Escogiendo una palabra para el 2021

Cada año, en los meses de noviembre y diciembre, me tomo un tiempo para reflexionar sobre mi año y para pensar en la palabra que quiero que defina mi siguiente año. Escoger una palabra para el año es una práctica que comencé hace cuatro años. Es una práctica diferente a las resoluciones de año nuevo, principalmente porque no es algo tan específico. Aunque también hago un tipo de resoluciones de año, aunque en general no son cosas nuevas, sino extensiones de algo que ya he estado haciendo (o tratando de hacer) y que requiere enfoque o disciplina, que requieren ser estructuradas de nuevo, que requieren dirección.

Escribir más, leer más, dejar de tomar café después de las cinco de la tarde, dejar de morder el cepillo de dientes, tomármela con calma cada que mi ansiedad se dispara.

Este año terminé de entender que, tal vez, lo mejor no es establecer metas como tal, sino establecer sistemas. Definir qué voy a hacer todos los días o todas las semanas para lograr algo. Quien establece metas correctamente podrá decir que eso debe ser parte de la meta, pero creo que priorizar el sistema por encima de la meta le da un enfoque diferente. Si estoy enfocada en el sistema, no tengo la misma prisa por llegar que tendría si estuviera enfocada en la meta. Esa prisa que me hace querer brincarme pasos, que me invita a hacer las cosas más rápido pero sin la técnica correcta, porque no tengo la paciencia para esperar llegar al punto que quisiera. Los sistemas cuestan, pero son más fáciles que solo nombrar metas.

Dedicarle 90 minutos cada miércoles a ese idioma que ya empecé a estudiar; despertar 5 minutos más temprano cada día o cada dos días; antes de dormir, leer un capítulo del libro que estoy leyendo.

Pero la palabra del año es diferente. Esa, más que una meta o un sistema, es un tema.

¿Qué tema quiero que tenga mi año?

Para mí, escoger una palabra es importante porque debe estar presente en todo lo que haga, aunque no sea tan notoria, aunque sea solo un aroma.

En el 2020 me propuse crecer. El 2020 tuvo muchas situaciones inesperadas y tristes, de sentimientos encontrados y desilusiones, pero también fue un año de muchas bendiciones, de gozo y de esperanza.

Algo que aprendimos todos este año, es que las cosas no siempre salen como las esperábamos.

Este año quería pasar Navidad con mi familia, a quienes no he visto desde marzo del 2019. Este junio, iban a venir a mi boda.

Esta pandemia detuvo un sinnúmero de actividades, puso en peligro a millones de personas, sus trabajos, su salud, sus planes y sus sueños.

Este año escribí muchos mensajes de pésame y lloré en el teléfono con gente que quiero y que perdió a sus seres más queridos.

A miles nos ha costado continuar lo que ya teníamos empezado o comenzar algo que estábamos esperando.

Este año tuve mucho sueño, sin importar cuántas horas dormía, cuántas siestas tomaba, siempre tenía sueño. Estoy casi segura de que pasé la mitad del verano dormida.

Pero la vida sigue. El tiempo no se detiene a esperarnos. De repente ya es diciembre.

Con todo y todo, el 2020 fue un buen año para crecer. Y aunque crecer a veces duele, estoy contenta y agradecida por el camino que he recorrido y que aún tengo que recorrer. A pesar de todo, aquí seguimos.

Teniendo ya tan cercano el 2021, estando a pocos días de cerrar este extremo y complicado 2020, he decidido que mi palabra va a ser avanza.

Avanza. En imperativo.

La palabra que escogí para el 2021 es para recordarme que, no importa si bajo la velocidad, si necesito tomar más pausas de lo normal para cuidar mi salud mental, solo tengo que seguir avanzando. Despacito, con calma, a mi ritmo, pero avanzando.

Entonces, querido lector, querida lectora, queride lectore, que este 2021 avances con lo que te has propuesto, que tengas las energías para continuar tus planes y la flexibilidad para detenerte a respirar de cuando en cuando. Que tengas salud y paciencia, que todo se dé a su tiempo. Porque la vida continúa, este año, avanza.

