después de todo, el machismo no debe ser trivializado.

Entonces, ¿fue machista la conducta de John Ackerman?

Unas anécdotas personales:

Yo trabajo dando clases de alemán en una escuela de idiomas. Lo hago desde hace ya algunos años y es algo que disfruto muchísimo. Me gusta que he conocido gente de muchísimos países, gente grande, pequeña, gente que viene a trabajar en puestos diplomáticos, gente está estudiando, gente que viene huyendo de la guerra, gente que escapó de una relación abusiva, en fin, he conocido a mucha, mucha gente.

En los años que llevo trabajando aquí, todas las veces que mis conocimientos del idioma o mi capacidad han sido cuestionados, ha sido por alumnos hombres. La única vez que he tenido un problema con otra persona, hace como un año y medio, fue porque un maestro (hombre) fue grosero conmigo enfrente de todos mis alumnos y de otro maestro, quien no es grosero, pero tampoco dijo nada. Al contrario, me dio a entender que era un poco exagerado de mi parte molestarme por eso y quejarme en la oficina. Este año, al inicio de la cuarentena, tuvimos dos juntas con todo el personal docente y el esposo de la directora nos explicó cómo iba a funcionar el sistema de clases en línea. Al final de cada una de las juntas, se dirigió al grupo conformado por 15 mujeres y 2 hombres y puso a los hombres a cargo. ¿De qué? Ni ellos sabían, pero ellos estaban a cargo. Uno de ellos no llevaba ni tres meses trabajando en la escuela. (El maestro grosero hace tiempo que se fue a dar clases a otro país.)

A lo que voy con estas anécdotas es que, el mundo laboral está lleno de pequeñas agresiones (llamadas microagresiones) hacia las mujeres, aunque no siempre necesariamente porque las personas sean deliberadamente machistas. (Aunque en suficientes ocasiones, sí.) No creo que en los casos anteriores, el hombre haya pensado, “esta es mujer, por eso me la friego”. Sin embargo, vivimos en una sociedad donde las mujeres efectivamente están en posiciones donde son escuchadas menos que los hombres. Para muchos hombres, especialmente para hombres que ocupan alguna posición de poder, es muy fácil sentirse superiores a las mujeres con las que conviven, aunque sea de manera inconsciente.

Twitter: Los Hombres Me Explican Cosas

¿Cuántas mujeres no conocemos esa situación en la que estamos hablando y un hombre constantemente nos interrumpe para dejar claro su punto? ¿Cuántas veces decimos cosas que un hombre, por más lindo y buena onda que sea, no cree sino hasta que se lo dice otro hombre? ¿Cuántas veces vemos cómo un hombre trata a sus compañeros como iguales, pero a nosotras como si fuéramos tontas? ¿A quién no le ha explicado un hombre algo que ella ya sabe, conoce y entiende perfectamente, con un aire de grandeza porque él está compartiendo su sabiduría? Por algo se volvió tan famosa la expresión “mansplaining”. (Que, por cierto, una vez vi a un hombre corregir a una mujer que se estaba quejando de que alguien le había hecho “mansplaining” y decirle que lo correcto en español era decir “machoexplicación”.) Pero volvemos a lo mismo, son actitudes machistas que, muchas veces, ni ellos mismos perciben como machistas.

¿Y por qué?

Una de las razones por las cuales esto sucede es porque, históricamente, la vida pública ha sido un espacio ocupado principalmente por hombres. Ellos han sido quienes hacen y quienes deciden. Las mujeres han tenido que luchar y abrirse espacios nuevos en esta esfera que históricamente les ha sido negada.

Según un informe de la ONU sobre la Representación Pública de la Mujer, las mujeres ocupan…
  • 24.9% de quienes integran los parlamentos del mundo
  • 6.6% de quienes ocupan direcciones generales en las empresas con mayores ingresos
  • 26% de las personas que redactan notas periodísticas en internet
Visualizar los datos: La representación del las mujeres en la sociedad

En el mundo del entretenimiento:

  • 31 % de los personajes con líneas de diálogo son mujeres
  • 23 % de las películas tienen una protagonista mujer
  • 21% de las cineastas son mujeres
  • etc.

Para ver todo el artículo, click aquí.

La cosa sigue dispareja, pero va mejorando.

Sin embargo, muchos hombres están acostumbrados a ser ellos “los que mandan” incluso cuando se supone que la cosa es equitativa. Como John Ackerman diciendo que él es el titular en el programa donde los dos firmaron un contrato en el que son co-presentadores, donde salen juntos en todas las fotos, y que se llama John y Sabina.

El programa es de los dos, pero a John Ackerman se le ha hecho muy fácil interrumpir a su compañera, reducir el tiempo de sus participaciones, excluirla de las decisiones sobre los invitados y los temas a discutir, y ahora, ignorar totalmente su participación en televisión abierta. Ahí, a los ojos de todos los espectadores.

