San Petersburgo Literario: La Avenida Nevski

“No existe nada mejor, al menos para Petersburgo, que la avenida Nevski. Ella significa todo. ¡Cómo refulge esta calle, ornato de nuestra capital! Ni el más mísero de sus habitantes cambiaría la avenida Nevski por toda la riqueza del mundo.”

Nicolai Gogol, La Avenida Nevski

La calle atraviesa la ciudad, comenzando en el Almirantazgo, que alguna vez fue la Escuela de Almirantes Imperiales Rusos, y terminando en la estación San Petersburgo-Glanvy o estación Moskovsky, la más antigua de la ciudad. Comparte su nombre con el príncipe Alexander Nevski, quien vivió de 1221 a 1263, mucho antes de la fundación de San Petersburgo, y mide 4.5 kilómetros que están llenos de cafés, iglesias, tiendas, teatros, cines y fantasmas de artistas.

El Almirantazgo

“Hace unos días, en una librería rusa, relegada por un destino inculto a un lóbrego callejón de Berlín, seleccioné tres o cuatro nuevos volúmenes, y entre ellos su novela, La aguja del almirantazgo. Un buen título –aunque solo fuera por el hecho de que es, no es verdad, un tetrámetro yámbico, admiraltéyskaya iglá, sin contar, además, con que también es un famoso verso de Pushkin.”

Vladimir Nabókov, La aguja del almirantazgo

Pasamos por ahí un par de veces, primero de día y luego de noche. Vimos la fuente, los bustos, las placas, la arquitectura con su estilo imperial y la aguja que termina con una punta en forma de barco. No nos detuvimos demasiado. Hacía mucho frío y todavía teníamos mucho qué ver. El almirantazgo no falta en las obras literarias situadas en San Petersburgo, el cuento de Nabókov es solo uno de muchos.

Restaurante Café Literario

Sobre la misma avenida, junto al canal Moika, está el restaurante Café Literario, alguna vez llamado el Café Wolff & Beránger. Se reconoce fácilmente por las placas colgadas en sus paredes externas. Es un lugar con mucha historia y mucho arte. Cuentan que ahí tomó Tchaikovski uno de sus últimos vasos de agua en noviembre de 1813 y ahí estuvieron también los escritores, Mijaíl Lermontov y Fiódor Dostoyevski.

Habrán notado la cara de Alexander Pushkin en una de las placas de afuera. Entrando, verán del lado derecho una figura de cera del autor. Está siempre ahí sentado, contemplativo junto a la venta con su pluma en la mano.

Alexander Pushkin murió en febrero (o enero, según el calendario juliano) de 1837 en un duelo contra Georges d’Anthès, quien constantemente pretendía a la esposa del escritor, Natalia. Un par de días antes de ir al duelo que acabaría con su vida, Pushkin se reunió en el Café Literario con su segundo o padrino de duelo, quien le entregó su pistola. La casa de Pushkin está a unos cuantos metros del Café, sobre el Moika.

Es un lugar de tamaño mediano, decoraciones antiguas, ambiente cálido y música en vivo. En el piso de abajo se aprecia el piano y en el de arriba, violín. Recordarán que fuimos a Rusia la primera semana de enero, en plena temporada de Navidad. En el primer post les comenté que la Navidad ortodoxa se celebra el 7 de enero. Nosotras decidimos celebrarla en el Café Literario.

Habíamos planeado comer una entrada y tal vez un postre. El popular café, visitado por tantos artistas rusos, que está localizado en la avenida principal de una de las ciudades más famosas de Rusia seguro tendría precios muy fuera de nuestro presupuesto.

¡Sorpresa que nos llevamos al verlos en el menú! Precios tan accesibles, que pedimos plato fuerte, postre, bebida fresca y hasta dos cafés.

Muy en línea con su tema, la cuenta la trajeron en una caja con forma de libro.

La Casa del Libro, Dom Knigi

Ubicada donde la Avenida Nevski hace esquina con el canal Griboyédova, la Casa Singer fue construida en 1910 con un estilo art nouveau para la compañía de máquinas de coser Singer. Se convirtió en librería después de la revolución y actualmente es la más grande de la ciudad.