Feliz Navidad.

2020: Creciendo mientras voy

Me encantan las vacaciones de Navidad.

Para mí, es un tiempo para relajarme, reflexionar sobre mi año y evaluar sobre cómo quiero seguir adelante. Normalmente es un tiempo tranquilo, un tiempo para cerrar ciclos y abrir nuevos; es también el tiempo en el que escojo la palabra que va a servir como guía para el nuevo año.

El año pasado escogí “balance”. Lo que en realidad sucedió es que aprendí que lograr un balance es una de las cosas más difíciles que hay, especialmente en tiempos de cambios y tomas de decisiones importantes. El 2019 fue un año particularmente complicado, pero aprendí acerca de mí, de lo que quiero y de hacia dónde quiero ir.

Balance.
Tener balance es mantenerse equilibrada, estable. En el 2019 aprendí a mantenerme equilibrada.

Pero fue un buen año. Terminé todas mis materias de la maestría, mejoré en mi trabajo, visité a mi familia, hice amigas nuevas y me comprometí. Estoy particularmente emocionada y agradecida por esa última.

El 2020 va a ser un año lleno de cambios y cosas nuevas y emocionantes. Se vienen muchos planes y proyectos, muchos pasos grandes por tomar y espero con muchas ganas el poder tomar cada uno de ellos. Es por esto que la palabra que escogí para el 2020 es crecer.

Crecer.
Verbo. Ir en aumento, tomar mayor autoridad, importancia o atrevimiento, mejorar.

Crecer. ¡Qué palabra tan ambigua! Mientras la estaba considerando, me preguntaba a mí misma, ¿qué significa para mi vida? ¿Qué implicaciones tiene?

La ambigüedad puede intimidar. Una nunca sabe el alcance de lo que se está diciendo. ¿Dónde empiezan? ¿Dónde terminan? Y, sin embargo, la ambigüedad lleva consigo libertad.

¿Qué es crecer? ¿quién está creciendo? ¿yo? ¿en qué formas? ¿O acaso mis proyectos, mis  habilidades y competencias, mis metas? Aquí algo que va a crecer en el 2020: Mi vida. Ya no voy a ser solo yo, vamos a ser dos. ¿Qué otra cosa puede crecer? Mi escribir, mi lista de lectura, mis planes, mi carácter, mi seguridad, mi cabello, las plantas en mi ventana.

A diferencia de otros años, en los que escogí sustantivos como balance, propósito o disciplina, este año me decidí por un verbo para enfatizar el proceso, el estado de cambio constante. Estoy creciendo mientras voy, mientras me muevo de un lugar a otro, mientras aprendo nuevas cosas y mientras vivo nuevos momentos.

Entonces, habiendo dicho todo esto, este año espero crecer. Y espero que ustedes crezcan también. De igual forma, espero verlos pronto aquí de nuevo. Que tengan un bendecido y feliz año.

Paola.

2019: Un año balanceado

Cada año busco una cita para escribir en mi libreta. Normalmente escojo una de las mismas tres, la primera de Alfred Lord Tennyson, la segunda de T.S. Eliot y la tercera, mi favorita, de Ray Bradbury.

“Next year’s going to be even bigger, days will be brighter, nights longer and darker, more people dying, more babies born, and me in the middle of it all.”

Cada año también escojo una palabra.

En el 2016 fue organización (aunque no fue algo que escogí conscientemente), en el 2017 fue disciplina, en el 2018 fue propósito.

¿Por qué escogí propósito?

Quería que hubiera propósito en todo lo que hiciera, sin importar qué tan grande o pequeño fuera un acto.