Interesante fue también la reacción del Secretario de Educación Pública, quien vio cómo John ignoró totalmente la pregunta de Sabina y le contestó como si nada hubiera pasado. Cuando Sabina se quejó, el Secretario se limitó a decir que John era “un hombre sensible” y que “seguramente va a hacer un esfuerzo adicional para que no se vea esa disparidad que te molesta.”

Interesante que el esfuerzo era para que la disparidad no se viera.

Interesante que la disparidad solo le molesta a Sabina.


Las actitudes machistas y las microagresiones, o, como dicen Eréndira Derbez Campos y Claudia De La Garza Galvez, los machismos cotidianos son el pan de cada día para millones de mujeres alrededor del mundo. En parte, porque quienes las cometen no quieren reconocer que también son actos de violencia y en parte porque, quienes están alrededor, tienden a mirar a otro lado, a descartarlos como una exageración, a atribuirlos a otra cosa, o, como hizo el Secretario de Educación Pública en televisión abierta, minimizarlos como algo que “nos molesta”.

¿Y en qué acabó la cosa?

El día de ayer, el Canal Once publicó el siguiente comunicado:

La cosa acabó en que el Canal Once decidió cancelar el programa que tenían en conjunto y mejor le ofreció un programa a cada uno. Como si hubiera sido un pleito de niños pequeños, donde al final cada uno recibe un juguete y es enviado a un cuarto distinto. Como si no hubiera habido una acusación de machismo, un penosísimo intercambio en Twitter, como si Ackerman no hubiera sido un patán frente a espectadores e internautas. Como si no pudieran -o quisieran- reconocer el problema de los machismos cotidianos.


Si les interesa ver todo el intercambio, aquí se los dejo. Sucede en los primeros ocho minutos del programa.

He estado leyendo sobre feminismo

Recientemente me he dedicado a buscar más libros que están relacionados de una u otra forma con el tema del feminismo. Principalmente para aprender qué hay, de qué se está hablando y qué se viene discutiendo desde hace ya muchos años. Hay distintas ramas del feminismo y no todas las personas que nos llamamos feministas estamos de acuerdo en más de un punto. Este tema no es nuevo y hay muchas opiniones y muchas luchas por delante, pero a veces una se siente ligeramente confundida, especialmente cuando quiere leer más y no sabe por dónde empezar o por dónde seguir.

Ahí es donde entra este post. En un formato parecido al que usaba cuando apenas comenzaba este blog, he decidido hacer una lista de algunos libros recientes que he leído relacionados con el feminismo. La idea es que sirva para ponernos al corriente sobre las cosas que he leído recientemente, pero también que funcione como una guía ligera de recomendaciones para quienes quisieran empezar a leer más sobre el tema o simplemente están buscando algo diferente. Eso sí: esta no es una guía definitiva. para algo parecido vayan a asomarse a páginas como la de La Langosta Literaria, que descubrí hace poco y me ha sido bastante útil, al menos para agregar títulos a la interminable lista de libros por leer.

Los títulos aquí recopilados son más bien de libros que se me han atravesado en el camino. Algunos están pensados como literatura feminista, otros son estudios científicos, otros son memorias y, al menos en uno de los casos, creo que lo más feminista es el título. Traté de darles un orden de ligero y/o corto a largo y/o pesado. No siempre funciona, dadas las diferencias de género entre uno y otro, pero de algunos he escrito en el pasado, así que ahí está el link para que puedan leer lo que pensé en su momento.

Sin más que decir, aquí están mis libros recientes sobre feminismo.

Todos Deberíamos Ser Feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

Este breve ensayo de la autora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, es una adaptación de la TED Talk que dio en el 2012. El ensayo incluye anécdotas personales de la autora y de su vida en Nigeria, como la primera vez que escuchó a alguien decir “suenas como una feminista”, pero también incluye análisis de la masculinidad, de la feminidad, de los estereotipos y de lo que significa ser feminista. Adichie tiene un estilo ligero, claro y muy ameno. En las palabras de Rupert Hawksley para The Telegraph, «este podría ser el libro más importante que leas este año.»

Jesus Feminist, de Sarah Bessey

Escrito por la autora estadounidense Sarah Bessey, Jesus Feminist es menos un libro feminista y más bien un libro de memorias de una mujer que nació y creció en una iglesia donde, según ella cuenta, los hombres y las mujeres eran tratados con equidad y respeto, y no fue sino hasta que llegó al sur de los Estados Unidos que descubrió que este no era el caso dentro de todas las iglesias evangélicas. La siguiente parte del libro es su argumento sobre por qué la equidad de género es algo bueno y sobre cómo las mujeres siempre han hecho cosas buenas y Dios nos ama por igual. Y la tercera parte del libro la dedica a discutir algunos de los versículos que han sido utilizados por ciertos grupos para cerrarle la puerta a las mujeres dentro de las iglesias.