Con sus libros académicos y literarios, con sus periódicos y revistas, con su zona de calendarios y útiles escolares y de oficina, y con su área de libros en otros idiomas, es un lugar en el que una se pierde fácilmente.

Por la época, tenían varias secciones navideñas para decoraciones, regalos, comida, libros y tarjetas, repartidas en distintas áreas del edificio. Miriam y yo pasamos varias horas viendo todo y regresamos varias veces. Ella siempre tenía más opciones, al no estar tan limitada por la barrera del idioma. Yo me di mis vueltas por todos los pisos, pero sobre todo me quedé en la sección de idiomas extranjeros, que incluía literatura rusa y literatura internacional.

Hay dos cosas que siempre hago cuando voy a una librería en otro país: 1) Busco uno o dos libros escritos en dicho país y 2) busco a Julio Cortázar. Esta vez, encontré a ambos.

Estación Moskovsky

La Avenida Nevski termina en la estación más antigua de la ciudad, la estación Moskovsky, que conecta San Petersburgo con Moscú. Construida entre 1844 y 1851, esta es la estación donde Anna Karenina tomó el tren a Moscú en la novela de León Tolstoi. En Google se ve que es un edificio muy bonito. En vivo, lo estaban renovando, por lo que no alcanzamos a ver nada. Al menos nos pusieron una lona para darnos una idea.

A San Petersburgo, es necesario volver al menos otras tres veces para realmente ver todo lo que la ciudad ofrece, ya que museos, literatura, música, arte y cultura, le sobran.

Una cosa es clara: sea cual sea la razón de la visita, sin importar el tipo ni el lugar del evento, uno no puede estar en San Petersburgo sin pasar por la Avenida Nevski, ni en vivo, ni en los libros.

De Madrid, de Cervantes y del teatro musical en la Ciudad de México

Sin juramento me podrán creer que no he olvidado este blog, a pesar de que ha pasado más de un mes desde la última vez que escribí algo. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza caótica que surge con una mudanza a través del atlántico sumada a los preparativos para escribir una tesis.

Finalmente estoy sentada en mi casa, haciéndole cambios a mi cuarto y preparándome psicológicamente para los siguientes días, en los que estaré encerrada escribiendo mi tesis. Como hace poco más de un mes que no les escribo, les debo al menos cuatro posts, pero como leí tres libros y fui a tres lugares diferentes, les debo al menos seis. Prometo ponerme al corriente, así que esperen verme más seguido en lo que queda del año. Por lo pronto, hablemos de uno de los hombres más conocidos en el mundo de la literatura y a quien, muchas veces sin saberlo, encontramos en la vida cotidiana.

Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante.

Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) es uno de los nombres más sonados en cualquier país de habla hispana. Siendo él la figura más importante de la literatura española, todos los que hemos tenido clase de español o de literatura en la escuela hemos estado en contacto, al menos, con su nombre.

Los ecos de Cervantes se pueden oír por los rincones más inesperados de nuestro día a día.

Cervantes en Madrid

Este año, Miguel de Cervantes ha estado más presente que nunca, pues han pasado 400 años desde que murió allá en Madrid, en el Barrio de las letras. Aunque no estuvimos más de dos días en Madrid, Ana Pau y yo pudimos quedarnos justo en ese barrio, por lo que alcanzamos a ver el papel que juega la literatura en ese lugar.

El Barrio de las letras

Localizado en el centro de Madrid, el Barrio de las letras está entre la calle Carrera de San Jerónimo y la calle de Atocha, de norte a sur, y entre el Paseo del Prado y la Calle de la Cruz, de este a oeste. El nombre le fue dado gracias a que fue ahí donde vivieron artistas como Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Lope de Vega y, por supuesto, Miguel de Cervantes durante lo que se conoce como el Siglo de Oro, que va más o menos de 1492 a 1659.

Llegué cuando ya estaba oscuro y los museos estaban cerrados, por lo que di una breve caminata por las calles más cercanas al lugar donde nos estábamos quedando para conocer el lugar y aprendernos el camino de regreso. El barrio resultó ser mágico, pues la decoración de los bares y los restaurantes, los nombres de las calles siempre acompañados de una ilustración, las placas en las paredes y todo lo que nos rodeaba servía para recordar el lugar en el que estábamos y a quienes habían estado ahí antes.