2018: Un año con propósito

El 2018 fue un año extraño. Fue bueno pero complicado. La situación nacional e internacional son suficientes para decir que definitivamente apestó, pero no todo fue tan malo. En el pequeño universo que es mi vida, hubo muchos cambios. Batallé con el dinero pero conseguí un trabajo como maestra de idiomas, un trabajo que me encanta, avancé con mi maestría y a pesar de mis inseguridades, comencé a buscar opciones para el futuro laboral, escribí un cuento que apareció en una revista literaria independiente, me enamoré y me uní a una asociación de estudiantes de ciencias políticas. Y siento que hubo propósito en todo lo que hice y en casi todo lo que comencé. A veces se siente como que es mucho, a veces me da ansiedad, pero en general ha sido bueno. Dios ha sido bueno.

Estoy mucho más ocupada ahora y vivo más cosas más interesantes que hace un año, sin embargo, llevo ya tiempo sintiendo que mi vida está un poco fuera de balance.

Ha sido así: primero no tenía dinero pero mucho tiempo para estudiar. Conseguí un trabajo en las tardes y todo iba bien, pero luego me uní a la asociación de estudiantes (trabajo voluntario) y conseguí algunos proyectos de traducción y me comencé a atrasar con los estudios. Después de un semestre de malabares y carreras, me fui de vacaciones, estuvieron fantásticas, pero al regresar tuve que apurarme a terminar unos trabajos de la uni que había dejado inconclusos. Los terminé y saqué una buena nota, pero el precio fue dormir muy poco y comer muy mal.

Con la llegada del nuevo semestre, finalmente encontré la forma de llevar el trabajo, la asociación y la maestría, pero dejé de leer y de escribir. Mi vida social también se vio muy afectada, pero dos de mis mejores amigos se mudaron más cerca y nos empezamos a ver casi cada fin de semana, lo cual mejoró bastante mi rutina de estudios-trabajo-estudios-trabajo.

Con todo esto en mente, he decidido que mi palabra para el 2019 será balance.

 2019: Un año balanceado

Este año quiero lograr un balance en todo, en mi rutina, en mi alimentación, en mis relaciones sociales, en mi lectura y al escribir. Así pues, he aquí algunas de las intenciones para el año:

  1. Completar todos mis créditos y empezar mi tesis (ok, esa es inevitable);
  2. Hacer tiempo varias noches a la semana para leer (tanto mi Biblia como otros libros);
  3. Despertar más o menos a la misma hora todos los días;
  4. Tener una cita una vez a la semana;
  5. Llamarle a mis amigos (especialmente a los que viven lejos) con más regularidad;
  6. Hacer tiempo varias mañanas a la semana para escribir.

Esas son mis intenciones generales. También tengo una lista de intenciones para el blog, así que he aquí lo que van a leer este año:

  1. Reseñas de libros;
  2. Zona Crepúsculo: una serie de posts acerca de la saga de Crepúsculo, con una perspectiva diferente a la que tenía hace algunos años y con una idea más clara de cómo vemos las cosas que son “para niñas”;
  3. La alegría de escuchar libros;
  4. El Monte Fuji o la vez que decidí subir una montaña sin entrenar;
  5. Otros posts de viajes.

Entonces, sin más que decir, esperaré que todo salga más o menos como me lo he propuesto. Aquí está T.S. Eliot para ustedes y, queridos y desocupados lectores, deseo que todos tengan un año interesante y balanceado.

“Las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado. Las palabras del próximo año esperan otra voz.”

2018: Un año con propósito

¡Feliz año nuevo, queridos y desocupados lectores!

Es momento de hablar de lo que pasó en el 2017 y de lo que tenemos planeado para el 2018. Metas, planes, intenciones y, por supuesto, la palabra del año.

2017: Pensamiento disciplinado

En enero del 2017 les compartí la palabra que iba a determinar todo mi año y les dije mis planes, metas e intenciones. Casi todas las revisamos en septiembre, por lo que no vamos a comentarlas de nuevo aquí. Basta con decirles que cumplí con casi todas y fallé espectacularmente en tres:

Leer 25 libros | Leer la Biblia todos los días | Participar en los cuatro cursos de mi lista de cosas por aprender 

Sí, fallé.

Pero podemos volver a intentarlo el siguiente año, ¿no creen?