Sin embargo, la razón por la cual digo que este no es un libro particularmente feminista es que la autora se llama a sí misma feminista (y se autodenomina Jesus Feminist) pero en realidad nunca se detiene a explicar lo que el feminismo es para ella o como lo ha reconciliado con lo que ha aprendido y vivido en las iglesias evangélicas sureñas. Alguien más sugirió que este libro debería haberse llamado algo así como La Hija de Abba, ya que para ella es muy importante reconocer a Dios como padre (Abba es el nombre que se le da a Dios Padre en arameo) de todos y todas. En general es un libro recomendado para las amistades evangélicas que todavía tienen problemas con la palabra feminista, no para las amistades que ya se consideran feministas.

Confesiones de Una Mala Feminista, de Roxane Gay

Este libro tiene su propia entrada en el blog. En resumen, es una lectura a veces ligera y siempre personal recomendada para todas las feministas. Es al mismo tiempo un libro de memorias (mi género favorito) y una serie de comentarios de cultura popular. En ocasiones era muy claro que yo no coincido con el público objetivo de este libro (es muy estadounidense), pero es una lectura que vale la pena. Gay es amena, directa y escribe las cosas de tal forma que parece que estamos sentadas en un café.

Un Cuarto Propio, de Virginia Woolf

De este ensayo largo, basado en una serie de lecturas que Virginia Woolf dio en las universidades de Newham y Girton, ya hay una entrada en el blog. Basta decir que para Woolf, la mujer necesita dos cosas para poder entrar a la esfera pública que le ha sido negada durante tantos siglos: dinero y un cuarto propio. El estilo es totalmente Virginia. Virginia, Virginia, mi amor. Es profundo y bien pensado, muy de su época pero muy moderno. Siempre me gusta leerla y este libro no fue la excepción.

La Mujer Invisible, de Caroline Criado-Pérez

De este libro ya he hablado varias veces. Escribí de él en el newsletter mensual que envié en marzo, pero por si se lo perdieron, el libro habla de lo que llamamos brecha de datos de género. Es decir, que el mundo ha sido, muchas veces de manera inconsciente, estudiado por hombres y para hombres, por lo que casi todo lo que tenemos y conocemos hoy en día ha sido diseñado a su medida. Desde cosas elementales como el tamaño de un teléfono celular, hasta cosas importantes como los dummies de simulación de choques, o incluso el diseño de los sistemas de transporte público. Un libro lleno de minuciosos estudios y datos recopilados durante años, es una lectura indispensable para todas las personas que quieren estar informadas sobre cómo está construido el mundo que nos rodea.

Cuestión de Sexos, de Cordelia Fine

Siguiendo con los libros de investigación mencionados en el newsletter de marzo de este año, Cordelia Fine se embarca en un viaje de descubrimientos, nadando en el vasto océano de estudios e investigaciones de los campos de psicología y neurociencia, y nos lleva con ella en su búsqueda por la verdad detrás de los mitos sobre “el cerebro femenino y el cerebro masculino”. Son muchos estudios y más datos, por lo que a veces se siente pesado, pero la conclusión es irrefutable: desde el momento en que nacemos, estamos constantemente bajo la influencia de las generalizaciones y suposiciones culturales sobre el género.

Calibán y la Bruja, de Silvia Federici

Calibán y la Bruja es uno de esos libros que necesito leer dos o tres veces para acabar de digerirlo. Federici, motivada por los movimientos feministas estadounidenses de la década de los 70, decidió investigar más sobre el origen de la opresión de las mujeres y encontró dos corrientes principales que hablaban al respecto: el feminismo radical y el feminismo socialista. Sin embargo, ninguno logró satisfacer a Federici. Así nació Calibán y la Bruja, donde busca analizar la transición del feudalismo al capitalismo desde la perspectiva de la mujer: ¿cómo afectó la transición al capitalismo a las mujeres? ¿qué sucedió con el trabajo doméstico no remunerado? ¿qué hizo la domesticación del cuerpo? y, sobre todo, ¿por qué la caza de brujas fue clave para establecer el sistema capitalista?

El Segundo Sexo, de Simone de Beauvoir

Esta obra de Simone de Beauvoir es una de las lecturas indispensables de los movimientos feministas que tenemos hoy en día. Beauvoir analiza la identidad de las mujer desde distintas perspectivas: histórica, psicológica, sociológica, biológica y antropológica. Habla de la reproducción, de la situación de vida, de las libertades y las limitaciones de las mujeres y explora lo que es realmente ser mujer. De ahí viene la frase ya conocida, «No se nace mujer: una llega a serlo», ya que su conclusión es que nuestra idea de lo que es (o debe ser) una mujer ha sido construido durante siglos por la sociedad misma.

Este libro lo estoy escuchando en Audible y todavía me falta un rato para terminarlo. Una de las razones por las que no estoy avanzando tan rápido con él, es que seguido necesito pausarlo para reflexionar sobre lo que acabo de escuchar y tomar algunas notas. Simone demanda atención.