Esa noche caminé hasta topar con la Plaza de las Cortes, donde los edificios monumentales nos indicaron que era hora de regresar, pero no sin antes ver al mismo Cervantes, parado muy serio en el centro de la pequeña plaza frente al Hotel Villa Real, acompañando a un hombre que había decidido dejar ahí sus cosas.

Al día siguiente, ya con más luz y más tiempo, salí a darle la vuelta de nuevo, a leer las placas y a observar el piso y a leer cada una de las citas en el piso.

El camino nos llevó hasta la Plaza de Santa Ana, donde se encuentra el Teatro Español, inaugurado el 21 de septiembre de 1583, que ha visto los estrenos de obras de dramaturgos como Leandro Fernández de Moratín, Pedro Calderón de la Barca y Federico García Lorca.

Miguel en Cervantes

Como Cervantes murió en 1616, en este 2016, Madrid estaba de fiesta. Y nadie mejor para celebrar el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra que el Instituto Cervantes, en donde se montó una exposición gratuita llamada Miguel en Cervantes: El retablo de las maravillas, que va a estar ahí hasta el 8 de enero del 2017.

Como se puede apreciar en el cuadro, la exposición está dividida en dos partes: la biografía de Miguel de Cervantes y la obra de teatro El retablo de las maravillas, ilustradas por David Rubín y Miguelanxo Prado.

Es una exposición pequeña, pero definitivamente vale la pena. Distribuidas de forma circular, las ilustraciones del círculo exterior narran la vida de Miguel de Cervantes de forma divertida y concisa, mientras que el círculo interior contiene El retablo de las maravillas contado como cómic.

Para serles sincera, no me encantó la parte del Retablo, pues sentí invasivos tanto el tipo de ilustración como la paleta de colores que los artistas escogieron. Sin embargo, la biografía ilustrada me gustó tanto que no tardé en adquirir el catálogo de la exposición, aún sabiendo que no tendría mucho espacio en mi pequeña maleta.

Si se encuentran cerca de Madrid este diciembre, no duden en ir a Miguel en Cervantes. Es una muy buena exposición, muy divertida y ¡es gratis!

Horarios de visita: Martes a Viernes 16 a 21h. Sábados de 11 a 21h. Domingos y días festivos de 11 a 16h.

Dirección: Instituto Cervantes – Sala de Exposiciones, calle Alcalá 49, 28014 Madrid.

Cervantes en la Ciudad de México

Finalmente me encontré a Cervantes una vez más aquí en México, cuando mi papá llegó anunciando que había comprado boletos para ver El hombre de la Mancha, un musical basado en Don Quijote de la Mancha, escrito por Dale Wasserman y Joe Darion, y compuesto por Mitch Leigh.

La obra comienza cuando Cervantes, un idealista, es arrojado a la cárcel donde debe esperar su audiencia con la Inquisición española. Los otros prisioneros deciden juzgarlo entre ellos y para castigarlo, amenazan con destruir un montón de papeles que lleva bajo el brazo. Para defenderse, Cervantes les cuenta una historia y los invita a actuar en ella. Esta es la historia de las aventuras de un caballero loco y de su fiel amigo y escudero, Sancho.

A pesar de no seguir su historia al pie de la letra, el musical, con sus buenas voces, su buena producción y su muy simpático libreto, es una carta de amor a Cervantes. Salí contenta, no sólo por el gusto de haber visto un musical, sino porque me di cuenta de que, 400 años más tarde, Cervantes sigue siendo celebrado.

Bruselas: de autores, plazas y catedrales

Mi amiga, Ana Pau, y yo regresamos de Bélgica el miércoles entre retrasos de trenes, transbordos no previstos y comida rápida. El viaje duró nueve horas en total, pero estando uno acompañado, no lo siente tan pesado.

En total pasamos cuatro días en Bélgica, dos en Bruselas y dos en Brujas. Bruselas no es una ciudad muy grande, pero definitivamente dos días no bastan para verla. Por mí, me hubiera quedado unos cinco para ver todos los museos, galerías, librerías y embajadas que tenía planeado. En fin, en otra ocasión será.

Lo que sí alcanzamos a ver fueron algunos de los lugares más populares de la ciudad, entre la gente, las chocolaterías y los callejones, si uno se fija bien, puede alcanzar a ver sombras literarias.