Los tres posts más leídos

  1. ¿Cómo? ¿Usted sólo es mexicana?
  2. El año del pensamiento disciplinado
  3. La comunidad del anillo

Los cuatro libros que más me gustaron

Mi meta para el 2017 era leer 25 libros… y me quedé muy corta.

Leí 11 libros y dejé La danza de la muerte (o Apocalipsis, en España), de Stephen King. Tengo intenciones de terminarlo, pero como tiene más de 1400 páginas, no me lo pude traer de vacaciones. Estoy a 500 páginas de terminar.

De cualquier forma, de los once libros que sí terminé, he aquí los que más me gustaron.

Prohibido Nacer, Trevor Noah

En el 2016, el comediante y presentador de The Daily Show, Trevor Noah, escribió un libro de memorias de su niñez en una Sudáfrica dividida durante y después del Apartheid. Sus experiencias como niño biracial en una sociedad donde las relaciones interraciales eran un crimen llevan al lector a la risa, a la tristeza, al orgullo y a la indignación.

El año del pensamiento mágico, Joan Didion

John Gregory Dunne murió en el 2004 enfrente de su esposa y mientras su hija yacía en coma en el hospital, dejando a Joan Didion completamente sola por primera vez en muchos, muchos años. Este bello y triste libro habla de la vida, de las pérdidas, del vacío que deja un ser amado al irse y del difícil año en el que deseó que su vida hubiese sido diferente.

Wishful Drinking, Carrie Fisher

En la misma sección de mi repisa se encuentra Wishful Drinking, de Carrie Fisher. Carrie fue una mujer valiente, complicada y divertida, y este libro definitivamente me dejó marcada. Incluso meses después de haberlo leído, todavía lo pienso y lo cito con regularidad. Un libro honesto y lleno de humor.

Comunidades Imaginadas, Benedict Anderson

Terminé de leer este libro la semana pasada y no he podido escribir mi reseña todavía, pero les puedo decir que es uno de los mejores libros académicos que he leído. Les contaré más sobre él en unas semanas.

Mi palabra para el 2018

A diferencia del año pasado, esta vez pasé días pensando en mi palabra para el 2018. Consideré distintas opciones y revisé mi lista una y otra vez. ¿Qué palabra podría ser lo suficientemente amplia como para abarcar cada área de mi vida, pero lo suficientemente específica como para establecer un solo tema?

Y entonces me llegó. Propósito. Mi palabra para el 2018 es propósito.

“Propósito” es una de esas palabras que escuchamos todo el tiempo, sobre todo por estas fechas siempre surge la cuestión de los propósitos de año nuevo. Hacerla mi palabra para el 2018 y anunciarla el 1 de enero definitivamente suena cliché. Pero luego de haberlo pensado bien, de ver mi vida, mi historia y mis anhelos, y de haber leído sus muchas definiciones, propósito es definitivamente la mejor opción para este año.

La Real Academia Española (cuyo trabajo a últimas fechas me tiene molesta) define propósito así:

  1. Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo
  2. Objetivo que se pretende conseguir
  3. Adecuado y oportuno para lo que se desea para el fin a que se destina

Pero lo que realmente me convenció de escoger la palabra, fueron las definiciones de los Diccionarios de Oxford:

  1. La intención, meta o función de algo; lo que algo debe lograr
  2. Lo que se necesita en una situación particular
  3. Significado que es importante y de valor para ti
  4. La habilidad de planear algo y trabajar exitosamente para lograrlo

Este año, quiero que cada área de mi vida tenga propósito. En las palabras de Donald Miller, quiero que mi vida tenga una mejor historia. Que todo lo que decida, a donde vaya y lo que haga tenga propósito. No necesita ser épico, la vida no está en los grandes hechos, sino en los pequeños detalles de cada día. Este año, que cada detalle tenga propósito.

Así que, queridos lectores, que este 2018 esté lleno de bendiciones y de propósito. Los veré pronto con muchos planes, libros y rutas literarias.

¡Feliz año nuevo!

Paola.