Sombras de Víctor Hugo

La Grand Place, por ejemplo, es el lugar donde Víctor Hugo pasó el primer año de su exilio, después del golpe de estado de 1851 en Francia, cuando Napoleón Tercero quedó como emperador. Víctor Hugo siempre dijo que tenía un problema personal con Napoleón, y lo que empezó como un exilio obligatorio, se convirtió en voluntario y en una forma de mostrar oposición al gobierno de Napoleón, “el pequeño”.

“La plaza más hermosa del mundo”, la llamó Victor Hugo. Dicen por ahí que también comentó que era una “fantasía soñada por un poeta y realizada por un arquitecto”.

No sé si fue soñada por un poeta o por un arquitecto con muy buen gusto, pero ¡qué belleza de plaza! Tristemente sólo tuvimos días grises y lluviosos en Bruselas, por lo que no pude tomar una foto con más color.

Los escritores siempre tienen algo que decir, y no contar con el apoyo de alguien tan influyente como Victor Hugo puede ser una desventaja cuando se es emperador de Francia. Fue en Bruselas que Hugo escribió “Napoleón, le petit” e “Historia de un crimen”, un panfleto y un ensayo (respectivamente) que condenaban las acciones de Napoleón III.

Victor Hugo era un admirador del estilo gótico. Escribió Nuestra Señora de París con la Catedral de Notre Dame en el centro de la narrativa para evitar su demolición y es por eso que aún podemos disfrutarla. Bueno, pues durante su exilio en Bruselas, Hugo, frecuentó la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, que tanto le recordaba a su Señora de París.

Nosotras también disfrutamos el caminar por la catedral, que, a pesar de ser una belleza construida de 1226 a 1500, no era catedral en los tiempos de Hugo. En otras palabras, Victor Hugo visitó una no-catedral que le recordaba a una catedral, y que no sería catedral sino hasta 1962. De cualquier forma es espléndida, con sus estatuas, sus vitrales y su púlpito del siglo XVII.

“Es agradable disponer de tus libros en lugares extraños.”

Cornelia Funke, Corazón de tinta.

Lugares extraños como la fuente de la Plaza del Agora, donde se puede apreciar a Charles Buls (o Karel Buls), alcalde de Bruselas de 1881 a 1889. Buls se encargó de proteger algunos de los edificios más antiguos de la ciudad de las reformas arquitectónicas del rey Leopoldo II. Además de preservar la Bruselas antigua, Buls escribió sobre asuntos de educación, arte y sobre sus viajes al extranjero.

Unas cuadras más adelante, nos encontramos con el Manneken Pis, el niño desnudo que orina en la fuente de la esquina de la Rue de l’Étuve/Stoofstraat con la Rue du Chêne/Eikstraat. La estatua fue colocada en 1618, pero las diferentes leyendas que la rodean son mucho más antiguas. Lo más divertido de este niño es que cada semana lo visten de forma diferente; a veces es un marinero, a veces un judoka (luchador de judo), a veces es el alcalde.

Cuando nosotras llegamos a verlo, estaba muy ocupado haciendo lo suyo, disfrazado con ropa de papel, y acompañado de un libro. Sí, definitivamente un lugar extraño para disponer de un libro.

El Manneken Pis tiene réplicas por todo el mundo, pero definitivamente mi favorita es la de la película The Money Pit, protagonizada por Tom Hanks.

Parlamentarium

El último lugar al que fuimos ese día fue el Parlamentarium, que es el centro de visitas del parlamento de la Unión Europea. Se encuentra en la Rue Wiertz 60/ Wiertzstraat, 60 B-1047. Encontrarlo fue todo un asunto, no porque estuviera muy lejos, ni muy escondido, sino porque nuestra habilidad para leer mapas no está muy bien desarrollada.

Este es básicamente un museo interactivo donde uno puede aprender todo lo que es y hace el Parlamento Europeo de forma divertida y muy, muy colorida.

La entrada es gratuita, la guía multimedia es en cualquiera de los 24 idiomas oficiales de la Unión Europea y hay tours para niños. No, nosotras no tomamos el tour para niños. Pedimos la guía en español, pero supongo que la mujer de la entrada decidió que sería flojo de nuestra parte escuchar todo en nuestro idioma materno, ya que nos lo configuró en inglés.

Además de explicar lo que hace la institución, el museo tiene secciones donde presenta a algún artista cuyas ideas influyeron en la creación de una Europa unida. Por supuesto eran muchos, pero ya que el enfoque del post es la literatura, he aquí algunos de los autores que encontramos.

Por cierto, encontrarse con James Joyce siempre es divertido.

Edimburgo literario: Sir Walter Scott

Notarán que en el título de este post se encuentra Sir Walter Scott, quien es probablemente el escritor más renombrado de Escocia. Pero antes de hablar de su legado e influencia, déjenme contarles del Museo del escritor.

The Writers’ Museum (El museo del escritor)

Localizado en Lady Stair’s House, Lady Stair’s Close, Lawnmarket, el museo del escritor es más bien una casa grande adaptada a museo.

Este pequeño y simpático museo está dedicado solamente a Robert Burns (el poeta en lengua escocesa más importante y conocido), a Robert Louis Stevenson (El extraño caso delDoctor Jekyll y Mr. Hyde, La isla del tesoro, etc.) y a Sir Walter Scott (Waverley, Ivanhoe, etc.).

La casa fue construida en 1622 para Sir Walter Gray y su esposa, Geida, por lo que originalmente se llamaba Lady Gray’s House. En 1719, Lady Elizabeth Dundas, condesa de Stair compró el edificio y así fue como obtuvo su actual nombre de Lady Stair’s House. En 1907, el dueño en turno donó la casa al estado para que fuera utilizada como museo.

El patio de esa casa sí es particular, pues es el Makars’ Court, un monumento literario que cambia y evoluciona constantemente, pues algunas piedras tienen citas de autores escoceses. Las citas están en inglés, latín, scot y gaelic (lenguas escocesas).

La palabra “makar” significa ambas cosas “hacedor” y “poeta”, hay quien la traduce como “hacedor talentoso o versátil en el arte de escribir”. Hoy en día, Edimburgo escoge un Makar como poeta principal y la posición dura tres años.

Actualmente la makar de Edimburgo es la encantadora Christine De Luca. Nosotros tuvimos la oportunidad de conocerla cuando dio una plática para nuestro grupo, en la que leyó algunos de sus poemas y nos compartió un poco de su infancia.

Y es aquí conde les platico de uno de los más famosos e importantes de Escocia; el orgullo nacional, el novelista escocés por excelencia.

Walter Scott

Sir Walter Scott nació el 15 de agosto de 1771 en College Wynd, Edimburgo. Fue novelista histórico, poeta, dramaturgo, editor, abogado y político de influencia. Sus novelas fueron (y siguen siendo) de lo más populares no sólo en el Reino Unido, sino también alrededor del mundo.

 Sir_Henry_Raeburn_-_Portrait_of_Sir_Walter_Scott

En 1773 contrajo polio y quedó minusválido, por lo que fue enviado a las Scottish Borders (literalmente las fronteras escocesas, que colindan con Inglaterra), donde pasó algunos años. Es gracias a esto que Scott está sentado en todos los monumentos y retratos.

Casa de Walter Scott

En 1778, Scott se mudó con su familia a la casa en George Square, sólo a unos metros de distancia de la casa que Arthur Conan Doyle ocuparía cien años más tarde, y enfrente de la universidad donde, 237 años después, yo ocuparía una silla durante dos semanas.

Fun fact: el monumento a Walter Scott, ubicado en Princes Street Gardens y construido en 1840, es el monumento más grande del mundo dedicado a un escritor. Es una estructura gótica victoriana de 61.11 metros de altura, con un Walter de mármol sentado en el centro.

El monumento es un orgullo para los Escoceses, y es un lugar donde todos los amantes de la literatura pueden admirar a Sir Walter… todos excepto Mark Twain, quien cada que pasaba por ahí, se molestaba de nuevo.

¿Recuerdan que les comenté que Mark Twain anduvo por Edimburgo? ¿Recuerdan que les dije que él no era amigo de todos? Bueno, pues la razón del comentario es que Mark Twain odiaba a Walter Scott con toda su alma, pues lo culpaba por haber influido en la Guerra Civil en Estados Unidos con sus ideas:

“Es entonces cuando aparece sir Walter Scott con sus encantamientos, y por su solo poder frena esta ola de progreso, y hasta consigue hacerla retroceder. Hace que el mundo se enamore de sueños y fantasmas; de corruptas y falsas formas de religión; de corruptos y falsos sistemas de gobierno; de las tontas, vacías y falsas grandezas, los falsos ornamentos y las falsas caballerías de una sociedad estúpida e inútil desaparecida hace ya largo tiempo.”

Mark Twain, Vida en el Mississippi (1883)

Mark Twain odiaba tanto al escocés, que en su libro Las aventuras de Huckleberry Finn, el barco que se hunde se llama Walter Scott.

Me pregunto qué habrá pensado al ver la estación de tren, que se llama Waverley gracias a la novela de Sir Walter y se encuentra ubicada en el mero centro de la ciudad.

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Es justo en Waverley Station donde empezó y terminó mi viaje por Edimburgo.

Edimburgo literario: comer, beber, leer

Comer y beber

Si algo abunda en Edimburgo son los bares y cafés con nombres literarios. He aquí algunos de los que vi mientras caminaba:

Lewis Carroll (Alicia en el País de las Maravillas Alicia a través del espejo) no era escocés, pero me encontré con su nombre tanto en restaurantes. como en cafés, postales y accesorios para el hogar. El restaurante Mad Hatter se encuentra en 4/8 Torphichen Place, Edinburgh EH3 8DU.

Muchos cafés afirman ser el lugar donde J.K. Rowling escribió sus famosas novelas, pero del que sí estamos seguros es del Black Medicine Coffee, que en ese entonces le pertenecía al cuñado de la autora. Hoy en día le pertenece a otra persona y dicen por ahí que a la nueva dueña no le gusta Harry Potter.

Dirección: 2 Nicholson St, Edinburgh EH8 9DH.

El Kenilworth lleva el nombre de una de las novelas de Sir Walter Scott, Kenilworth. Las referencias al escritor sobran en Edimburgo, pero de él les platicaré dentro de unos días.

Este pub se encuentra en 152-154 Rose Street, Edinburgh EH2 3JD, una calle muy particular gracias a sus macetas.

La calle en sí no fue de mis favoritas, pero es muy simpático ver a la gente parada frente a las plantas tratando de leer lo que dicen las macetas.

Beber y leer

Uno de mis lugares favoritos estaba justo frente a la universidad, por lo que me di un par de vueltas para comprar un café y admirar los libros que vendía.

Looking Glass Books es una librería-café localizada en 36 Simpson Loan, Edinburgh EH3 9GG.

El café es muy bueno y los postres son excelentes, pero lo mejor de todo es que uno llega y puede disfrutar de sus bebidas rodeado de libros.

Me hubiera encantado enseñarles cómo se ven las mesas y las sillas, pero a la hora de pedir permiso me dijeron específicamente que no tomara fotos de los clientes. Eso puede ser un problema cuando hay un cliente sentado en cada silla, pero espero que se puedan dar una buena idea de cómo se ve el lugar.

Leer y leer

El último lugar del que les voy a contar hoy fue el lugar donde casi pido permiso para quedarme a vivir.

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Blackwell’s, en 53-62 South Bridge, Edinburgh, es el lugar donde la felicidad se encuentra tras unas puertas azules. Con sus libros de piso a techo, sus islas con descuentos y promociones, y su maravillosa colección de clásicos, pasé los primeros veinte segundos de mi visita admirando mi alrededor y agitando las manos como la loca que soy.

La gran ventaja de ir con otras estudiantes de filología es que uno puede estar horas dentro de la librería sin que los demás se aburran. Apenas entramos, nos separamos y no nos volvimos a juntar hasta que estábamos en la caja pagando. Después comparamos los libros que habíamos comprado y nos fuimos felizmente al apartamento.

Yo compré Jane Eyre, de Charlotte Brontë; Los libros de la selva, de Rudyard Kipling; Dracula, de Bram Stoker; y Vida de un idiota, de Ryūnosuke Akutagawa.

Edimburgo literario: Detectives y piratas

¡He vuelto de mi viaje a Edimburgo!

Estas dos semanas fueron muy pesada. Estuve llena de trabajo, lecturas, tareas y excursiones, pero definitivamente valió la pena. No iba de vacaciones, así que no tuve tanto tiempo libre como me hubiera gustado, pero me di mis pausas para buscar algunas de las cosas que les comenté cuando primero les hablé de Edimburgo.

Antes de pasar a contarles del viaje, he aquí algunas de las cosas que aprendí estas dos semanas:

  1. Edimburgo se toma muy en serio su status de “Ciudad de la Literatura”.
  2. El clima escocés es, en efecto, deprimente.
  3. El café es escandalosamente caro.
  4. Agosto no es el mejor mes para visitar la ciudad, pues es el mes de los festivales y uno no puede caminar sin chocar con un mar de gente.

Y como dijera el buen Julio, ahora sí, ahora ya.

Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson y compañía

George Square número 23 es la casa donde Sir Arthur Conan Doyle vivió entre 1876 y 1880. La buena noticia: la casa está justo frente a la universidad, la mala noticia: la plaza estaba llena de gente, coches y puestos de comida.

Los que han ido a Londres seguramente recuerdan las plaquitas azules que indican si alguien famoso vivió en el edificio en cuestión. Yo nunca he ido a Londres, así que no tengo plaquita alguna que recordar. Sin embargo, mi fiel compañero de vida, Google, me hizo el favor de conseguir una fotografía.

Bueno, Edimburgo no es así. Según el guía, se debe a que Escocia se niega a hacer las cosas como en Inglaterra, así que en lugar de una linda y vistosa placa azul brillante, uno tiene que acercarse a las puertas para leer esto:

Caminando hacia el otro lado de la ciudad, llegamos a la Escuela de medicina de la Universidad de Edimburgo, donde estudió Conan Doyle (sí, antes de escritor, fue médico). Ahí fue donde conoció al doctor Joseph Bell, un cirujano brillante que podía diagnosticar a sus pacientes con sólo verlos. Sobra decir de dónde sacó Conan Doyle la idea para crear a nuestro detective favorito.

Un poquito más adelante nos encontramos con el área de cirugía, donde ejercía Sir Joseph Lister, el padre de la cirugía antiséptica. El poeta, William Ernest Henley, pasó mucho tiempo en esas salas, pues sufría de tuberculosis. Ya le habían amputado la pierna izquierda y era momento de amputar la derecha. Su amigo, Robert Louis Stevenson, lo acompañó durante esa época y se basó en él para crear al famoso pirata Long John Silver, de La Isla del Tesoro.

La inspiración y las influencias no terminan aquí, pues W. E. Henley era también amigo de Sir James M. Barrie, autor de Peter Pan. Barrie inventó el nombre de “Wendy”, gracias a que la hija de Henley no podía pronunciar bien la palabra “friend”. La niña decía “wend” y de ahí se derivó a “Wendy”.

Bellas épocas aquellas en las que todos eran amigos de todos… todos menos Mark Twain, quien también anduvo rondando un rato por las calles de Escocia, pero de él vamos a hablar otro día.

Y a la vuelta de la esquina se encuentra “La Hispaniola”.

Este restaurante originalmente se llamaba Rutherford’s y era el bar favorito de Robert Louis Stevenson. Hoy por hoy, lleva el nombre del barco de su novela La Isla del Tesoro. Si se acercan a la ventana, verán también la silueta de Sherlock Holmes. Sir Arthur Conan Doyle frecuentaba el lugar gracias a su cercanía a la facultad de medicina.

Y hablando de Conan Doyle, caminando por la calle me encontré con un establecimiento de nombre sospechoso. No sé si me tomaría un café en un lugar que comparte su nombre con uno de los villanos más inteligentes de la literatura.

Sí, Edimburgo está lleno de lugares con alguna referencia literaria. Bares, cafés, librerías, restaurantes, el caso es que uno encuentra conexiones hasta en las macetas (literalmente, ya les enseñaré más adelante). Tengo que confesarles que estoy muy avergonzada, pues llegué a la tierra de Louis Stevenson sin haber leído La Isla del Tesoro (sólo he leído El Extraño caso del Doctor Jekyll y el señor Hyde) y me hablaron de él todos los días. En fin, ya lo añadí a la interminable lista de lectura.